'.,~tituto de Estuc'ios Po'íticr:\ ; ':, U .ídad de Documentaci6fll De la Etica en los TIempos Modernos o del Retorno a las Vrrtudes Públicas María Teresa Uribe de Hincapié" " ser modernos es encontrar- nos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, conocimiento, transfonnación de nosotros y del mundo y que al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabe- mos, todo lo que somos [...] las perso- nas que se encuentran en el centro de esta vorágine son propensas a creer que son las primeras y tal vez las únicas que pasan por ello [...] sin embargo, la realidad es que un núme- ro considerable y creciente de perso- nas han pasado por ella durante cerca de quinientos años [...]" M.Berman Introducción Eldebate actual en Colombia so- bre la necesidad de una ética civil o ciudadana ha despertado diversas reacciones. Aquellas de quienes insis- ten en mantener como referentes pú- blicos de cohesión y como mecanis- mos de control social los de la moral * Profesora e investigadora del Instituto de Estudios Regionales y del IEP de la Universidad de Antioquia. católica; las propias del desencanto postmoderno de quienes desconfían de la capacidad de cualquier míni- mum ético para establecer unas con- diciones de supervivencia social; las de los nostálgicos de un pasado glo- rioso, que quisieran retornar al paraí- so perdido de la sociedad premoder- na o tradicional. Por ello,puede resultar de interés plantear, en el contexto de la sociedad colombiana, algunos elementos de análisis en torno a lo que sería una ética para los tiempos modernos y reflexionar sobre la incidencia de pro- cesos particulares de construcción de lamodernidad, tales como la ausencia de virtudes cívicas y públicas, y la generalización de las formas violen- tas para la solución de los conflictos. Esto implica buscarle respuestas ade- cuadas y serenas a tres tipos de interrogantes: - La moral católica y "los valores tradicionales de la sociedad colom- biana" (nunca bien definidos) pueden servir aún como referentes éticos y de identidad para el presente y el futuro del país? Sería posible y deseable re- cuperarlos? 7 - ¿Es suficiente una moral indivi- dual y privada para los tiempos mo- dernos en Colombia? - ¿Qué papel le compete a la polí- tica en la construcción de una ética pública y cívica? 1. El Ethos y la Etica Eldebate colombiano sobre la éti- ca se ha orientado hacia su dimensión antropológica y social, hacia la pre- ocupación por las visiones del mun- do, por las costumbres,los valores,las tradiciones y las determinaciones cul- turales que hagan posible la conviven- cia en la diferencia. Estas preocupa- ciones han dejado de lado otras, con- cernientes al fundamento filosóficode la ética, a las relaciones con la univer- salización de la razón (Kant), a la es- tructura comunicativa del lenguaje (Habermas) o a las restricciones de los juicios morales. Por ello, más que a la ética como expresión teórico-filosófi- ca, el debate se ha orientado hacia el ethos socio-cultural de los colombia- nos, hacia sus prácticas sociales y sus representaciones colectivas. Es entonces en el contexto del ethos y no de la ética propiamente dicha, donde seenmarca esta reflexión, cuyo propósito no es solamente el de introducir alguna puntada en el deba- te colombiano sobre el tema, sino tam- bién elde intentar desde allí establecer la relación con los asuntos de la mo- dernidad y de una nueva mirada so- bre la política. El ethos sociocultural es el lugar de lo simbólico representado; es el 8 espacio de los intercambios sociales desde donde se construyen y se re- construyen los imaginarios colectivos, los referentes de identidad, los reco- nocimientos de lo igual y de lo dife- rente; en fin,lo que llama Durkheim,la producción social de sentido y Weber las estructuras de conciencia', El ethos socio cultural, instituye de sentido las acciones de los sujetos, los grupos,las asociaciones, las clases, lospueblos y las naciones. Con base en él (el ethos), operan las nociones primigenias de lo bueno y lo malo, lo lícito y lo prohibido, lo posible y lo utópico. El ethos perfila las actitudes frente a lo sagrado y lo profano, lo místico,lo mágico, lo trágico, la vida y la muerte. Es en el ethos sociocultural y en sus expresiones discursivas don- de se desarrollan los procesos de iden- tidad y cohesión social y donde arrai- ga la moral y la ética. El sentido de pertenencia de un sujeto a la colectividad, a la sociedad, pasa pues por su inserción en ese mundo instituido de sentido. Allí es' donde se percibe como miembro de su colectividad porque participa en el conjunto de sus significaciones socia- les, en el "nosotros" y se diferencia de los "otros", de los que estarían por fuera, al margen oal frente de esa entidad simbólicamente constituida. Los ethos socioculturales además de definir el "adentro" y el "afuera" tienen un cronotopo determinado, un territorio y un tiempo en el que se enmarcan los procesos colectivamen- te vividos y se elaboran los cambios y 1. Ver al respecto: BERIAIN, [osetxo. Representaciones colectivas y proyecto de modernidad. Barcelona: Anthropos, 1990, p. 28 Y ss. lastransformaciones sociales;a su vez, los ethos socioculturales y las tramas de representaciones colectivas por ellos constituidas, requieren (según Durkheim y Weber) cierto grado de institucionalización y objetivación en estructuras cognocitivas, normativas y estatales", Toda sociedad que pueda llamar- se así precisa de una institucionaliza- cióndel saber social y del orden colec- tivo (expresiones del mundo institui- do de sentido) y precisa también de regularidad, estabilidad e intersubje- tividad de su sistema cultural. Igual- mente requiere de una periodización de las prácticas sociales en el más amplio sentido del término: económi- cas, religiosas, políticas, sexuales, lú- dicas, en orden a garantizar la cohe- sión y la integración de la sociedad. La producción social de sentido es histórica y muy vulnerable a los cambios y a las transformaciones so- ciales; los cambios desplazan y re- construyen los ethos socioculturales; los viejos referentes colectivos dejan de operar corno guías ciertas en la dirección de las acciones y los juicios morales no son ya unívocos y claros; estas situaciones de vorágine y trans- formación, de pérdida de valores, no son otra cosa que la disolución- recomposición del tejido cultural en el ¡ cual tenía su pleno sentido de orden y orientación el viejo ethos sociocu~' turaP. La pérdida de los marcos refe- renciales y simbólicos tradicionales significa ni más ni menos que la pérdi- da de sentido; ya no hay una sola gramática para leer lo que pasa; las viejas identidades se sienten profun- damente amenazadas; no hay puntos de referencia; el orden nuevo no se ve corno tal sino corno caos; no hay nada sólido o seguro a lo cual pueda uno asirse porque corno diría Berman, es corno si todo lo sólido se desvaneciera en el aire". J 2. Del Ethos Tradicional al EthosModerno En las sociedades tradicionales o premodernas, predominantemente agrarias, no industrializadas ni urba- nizadas, los ethos socioculturales, di- versos y fragmentados, expresan su mundo instituido de sentido a través de una primera forma discursiva: la religión o lo que los postrnodernos (Lyotard) llaman el metarrelato reli- gíoso". Las sociedades premodernas se articulan sobre un solo centro aglutinante y totalizador -lo sagrado-- en torno al cual se desarrolla la' vida social del grupo en cuestión y el metarrelato religioso o sacro es el que instituye de sentido las tramas culturales y provee un complejo sistema de repre- sentaciones a través del cual los 2. lbidem, p. 47. 