LA VIDA DE LA MAESTRA MARTA AGUDELO VILLA Y SU PAPEL EN LA GESTIÓN CULTURAL DE LA MÚSICA EN MEDELLÍN ENTRE 1972 Y 2009 Tesis de grado para optar a la Maestría en Gestión Cultural JAMIR MAURICIO MORENO ESPINAL Asesor LUIS CARLOS RODRÍGUEZ ÁLVAREZ UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA MAESTRÍA EN GESTIÓN CULTURAL FACULTAD DE ARTES Medellín 2014 2 3 CONTENIDO INTRODUCCIÓN..…………………………………………………………………..………. 11 1 ANTECEDENTES FAMILIARES QUE PROPICIARON EL DESARROLLO CULTURAL EN LA VIDA DE MARTA AGUDELO VILLA……………………………………………………………..…… 17 2 LA SEGREGACIÓN, UN FACTOR DETERMINANTE EN LA CONSTRUCCIÓN DE PROYECTOS CULTURALES………………………………………………………………..……………. 29 3 LA GESTIÓN DE PROYECTOS CULTURALES, UNA ALTERNATIVA CLAVE PARA EL DESARROLLO DE LA EDUCACIÓN MUSICAL DE MEDELLÍN ………………………………..……………… 43 4 EL COLEGIO DE MÚSICA DE MEDELLÍN, UNA APUESTA FAMILIAR DE ALTO IMPACTO CULTURAL ……………………………………………………………………………….... 53 5 LA EDUCACIÓN INTEGRAL, GLOBALIZACIÓN DE MODELOS PEDAGÓGICOS Y SU ADAPTACIÓN DENTRO DE LAS INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN MUSICAL EN MEDELLÍN..………………… 63 6 LOS ANCIANOS, UNA PROPUESTA INCONCLUSA DENTRO DE LAS NECESIDADES CULTURALES DE LA CIUDAD …………………………………………………………………………….. 81 CONCLUSIONES.…………….……………………………………………………………... 93 ANEXO. PRODUCCIÓN BIBLIOGRÁFICA DE LA FAMILIA MAYA AGUDELO..….......................101 REFERENCIAS..…………………………………………………………………………….103 4 5 ÍNDICE DE FIGURAS Figura 1. José María Villa, 1895 Figura 2. Diario Colombia, portada, 1926 Figura 3. María Villa a los 25 años Figura 4. Familia Villa. Árbol genealógico Figura 5. Joaquín Fúster Figura 6. Luisa Manighetti Figura 7. Pietro Mascheroni, 1965 Figura 8. Annamaria Pennella Figura 9. Marta Agudelo Villa a los 20 años Figura 10. Jaime Maya Uribe a los 40 años Figura 11. Marta Agudelo Villa a los 40 años Figura 12. Clase de educación musical dictada por Marta Agudelo Villa, 1973 Figura 13. Coro del Colegio de Música de Medellín en el vigésimo aniversario de su fundación, 1992 Figura 14. Presentación del grupo de educación musical del Colegio de Música de Medellín, a cargo de Luz Mercedes (Tita) Maya, en el auditorio de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, sede centro, 1982 Figura 15. Una sesión de grabación de la agrupación musical Cantoalegre Figura 16. Portada del libro Educación Musical para el jardín de infantes y primeros años de la educación primaria (Guía para el maestro) Figura 17. Portada del libro Educación Musical, Música y movimiento a través de la canción (Guía para el maestro) Figura 18. Portada del libro Iniciación al piano a través de la canción infantil Figura 19. Portada del libro Repertorio Infantil para cantar y jugar Figura 20. Portada y contraportada del libro Tra la la. Canciones para crecer Figura 21. Portada del libro Canciones para crecer. Música y movimiento Figura 22. Portada del libro Dibujo rítmico. Trazos y garabateo Figura 23. Apuntes de Marta Agudelo Villa para sus primeros libros, 1977 6 Figura 24. Marta Agudelo Villa en una de sus últimas clases con los bebés, 1999 Figura 25. Grupo de la edad dorada, 2000 Figura 26. Marta Agudelo Villa y Aníbal Gaviria Correa en la ceremonia de premiación del periódico El Mundo, 2002 Figura 27. Marta Agudelo Villa, doña Margarita María Arango de Duque y otras personalidades en la ceremonia de premiación del periódico El Mundo, 2002 Figura 28. Marta Agudelo Villa con Mariana Maya, una de sus nietas, en septiembre de 2008 7 RESUMEN El conocimiento de la vida de la maestra Marta Agudelo Villa (Medellín, 1920-2009) permite recorrer los distintos procesos de su labor musical y pedagógica que aportaron notablemente al desarrollo cultural de Medellín: desde la conformación del Conservatorio – actual Departamento de Música de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia–, la fundación del Colegio de Música de Medellín en 1972, la creación de programas de enseñanza para la primera infancia, la composición de canciones infantiles y la apropiación del ritmo corporal, y la creación de métodos autóctonos de pedagogía musical y de programas para los ancianos, hasta su muerte en 2009. Su trayectoria recopila valiosa información de índole social, económica, política, religiosa, patrimonial y cultural, que sirve de ejemplo para la formación de los nuevos gestores culturales musicales del país. Palabras claves: gestión cultural, pedagogía, música, historia. 8 9 AGRADECIMIENTOS A la Universidad de Antioquia, por darme la oportunidad de enriquecer mis conocimientos desde el pregrado, la especialización y, ahora, la maestría. Al historiador Luis Carlos Rodríguez Álvarez, por impregnarme de su pasión para abordar los estudios patrimoniales y mostrarme el camino más adecuado para aproximarse a las investigaciones históricas. Al Colegio de Música de Medellín, por los 23 años de apoyo incondicional como docente de esta amada institución. Al Instituto Tecnológico Metropolitano, por brindarme el tiempo y el espacio necesario para realizar esta hermosa investigación. A mi familia, el motor de mi vida; gracias a ella tuve la fortaleza y el apoyo necesarios para continuar con mi proceso de formación. 10 11 INTRODUCCIÓN A través de un recorrido por la vida de la maestra Marta Agudelo Villa, esta investigación describe los procesos de gestión que lograron la consolidación de grandes centros culturales de Medellín como el Instituto de Bellas Artes, el Conservatorio –actual Departamento de Música de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia– y el Colegio de Música de Medellín, del cual ella fue fundadora. Doña Marta Agudelo dedicó su vida entera a la docencia, la creación de textos de educación musical y la capacitación permanente de maestros en pedagogía infantil, apoyándose en los principales instructores musicales del siglo pasado –Jacques Dalcroze, Carl Orff, Zóltan Kodaly y Edgar Willems, entre otros– e introduciendo metodologías propias. Su extraordinaria labor fue sin duda alguna el punto de partida de muchos proyectos culturales que transformaron en buena hora la educación musical de la ciudad. Doña Marta nunca se vio a sí misma como una gestora cultural, ya que estos temas de acción social se empezaron a consolidar –y a considerar– como tales a principios de los años noventa. En esa época, las políticas neoliberales mundiales provocaron cambios significativos en la regulación fiscal, la disminución del bienestar general de la población y la escasez de recursos en las administraciones públicas. Así, la interacción sociocultural entró en crisis, al obtener pocos resultados en la democratización de la cultura y la participación ciudadana, y la empresa privada comenzó entonces a destacarse en los ámbitos de la gestión cultural, financiando y creando servicios culturales a través del patrocinio. En este proceso fue muy importante la aparición de líderes comunitarios que se encargaron de tomar la vocería y poner en marcha proyectos que suplieran las necesidades culturales de sus regiones. La gestión cultural que se realizó en Medellín entre 1972 y 2009 produjo grandes cambios que ayudaron a consolidar los principales centros de formación cultural y a formar los grandes artistas contemporáneos. Sin embargo, en sus inicios, hubo, de parte de los gestores culturales, un desconocimiento –además de muchos contratiempos– de las condiciones que tuvieron que enfrentar para crear las circunstancias necesarias que permitieran desarrollar las instituciones y los músicos de la ciudad durante estos años. 12 La información transmitida de generación en generación a través del lenguaje oral es frágil y susceptible de ser permeada por influencias no fidedignas, y esto puede llevar a una deformación progresiva de la memoria cultural. La memoria es la vida. Siempre reside en grupos de personas que viven y, por tanto, se halla en permanente evolución. Está sometida a la dialéctica del recuerdo y el olvido, ignorante de sus deformaciones sucesivas, abiertas a todo tipo de uso y manipulación. A veces permanece latente durante largos períodos, para luego revivir súbitamente. La historia es la siempre incompleta y problemática reconstrucción de lo que ya no está. La memoria pertenece siempre a nuestra época y construye un lazo vívido con el presente eterno; la historia es una representación del pasado (Nora, 1984: XIX). Por esta razón, ha sido importante traducir y plasmar por escrito la información recolectada en esta investigación, para establecer datos que sirvan como herramienta para la construcción del patrimonio histórico de nuestra región y contribuyan con el proceso de formación en la apreciación de las manifestaciones culturales. Otro tema adyacente de los primeros años del período mencionado anteriormente fue la carencia de textos con melodías autóctonas que se adaptaran a la realidad cultural de nuestra región, ya que el material con el que se estaba formando a los músicos eran libros importados de Europa y Norteamérica, con unos objetivos muy diferentes a nuestras necesidades. También es importante destacar el asunto de las metodologías de enseñanza de esos años, tarea en la que la maestra Marta Agudelo Villa hizo grandes cambios y aportes, diseñando un protocolo metodológico específico para dictar las clases de iniciación musical, que incluía un salón amplio con piso de madera y con unas condiciones determinadas que rompieron con las propuestas tradicionales de los métodos existentes. La gestión cultural necesita del emprendimiento y la tenacidad de sus trabajadores, porque existen miembros pasivos que, ante la oportunidad del cambio, se limitan a seguir conductas indiferentes y conformistas. Esta investigación propone la necesidad de tener líderes con iniciativa que rompan con los esquemas tradicionales, para que generen cambios significativos dentro de la construcción histórica del desarrollo cultural de su región. 13 La música, al igual que los estudios sociológicos, ha carecido del respeto y la valoración que poseen, por ejemplo, las estadísticas y los datos científicos; a pesar de esto, cada vez es más notoria la necesidad del apoyo económico a las actividades culturales, para aminorar los índices de violencia en la sociedad. Marta Agudelo Villa postuló con hechos y bibliografía el aporte significativo que tiene la música en la formación integral de un buen ciudadano, como ingrediente primordial para lograr la disminución gradual de la violencia. Otro de los temas abordados en esta investigación es la falta de capacitación e investigación de los centros de estudios culturales, ya que las políticas educativas actuales están descuidando la calidad de la información que se les da a los estudiantes en las instituciones de educación pública del país, desde la escuela básica hasta el nivel superior. Pasando al contenido de esta investigación, se partió del método “historia de vida” – una de las estrategias contempladas en la investigación cualitativa para profundizar sobre los sucesos históricos de un personaje–, describiendo los procesos de gestión cultural que realizó la maestra Marta Agudelo Villa entre 1972 y 2009, teniendo en cuenta los aspectos sociales, económicos, políticos, religiosos, culturales y patrimoniales que intervinieron en la construcción de sus proyectos. Para contextualizar dichos procesos, fue necesario ilustrar sus antecedentes familiares comenzando por su abuelo, el ingeniero José María Villa, que inició la cadena del talento artístico con su afición al violín; su hija María, la madre de Marta, continuó con su legado, mostrando desde temprana edad su amor por el piano; y, finalmente, Marta, que heredó de ella el talento musical. Seguidamente se aborda el proceso de formación de doña Marta como pianista en el Instituto de Bellas Artes de Medellín y su posterior encuentro, ya como docente de esta institución, con la pianista Teresita Gómez, mencionando la segregación sexual, racial y social que la maestra enfrentó para sacar adelante sus proyectos. También se ilustra el papel primordial que ella desempeñó en el proceso de gestión y consolidación del Conservatorio de la Universidad de Antioquia, y cómo su hermano, Hernando Agudelo Villa, la ayudó incondicionalmente utilizando sus influencias políticas. Seguidamente se documenta el proceso de gestión que dio lugar a la creación del Colegio de Música de Medellín y los proyectos alternos que tuvo doña Marta con el médico 14 y maestro Luis Alberto Correa Cadavid y su Centro de Atención de Musicoterapia, seguido del proceso de creación (invención y escritura) de su material bibliográfico, que, a su vez, dio lugar a varias acciones de gestión y de capacitación de maestros de todo el territorio nacional. Por último, se describe el proceso de creación del proyecto de música para la edad dorada y los últimos acontecimientos antes de su muerte, y se hace una reflexión sobre el papel de la gestión cultural en la construcción histórica de una región y de los aportes que pueden servir como punto de partida para los futuros gestores culturales. La vida y obra de la maestra Marta Agudelo Villa hace parte del llamado “patrimonio intangible de la humanidad”, ya que los historiadores y etnomusicólogos necesitan de su legado para reconstruir parte de los procesos culturales que tuvo Medellín a mediados del siglo XX. La Unesco,1 en 2003, a través de la Convención para salvaguardar el patrimonio cultural inmaterial, afirma: El patrimonio inmaterial es todo aquel que implique el reconocimiento de los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas transmitidos de generación en generación y que infunden a las comunidades y a los grupos un sentimiento de identidad y continuidad, contribuyendo así a promover el respeto a la diversidad cultural y la creatividad humana (http://www.unesco.org/new/es/mexico/work-areas/culture/intangible-heritage/). Era necesario conocer cuáles fueron las condiciones sociales, económicas, políticas, religiosas, culturales y patrimoniales que vivieron los habitantes de Medellín en este tiempo, para comprender en su real situación los procesos de intervención cultural que realizó la maestra Marta Agudelo Villa, ya que este conocimiento puede contribuir a la elaboración de nuevos proyectos. La reconstrucción de esta historia servirá como punto de partida para los músicos, educadores y gestores, que sabrán cómo la maestra Marta Agudelo Villa, “con más ganas que recursos”, pudo lograr grandes cambios en el desarrollo cultural de la ciudad. 1 United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. http://www.unesco.org/new/es/mexico/work-areas/culture/intangible-heritage/ 15 Como punto final, esta investigación arroja importante información sobre los procesos de consolidación del Conservatorio de la Universidad de Antioquia y del Colegio de Música de Medellín, que servirán de ayuda para la reconstrucción histórica de los centros culturales de la ciudad a mediados del siglo XX; sin embargo, la información más valiosa está relacionada con el proceso de gestación de los primeros textos musicales autóctonos escritos en la ciudad, y cómo los músicos de esos años asimilaron las corrientes pedagógicas del extranjero para diseñar propuestas novedosas que se adaptaran perfectamente a las necesidades culturales de nuestro medio. Esta información deja un espacio abierto a los futuros investigadores que quieran ahondar en las propuestas pedagógicas de músicos como Elkin Pérez, María Clara Misas, Darío Rojas, Haydée Marín, María Eugenia Londoño y Alejandro Tobón, entre otros. Jamir Mauricio Moreno Espinal Medellín, septiembre de 2014 16 17 La música sí lo salva a uno. ¿Qué hubiera sido de mi vida sin la música? Marta Agudelo Villa 1 ANTECEDENTES FAMILIARES QUE PROPICIARON EL DESARROLLO CULTURAL EN LA VIDA DE MARTA AGUDELO VILLA En este capítulo se exponen los antecedentes familiares que incidieron en la formación artística de la maestra Marta Agudelo Villa –doña Marta o, simplemente, Marta–, sus estudios y los primeros acercamientos a la música en el entorno sociocultural de Medellín. Para ello fue necesario indagar sobre las condiciones que afrontó, y así encontrar los orígenes de sus procesos de gestión cultural y documentar los contextos sociales, económicos, políticos, religiosos, artísticos y patrimoniales que intervinieron en el desarrollo de sus primeros proyectos. La gestión cultural es un campo de acción muy reciente, que surgió de la necesidad de configurar una profesión que se encargue de liderar procesos artísticos con una visión más diligente y eficaz que pueda generar cambios positivos en el desarrollo cultural de una región o comunidad en particular. Para presentar la realidad de la gestión cultural es necesario enmarcar el concepto de formación y profesionalidad en el referente más amplio de los procesos de configuración de las nuevas profesiones. Estas no se desarrollan y configuran a partir de un proceso planificado en el que las instituciones formativas se dedican a preparar las nuevas figuras profesionales que la sociedad necesitará en el futuro, sino que emergen, en el mercado laboral, de forma rápida, generando a su alrededor un campo de necesidades y demandas que provocan la existencia de unos procesos de profesionalización y una oferta de empleo (Martinell Sempere, 2001: 3). La gestión cultural en Medellín nació del emprendimiento que caracteriza a la población antioqueña, que resalta su pujanza, la innovación y, en general, lo que se conoce como la verraquera paisa. Los centros educativos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX se concentraban en las necesidades primarias de la economía antioqueña; así, se le daba prioridad a las industrias agrícola, textil y minera, a la ganadería y al comercio en 18 general. El estudio de las artes era un privilegio al que solo podían acceder las familias más pudientes de la ciudad. Los primeros gestores que impulsaron las principales obras culturales de Medellín eran personas ajenas a la cultura misma: empresarios como Pablo Tobón Uribe (Medellín, 1882-1954), Alejandro Echavarría Isaza (Barbosa, 1859 – Medellín, 1928) Gonzalo Mejía (Medellín, 1884-1956), Carlos Eugenio Restrepo (Medellín, 1867-1937) y Gabriel Echavarría Misas (Medellín, 1884-1943), entre otros. El apoyo económico de estos filántropos, más los recursos departamentales y municipales, hicieron posible que en Medellín se edificaran entidades como el Instituto de Bellas Artes y teatros como el Bolívar –demolido en 1954–, el Junín –demolido en 1968– y el Pablo Tobón Uribe, entre otros. Es posible que el talento, la tenacidad y el valor para enfrentar las dificultades le vinieran a nuestro personaje por vía familiar. El abuelo materno de Marta fue don José María Villa (Sopetrán, 1850 – Medellín, 1913), uno de los ingenieros más importantes que ha tenido nuestro país, constructor de importantes obras como el puente Iglesias, que comunica a Fredonia con Jericó; el puente Pescadero, que une a Yarumal con Ituango; el de La Pintada, entre Santa Bárbara y Valparaíso; y el más largo e importante: el puente de Occidente, que comunica a Sopetrán con Santa Fe de Antioquia. Don José María, además, colaboró en la construcción del puente de Brooklyn de la ciudad de Nueva York. Hijo del médico y abogado Sinforiano Villa Vergara y de Antonina Villa Leal, perteneció a una acaudalada y prestante familia liberal, dueña de grandes extensiones de tierra que cubrían buena parte del territorio de los actuales municipios de Sopetrán y Belmira. En la iglesia parroquial de Sopetrán, a veintidós de octubre de mil ochocientos cincuenta, yo, el cura párroco que suscribo, bauticé solemnemente a un niño de cuatro días de nacido, a quien nombré José María, hijo legítimo del doctor Sinforiano Villa y Antonina Villa, vecinos de esta parroquia. Sus abuelos paternos, Luis Villa y Rosa Vergara. Maternos, José María Villa y Lorenza Leal. Fueron sus padrinos Cayetano Villa y Clara María Martínez, a quienes advertí el parentesco y obligaciones que contrajeron. Doy fe, Ramón Marín (Echeverri Coronado, 2000: 16). José María fue criado en el ambiente campestre y tranquilo de la finca La Siberia, donde rápidamente comenzó a mostrar sus extraordinarias facultades mentales y sagacidad 19 con relación a los niños de su edad. Era descrito como de pocas palabras, muy travieso y de gran corpulencia, y con una clara y precoz inteligencia que se notaba en sus preguntas y respuestas, ya que, en sus conversaciones, era capaz de incluir humor, sátira y mordacidad, características muy comunes en las charlas de los adultos. El doctor Nepomuceno Villa, pariente suyo, fue su primer maestro, ante el cual el niño Josema empezó a demostrar su temprana inteligencia mediante su lenguaje avezado y sus preguntas acuciosas. Radicada su familia en Medellín, ingresó al Colegio del Estado, hoy Universidad de Antioquia, y en 1865 se consagró a las matemáticas bajo la dirección del ingeniero francés Eugenio Lutz, luego fue expulsado con tan solo 17 años de edad, un jueves de abril de 1867, por un verso que escribió y que la rectoría juzgó “escandalosamente ateo”. El general Pedro Justo Berrío, sabedor de su inteligencia prodigiosa, abogó por él, pero fue en vano. Al fundarse la Escuela de Artes y Oficios por el general Berrío, se convirtió en excelente profesor de matemáticas y afines. Gracias al apoyo del general pudo matricularse en el Stevens Institute of Technology de Hoboken, New Jersey, donde a mediados de 1878 recibió el diploma de ingeniero mecánico (Guzmán López, 2011: 9-10). Don José María Villa contrajo matrimonio con María Josefa, hija del médico Manuel Uribe Robledo y de Adelina Navarro. De esta unión nacieron Ana, Ricardo y María. Esta última, mujer intelectual y culta, que heredó el talento musical de su padre violinista, se casó con Joaquín Agudelo y fue la madre de Marta. Por su parte, Ana se casó con el abogado Roberto Arcila y Ricardo murió a temprana edad. José María acompañó sus días de ingeniero con los sonidos de su violín, compañero inseparable de viajes y aventuras. Era este el hombre que afirmaba: “Las matemáticas se parecen a la música o la música a las matemáticas, tienen la misma lógica, la misma belleza; las escalas musicales, por estar ordenadas numéricamente, son ejemplo de la armonía del cosmos”. Susurrando a los oídos de María, su hija, mientras tocaba el violín, añadía: “Hija, la música ayuda a vivir”, alentando en ella esta pasión que lo llenó de alegría y paz en todos los momentos de su vida. La Plaza Minorista de Medellín lleva el nombre de José María Villa como un tributo a su obra (Ocampo Jaramillo, Soto González y Loaiza Rivera, 2010: 31). 