3. Este proceso es magistralmente descrito en: GEERTZ, Clifford. "Géneros confusos, la refiguraci6n del pensamiento social". En: GEERTZ, Clifford. el. al. El surgimiento de la antropologfa posmoderna. México: Gedisa, 1991, p.63-68. . 4. BERMAN, Marshall. Todo lo s6lido se desvanece en el aire. México: Siglo XXI, 1989, p. l. 5. VA TTIMO, Gianni. "Postmodernidad: ¿una sociedad transparente?". En: VATTIMO, G. el. al. En torno a la postmodernidad. Barcelona: Anthropos, 1990, p. 9-39. 9 hombres se ven a sí mismos y a su sociedad; allí encuentran respuestas a problemas prácticos y vitales y, un sistema de valores compartidos que favorece la integración cultural y la cohesión social. Elmetarrelato religioso seexpresa tanto en las formas primitivas del totem y el mito como en las llamadas religiones universalistas de occidente; dentro de éstas, las judeocristianas en general y la católica en particular, instauraron la idea de un solo Dios trascendente que recompensa ycastiga y una concepción nueva sobre el ser humano y su destino; éste no es ya asunto de los dioses o de las estrellas; su situación tanto aquí como allá, depende en esencia del mantenimiento y el cumplimiento de una serie de mandatos morales que constituyen todo un decálogo de comportamiento ético. De esta manera el metarrelato religioso y sagrado se convirtió en el centro simbólico y estructurante de lo social, es decir, lo instituyó de sentido; impregnó profundamente el ethos sociocultural y garantizó con la fuerza de lo extra temporal el cumplimiento de su código ético. En las sociedades modernas, industrializadas, urbanizadas yeman- cipadas, los ethos socioculturales su- fren un profundo cambio que consiste según Dur kheim en la racionalización y universalización de las representa- ciones colectivas. La sociedad pierde su centro estructurante sacro y se de- sata en una pluralidad de esferas rela- tivamente autónomas, regidas por ló- 6. Citado por: BERIAIN, [osetxo. Op. cit., p. 78. gicas particulares, con discursos pro- pios legitimantes y pretensiones espe- cíficas de validez. La sociedad descentrada, la llama Weber, para designar ese largo y complejo proceso a través del cual lo sagrado deja de ser el principio estructurante y totaliza- dor del orden social, su raíz y su fun- damento, para dar paso a la forma- ción de una constelación de significa- ciones y de universos simbólicos dife- rentes y a veces confrontados". En la sociedad descentrada se autonomizan la esfera de la ciencia y latecnología, instaurando otro modelo I cognocitivo y de saber en la sociedad, la esfera político normativa que ya no refleja el orden sacro ni recurre a legitimaciones extratemporales se- parando sus competencias del campo de la moral religiosa y, la esfera expresiva del arte y la literatura que define sus propias reglas estéticas y valorativas. La sociedad descentrada sustitu- ye el metarrelato religioso por el me- tadiscurso de la razón, secularizante, profanador si se quiere y profunda- mente erodador de las certezas de la ¡ vieja sociedad. Desde allí se replan- tean las relaciones entre moral y dere- cho y se le debate a la religión el monopolio sobre las nociones de lo bueno y lo malo, lo lícito, lo justo, lo) bello y lo útil. La modernidad también instaura un nuevo sujeto de la historia, el indi- viduo, otorgándole la posibilidad de construír su mundo, de elegir y de escoger, y autonombrándolo como la piedra angular del nuevo orden social 10 prometiéndole un horizonte siempre abierto a un progreso sin Iímites", El metadiscurso racional no está exentode críticas;para los teóricos de la Escuela de Frankfurt éste deviene en razón instrumental", para los post- modernos en un nuevo mito tan esté- rilcomo elprimero. Al margen de ese debate lo que nos interesa resaltar aquí es la implicación del descentra- miento del mundo en los ethos socio- culturales y en las representaciones colectivas: - Las representaciones colectivas se desacralizan y se desmitologizan, presentándose una primera dicotomía entre lo sagrado y lo profano. Elmun- dode lascreencias sagradas y trascen- dentes se restringe a la órbita de lo privado,delamoralindividual,mien- tras que lo secular racionalizado deviene en público, normatizado y legalizado, constituyendo. desde allí nuevos referentes de identidad y uni- versossimbólicos, tales como losde la ciudadanía, la democracia y el Estado racional legal. Estas son, en la moder- nidad, las formas de inserción de los individuos en su sociedad, mientras que la nación es la forma de la identi- dad. Esta gran dicotomía entre lo sa- grado y lo profano se desagrega en otras de menor espectro: la sociedad civily lasociedad política, lopúblico y . lo privado, el individuo y el Estadot, - Las representaciones colectivas seplural izan, se complejizan y a veces se confrontan; múltiples referentes simbólicos compiten por instaurar y legitimar formas de integración y de cohesión social: la nación, la etnia, la clase, la corporación, el partido, el sindicato, los grupos de interés. - La secularización y el pluralis- mo propios de la modernidad con- tribuyen a acentuar la diferencia- ción estructural de todo el sistema social, tras toca los tiempos, los es- pacios y los territorios, es decir, el cronotopo; además, multiplica los estilos de vida, las cosmovisiones, los roles, las funciones y las activida- des, en fin, los referentes concretos de la vida social en los cuales se sustentaba y de los cuales se nutría el viejo ethos sociocultural. En suma, los tiempos modernos exigen nuevos marcos referenciales, nuevas representaciones colectivas, nuevos valores secularizados que ga- ranticen un mínimo de cohesión social e integración cultural y demandan que esas representaciones colectivaslogren permear y cambiar el ethos sociocul- tural, instalándose en las mentalida- des y en los modos de ser y de ver el mundo, en los sentidos comunes, es decir, que se imbriquen con la cultura. Si esto no ocurre, la modernidad no pasa de ser un proceso incompleto porque ésta, como dice Berman, es una forma de experiencia vital, una manera de vivir y de asumir las trans- formaciones inducidas por la moder- nización económica, tecnológica e ins- trumental'". 