20 Es importante destacar que la música como profesión en esta época era muy demeritada por la sociedad, que pensaba que era para vagos y bebedores de alcohol sin ninguna aspiración en la vida. La educación musical se ofrecía a través de clases particulares que solo las familias de alto poder adquisitivo podían pagar. José María aprendió a tocar el violín de esta forma y lo convirtió en su amigo devoto, que cargaba en todos sus viajes de trabajo. La investigadora Pilar Lozano relata en su libro José María Villa, el violinista de los puentes colgantes, que a finales de 1894, cuando se terminó la construcción del puente de Occidente,2 se organizó una fiesta en la que participaron más de 200 obreros acompañados de sus familias. José María Villa tomó una botella, una hamaca y su violín. Nadie lo siguió. Todos sabían que cuando estaba triste o muy contento, como ese día, le gustaba robarse minutos para estar a solas. Eran, dicen, las 5:00 de la tarde. El cielo, con grandes manchas de rosas, naranjas y violetas, parecía contagiado de tanta alegría. Villa amarró la hamaca y justo en el centro del puente se echó en ella. La estructura de cables y maderos, de casi 300 metros de largo empezó a crujir y a mecerse por el viento. Hizo sonar el violín y dejó que volaran unos minutos; luego se paró y empezó a bailar y a dar volteretas. Todo sin dejar descansar las cuatro cuerdas de su instrumento. Se veía inmenso con su cuerpo de hombre grandote, su barba de años, su camisa fuera del pantalón hinchada por el viento (Lozano, 1998: 8-9). Y Luis de Greiff y Horacio M. Rodríguez, en su revista El Repertorio, revista mensual ilustrada, hacen la siguiente anotación: El puente de Occidente es una obra genuinamente nacional, en donde el arte y la ciencia han hecho verdaderos milagros para equilibrar, en parte, la falta de industria extranjera a causa de nuestros pésimos medios de transporte, no menos que por la casi imposibilidad fiscal del país para llevar a cabo obras de esta magnitud. Este es uno de los aspectos por los cuales admiramos más la hermosa estructura (De Greiff y Rodríguez, 1896: 24-26). 2 El puente de Occidente, una de las más importantes de la ingeniería colombiana del siglo XIX, se comenzó a construir el 4 de diciembre de1887, con aguerridos hombres de Sopetrán, Olaya, Santa Fe de Antioquia y Liborina, que, en ocho años de esfuerzo y tenacidad, lo culminaron el 27 de diciembre de 1895. 21 Figura 1. José María Villa, 1895 Fuente: Melitón Rodríguez (s. f.). Fotografías de 1892 hasta 1938. Medellín: Italgraf, Centro Colombo Americano. Retomando la historia familiar, María Villa tocaba el piano y se ocupaba en la literatura, la pedagogía –fue profesora de varios colegios de Medellín– y la filología. Por invitación de la junta del asilo de ancianos de la ciudad, y con el noble fin de colaborar en la construcción de un nuevo edificio, escribió Mujeres de ayer y de hoy, con prólogo de Carlos E. Restrepo, que publicó la Tipografía Bedout. Allí se evidencia la presencia de una mujer clara y profunda de pensamientos, como lo plantea el siguiente fragmento: Mujeres de ayer y de hoy es el tema que he elegido para mi conferencia; tesis por cierto muy fecunda, pero que trataré apenas en algunas de sus fases, dada las circunstancias de tiempo. Bajo diversos puntos de vista podría hablarse de la mujer, en esta doble consideración. Pero quiero limitarme a estudiarla solo en el campo de la formación de su fortuna, mediante su trabajo. No solo trabaja la mujer que va al taller, a la oficina, al almacén, etc., ni la que tiene en su casa cualquier industria. Trabaja también, y de manera más eficaz, seguramente, la mujer que gobierna su casa con orden y economía. Se me figura que entre nosotras hay una idea muy imperfecta, tanto en el hombre como en la mujer, acerca de cómo aquel y esta deben llenar las funciones que les correspondan en el desempeño de sus respectivas tareas. Yo he creído que la mejor manera de armonizar los esfuerzos del hombre con los esfuerzos de la mujer consiste en tener, como una sola empresa, dos empresas de distinto orden que se manifiestan visiblemente en la vida del hogar. Hay una empresa que produce, que suministra, y otra empresa que consume, que gasta los productos de la primera. La empresa que produce está generalmente a cargo del hombre; la que consume, al cuidado de la mujer. ¿Cuál de estas dos empresas es de más difícil manejo? He ahí el problema. Allí está el arte de conseguir fortuna en la vida del matrimonio (Villa Villa, 1923). 22 Otra de sus producciones escritas, Hombres de hoy y de mañana, fueron unos apuntes que utilizó para una conferencia que dictó en el paraninfo de la Universidad de Antioquia, con la que alcanzó reconocimiento y respeto dentro de la sociedad antioqueña, ya que fue la primera mujer que disertó sobre temas culturales en este recinto universitario. Estos apuntes fueron publicados un año después de su muerte –debido a complicaciones de diabetes– por el diario vespertino Colombia, el 4 de diciembre de 1926. Figura 2. Diario Colombia, portada, 1926 Fuente: Raúl Maya Agudelo, archivo personal.3 Hemos perdido tiempo precioso y largo. En tantos años no tenemos siquiera convenida la fórmula del alma colombiana. Andamos todavía ciegos por caminos sin salida y no queremos conocer a fondo la senda del progreso. Tememos lo nuevo, y preferimos morir dentro del círculo estrecho que viejos sistemas y prejuicios nos trazaron. Nuestras agitaciones y movimientos son apenas convulsiones de cuerpos enfermizos; fiebre inmoderada de organismo descompuesto. Nos falta resolver, como obligada incógnita, cuál sea la fórmula del futuro: precisar, conocer y grabar una fórmula, como un resultado matemático, para aplicarla siempre, en todo 3 Todas las fotografías de Raúl Maya Agudelo pertenecen a su archivo personal. El autor de esta investigación agradece su gentil gesto al autorizar su publicación. 23 tiempo, lugar y circunstancias, hasta conseguir el molde en que debe fundirse en adelante el alma de cada uno de los hijos de Colombia. Ya Colombia va entrando a la edad madura y no tiene siquiera uso de razón. No distingue, o no quiere distinguir, lo que la daña o lo que le aprovecha. Su vida entera es una repetición constante y uniforme del pasado. Las normas educativas de ayer inspiran y mueven a los educadores de hoy; y mañana repetiremos lo mismo que estamos hoy efectuando. Conocemos el pasado por lo estéril, nos preocupa y desarma lo vano e infecundo del presente, y sin embargo dejamos inactiva y yerta nuestra voluntad, sin actitud votiva, sin ánimo resuelto, presa de enerva laxitud que le impide encararse por los senderos de renovación que Colombia necesita. La naturaleza de nuestro suelo patrio; su estado, calidad y situación geográfica, son factores que inspiran a cualquier entendimiento sano a que busque la fórmula adecuada para construir el hombre de mañana. Dilatadas extensiones hay que no conocen siquiera planta humana. Todos los elementos propicios para la industria ofuscan el sentido observador por su grado exuberante. La fertilidad del suelo; su riqueza natural indiscutible; la variedad de los climas; sus arterias fluviales; sus caídas de agua y los dos mares que la bañan, piden, quejosos de nuestra indolencia, el desarrollo de la agricultura, de la ganadería, de ferrocarriles, de la electricidad, y buques mercantes que nos traigan máquinas y tornen cargados de café, de maderas, tabaco, tagua, caucho y hasta de oro puro de finísimos quilates. Aquí el programa del mañana nos lo traza la naturaleza misma y su realización es un imperativo nacional (Villa Villa, 1926). Este fragmento muestra la dura crítica que María Villa le hace al sistema educativo de su época, cuando explica cómo a los bachilleres se los estaba formando con modelos de enseñanza calcados de la colonización española, que no coincidían con las características topográficas ni sociales de Colombia. Además, afirma que este modelo educativo hace que los bachilleres salgan a conquistar el mercado laboral en todas las áreas inimaginables menos para las que fueron educados en sus aulas, lo que convierte la educación en un formalismo irreal y totalmente alejado de las necesidades de productividad y desarrollo de la nación. Finalmente, aconseja a las futuras generaciones para que aprovechen las riquezas naturales y exploten todo el potencial que se puede desarrollar si se dejan a un lado los 24 modelos de educación extranjeros y se diseñan programas que apunten a resolver las necesidades reales de Colombia para fortalecer las industrias y crear microempresas. Figura 3. María Villa a los 25 años Fuente: Raúl Maya Agudelo, archivo personal. Fue así como la pequeña María, de diez años, alentada por su padre, sorprendió a todos con su primer concierto de piano y más adelante se convirtió en pianista, maestra y la primera mujer que habló en público en el paraninfo de la Universidad de Antioquia, en una época en que aún el protagonismo de la mujer era mínimo. No es de extrañar entonces que esta pasión por la música y esta fuerza interior corriera por las venas de María Villa, haciendo de ella una mujer valiente y audaz para su época, y que de esta misma fuente bebiera su pequeña hija, Marta, que pasó los primeros cinco años de su infancia escuchando a su madre interpretar el piano mientras canturreaba a su lado (Ocampo Jaramillo, Soto González y Loaiza Rivera, 2010: 31). La muerte de María dejó marcas imborrables en la vida de Marta. Joaquín Agudelo, su padre, se encargó de la tarea de continuar con su formación hasta su adolescencia. A pesar de que su familia le brindó el apoyo económico y afectivo necesario, la ausencia de su madre forjó ese carácter fuerte y autosuficiente que siempre la caracterizó. Ella [Marta, mi madre] fue una niña que se crio sola, que se hizo sola; la [su] mamá se murió muy joven y yo, como mujer, entiendo muchas cosas que nadie le presentó… ella vivió sola y creció sola, y eso hizo que cumpliera con su propio destino. Si a uno le piden que haga un resumen de lo que fue la [mi] mamá, yo diría: una mujer que cumplió con su destino (Moreno Espinal, entrevista personal a Luz Mercedes Maya Agudelo, 2013). 25 Joaquín Agudelo, abogado y político, representante a la Cámara por Antioquia, fue un padre cariñoso, que trató de cumplir fielmente con las recomendaciones que su esposa le encargó para sus dos pequeños hijos, entre las que incluyó que no descuidara su formación musical. Y aunque él lo hizo con cariño y dedicación, la forzada ausencia en razón de sus ocupaciones laborales formó unos lazos de autoprotección entre los hermanos que se mantuvo toda la vida. Marta Agudelo Villa nació en Medellín el 28 de marzo de 1920, y tres años después nació Hernando (Medellín, 1923 – Bogotá, 2010). El doctor Agudelo Villa fue representante a la Cámara durante varios períodos legislativos, miembro destacado de la Dirección Nacional Liberal, ocupó varios cargos diplomáticos y se desempeñó como ministro de Hacienda del presidente Alberto Lleras Camargo entre 1958 y 1961, y ministro de Desarrollo Económico del presidente Misael Pastrana Borrero entre 1972 y 1973. Su último libro, La revolución liberal: un proyecto político inconcluso,4 es un ambicioso estudio sobre el liberalismo como víctima del neoliberalismo. Marta Agudelo en 1932, a la edad de 12 años, comienza el estudio del piano a nivel particular. En el año de 1938 ingresa al Instituto de Bellas Artes (fundado en 1910 por la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín) para continuar sus estudios de piano con los profesores Joaquín Fúster, Anammaria Penella y Luisa Manighetti. Estas actividades artísticas matizaban sus estudios académicos en el Instituto Central Femenino, hoy Cefa (Centro Educacional Femenino de Antioquia), donde recibió su diploma como bachiller normalista. Marta Agudelo Villa hizo parte de la estudiantina de esta institución, interpretando la bandola y el acordeón; esto la acercó a la música popular, haciendo que su formación musical fuera más integral (Ocampo Jaramillo, Soto González y Loaiza Rivera, 2010: 32). Gran parte de la infancia de Marta y Hernando estuvo bajo el cuidado de empleadas domésticas. Su padre murió cuando ella tenía 16 años, por lo que la formación de ambos quedó en manos de sus familiares. Hernando rápidamente comenzó a seguir los pasos de su progenitor, se graduó de abogado de la Universidad de Antioquia en 1951, hizo una 4 Hernando Agudelo Villa (1996). La revolución liberal: un proyecto político inconcluso. Bogotá: Tercer Mundo. 26 especialización en The London School of Economics entre 1955 y 1956, y comenzó a ocupar prestigiosas posiciones privadas y públicas; así, pudo encargarse del sostenimiento de su hermana. En todo caso, la muerte de Joaquín fue muy impactante para Marta, y la impulsó a refugiarse aún más en el estudio de la música. Al conseguir la licenciatura en el Instituto de Bellas Artes en 1946, Hernando, le propuso viajar a Viena para hacer una especialización, pero la idea se truncó cuando se mudaron al barrio Boston, donde más tarde conoció al que se convirtió en su esposo: Jaime Maya Uribe. Figura 4. Familia Villa. Árbol genealógico Fuente: Raúl Maya Agudelo, ed. (2013). José María Villa: mitos y verdades. Medellín: Impresiones Musicales Colegio de Música de Medellín. Biblioteca del Colegio de Música de Medellín. 27 La gestión cultural de doña Marta surgió de su deseo insaciable de ahondar en el aprendizaje y la enseñanza de la música, no como profesión propiamente, sino como un estilo de vida y un aliciente para ella. Sus penosos encuentros con la muerte hicieron que se sumergiera en el mundo musical para conseguir la estabilidad mental y emocional necesaria que la ayudó posteriormente a convertirse en una líder cultural de gran reconocimiento en la ciudad. En la actualidad, muchos de los funcionarios encargados de la gestión cultural de los departamentos y municipios del país son nombrados por dirigentes preocupados más por devolver favores políticos que por sacar adelante los proyectos culturales de sus regiones, lo que contribuye al detrimento del presupuesto y, por ende, al de las actividades culturales mismas. Esto, en ningún caso, significa que la gestión cultural necesite exclusivamente de artistas o personas relacionadas con el arte, pero sí que el personal encargado se sumerja profundamente dentro de las obligaciones y el quehacer cotidiano de los grupos culturales que se desea intervenir, para que su gestión esté acorde con las necesidades artísticas de su entorno. 28 29 2 LA SEGREGACIÓN, UN FACTOR DETERMINANTE EN LA CONSTRUCCIÓN DE PROYECTOS CULTURALES En este capítulo se expone el primer contacto que tuvo la maestra Marta Agudelo Villa con el Instituto de Bellas Artes y cómo afrontó la segregación sexual, racial y cultural de la época en su papel de estudiante y docente, haciendo hincapié en el rol de la mujer en la sociedad antioqueña, el rechazo de la profesión y su apoyo incondicional a Teresita Gómez,5 sin que el hecho de que fuera negra hubiera incidido en su proceso de formación. El Instituto de Bellas Artes6 fue fundado el 26 de septiembre de 1910 gracias a la gestión de la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín. Este centro cultural, formador de importantes exponentes de las artes que han contribuido al desarrollo cultural de la región y el país, fue uno de los núcleos de formación artística de mayor prestigio a principios del siglo XX. Marta ingresó allí en 1938, a los 18 años, para comenzar su formación profesional en el piano, con profesores de alto nivel. A continuación se muestran los principales docentes, cuyas biografías fueron documentadas mayormente del archivo de la Universidad EAFIT: Joaquín Fúster (Rojales, Alicante, 1901 – Chicago, 1956) Pianista. Inició sus estudios en su ciudad natal y luego completó su formación en el Conservatorio de Madrid en la escuela Granados de Barcelona y con Édouard Risler en Lisboa. Fue alumno de los destacados pianistas Enrique Granados y Joaquín Turina, grandes representantes de la música española de principios del siglo XX. Desde los doce años comenzó a dar conciertos por diversas ciudades americanas: Montevideo, Buenos Aires, Caracas y Bogotá. Se radicó en Medellín en 1934, donde contribuyó con la formación de muchos pianistas de la ciudad y la creación de una orquesta sinfónica. Aquí 5 Teresa Gómez Arteaga (Medellín, 9 de mayo de 1943), pianista y profesora, con gran trayectoria artística en el escenario cultural de Colombia. 6 El Instituto de Bellas Artes de Medellín fue el fruto de la unión de dos instituciones artísticas de prestigio: la Escuela de Música de Santa Cecilia (fundada en 1888) y la Escuela de Dibujo y Pintura del maestro Francisco Antonio Cano. 30 se casó con la dama española Julia Cabello Rodríguez, con la que tuvo tres hijos. Inició su labor como profesor particular y muy pronto se vinculó con el Instituto de Bellas Artes. Figura 2. Joaquín Fúster Fuente: Luis Carlos Rodríguez Álvarez (2013). Archivo personal. Fotografía extractada de un boletín de programas de una emisora de radio de Medellín en los años treinta. Fúster vio en la difícil situación económica que sufría el IBA y la precaria situación de la música académica en la ciudad una oportunidad para realizar una labor en Medellín. Tomó como base de operaciones a Medellín, trató de organizar una orquesta estable para 1935, vio la oportunidad de tener alumnos privados y desarrollar una escuela de piano y de trabajar en la naciente industria de la radio, labores que tuvieron múltiples contratiempos. Esta nueva escuela para piano mostró sus resultados con estudiantes avanzados como Paulina López de Ferrer, Inés Álvarez y Nury Pérez, en 1940, con la Orquesta Sinfónica de Medellín, en el concierto para tres pianos y orquesta de W. A. Mozart. A pesar del nivel alcanzado por las intérpretes, estas, con el tiempo, abandonaron la música y se dedicaron al hogar (Gil Araque, 2009: 210). En compañía de su amigo y colega, el recordado maestro Joseph Matza, fundó la Academia Fúster. En 1938 estrenó en la ciudad y el país, en ocho recitales, el ciclo completo de las 32 sonatas para piano de Beethoven. Desde 1943 fue director del Conservatorio Nacional de Música de Panamá y escribió numerosas piezas musicales para piano, entre las que se destacan Las Malagueñas. Luisa Manighetti (Bérgamo, Italia, s. f. – Bogotá, s. f.) Entre los músicos extranjeros que viajaron a Colombia huyendo de Europa por el caos ocasionado por las dos guerras mundiales, estaba la célebre pianista italiana Luisa 31 Manighetti, que llegó a Medellín en 1933. Doña Luisa obtuvo su título de pianista en el Conservatorio Giuseppe Verdi de Milán a los 21 años y participó activamente en la conformación de proyectos culturales de Medellín. Publicó el libro Apuntes sobre historia y literatura del piano, editado por Antonio José Cano en 1941, en el que recogió para sus estudiantes la rica tradición de la literatura pianística. Sus alumnos la recuerdan hoy por su carisma y metodología. Contribuyó notablemente con la formación pianística de la ciudad, con destacadas alumnas como Blanca Uribe. A raíz de la separación de su esposo, el maestro Pietro Mascheroni, se radicó en Bogotá, donde continuó su labor pedagógica durante la década de 1950; allí dirigió la Academia Italiana de Piano, que había iniciado en Medellín. Figura 6. Luisa Manighetti Fuente: Ópera de Colombia 30 años 1976-2006 (2006). Bogotá: Panamericana Formas e Impresos, Punto Aparte, Fundación Camarín del Carmen. Doña Luisa fue no solamente profesora sino amiga. Yo fui la confidente de todos sus problemas matrimoniales… muy querida, una mujer increíble, de gran sensibilidad; mantenía impecable su apartamento. De pronto se metía en la cocina y hacía unas cositas deliciosas para darles a los alumnos… era gran profesora y gran pianista (Moreno Espinal, entrevista personal a Consuelo Echeverri de Escobar, 2013). 32 Pietro Mascheroni (Bérgamo, 1906 – Medellín, 31 de octubre de 1979) Graduado a los 19 años como profesor de piano del Istituto Superiore di Studi Gaetano Donizetti de Bérgamo. Desde muy temprana edad se destacó como pianista y director de orquesta, y dirigió la orquesta de Cárcamo en Milán. Se radicó en Medellín en 1933 luego de que su compañía de ópera, la Bracale, quebrara tras una gira por Panamá, Venezuela, Costa Rica y Colombia. Figura 7. Pietro Mascheroni, 1965 Fuente: Ópera de Colombia 30 años 1976-2006 (2006). Bogotá: Panamericana Formas e Impresos, Punto Aparte, Fundación Camarín del Carmen. El primer trabajo que tuvo en Medellín fue como director del coro de la iglesia de San Ignacio; luego fue contratado como profesor del Instituto de Bellas Artes y director de orquesta de dos emisoras de radio (Claridad y La Voz de Antioquia). En 1943, en asocio con Jorge Luis Arango, conformó la Compañía de Ópera Antioqueña, que debutó con Rigoletto y La Traviata. La compañía, patrocinada por las industrias más importantes de la ciudad, fue un éxito rotundo, hasta la temporada de 1946, que resultó en un descalabro económico, pues el público no estaba dispuesto a pagar funciones tan costosas a sabiendas de que en la radio podían escuchar gratis grabaciones de igual o mayor calidad. Medellín se quedó sin ópera –pues las compañías extranjeras que visitaban el país solo se presentaban en Bogotá– hasta dos nuevas temporadas que el maestro organizó en 1958 y 1967. Su aporte al desarrollo de la ópera, la zarzuela y la música en general de la ciudad permitió conformar, en 1945, la Orquesta Sinfónica de Antioquia (OSDA). El maestro 33 Mascheroni se convirtió en el eje del movimiento orquestal de Medellín, junto con el violinista y director Joseph Matza Dusek. Annamaria Pennella (Nápoles, 1928) Inició sus estudios de piano a los tres años y rápidamente fue considerada como niña prodigio; a los seis años dio su primer concierto, con piezas de alto nivel de dificultad como el Concierto italiano de Bach, la sonata Claro de Luna de Beethoven, varios Estudios de Chopin y Reflejos en el Agua de Debussy. Su repertorio pianístico incluye cientos de obras para piano solo y más de treinta conciertos. A los 12 años había concluido sus estudios de piano y a los 20 era Doctora en Composición. Su magistral interpretación atrajo la atención de dos grandes pianistas del siglo XX: Arturo Benedetti Michelangeli y Marguerite Long, que se encargaron de completar su formación pianística. Figura 8. Annamaria Pennella Fuente: Luca Chiantore (2013). “Música y biomecánica”. Sitio web: Musikeon. Disponible en: http://www.musicaybiomecanica.com/wp-content/uploads/2012/08/Annamaria-Pennella.jpg La maestra Pennella se ha destacado como profesora de importantes centros