7. BEJAR, Helena. El ámbito de lo Intimo; privacidad, individualismo y modernidad. Madrid: Alianza, 1988, p. 26y ss. 8. Sobre la escuela crítica ver: COLOM GONZALEZ, Francisco. "La génesis del pensamiento francfortiano". En: COLOM GONZALEZ, Francisco. Las caras del leviatán. Barcelona: Anthropos, 1992, p. 15-65. 9. HABERMAS, [ürgen, La reconstrucci6n del materialismo hist6rico. Madrid: Taurus, 1983, p. 44 Yss. 10. BERMAN, Marshall. Op. cit., p.3. 11 3. El tránsito de lo tradicional a lo moderno en Colombia ¿La ausencia de valores y de un mínimun ético en la Colombia de hoy, está referida, como muchos lo pien- san, a la modernidad postergada, al destiempo entre modernidad y mo- dernización ?~1,o, ¿inciden también en esas situaciones de vacío ético las vías a través de las cuales se accedió a los tiempos modernos en el país? Sin desconocer la importancia de la primera tesis, preferiría explorar la segunda, siguiendo a grandes trazos las transformaciones históricas en los ethos socioculturales y el significado particular del tránsito de lo tradicio- nal a lo moderno. Para el caso de América Latina y de Colombia en particular, la socie- dad tradicional fue el resultado de la confrontación violenta de tres ethos socioculturales distintos en sus uni- versos simbólicos, en sus cosmovisio- nes, en sus representaciones colecti- vas y en sus expresiones culturales, pero centrados todos en metarrelatos mítico-religiosos. Al final se impuso, a sangre y fuego, elethos agenciado por los colonizadores pero sin lograr des- componer del todo las cosmovisiones totémicas ancestrales más dionisiacas y sensuales, cuyos ritos mágicos pro- veían formas de identidad y cohesión tan sólidas que han perdurado por cinco centurias". De esa confusa confrontación de pueblos y etnias, el metarrelato religioso, expresado a través del catolicismo, logró convertirse en el factor estructurante de la sociedad mestiza y blanqueada; instituyó de sentido el mundo colonial y buena parte del republicano; se impuso como matriz primordial del orden moral, normativo y político y marcó los hilos culturales que definían el cronotopo: impuso los tiempos de sembrar y recoger, los de la cotidianidad y de la fiesta (patronales por excelencia), los de la sexualidad y la abstinencia y sacralizóconsus ritos los ritrnosvitales de los hombres desde el nacimiento hasta la muerte: A su vez, demarcó y nombró los lugares y los territorios con sus símbolos y sus instituciones. Alrededor de laiglesia seconstruyeron los poblados, pues ella representaba el lugar principal, el centro referencial que preside y vigila el espacio de la plaza pública y del mercado local; nombró con su santoral pueblos, veredas ycomarcas y regó de imágenes religosas y santuarios los caminos y los circuitos veredales. La parroquia fue también, durante buena parte de nuestra vida colonial y republicana, la unidad administrativa menor en el ordenamiento territorial del país: para que un poblado fuera reconocido por la entidad estatal debía ser primero parroquia y para que un sujeto fuese aceptado en elcorpus de la ciudadanía debía pertenecer mucho antes a la comunidad cristiana mediante el bautismo. Lo común y lo colectivo, el domi 11. MELO, Jorge Orlando. "Algunas consideraciones globales sobre modernidad y modernización". En: VNIE- SCAS, Fernando y GIRALOO, Fabio (Comp). Colombia, el despertar de la modernidad. Bogotá: Foro Nacional por Colombia, 1991, p. 225 Yss. 12. URIBE, María Teresa. Legitimidad y violencia. Una dirnensién de la crisis poUtica colombiana. Medellín: INER, Universidad de Antioquia, 1990, mimeo, p. 30 Yss. 12 ~ nio de lo propiamente público, se imbricó con lo sagrado, se confundió conél. Fue la cosmovisión religiosa la que estructuró, tanto el principio cognocítívo-e-elsaber-como elprin- cipio normativo -las reglas mora- les- frente a las cuales, los mandatos y leyes del Estado y el Estado mismo debían subordinarse. Lo público y lo privado fueron esferas indiferenciadas y convergentes hacia ese centro estructura dar y totalizante de lo sa- grado que impregnaba con su lógica todo el sistema social. En Colombia, lo público tuvo comoprimera expresión la comunidad cristiana,entendida como lacomunión de bienes espirituales, de creencias y de mandatos morales. Los referentes de identidad se construyeron desde allíy separticipaba en esa comunidad siseera recibido por la iglesia median- te los ritos sacramentales. Lo público'[ entendido como comunidad cristia- na, no logró establecer límite alguno entre la moral privada y las virtudes. públicas; éstas no existían como tales • ni resultaban necesarias pues lo co- mún y locolectivo estaban totalmente acotadospor el universo simbólico de lamoral católica, que partía del presu- puesto según el cual un buen cristiano era también un buen ciudadano., .-/ Según Femán González", la igle- siacatólicasehizo presente en la socie- dad tradicional colombiana a través de estructuras parroquiales de tipo rural y pueblerino, de una pastoral centrada en la administración de los sacramentos (los que a su vez ordena- ban elcronotopo), de una predicación orientada hacia la conservación de la fe-y.también haci'a el control de las buenas CQ§tumbre~y de los espacios de socialización: las instituciones fa- miliares y educativas. Es decir, una presencia acentuada en los dominios de lo doméstico-privado y de lo tras- cendente, que fortalecía la identidad social, la cohesión y la integración de los sujetos en la comunidad cristiana. Sin embargo, este modelo de in- tegración y cohesión, aparentemente sólido y omnipresente, no logró disol- ver del todo los ethos socioculturales de las etnias dominadas: la india y la negra. Algunos de ellos lograron, a través de la resistencia y la supervi- vencia, preservar sus identidades si- tuándose en la periferia del corpus social y por fuera de la comunidad cristiana, es decir, allí donde la mano de la iglesia y el Estado no alcanzaran a llegar. Buscaron lugares donde el espa- cio y el tiempo no estuviesen marca- dos y controlados por lo sacro católico y donde pudiesen librarse de la pasto- ral sacramental, que definía formas de relación, sujeción, dominación y con- trol que chocaban con sus cotidianida- des, con sus fiestas, con sus estructu- ras parentales, con las formas de vivir la sexualidad, de asumir el cuerpo, de enfrentar la muerte, la tragedia y el nacimiento. En fin, donde pudiesen identificarse mediante mitos y ritos que les otorgaban una forma particu- lar de "estar en el mundo". Estos ethos socioculturales dis- tintos no fueron asumidos como tales sino como inmorales y bárbaros. Se 13.GONZALEZ, Fernán. "Etica pública, sociedad moderna y secularización". En: PROGRAMA POR LA PAZ. Colombia una casa para todos. Debate ético. Santafé de Bogotá: Ed. Antropos, 1991, p. 52. 