musicales como Medellín –donde tuvo como alumnos a Hárold Martina, Francisco Bravo Betancur, Hernando Montoya, Teresita Gómez y Sergio Mesa–, Nueva York, San Francisco, Moulin d´Anduve en Francia, Valencia y Madrid, y es profesora en el Conservatorio de Nápoles, donde ha sido anfitriona del posgrado en Stage Piano. Se casó http://www.musicaybiomecanica.com/wp-content/uploads/2012/08/Annamaria-Pennella.jpg 34 con el musicólogo y director de orquesta Rino Maione con el cual tuvo un hijo que heredó todo su talento musical: el gran pianista, pedagogo y escritor napolitano Orazio Maione. La mayoría de los docentes que se encargaron de la formación musical de Marta Agudelo Villa fueron profesores extranjeros, muy seguramente por su condición económica y su posición política dentro de la sociedad, que heredó de su abuelo, y, posteriormente, por su hermano, Hernando Agudelo Villa. Hay que recordar que el instituto de Bellas Artes en sus inicios era absolutamente elitista y fue creado para satisfacer las necesidades de formación en el arte para los hijos de las familias más prestantes de Medellín, entre las que se encontraba Marta. La segregación por el nivel económico de las familias era muy común, ya que en muchas oportunidades a las personas se les preguntaba por el apellido antes que el nombre, para saber su nivel socioeconómico dentro de la sociedad. En los años treinta del siglo pasado las mujeres colombianas comenzaron una lucha por el reconocimiento de sus derechos políticos. En 1932 la Facultad de Odontología de la Universidad de Antioquia les permitió el ingreso a sus programas académicos, y mediante el Decreto 1874 de ese año se les autorizó legalmente la obtención del título de bachiller. En 1933, mediante el Decreto 227, se les reconoció el derecho a la educación superior y se aprobó su acceso a las universidades. Ya en 1936 pudieron desempeñar cargos públicos y la primera mujer bachiller fue admitida en la Universidad Nacional; finalmente, en 1958, las mujeres participaron por primera vez en una elección presidencial. El largo camino por el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres en Colombia estuvo marcado por avances y retrocesos, que reflejaban las diferencias ideológicas y la luchas políticas partidarias, así como las fortalezas, los límites y las ambigüedades de los movimientos feministas y de las propias mujeres, enfrentadas a la posibilidad de cambiar su destino y de ser sujetos de su propia historia (Domínguez Gómez, 2010). El primer tipo de segregación que enfrentó Marta fue el estudio de la música como profesión, ya que en la sociedad antioqueña de los años treinta se consideraba que la mujer tenía que encargarse de las labores domésticas, la crianza de los hijos y la atención a su marido, todo esto inculcado por la religión católica, que tenía una inmensa influencia. Se 35 trataba de ser la mujer protectora y redentora, aquella que siempre reflejaba bondad en su papel de buena hija, esposa y madre. En 1930 se promocionaban los programas y las asignaturas del instituto en música, pintura, dibujo al natural, escultura, historia del arte y dibujo arquitectónico como un divertimento o pasatiempo; de esta manera, se concebía la educación artística como “ocio y descanso… que instruyen, entretienen y producen dinero”.7 Esta concepción utilitaria de la formación artística prevaleció por muchos años en el imaginario social y de ella se derivaron consecuencias importantes para la práctica musical en la ciudad, algunas de ellas negativas en los ámbitos económico, administrativo y académico (Gil Araque, 2009: 148). A finales de los años cuarenta, la industrialización y el proyecto de modernización de la ciudad propiciaron una ruptura con esta visión tradicional, y las mujeres comenzaron a eliminar las barreras sociales incursionando en las principales fábricas de la época como Coltejer, Fabricato y Rosellón. Este cambio generó mujeres más independientes, con sed de conocimiento y de participación política, y contribuyó a la creación de espacios dentro de las propuestas académicas de los centros educativos y a la formulación de leyes que les permitieran su participación. Con la reforma constitucional de 1936 se le permitió a la mujer desempeñar cargos públicos. Y a comienzos de la década de los cuarenta se produjo la irrupción del movimiento de mujeres; indudablemente la vinculación de las mujeres a la educación fue importante en este proceso. En agosto de 1944 se fundó la Unión Femenina de Colombia en Bogotá, mientras que en Tunja empezó a circular la revista Agitación Femenina, que se convirtió en uno de los baluartes de la lucha por el sufragio. En 1945, la Alianza Femenina de Colombia organizó la Primera Conferencia Nacional de Mujeres, con amplio número de asistentes del país (Ramírez Brouchoud, 2010: 237). La segregación que enfrentó Marta al escoger la música como profesión fue aminorada por su condición económica, ya que no sintió la necesidad de estudiar la música como una profesión que se convirtiera en su fuente primaria de ingresos, sino que encontró 7 Propaganda Revista Progreso (1930), 53, 15 de marzo. 36 en ella un espacio ideal para desarrollar sus habilidades musicales y su amor por el piano, que mas tarde le abriría las puertas hacia su verdadera vocación: la docencia. Su familia se encargó de liberarla de las presiones sociales, ya que le dieron apoyo incondicional para que realizara sus sueños sin la responsabilidad del sostenimiento de un hogar; tampoco cedió ante la mayoría de sus amigas de clase alta, que fueron “programadas” para ser solo amas de casa. Figura 9. Marta Agudelo Villa a los 20 años Figura 10. Jaime Maya Uribe a los 40 años Fuente: Raúl Maya Agudelo, archivo personal. Marta, siguiendo los pasos de su madre, decidió que la docencia era la profesión ideal para ella cuando descubrió el inmenso potencial que se puede desarrollar en los niños a través de la música. Sin embargo, el traslado de residencia al barrio Boston desvió estos planes, pues se enamoró de su nuevo vecino, Jaime Maya Uribe, con quien se casó y tuvo seis hijos: Fernando, Gabriel, Raúl, Álvaro, Marta Cecilia y Luz Mercedes (Tita). Jaime Maya era contador en la empresa de maderas Tríplex Pizano, un mundo bastante diferente al de Marta Agudelo; sin embargo, este hombre llegó a su corazón, y con su ternura y comprensión llenó el vacío de su soledad. El 15 de agosto de 1950, Jaime y Marta contraen matrimonio y conforman su hogar. En el año de 1951, nace Fernando, su primogénito; después vendrían Gabriel, Raúl, Martica, Álvaro y Luz Mercedes (Tita). Marta Agudelo Villa, ayudada por sus empleadas domésticas, logró combinar su rol de madre con la actividad laboral y profesional. Nunca perdió su liderazgo, su sentido de proyección y su deseo de llevar la música en la ciudad a niveles superiores (Ocampo Jaramillo, Soto González y Loaiza Rivera, 2010: 35). 37 Marta ya tenía una formación pianística de alto nivel cuando el Instituto de Bellas Artes decidió vincularla al grupo de docentes, hacia 1946. Los años cincuenta y sesenta fueron de grandes frutos para Bellas Artes. En el campo de la música, bajo la tutela de grandes maestros como Joseph Matza, Pietro Mascheroni, Annamaria Penella y Marta Agudelo, se formaron grandes concertistas de piano como Hárold Martina, Teresita Gómez, Blanca Uribe, Francisco Zapata, Felipe Henao y Aída Fernández de Zuleta, entre otros (García Estrada, 1999: 267). En esta etapa le tocó enfrentarse a otro tipo de segregación social de la época: el racismo, y pasando por encima de todos los prejuicios, le dio clases de piano a la “negrita con talento”, Teresita Gómez, una de las grandes pianistas de la actualidad en Medellín. En su libro Arte, educación y diversidad cultural, el profesor Graeme Chalmers comenta que la evolución del racismo en el arte partió de los planteamientos sustentados por el profesor George Gustavus Zerffi en 1876, que sostenía lo siguiente: “La facultad razonadora del negro es muy limitada y su imaginación muy lenta. El negro no puede crear belleza, porque se muestra indiferente a cualquier concepción ideal. Solamente posee entre 1.229,02 y 1.368,31 cm3 de cerebro… este es el grupo ínfimo de la historia humana” (Graeme Chalmers, 2003: 53, citando a Zerffi). Siguiendo su instinto de educadora, que le ayudó a determinar el potencial musical de su alumna, Marta rompió con estos estereotipos culturales, sin importar que fuera negra, hija de un portero, adoptada y pobre. Como ya fue explicado, la educación musical de aquellos años era exclusivamente para los hijos de las familias ricas, influenciadas por las modas y usos europeos; para el resto de la población, el poco dinero ganado alcanzaba, si acaso, para pagar los gastos básicos de vivienda, alimentación y educación escolar. Yo conocí a Marta en Bellas Artes; mis padres eran los porteros. Te voy a decir en qué año nací: en el 43, y cinco años después, en el 47 –creo que antes, en el 46–, ella ya estaba en Bellas Artes. Tenía un grupo de niños, de los niños ricos de Medellín, porque la educación musical no era pública, era para gente adinerada, la élite; mi madre decía que era para el credo de Medellín. Yo 38 vivía dentro de Bellas Artes, donde ahora están las oficinas; ahí era mi casa; tenía sala, baño, cocina, de todo. Mis padres trabajaron allá 35 años. Yo conocí a Martica soltera; le decíamos “la señorita Marta”, y empecé a escondidas, ustedes ya saben: a pura oreja. Ella era muy querida conmigo y me dejaba asistir a las clases para ver: “Venga, negrita, para acá, pero se queda bien quietecita”. Yo estaba fascinada; era una fascinación natural no inducida por nadie; y entonces mi papá siempre cerraba el conservatorio o el Instituto de Bellas Artes y yo lo acompañaba, porque él revisaba cada cuarto, cada cosa. Yo iba tocando lo que oía; se puede decir que era “orejera” (Moreno Espinal, entrevista personal a Teresa Gómez Arteaga, 2013). Fue así como Marta encontró uno de los pilares fundamentales de cualquier proceso de gestión cultural: la inclusión. Este enfoque la acompañó por siempre, y prueba de ello son las innumerables ocasiones en los que ella interponía la enseñanza de los valores musicales por encima de los intereses económicos o las discriminaciones sociales. Cuatro años tendría yo, y ella [doña Marta] hacía conciertos lindos cada seis meses, donde tocaban todas esas niñas; eso era un espectáculo, era como una [feria de] Colombia Moda de niñas, con vestidos preciosos, unas bellezas. Me quedaba fascinada viéndolas y le decía a mi papá que yo iba a tocar como ellas. Una vez me aprendí una pieza y, un día, mi papá me abrió el piano de cola para que diera mi concierto; toqué mi pieza, él me aplaudió y fue por mi mamá, que se quedó entre emocionada y confundida, porque imagínate: la cuestión social; los porteros; yo, negra… Un día esperé a que mi padre cerrara Bellas Artes; Martica no se había ido. Abrió la puerta, me vio tocando y pegó un alarido. –¿Te acuerdas de la voz de ella, Mauricio Moreno?