13 los juzga y se los condena desde la moral católica, desde el código sacro, como transgresión y pecado, exclu- yéndolos del mundo instituido de sen- tido, pues para la cultura dominante, ellos representaban el sin sentido. De esta manera se fue configu- rando a lo largo de los siglos un grupo numeroso de población no sujeta ni controlada por los poderes institui- dos, excluída de la comunidad cristia- na, que vivía "sin Dios y sin ley" y percibida por las autoridades como indómita, perezosa, relajada en sus costumbres, ignorante e incapaz. Esta diferenciación, realizada des- de el código moral católico, tuvo una doble expresión: la exclusión étnica y la exclusión espacial, acentuadas por una presencia desigual de la iglesia en el territorio. Dice González'" que los procesos evangelizadores se centraron en los altiplanos, en los centros poblados y las ciudades, en las zonas de mayor densidad de población y en las más articuladas al dominio español, de- jando por fuera losvalles interandinos, las laderas cordilleranas de "tierra caliente" y las áreas selváticas y poco pobladas· como la Orinoquia, la Amazonia, el Darién y la Guajira. Estos fueron desde entonces los espacios de la alteridad y la otredad donde los ethos primigenios se fueron transformando a la sombra de la ex- clusión, ahondando y profundizando por esta vía la diversidad regional y la heterogeneidad social.Ellos,vistospor la sociedad mayor como una amena- za a su propia identidad y como un 14. lbidem, p. 53. riesgo latente para la supervivencia de la comunidad cristiana, configura- ron de esta manera fronteras histórico culturales que escindieron y fractura- ron, antagonizándolas, las partes de un todo imaginario que no tuvo míni- mos referentes comunes para legiti- mar su existencia como pueblo ocomo nación. 4. Laluchaporlarepresentación de lo público Eladvenimiento de la república y lafundación de un Estado estructurado jurídicamente bajo la forma racional- legal, formalmente regido por leyes abstractas y generales, instauraba, por lo menos en el orden constitucional que lo fundamentaba, una sociedad moderna que como tal abandonaba, como principio estructurante y legitimador del orden social, al metarrelato religioso para descentrar el mundo en esferas relativamente autónomas, con lógicas propias, sepa- rando el derecho de la moral y dando paso a unas representaciones colecti- vas o estructuras de conciencia racionalizantes y universalistas. Este descentramiento de losocial, suponía también la escisión entre lo privado y lo público, emancipando lo público de la tutela moral de la iglesia y configurándolo como un espacio esencialmente secularizado. Esta tensión entre lo tradicional real y lo moderno imaginado, desata un largo proceso, inconcluso aún por la representación de lo público, entre los defensores de un órden sacro y los 14 impulsadores de un orden laico y secularizado que se expresa en las luchas Iglesia-Estado durante el siglo XIXy buena parte del siglo xx. Tal confrontación entre lo tradi- cionaly lo moderno tuvo una primera expresión política en la configuración lasdos corrientes partidistas: la liberal y la conservadora. Elproyecto político conservador, definiósu perfil en tomo almetarrelato religioso, la moral católica, la autori- dad de la iglesia y las representacio- nes colectivas por ella instauradas, es decir, insistió en mantener lo público como comunidad cristiana y al Estado recién fundado como el órgano espe- cializado para el control social y el mantenimiento de las reglas morales. Elproyecto conservador se iden- tificócon la trama cultural de lo que podríamos llamar la hispanidad - manifiesta en la religión, la lengua (de allí su interés por la gramática y la ortografía), la tradición y el orden je- rárquico estamental y segmentado, heredados del régimen colonial-o En suma, elproyecto conservador defen- día el mundo de lo tradicional, más retardatarioescierto, pero mejor apun- taladoenelethos sociocultural y en los universos simbólicos de la sociedad mayor". El proyecto de los liberales radi- calespor el contrario, intentaba a tra- vés del metadiscurso racionalizan te, emancipar lo público, separando en esferas distintas la iglesia y el Estado (losacro y lo profano), generalizando unas representaciones colectivas y unas estructuras de conciencia defini- 15. URIBE, María Teresa. Op. cit., p. 33 Yss. das por los valores propios de la mo- dernidad y, confrontando todo el le- gado hispánico desde los principios filosófico-morales del iluminismo eu- ropeo; de allí que enfatizaran en: - la secularización de la vida social transladándole al Estado la potestad de definir los marcos de las relaciones intersubjetivas yde los individuos con el Estado, sin necesidad de las media- ciones sacramentales como las del bautismo o el matrimonio católico. - la soberanía entendida como la emancipación de la tutela eclesiástica y la autodeterminación política sin interferencia s externas de otros pode- res o estados, entre ellos, el de la Santa Sede. - la ciudadanía como condición de existencia social y de inserción en la comunidad nacional. La generaliza- ción de la ciudadanía precisaba de la descomposición de las sociedades segmentadas y de la aceleración del proceso de individualización; de allí su interés por la abolición de formas corporativas como la esclavitud y los . resguardos. -la educación laicay obligatoria para garantizar la socialización de los ni- ños en los valores de la modernidad, emancipándolos también de la tutela religiosa; en este mismo sentido iba la idea de libertad de imprenta. - la diferencia entre derecho y moral delimitando claramente las compe- tencias y diferenciando el pecado del delito, sobre todo en el ámbito de comportamientos individuales como laprostitución,elconcubinato,elaban- dono del hogar, la beodez, considera- 15 dos inmorales por la iglesia y sancio- nados como delito de vagancia por el Estado. Esta separación pasaba tam- bién por la necesidad de definir un pa trimonio fiscal público con carácter vinculan te, separándolo de los im- puestos religiosos como el censo y el diezmo que no tendrían carácter de obligatoriedad pública ni sanciones penales por su incumplimiento. Este proyecto político de los libe- rales radicales (1848-1880)fue la úni- ca