–. Claro; era muy eufórica y delgadita, como de soprano. Casi me muero y me puse a llorar. Entonces, al principio me empezó a dar clases al escondido y después pidió permiso. Estaba “matada” conmigo… y yo ya podía tocar cada seis meses en el concierto de las niñas (Moreno Espinal, entrevista personal a Teresa Gómez Arteaga, 2013). Cuando Marta comprendió que debía luchar por sacar adelante el talento de Teresita, más que en un acto no de bondad, sino de profunda convicción, enfrentó a las familias de clase alta que tenían a sus hijos en el instituto –quizá ayudada un poco por su estatus e influencias políticas que tenía por su hermano– y le abrió a su alumna el espacio que merecía. 39 La negrita estaba con todas las demás burguesitas, y las mamás trataban de “blanquearla” un poquito echándole polvo [en la cara]. Cuando entró mi mamá y vio semejante cuadro, dijo: “¡Ay! ¿Pero qué le hicieron a la negrita?” (Moreno Espinal, entrevista personal a Raúl Maya Agudelo, 2013). Un aparente acto decorativo que connota un tipo de segregación en la cual la sociedad, por un lado, acepta la incorporación de Teresita a los conciertos colectivos, pero, por el otro, piensa “¿cómo hacemos para que la niña negra no lo le baje el estatus al concierto?”. En este contexto, el término blanqueamiento alude al proceso de aceptación e incorporación de una persona de raza negra en los espacios sociales habitualmente reservados para los blancos. En un principio, Teresita misma no se daba cuenta de la segregación a la que era sujeta: Lo que pasa es que uno cuando está chiquito no se da cuenta de que es negro; se lo dice la gente y después de que se lo dicen, uno piensa: –¡Ay, soy negro! Y ahora, ¿qué voy a hacer, qué? De aquí en adelante ¿qué?–. Y empieza un aprendizaje duro (Moreno Espinal, entrevista personal a Teresa Gómez Arteaga, 2013). Se necesita que una persona con un espíritu sencillo como el de la maestra Marta Agudelo Villa descendiera de su nivel económico y social y de los prejuicios de la sociedad antioqueña, para que utilizara su posición como escudo y, de esta forma, incorporara dentro de la comunidad académica a Teresita Gómez, con igualdad de derechos que el resto de los estudiantes. “Ella abrió un especio para mí cuando no era la moda que la hija del portero de Bellas Artes estudiara piano con las niñas de la sociedad de Medellín. Eso fue Martica Agudelo; habló con el rector de Bellas Artes y le dijo: `Me recibe la niña´, reunió a todas las señoras y les preguntó que si había alguna inconveniente y, claro, nadie le dijo que no” (Vieira Posada, 2002, citando a Teresa Gómez Arteaga). 40 Luego de cinco años de clases, doña Marta consideró que era el tiempo de entregarle el proceso de formación pianística a otra maestra; así, Annamaria Pennella quedó a cargo de Teresita. Yo estudié con ella cinco años; era muy juiciosa. A mí no me tenían que decir que estudiara. Al primero [maestro] que me iba a llevar era Antonio María Valencia, un compositor; pero él se murió al año, se murió en el 51 si no estoy mal.8 Y bueno; entonces ella [doña Marta] me entregó a la Pennella (Moreno Espinal, entrevista personal a Teresa Gómez Arteaga, 2013). La educación es una herramienta fundamental para implementar estrategias de cambio en una sociedad ávida de soluciones, y Marta Agudelo Villa, en su rol de docente, descubrió un inmenso mar de posibilidades para ayudar a la gente no solo desde el plano estrictamente académico, sino también desde su formación como persona integral. Dado que cada vez más y más jóvenes se enfrentan a un mundo de mayor pobreza, desempleo y reducidas oportunidades sociales, los que nos encontramos en el mundo educativo debemos luchar para reivindicar la importante conexión que existe entre la cultura y la política a la hora de defender la educación superior como un área pública y democrática fundamental, encargada de proporcionar a los estudiantes el conocimiento, las aptitudes y los valores necesarios para enfrentarse a algunas de las cuestiones más acuciantes de nuestro tiempo (Giroux, 2001: 77). La segregación cultural ha sido uno de los problemas más apremiantes en Colombia, ya que el talento de nuestra gente abunda, pero aunque la Unesco y las leyes constitucionales plantean la necesidades y los derechos de las poblaciones vulnerables, en la mayoría de los casos se quedan solo en el papel o en informes maquillados que no reflejan la realidad interna. “Gracias a Marta Agudelo. Mi agradecimiento con ella es eterno, porque si ella no hubiera dicho `yo le doy clases´, ahí no me hubiera valido mi talento” (Moreno Espinal, entrevista personal a Teresa Gómez Arteaga, 2013). Como Teresita lo afirma, no se trata de identificar los talentos, sino de realizar acciones que impulsen el potencial de nuestros 8 Antonio María Valencia murió en Cali en 1952. 41 artistas, ya que en la mayoría de los casos se adopta un papel de indiferencia ante la escasez de oportunidades y los bajos recursos de nuestros jóvenes. La segregación es el primer obstáculo que debe enfrentar la gestión cultural cuando se quiere hacer proyectos de intervención social, ya que dentro de la comunidad se encuentran inmersos diferentes poderes que ejercen presión sobre las propuestas que impliquen un cambio de la estructura tradicional. Marta Agudelo Villa utilizó cada obstáculo de segregación como un reto personal para lograr sus ideales, y de esta forma se consolidó como una mujer líder y pujante, que no le tenía miedo a enfrentar las dificultades para sacar adelante sus proyectos. Muchas de sus amigas de infancia escogieron ser amas de casa porque así lo mandaban la Iglesia y la sociedad machista de aquel entonces; pero ella se enfrentó a estas presiones para poder esculpir los pilares de su vida: la música y la docencia. 42 43 3 LA GESTIÓN DE PROYECTOS CULTURALES, UNA ALTERNATIVA CLAVE PARA EL DESARROLLO DE LA EDUCACIÓN MUSICAL DE MEDELLÍN Este capítulo aborda el proceso de la creación del Conservatorio de la Universidad de Antioquia y explica cómo la unión de esfuerzos de algunos líderes antioqueños sacó adelante este proyecto de desarrollo cultural para la ciudad. También describe la intervención política que Marta Agudelo Villa realizó a través de su hermano Hernando para sacar adelante este objetivo, que finalmente fue creado por la Asamblea Departamental de Antioquia mediante el artículo 17 de la Ordenanza 21 del 28 de noviembre de 1959. Con el paso de los años, el conservatorio llegó a ser una entidad dependiente de la Universidad de Antioquia y, posteriormente, se convirtió en el Departamento de Música de su Facultad de Artes. La educación musical en Medellín, a principios del siglo XX, estuvo confinada en gran parte en el Instituto de Bellas Artes y en las clases particulares que dictaban profesores extranjeros; sin embargo, no existía una institución académica que se encargara de la formación profesional de músicos, aunque sí había una actividad musical importante impulsada por las compañías de ópera y zarzuela y algunos concertistas que esporádicamente visitaban la ciudad. Estos factores, sumados a la necesidad de fortalecer agrupaciones locales como la Banda Departamental,9 animaron a algunos filántropos y melómanos antioqueños a crear un conservatorio de música. En 1959 se constituyó y aprobó la junta directiva del conservatorio, integrada por doña Marta Agudelo de Maya, doña Margoth Arango de Henao,10 el doctor Leonel Estrada 9 Que se convirtió en la Banda Sinfónica Universidad de Antioquia a partir de 1960, y que en su larga historia ha tenido entre sus directores más destacados a los maestros Gonzalo Vidal, Roberto Vieco Ortiz y Joseph Matza. 10 Margoth Arango de Henao (Medellín, 17 de julio de 1923 – 2 de abril de 1992). Inició sus estudios musicales en el Instituto de Bellas Artes y perteneció por varios años a la orquesta de esa institución y a la Orquesta Sinfónica de Antioquia. Fue directora del conservatorio por varios años y promotora del Festival Musical de Medellín. Destacada gestora cultural, fue una de las promotoras del Instituto Musical Diego Echavarría. http://www.bdmusica.eafit.edu.co/biografias/biofor?id=BDM%20O00088 http://www.bdmusica.eafit.edu.co/biografias/biofor?id=BDM%20O00088 44 Jaramillo,11 don Rafael Vega Bustamante12 y el doctor Óscar Javier Restrepo Naranjo,13 que se encargaron inicialmente de la compra e importación de instrumentos musicales, la adecuación de la sede y el contrato de profesores, además de gestionar ante el Senado y la Cámara de Representantes la creación de una ley que asegurara un auxilio anual de la nación al conservatorio, y de concertar importantes convenios con la Secretaría de Educación Departamental y la Gobernación Departamental, a cuya cabeza estaba el doctor Ignacio Vélez Escobar,14 para hacer efectivo el aporte del departamento destinado al conservatorio. “En el conservatorio se hizo una labor con la comunidad, fuera de los instrumentos que se aprendían allá –piano y violín–. Empezamos a entrar a la educación a través de actividades de música y movimiento, con niños de seis años en adelante, para empezarlos a formar, de manera que más tarde pudieran estudiar música formalmente. Ellos fueron los que más tarde hicieron parte 11 Leonel Estrada Jaramillo (Aguadas, 19 de junio de 1921 – Medellín, 9 de noviembre de 2012). Odontólogo ortodoncista, dedicó su vida al arte; fue crítico, artista, educador, gestor, coleccionista y poeta. Ocupó importantes puestos académicos, públicos y privados: decano de la Facultad de Odontología, presidente de la Sociedad de Antropología de la Universidad de Antioquia, presidente del Consejo Superior de la Universidad de Antioquia, miembro de la junta directiva del Museo de Antioquia y miembro del comité asesor de la Bienal de Florencia. En 1956 fue nombrado secretario departamental de Cultura, y convirtió la Casa de la Cultura de Medellín en el Instituto de Artes Plásticas, que fue la base para la creación de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia. http://www.revistaarcadia.com/impresa/obituario/articulo/leonel-estrada-aguadas- 19-junio-1921-medellin-noviembre-2012/30771 12 Rafael Vega Bustamante (Girardota, 5 de junio de 1921 – Medellín, 24 junio de 2012). Un hombre multifacético: librero, cultísimo lector, intelectual, escritor, crítico musical, cronista, locutor y libretista de sus propios programas de música en las emisoras culturales de Medellín. En 1943 fundó la inolvidable Librería Continental, cuyo primer local estaba en la esquina de la calle de Maracaibo con la carrera de Junín. En 1953 fundó y fue codirector del periódico mensual Medellín Musical, que alcanzó a sacar diez números; y en 1954 fue nombrado director de Extensión Cultural de Medellín. También fue presidente del Gremio de Libreros de Medellín. http://www.bdmusica.eafit.edu.co/biografias/biofor?id=BDM%20O00091 13 Óscar Javier Restrepo Naranjo. Odontólogo. Ha sido profesor de la Universidad de Antioquia y fue decano de la Facultad de Odontología de la misma institución entre 1957 y 1960 y profesor de la cátedra de Periodoncia de la Universidad Nacional. http://periodonciaudc.blogspot.com/ 14 Siendo rector de la Universidad de Antioquia en 1963, inició la construcción de la Ciudad Universitaria. http://www.revistaarcadia.com/impresa/obituario/articulo/leonel-estrada-aguadas-19-junio-1921-medellin-noviembre-2012/30771 http://www.revistaarcadia.com/impresa/obituario/articulo/leonel-estrada-aguadas-19-junio-1921-medellin-noviembre-2012/30771 http://www.bdmusica.eafit.edu.co/biografias/biofor?id=BDM%20O00091 http://periodonciaudc.blogspot.com/ 45 de las orquestas, los coros y todos los grupos que han llevado la música a la comunidad” (Vieira Posada, 2002, citando a Marta Agudelo Villa). Es interesante anotar que la junta directiva estaba conformada en su mayoría por personas ajenas al ámbito musical, pues solo doña Marta y doña Margoth tenían formación musical y la ejercían como profesión. Esto les exigía una mayor responsabilidad a la hora de tomar decisiones en la compra de instrumentos, la adecuación de espacios, la contratación del personal y el diseño de los programas académicos. Figura 11. Marta Agudelo Villa a los 40 años Fuente: Raúl Maya Agudelo, archivo personal. La noción de gestión cultural ingresa al discurso cultural en Iberoamérica con bastante influencia hacia la segunda mitad de la década de los ochenta, tanto en las instituciones gubernamentales como en los grupos culturales comunitarios. Pretendió ser en sus inicios simplemente una propuesta distinta de actividad cultural a la realizada por denominaciones como “animadores y promotores culturales” o “trabajadores culturales”, tal vez, las tres nociones utilizadas con preferencia en nuestra región, ya que denominaciones como “mediadores culturales”, “ingenieros culturales” o “científicos culturales”, importantes en otras latitudes, no tuvieron eco en nuestro medio (De Zubiría Samper, Abello Trujillo y Tabares, 1998: 19). 46 Todos aquellos que hicieron posible la consolidación del conservatorio desconocían que su labor, con el pasar de los años, se iba a convertir en una profesión: la de gestor cultural. Simplemente trabajaban para solucionar la carencia de formación musical, que permitiera la cualificación y renovación de los músicos de las bandas y orquestas de la época, aunque nunca lo hicieron siguiendo un protocolo específico, sino con el bagaje y el conocimiento que habían obtenido a través de su experiencia. La escritura de historias de la música durante la primera mitad del siglo XX estuvo en manos de músicos relacionados con las labores de las escuelas de música y conservatorios; por lo tanto, es entendible que varias historias musicales expliquen el movimiento histórico a través de los niveles de educación musical. El colombiano Jorge Price, en 1935, después de haber fundado y dirigido la Academia Nacional de Música, afirmó que la música en la historia cambia por medio de la educación (Pérez González, 2010: 67). La educación musical se convirtió en el eje central de la creación del conservatorio, ya que la evolución del nivel cultural en Medellín dependía del impulso que se le diera a la renovación generacional de los músicos y al incremento de sus conocimientos, para poder asimilar un repertorio más exigente y actualizado, que acrecentara la calidad de los conciertos en la ciudad. Uno de los retos más grandes que se impusieron los fundadores del Conservatorio de [Música de] Antioquia, al momento de su creación, fue la de dotarlo de los mejores profesores que se pudieran conseguir, sobre todo para aquellos instrumentos que gozaban de prestigio social, como lo era el piano, el violín o el canto. Sin olvidar los importantes aportes de pianistas como Darío Gómez Arriola, Hárold Martina, Annafiora Grassellini de Santamaría o Giusseppe Gorgni, de guitarristas como Rufino Duque o Georges Sakelariu, de cantantes como Luis Carlos García o el italiano Sergio Daniele Balati y de pedagogos como Marta Agudelo de Maya o Consuelo Echeverri de Escobar,15 que lograron crear la primera carrera universitaria de educación musical en Colombia, 15 Consuelo Echeverri de Escobar (Salamina, 14 de marzo de 1927). Participó en la creación del primer programa de licenciatura en Educación Musical en Colombia, aprobado para la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia. Incansable promotora de encuentros, seminarios y capacitaciones sobre pedagogía musical. 47 nos centraremos en los profesores de instrumentos orquestales para hilar sucesiones e inferir continuidades en sus respectivas cátedras (Espinosa Velásquez, 2011: 98). Doña Marta sintió la necesidad de apoyar este proyecto cultural, ya que su experiencia como docente en el Instituto de Bellas Artes la ayudó a comprender que la educación musical es el camino más adecuado para formar ciudadanos íntegros, sensibles, sociables e inteligentes. Ella hacía mucho énfasis en la educación musical infantil, y por este motivo su propuesta pedagógica, con la creación del conservatorio, le apuntaba a la formación de semilleros en los cuales se incorporaran los niños desde temprana edad. “Ya estaba dedicada a la educación musical. Mi madre fue profesora de piano en Bellas Artes; y le insistía a su hermano, que ya tenía puestos políticos altos: `Hernando: hay que apoyar a la Universidad de Antioquia para que formemos el conservatorio´. A ella se le metió la conformación del conservatorio entre ceja y ceja, y entonces empezó con la educación musical. Yo recuerdo dos viajes muy largos que hizo: uno a Bogotá […], cuando llegaron los primeros argentinos, entre ellos el maestro Grätzer,16 y trajeron la primera información sobre iniciación musical. Yo siento que eso a ella le cambió la vida. Y después estuvo en Boston [Estados Unidos]” (Ocampo Jaramillo, Soto González y Loaiza Rivera, 2010: 63, citando a Luz Mercedes Maya Agudelo). El doctor Hernando Agudelo Villa, desde su posición como ministro de Hacienda, contribuyó notablemente desde Bogotá con la gestión política necesaria para conseguir los fondos y el apoyo para sacar adelante la consolidación del conservatorio. Marta no dudó nunca en recurrir a su hermano, y él, por su parte, la quería tanto, que también apoyó 16 Guillermo Graetzer (nacido Wilhelm Grätzer. Viena, 5 de septiembre de 1914 – Buenos Aires, 22 de enero de 1993). Compositor y pedagogo nacionalizado argentino. Realizó sus estudios musicales en Berlín con Ernst Lothar von Knorr y Paul Hindemith, y en Viena con P. A. Pisk (alumno de Arnold Schönberg), hasta que, en 1939, huyendo del nazismo, emigró a Argentina. Ya en Buenos Aires escribió una versión para Sudamérica del Método Orff, dirigió el coro Asociación Amigos de la Música de Buenos Aires, y en 1946 fundó el Collegium Musicum de Buenos Aires. Fue maestro de composición, orquestación y dirección de coro en la Universidad Nacional de La Plata, que le otorgó el título de profesor emérito. Como reconocimiento póstumo, la Sociedad Argentina de Autores y Compositores creó el concurso de composición Guillermo Grätzer y la Fundación Konex le asignó el Premio Konex de honor en música clásica (http://www.guillermograetzer.com). 48 incondicionalmente todas sus solicitudes. “Ella tuvo mucho que ver en la fundación del conservatorio, incluso más de lo que se cree, porque siempre tuvo ese lazo político con el [mi] tío, que siempre tuvo puestos muy altos […]. Y le pedía, como decía ella, `palancas´” (Moreno Espinal, entrevista personal a Luz Mercedes Maya Agudelo, 2013). En su primera etapa, el Conservatorio de la Universidad de Antioquia funcionó en una casona ubicada en la calle de Pichincha con la carrera Pascasio Uribe, al lado del Museo Etnológico, que les fue entregada en comodato. Doña Marta dictaba clases de Iniciación Musical y Piano allí, acompañada de sus hijos, que aprovechaban para aprender a tocar algunos instrumentos y jugar por los corredores. Mi mamá fue muy importante en la fundación del Conservatorio la Universidad de Antioquia, porque gestionó asuntos importantes en Bogotá; los que reconocían bien esa parte de ella eran los viejos músicos de la orquesta sinfónica. Recuerdo que en la crisis que tuvo la orquesta cuando la cerraron, varios de ellos le pidieron ayuda, creyendo que todavía tenía alguna influencia; para ese momento ya no la tenía, aunque sí en la época en que fundaron el conservatorio, gracias a su hermano ministro, que, además era muy especial con ella (Moreno Espinal, entrevista personal a Raúl Maya Agudelo, 2013). En 1968 el conservatorio se trasladó a la Ciudad Universitaria y se creó la licenciatura en Educación Musical, adscrita a la Facultad de Educación. En ese mismo año, por iniciativa de las señoras Marta Agudelo, Margoth Arango y Consuelo Echeverri, se realizó en Medellín la Conferencia Latinoamericana de Educación Musical, que contó con la presencia de importantes personajes como Guillermo Graetzer y Violeta Hemsy de Gainza, entre otros. La Universidad de Antioquia [la Ciudad Universitaria] la diseñó, con otros cuatro arquitectos, mi marido, Ariel Escobar Llanos. Yo le decía: “Cuidado con la Facultad de Artes; me la tienen que hacer muy bien”. Y él me preguntaba: “¿Tú qué crees que queda mejor para los salones de estudio, para los salones de clase?”. El conservatorio nos quedó muy bueno, maravilloso. Y entonces ahí, entre todas [Marta, Margoth y yo], comenzamos a pensar en lo que teníamos que hacer para preparar más gente; y surgió la idea de la carrera de Educación Musical, que debía tener conexiones con la Facultad de Educación, porque al hacer un buen currículo no nos podíamos 49 quedar solamente en materias de música, sino que había que anexarle una cantidad de asignaturas de Historia, Historia de la Música, Metodología, Pedagogía y todo eso (Moreno Espinal, entrevista personal a Consuelo Echeverri de Escobar, 2013). Estas tres mujeres se encargaron de diseñar y revisar minuciosamente cada uno de los programas académicos que se impartían en el conservatorio, y viajaron a otros países para buscar materiales didácticos y pedagógicos que pudieran aportar significativamente al proceso de enseñanza de la música en Medellín. En estas labores contaron con la valiosa ayuda de maestros como Rodolfo Pérez González, Darío Gómez Arriola, Gustavo Yepes Londoño, Hárold Martina y Mario Gómez-Vignes, entre otros. “Allí, en un principio, obviamente no habían especialistas: había un trabajo de mucha gente haciendo muchas cosas al mismo tiempo, pero el recuerdo que yo tengo de ella es el de aquella maestra dedicada, a través de metodologías infantiles, a enseñarles a los niños a empezar a ser músicos, y los que somos músicos profesionales sabemos qué tan importante es un buen comienzo, un buen comienzo con unos buenos criterios, con unas buenas herramientas y con una buena práctica” (Vieira Posada, 2002, citando a Gustavo Yepes Londoño). En la búsqueda de nuevas alternativas pedagógicas, doña Marta centró su atención en la enseñanza de la música a través del movimiento corporal, y es allí cuando decidió que en sus aulas de clase no tenía por qué haber sillas rígidas en las que sus alumnos se sintieran cohibidos para expresar el movimiento natural que siente el cuerpo humano al escuchar la música. Al principio, esta reforma abrupta causó repudio e incredulidad; pero, una vez el cuerpo directivo vio el cambio radical en el entusiasmo que se generaba con esta metodología, le dieron el aval para que continuara desarrollando sus clases de esta forma. En el conservatorio, Marta Agudelo Villa se dedicó a la cátedra de Iniciación Infantil con el kínder musical, y empezó a introducir innovaciones en sus clases. Cierto día se le ocurrió la idea de sacar las sillas y pupitres de su aula, para tener el espacio libre, con el fin de realizar sus actividades de ritmo y movimiento. Este hecho causó revuelo entre los demás profesores, para quienes sus ideas eran tan revolucionarias que la llegaron a tildar de loca. Marta Agudelo Villa se negaba a impartir 50 las