propuesta política en Colombia orientada con un sentido de moderni- dad y también la única que propuso, en el marco de la ética, un ideario de buen ciudadano consignado en elpro- yecto de escuela laica (1870),es decir, un esquema de derechos, obligacio- nes y libertades que buscaba consoli- dar y socializar lo que Tocqueville llamaba las virtudes públicas". La corriente liberal posterior al radicalismo, aunque conservó por al- gún tiempo el espíritu secularizante, relegó las virtudes públicas y losasun- tos de la ética ciudadana a un plano muy secundario, orientándose hacia unas representaciones colectivas refe- ridas a la libertad individual, la pro- piedad privada y el progreso, deján- dole los asuntos de la moral, la justicia y la autoridad al partido conservador. Aquel proyecto de los radicales chocó no solamente con la propuesta conservadora y católica sino también con los ethos socioculturales de la mayor parte de la población, es decir, careció de anclajes en la realidad so- cial que seguía siendo predominante- 16. BEJAR, Helena. Op. cit., p. 58 Y ss. 17. URlBE, María Teresa. Op. cii., p. 36 Yss. mente tradicional, rural y pueblerina, anudada en formas de sociabilidad primarias como el parentesco, el ve- cindario, el localismo, las relaciones caudillistas y el gamonalismo". La lucha por el control de la re- presentación de lo público entre el conservadurismo y el radicalismo no logró definirse a favor de ninguno de los grupos enfrentados; la esfera pú- blica no sería ya comunidad cristiana en el sentido del orden tradicional, pero tampoco sociedad de individuos libres articulados por las representa- ciones colectivas racionalizantes y autónomas de la sociedad moderna. Por el contrario, lo público terminó escindido en dos mitades mutuamen- te excluyentes y antagonizadas de cu- yas agresiones recíprocas está hecha la historia de Colombia. Esta escisión de lo público terminó anulando este espacio privilegiado para la formación de universos sim- bólicos de cohesión y de identidad. En su lugar se instauraron las de los par- tidos como representantes de comu- nidades imaginadas que otorgaban sentido de pertenencia y representa- ciones colectivas a las localidades, los sujetos, los vecindarios y las regiones, creando un sentido de nación y de patria que se confundía con los.parti- dos y se imbricaba con ellos. La lucha por la representación de lo público propició su escisión, su fractu- ra y su reemplazo por las dos colecti- vidades partidistas; éstas pasaron a acotar ese espacio, a representarlo, a simbolizarlo. Fueron sus universos 16 simbólicos y no los de la nación o del Estadolosque leotorgaron algún prin- cipio legitimador e integrador a la sociedad colombiana. Esta vía tortuosa e híbrida en el tránsito hacia la modernidad, tuvo repercusiones de hondo calado en la vida política nacional. Aquí enuncia- mos las siguientes: . - Lo público sustituido y la ausencia de cultura política. La escisión de lo. público en lo partidista no permitió que se transformase de manera significativaelviejoethossociocultural y que las representaciones colectivas racionalizantes y universalistas, que existían objetivamente en la Cons- titución y en la ley, fuesen asumidas e integradas por los sujetos como parte de sus mentalidades o como guías para orientar sus acciones y sus comportamientos; por el contrario, la identidad fue partidista y excluyente. Elantagonista político fue considerado comouna amenaza para la identidad, para el ser social colectivo. Este fenómeno dió paso a una mentalidad excluyente que dificulta la con- formación de una verdadera cultura política. , La escisión del referente público no permitió la consolidación del Esta- do como "el otro generalizado" (tal como lo concebía Durkheim)". El Es- tado existía formalmente en el ordenamiento jurídico pero no era percibido así por la mayor parte de los sujetos sociales. Estos carecían de re- presentaciones colectivas para identi- ficar la diferencia entre Estado y par- 18, BERIAIN, [osetxo. Op. cit., p, 58 Yss. 19. PECAUT, Daniel. Orden y violencia. Bogotá: Siglo XXI, tomo 2, 1987, p. 535. tidos, lo que condujo a la construcción del primero como un aparato débil, fragmentado y con dificultades reales para mantener el orden y organizar la vida social. - La debilidad de lo social y la sobrepolitización de los conflictos. La esci- sión de lo público y su representación en forma partidista, aunada a la debi- lidad del Estado, determinó que la mayor parte de los conflictos transita- ran por los canales de los partidos y se debatieran en el espacio de lo propia- mente político, aunque originalmente no tuviesen dicho carácter. De allí re- sultarían las confrontaciones sobre- politizadas que ante la escisión de lo público se resolvían por la fuerza, la guerra y la violencia. Así, conflictos étnicos, vecinales, entre localidades y regiones, inter- individuales, conflictos por la tierra, por el control de recursos naturales y de toda índole sepolitizaron y se desa- rrollaron en esa matriz histórico parti- dista que sustituyó lo público en Co- lombia". La sobrepolitización de los con- flictos tuvo como corolario el debilita- miento de las sociabilidades y la difi- cultad para consolidar una sociedad civil fuerte y organizada. La mayor parte de las organizaciones corres- pondientes a este ámbito (sindicatos, asociaciones campesinas, gremios, acciones comunales) han surgido enel espacio de los partidos o terminaron cooptados por ellos. - La debilidad de la ciudadanía y la ausencia de virtudes públicas. Laescisión 17 de lo público y su representación par- tidista no permitió que las representa- ciones colectivas de la modernidad, como la ciudadanía y la soberanía popular, tuviesen una existencia real y se instalasen en las mentalidades, en los sentidos comunes y en los ethos socioculturales; en lugar de ciudada- nos, este proceso crea copartidarios, miembros de partido, clientelas, clu- bes políticos y otras organizaciones del mismo estilo. A su vez, las virtudes públicas se confunden con la ideología o las nece- sidades del partido; en este contexto, ser buen ciudadano pasa a equiparar- se con ser buen copartidario, buen miembro de partido, ir a las urnas o apoyar a sus "jefesnaturales". No hay un código público interiorizado y la moral individual privada no provee elementos que permitan constituirlo. Sin embargo, pese a las dificulta- des descritas y a las implicaciones políticas y éticas de estas vías de trán- sito entre lo tradicional y lo moderno, los partidos y sus universos simbóli- cos funcionaron como los referentes de identidad a través de los cuales se garantizaba alguna forma de legitimi- dad política. Por su parte, la moral católica, privada y trascendente, logró ejercer control social sobre todo en el campo de lo doméstico y de las rela- ciones intersubjetivas; ésto en el espa- cio de la sociedad mayor, porque las regiones y pueblos excluidos y libra- dos a su propia suerte constituyeron referentes fragmentarios y localistas que diferían y se confrontaban con lo bipartidista y con la moral católica. Este modelo de legitimidad y de identidad --que funcionó precaria- mente mientras la sociedad colombia- na fue predominantemente rural y pueblerina, territorialmente dispersa, económicamente fragmentada y culturalmente desintegrada-, empie- za a mostrar signos alarmantes de crisis política (de legitimidad) y ética (devalores) cuando elpaís entra por la senda de las grandes transformacio- nes sociales propias de la industriali- zación, la urbanización y la moderni- zación, es decir, cuando las formas tradicionales y los referentes espacio- temporales en los cuales se asentaba el viejo ethos, se disuelven y se descom- ponen por la vorágine de la vida mo- "derna. 5. Los tiempos modernos en Colombia.Hacia la formación de nuevas representaciones colectivas. Los tiempos modernos en Co- lombia, vertiginosos, acelerados, eri- zados de cambios rápidos y profun- dos, lograron trastocar en algo más de treinta años la mayor parte de los referentes concretos y vitales que sos- tenían a la sociedad tradicional. El país deja de ser rural y pueblerino para urbanizarse y con- centrar la mayor parte de la población en las ciudades grandes e interme- dias, todas ellas en proceso de expan- sión y crecimiento -la explosión ur- bana denominan algunos teóricos este fenómeno--. Laindustrialización dejó de ser un proceso localizado en algu- nas regiones para convertirse en un sistema que subsurnió formalmente bajo su lógica, buena parte de la es-.. 18 tructura económica del país, forman- do una trama de intercambios y de mercados anudados en tomo a la for- ma abstracta del dinero. La generalización y extensión de los medios de comunicación de ma- sas,multiplicaron de manera vertigi- nosa los flujos informativos, creando formasde integración-desintegración no vistas antes y multiplicando los universos simbólicos de una pobla- ciónhasta entonces relativamente ais- lada y dispersa. La educación formal en sus dife- rentes niveles amplió en muy pocos añossu cobertura, lo que produjo unas generaciones más alfabetizadas, más informadas y con grados de escolari- dad significativamente más altos con relación a los períodos anteriores. A esteproceso, D. Pecautlo denomina la revolución educativa". Los cambios en los roles, en las funciones, en las actividades y en las mentalidades de las mujeres, que tras- tocaronlos viejos modelos parentales, las relaciones de pareja y las intrafa- miliares se llevaron de calle el mundo del oikos. El desarrollo económico y tecnológicosuplantó, a veces median- te formas agresivas, las maneras y los modos de consumir, de producir, de habitar, de circular y de comunicarse. Los sectores medios en ascenso (exiguosy poco relevantes en la socie- dad tradicional), profesionalizados y urbanos, portadores de saberes espe- cializados y más abiertos que las vie- jas élites tradicionales a las corrientes mundiales del pensamiento y a la in- fluencia de !os discursos políticos al- ternativos, se convierten en grupos de presión de gran significación y fuerza. La presencia de las masas, ese fenómeno nuevo de los tiempos mo- dernos, en el escenario de lo político y de lo económico, y su correlato, los movimientos sociales, cívicos yciuda- danos que se organizan por fuera de la matriz partidista y a veces en franca confrontación con ella, demandan res- puestas y participación efectiva. La consolidación de un movi- miento guerrillero alternativo y susti- tutivo del orden vigente que desafia- ba con las armas a un Estado débil y precariamente legitimado y, como corolario, las sucesivas manifestacio- nes de corrientes contraculturales como el "hipismo", "los Punk", "los heavy metal" entre otros, conforman manifestaciones políticas y culturales alternativas a la tradición. Estas transformaciones veloces, simultáneas y no necesariamente ar- ticuladas o exp licables desde una lógi- ca común a todas, trajo aquí como en otras partes del mundo, esa sensación de inestabilidad y amenaza de disolu- ción y de caos, de pérdida de las viejas certezas y los viejos valores, de mie- dos inconfesados al ver el viejo entor- no hecho trizas. Esta vivencia de vér- tigo que hoy sentimos los colombia- nos, como dice Marshall Berman en el epígrafe escogido para este trabajo, nos lleva a pensar que somos los úni- cos Ylos últimos que la han padecido. La desaparición de la sociedad tradicional y el advenimiento de los tiempos modernos, genera en todas partes del mundo la pérdida de refe- 20. rECAUT, Daniel. Cr6nica de dos décadas de poUtica colombiana, 1968-1988. Bogotá: Siglo XXI, 1988, p. 26. 19 rentes colectivos y las crisis éticas; sin embargo, la forma tortuosa e híbrida del acceso a la modernidad en Colom- bia, acentúa dramáticamente sus efec- tos en dos grandes campos: el de la esfera político estatal (crisis de representatividad, de gobernabilidad, de credibilidad, de legitimidad) y en la esfera de los ethos socioculturales (ausencia de valores, vacío ético, dis- gregacióndel tejido social, inexistencia de referentes colectivos de identidad, debilidad de lo nacional); en ambas esferas, el signo visible de la crisis es la violencia generalizada, desagregada, plural y difusa, que particulariza nues- tra situación y la hace más traumática y dolorosa. Si examinamos el carácter de las transformaciones ocurridas en Colom- bia en las últimas tres décadas (los tiempos modernos), no es difícil ob- servar que la mayor parte de ellas se presentan en la trama socio-económi- ca, en los ámbitos complejos yparticu- lares donde los sujetos desarrollan sus acciones y desenvuelven sus vidas, es decir, en los referentes concretos en los cuales arraigaba el viejo ethos so- ciocultural, esto es, los dispositivos de poder tradicionales y los mecanismos de control eclesiástico y partidista. Como consecuencia, las localida- des, los vecindarios, las parentelas, los caudillismos tradicionales, la familia extensa y la educación confesional, los tiempos y los territorios, se trastocan o se disuelven y la iglesia y los partidos tradicionales, anudados en esas redes primarias, empiezan a perder pie, ca- pacidad de control, reconocimiento y autoridad social. Ya no acotan la na- ción, no logran encerrada en sus lími- tes y ésta se desborda y se desparrama sin encontrar nuevos canales y encausamientos, ni espacios para su reconocimiento público. Vivimos los tiempos modernos bajo determinaciones particulares, gestadas por un proceso histórico tor- tuoso y violento que sustituyó lo pú- blico por lo partidista y no generó identidades de corte democrático (cul- jura política). Aunque lo religioso no es ya el centro estructurante de la vida social, el proceso de secularización está inconcluso. La modernidad en Colombia no es un proceso postergado sino más bien desigualmente desarrollado e híbrido: sus canales de tránsito han estado sembrados de obstáculos y di- ficultades. El advenimiento de los tiempos modernos en Colombia se vive bajo una forma particular de anu- damiento entre aperturas y cierres, en unas lógicas cruzadas que pueden dar cuenta de las crisis de valores y de la descomposición del orden político. 6. Las aperturas modernas Asistimos al descentramiento de lo social; lo religioso ya no' es el ele- mento estructurante del universo sim- bólico de los colombianos, ya no lo monopoliza. No es ésta una sociedad confesional y algunas esferas se han autonomizado de la tutela religiosa. La ciencia, la tecnología y los saberes se rigen ahora por sus propias reglas y métodos de fundamentación y cono- cimiento; idéntica cosa podría decirse del ordenamiento legal, del arte y de la literatura. 20 Asistimos también a algunas for- mas de secularización como aquellas observadas en la órbita de la familia, lasrelaciones sexuales y de pareja, los intercambios económicos, las relacio- nes interindividuales y los flujos de comunicación de masas. Es importante también la trans- formacióndel cronotopo; los referen- tes territoriales han cambiado sin en- contrarotros marcos de cohesión dan- dopasoaldesarraigo urbano; los tiem- pos no se guían ya por los universos simbólicos del metarrelato religioso sino or los requerimientos de la ro- ducción del consumo, de los flujos monetarios y e a comunicación de masas. 7.Los cierres de la modernidad La modernidad ha permeado muchos de los espacios de la vida socialy se ha instalado con su caudal de transformaciones en la Colombia dehoy; sin embargo, encuentra serias resistencias y obstáculos en la esfera de la sociedad política y en el ámbito delosethos sociocul turales. Estas difi- cultades se nuclean en tres puntos específicos: lo público sustituido, la secularizaciónincompleta y la ausencia de cultura política (referentes políticos modernos). 7.1. Los tiempos modernos en Colombia encuentran lo público escindido y representado por las estructuraspartidistas. Estoseagudiza cuandolospartidos yano logran acotar la nación ni ser vehículos de las divergencias sociales. Esta es una de las causas que precipitan la desin- tegraciónsocial, por cuanto sepierden las viejas legitirnidades y la precaria representatividad del Estado, dejando a la deriva, tanto la disputa política, que sedesenvuelve en diversas formas de violencia, como el espacio de lo público, que sin referentes de mo- dernidad interiorizados o asumidos desde los ethos socioculturales, termina privatizándose y convir- tiéndose enellugar de laconfrontación de intereses particulares por los recursos institucionales del aparato de Estado. Así, lo público se convierte en una especie de tierra de nadie, de la cual se apropia aquel que tenga los recursos de fuerza suficientes para imponerse a los demás. 7.2. La apropiación privada de lo público y su uso particular por fuerzas y organizaciones de muy diverso ca- rácter, esta en relación directa con la secularización incompleta y las caren- cias de cultura política. La existencia de lo público como representación colectiva en la moder- nidad, está posibilitada por la secula- rización. Sólo una actitud laica que no .reconoce ninguna autoridad o norma como portadora exclusiva y excluyen- te de verdad y de sentido, permite a una sociedad organizarse según el principio de la soberanía popular, de la ciudadanía y de la democracia". La secularización posibilita una acción consciente de la sociedad sobre sí misma y la instauración de un orden producido consensualmente, dejando 21. LECHNER, Norbert. "La democratización en el contexto de una cultura postmoderna". En: L~CHNER, Norbert. Lospatios interiores de la democracia. Santiago de Chile: FLACSO, 1988, p. 116. 21 en el pasado el orden recibido y percibi- do como herencia inmutable y totalizante. En Colombia las relaciones en la esfera político cultural se han auto- nomizado de la tutela católica pero no se han secularizado totalmente, es decir, siguen girando en un centro mítico, imaginario, totalizante y mesiánico, que se expresa en la caren- cia de una concepción desacralizada y totalmente laica de la política. En el mundo del ethos sociocultural, la es- fera de la política no seha descentrado ni separado de su núcleo primordial sagrado y aún soporta una carga reli- giosa inmensa. Esta sacralización de las relacio- nes políticas hace de lasopciones ideo- lógicas principios inmutables, verda- des absolutas no interpelables ni debatibles; las hace rígidas, intransi- gentes en las negociaciones, temero- sas de contaminarse con otras tenden- cias y creencias. Esto ha conducido a demonizar el contradictor, a conver- tirlo en enemigo absoluto, portador de todos los males y objeto de todos los señalamientos y a quien es preciso liquidar por la fuerza. En las relaciones políticas sacrali- zadas arraiga la intolerancia, la caren- cia de respeto por la diferencia, los fundamentalismos y losdogmatismos de distinto corte. Para los defensores del orden es- tablecido sería impensable un mundo político plural y diverso (contamina- do, impuro e inmoral), por ello se apuntalan en las tesis de la comuni- dad cristiana y del bien común, pro- 22. BERMAN, Marshall, Op. cit., p. 81-119. poniendo reiteradamente "cruzadas de salvación nacional" para liberar a la sociedad de todo aquello que per- turba el orden recibido. El miedo que produce la inseguridad y la búsqueda de certezas y de algo sólido es lo que abre las puertas a todo tipo de totalitarismos, de limpiezas sociales y de cacería de brujas como las vividas en el último quinquenio en Colombia. Pero lo más paradójico es que incluso los movimientos de tipo polí- tico o militar (guerrillas) alternativos al bipartidismo, iluminados regular- mente por el calor del pensamiento marxista -también fundador de la modernidad Europea y copartícipe de todo el movimiento racionalizante y universalizador de occidentev=-, no han logrado salirse de la esfera mítica y sacralizante, aunque sean otros sus dioses, sus héroes, sus relatos y sus utopías mesiánicas. Estos grupos reproducen deter- minaciones del ethos cultural sagra- do, propio de las sociedades premo- dernas, como el fundamentalismo, la intolerancia, la rigidez en las negocia- ciones, la demonización del enemigo y también el mesianismo de la socie- dad socialista, vista como redención de todos los males sociales, de la po- breza, la ignorancia, el hambre y la explotación. La carga religiosa que conlleva esta forma de hacer política es de una esencia mística que motiva conductas abnegadas, heróicas y toda una vida de sacrificio y entrega como la que se advierte en algunos militantes de la izquierda colombiana. A su vez, esa 22 visióntotalizadora, sacra y mesiánica, desemboca en posiciones "no nego- ciables" y en una práctica sectaria y totalitaria. 7.3. La sacralización de la política seconvierte en un obstáculo formida- ble para la transformación del ethos socio-cultural, para el tránsito de la democracia como procedimiento for- malynormativo a lademocracia como forma de expresión socio-cultural, es decir, como cultura política. Sibien en,Colombia la esfera del derecho se separó de la moral y estableció sus propias lógicas fun- dantes tal como lo soñaba Weber,éstas no lograron permear el sistema de representaciones colectivas y cambiar las estructuras de conciencia; en este sentido, no fueron interiorizadas por los individuos y no han tenido la vir- tualidad de servir como elementos de cohesióne integración social, ni como guías para la acción o el com- portamiento individual y colectivo, es decir, no hacen parte de la cultura política. r Losviejos valores se fueron defi- nitivamente con la sociedad tradicio- naly loscorrespondientes a la moder- nidad (lasoberanía popular, la ciuda- danía,elorden producido, la seculari- zación,la escisión entre el Estado y la sociedad civil, entre lo público y lo privado) existen sólo como formula- cionesabstractas que no' logran insta- larse en las mentalidades, en las cos- movisiones, en los imaginarios colec- tivos;no hacen parte del ethos socio- cultural y por eso carecemos de repre- 23. DE ROUX, Francisco. "Fundamentos para una ética ciudadana". En: PRCX;RAMA POR LA PAZ. Op. cit., p. 131-151. sentaciones colectivas acordes con el mundo de hoy. El viejo ethos sociocultural per- dió la capacidad de instituir de senti- do la sociedad y el nuevo no existe aún. De allí que la sensación que expe- rimentamos en Colombia no es preci- samente la de un mundo desencanta- do (Weber), ni la del crepúsculo de los dioses (Nietzche), sino la de un mun- do sin sentido, de un vacío ético que algunos investigadores sociales como Francisco De Roux", han propuesto llenar con una ética laica y ciudadana, con un código mínimo de virtuaes ciudadanas. 8. Una ética para los tiempos modernos De acuerdo con las reflexiones anteriores, una ética para los tiempos modernos en Colombia, tendría que hacerse cargo de los tres problemas básicos enunciados en el acápite ante- rior: La refundación de lo público, la secularización de las relaciones políticas y el desarrollo de una verdadera cultura democrática. La alternativa para el vacío ético en Colombia habría que buscarla más en lo colectivo público que en las individualidades privadas, más que en la moral y en el derecho, en la prácticas sociales; más que en los prin- cipios retóricos y formalistas, en ese campo vasto y problemático de los ethos socioculturales y de la cultura política. Desde esta perspectiva, la moral católica es necesaria pero insuficiente 23 para crear esos referentes colectivos de identidad y se quedaría corta en el propósito de fundar un orden demo- crático, pluralista y tolerante hacia el futuro. Primero, porque ya no sería posible recuperarla colectivamente como principio estructurador del or- den social. La historia es implacable y las utopías de regreso son tan nostálgi- cas como la búsqueda de certezas en los tiempos modernos. Segundo, por- que tanto para la refundación de lo público como para lagestación de una cultura democrática sería necesario acentuar los procesos de seculariza- ción, o como dice Norbert Lechner, aliviar la política de la carga sacra que la acompaña". Lo que si es posible y deseable en \ Colombia, es la participación decidi- da de la iglesia institucional y de los católicos en general, en la constitución del orden producido de la moderni- dad, esto es, en la definición de un minimun ético (referentes públicos de identidad y cohesión) contribuyendo desde su lugar, y en compañía de otros actores sociales, a la consolida- ción de las virtudes cívicas y ciudadanas. Si es saludable descargar a la política de sus compromisos religiosos, tam- bién lo es el aligerar las responsabili- dades propiamente políticas de la igle- sia y de la fe cristiana; la ética de los tiempos modernos es ante todo un asunto público, colectivo y una res- ponsabilidad política tanto de lasocie- dad civil como del Estado. Tampoco sería suficiente la existencia de una moral individual y privada para responder al vacío ético en Colombia, pues, ser un buen cristiano no es lo mismo que ser un buen ciudadano. La suma de los hombres de bienen elmundo privado no da como resultado automático un espacio público constituido y tampoco genera procesos de cultura demo- crática. Loscriterios morales individuali- zados ysin referentes colectivos, como de hecho ha venido ocurriendo en Colombia en las últimas tres décadas, terminan por relativizarse y formar una múltitud de códigos morales para el consumo de cada cual, de acuerdo con sus preferencias individuales. Es- tos códigos ya no se fundamentan a la manera de la moral católica o la razón universalizante, sino que se justifican de acuerdo con un sistema de prefe- rencias individuales y asociales, es decir, opuestas a lo colectivo y a lo público. Sibien la modernidad, como pro- ceso general, pluraliza los valores y losrelativiza, también leofrecealhom- bre la posibilidad de construir su mundo, de elegir y de optar. Esta ne- . cesaria construcción del orden no se logra ni desde la esfera privada ni desde la moral individual, sino en el espacio emancipado de lo público y desde el reconocimiento de lo colecti- vo y lo común, nucleado en torno a lo que podría ser una especie de código del buen ciudadano. Dicho código se conforma con base en mínimos referentes de identi- dad, construidos y no recibidos, que-se elaboran desde la pluralidad de valo- res, sentidos y órdenes sociales. Ellos 24. LECHNER, Norbert, "Responde la democracia a la búsqueda de certidumbre?". En: LECHNER, Norbert. Op. cit., p. 135 Y ss. 24 no tienen la pretensión de un centro totalizante y articulador, son asumi- dos a través del consenso y el respeto por el disenso, sin la expectativa de su permanencia eterna o su validez uni- versal,sino con el pleno conocimiento y aceptación de lo que cambia, de lo mutable, de lo que no es posible asir de manera definitiva y menos contro- lar o monopolizar. Su construcción debe estar alentada por el espíritu de la modernidad. .- ' 'r"V"', i,", 1'" 25