clases de educación musical con los niños sentados mirando un tablero, concepto que generó roces con los demás profesores, que tenían una concepción más rígida y formal de la educación (Ocampo Jaramillo, Soto González y Loaiza Rivera, 2010: 38). La Universidad de Antioquia, como institución educativa pública, no ha sido ajena a los enfrentamientos y disturbios que periódicamente se presentan, sobre todo en la Ciudad Universitaria, como consecuencia de los choques ideológicos generados por la diversidad de condiciones sociales de sus estudiantes, además de las coyunturas políticas del país. Así, en más de una oportunidad, Marta y sus pequeños alumnos sufrieron en carne propia los actos violentos y las protestas generados allí, y tuvieron que desalojar el campus para prevenir accidentes. Mi mamá siempre manifestó que los niños no tenían por qué estar en medio de un ambiente revolucionario, y me acuerdo de que en alguna oportunidad hasta tuvieron que salir escoltados por los disturbios. Esas condiciones hicieron que tomara la determinación de dictar sus clases en la casa, pero en ningún momento tuvo problemas o falta de apoyo de los directivos de la universidad en ese entonces (Moreno Espinal, entrevista personal a Luz Mercedes Maya Agudelo, 2013). Debido a lo anterior, en 1972 Marta Agudelo Villa se retiró del Conservatorio de la Universidad de Antioquia. A partir de ese momento dedicó toda su energía en la creación del que sería su gran proyecto: el Colegio de Música de Medellín. Los proyectos culturales de la ciudad, como la creación del conservatorio, generaron un cambio radical en su nivel musical y en el desarrollo de programas académicos que han formado a varias generaciones de músicos profesionales en el medio. Las nuevas generaciones de gestores culturales deben tomar este ejemplo para diseñar propuestas que tengan resultados a corto, mediano y largo plazo, y que apunten al desarrollo cultural actual y ofrezcan los insumos necesarios para su aprovechamiento en las futuras generaciones. Queda claro también que el éxito de cualquier proyecto cultural está asociado al trabajo en equipo y a la buena voluntad de sus integrantes, ya que, si se distribuyen las funciones 51 teniendo en cuenta la experiencia y el campo de acción de los participantes, se pueden obtener resultados con mayor impacto para la comunidad. 52 53 4 EL COLEGIO DE MÚSICA DE MEDELLÍN, UNA APUESTA FAMILIAR DE ALTO IMPACTO CULTURAL En este capítulo se describe la historia del Colegio de Música de Medellín y de cómo este llegó a convertirse en uno de los centros de formación musical más importantes de la ciudad; además, se hace hincapié en el aporte fundamental de la familia Maya Agudelo en su organización administrativa, que intervino en todos los aspectos legales, económicos y administrativos necesarios para su funcionamiento. Por último, se mencionan los proyectos de expansión del colegio y la creación de la sede alterna en El Poblado. Las antiguas casas del barrio Laureles eran edificaciones muy amplias, de dos pisos y espacios muy generosos, y no era raro encontrar familias de hasta 12 hijos. La de Marta con su esposo, don Jaime Maya Uribe –como ya fue contado–, era de seis: Fernando, Gabriel, Raúl, Marta Cecilia, Álvaro y Luz Mercedes (Tita); su residencia estaba ubicada en la transversal 37 n.º 72-78, y el segundo piso lo ocupaba el doctor Guillermo Hincapié Orozco.17 A finales de 1971, el doctor Hincapié Orozco se mudó, y Marta, cansada y preocupada por la situación de orden público de la Universidad de Antioquia,18 decidió crear allí su propio proyecto cultural: el Colegio de Música de Medellín, que inició labores en 1972 con la apreciable cantidad de 60 alumnos, pues el prestigio ganado por ella como profesora de piano del Instituto de Bellas Artes y la misma universidad era muy grande. En su propia casa, finalmente, Marta pudo llevar a la práctica sus ideas, conceptos y metodologías sobre la educación musical con total libertad. Raúl, su hijo, comenta lo siguiente: “El colegio arrancó en el año 72 y esta casa se compró a finales de los cincuenta... o sea que pasaron más de 12 años mientras fue casa y creció la familia” (Moreno Espinal, entrevista personal a Raúl Maya Agudelo, 2013). 17 Alcalde de Medellín entre julio de 1977 y septiembre de 1978. 18 Donde las “papas bombas”, explosivos artesanales de contacto usados en las protestas para llamar la atención de la sociedad y la fuerza pública con su estruendo, ponían en riesgo la integridad de los niños. 54 El colegio [en sus inicios] fue una etapa, digamos, muy coyuntural. Mi papá lo apoyó, y entonces se retomó la casa que estaba alquilada en el segundo piso, que tenía un gran salón, se subió el piano y se empezaron a dar las primeras clases de educación musical allí. [La actividad] fue tomando fuerza y creciendo. [Al principio] solo se abrieron grupos de niños, y cuando estos comenzaron a crecer, Raúl empezó a darles clases. Y poco a poco fuimos entrando los demás hermanos, hasta conformar el programa con el que hoy cuenta el Colegio de Música (Moreno Espinal, entrevista personal a Raúl Maya Agudelo, 2013). Figura 12. Clase de educación musical dictada por Marta Agudelo Villa, 1973 Fuente: Betancur (1973). “El ritmo y la música, materias básicas en la educación escolar”. El Colombiano. Mayo. Indagando sobre el verdadero papel que debe tener la educación musical en la infancia, doña Marta comenzó a darse cuenta de que todo niño, indiferente de si tiene habilidades o no para la música, debería tener la posibilidad de experimentar los beneficios para el desarrollo físico, mental y social que se obtienen cuando se aprende a tocar un instrumento. La educación musical no debe considerarse como una actividad aislada, ni tiene como fin la de formar músicos instrumentistas, sino que ella ayuda a la construcción integral del educando. Es un complemento, uno de los muchos caminos de la educación. Todos los niños tienen aptitudes y deben participar en las clases de educación musical; ellos llegan a la escuela con naturales disposiciones para la música. La educación rítmica y musical tiene un objetivo fundamental: promover en el niño su expresión integral. Todo niño sano es rítmico; la arritmia musical es índice de una arritmia interna. La verdadera educación de los pequeños no consiste en darle al niño un mundo de conocimientos, sino en desarrollar los dones que trae consigo al nacer. Por eso, las 55 actividades artísticas, en especial la música y el ritmo, deberían ser base primordial de la educación, para un mejor aprendizaje de las materias escolares. Al darle música y ritmo al niño, contribuimos a fomentar su salud física y mental, y a que se desarrolle sano y feliz (Betancur, entrevista a Marta Agudelo Villa. El Colombiano, 1973). También en 1971, estando Marta de vacaciones con su familia en Paipa, coincidió con el maestro Luis Alberto Correa Cadavid.19 De este encuentro nació la idea de conformar el Centro de Musicoterapia de Medellín, que comenzó a funcionar paralelamente con las clases de iniciación musical del colegio. “Ella [doña Marta] tenía sus niños y yo los míos, y compartíamos los pacientes; yo les iba enseñando y ella me ayudaba y acompañaba en las diferentes audiciones. Este centro lo convertimos en el Centro de Musicoterapia de Medellín. Después, no recuerdo bien en qué año – creo que más o menos en 1976–, Marta, con sus hijos, que ya habían crecido, tomó la decisión de hacer formalmente el Colegio de Música de Medellín; entonces me comunicó que teníamos que suspender el Centro de Musicoterapia para hacer el colegio, y, de hecho, ella se pasó a vivir al segundo piso y empezaron a construirlo en la planta baja de la casa. La idea era que yo siguiera trabajando ahí, en musicoterapia, con ella, y que los hijos la acompañaran en las labores del colegio; pero cuando se terminó la construcción, yo ya estaba haciendo otro tipo de actividades y no volví a trabajar con ella” (Ocampo Jaramillo, Soto González y Loaiza Rivera, citando a Luis Alberto Correa Cadavid, 2010: 101). Doña Marta continuó con la filosofía de la clase de música en un espacio abierto, donde los niños se pudieran desplazar libremente, sin sillas ni objetos con los que se pudieran aporrear o distraer. Mi mamá usaba canciones, juegos, ritmo, palmeos… y todo desde el piano, en un salón muy bueno, con piso de madera, limpio, sin cosas que distrajeran a los niños, como siempre fue el ideal de salón para ella: nada de muñequitos del pato Donald ni cosas de esas (Moreno Espinal, entrevista personal a Raúl Maya Agudelo, 2013). 19 Médico, fundador y director del Coro Polifónico de Medellín; y fundador y director musical de la Orquesta Filarmónica de Medellín en 1981, cargo que ocupó hasta finales de 2013. 56 Con los días, los alumnos aumentaron a tal punto que doña Marta sola no daba abasto con las clases de Iniciación Musical, y tomó la decisión de llamar a otras profesoras que, aunque muy jóvenes, tenían mucha habilidad y pedagogía para el trabajo con los niños; fue el caso de la maestra Haydée Marín, que llegó a ser una de las docentes más importantes de la pedagogía musical infantil para los estudiantes de pregrado y posgrado de importantes universidades. “Me acuerdo cuando Haydée Marín entró en uno de sus embarazos y tuvo que quedarse en cama; mi mamá dijo: `¿Qué vamos a hacer, con quién la vamos a remplazar?´; y Haydée contestó: `Tita es capaz de dar esas clases –yo tenía, por ahí, catorce años–; mándemela, que yo la capacito´. Y yo me iba tardes enteras [para su casa] –porque no la dejaban levantar–, y ella me ayudaba a preparar las clases y me explicaba muchas cosas; y a esa edad me `soltaron´ las primeras clases de pre-lectura [musical]: ¡qué susto!” (Ocampo Jaramillo, Soto González y Loaiza Rivera, 2010: 73, citando a Luz Mercedes Maya Agudelo). De igual modo, en su búsqueda constante para encontrar las herramientas pedagógicas más adecuadas para sus clases, doña Marta comenzó a trabajar con una auxiliar que la ayudara a orientar las actividades, movimientos y desplazamientos físicos de los niños, mientras que ella se encargaba de tocar el piano y cantar las canciones Este modelo de enseñanza aún se conserva en las clases de iniciación del colegio. “Desde que conocí la educación musical en el conservatorio [el Conservatorio de Música de la Universidad Nacional] de Bogotá, me pareció que eso era lo que yo debía seguir haciendo e investigando, y me di cuenta de que no se trataba solamente de dar la clase de piano a un niño, pues mientras lo hacía, podía capacitar a varios al mismo tiempo, para que tuvieran un buen desarrollo y pudieran después aprender el instrumento más fácilmente. […] y empecé el colegio con 60 chiquitos, dictando Educación Musical; mis hijos estaban estudiando carrera en ese entonces y nadie me ayudaba, y cuando terminaron sus carreras se fueron vinculando al colegio” (Vieira Posada, 2002, citando a Marta Agudelo Villa). Fue así como toda la familia contribuyó en las labores docentes: Fernando comenzó a dar clases de guitarra; Gabriel, de flauta dulce; Raúl, de guitarra, teclado, clarinete, flautas 57 dulces y saxofón; Marta Cecilia, de rítmica; Álvaro, de violín; y Luz Mercedes, de iniciación musical. Y Jaime, su padre, ayudaba en la contabilidad. Yo estaba en ese momento [la segunda mitad de la década de 1970] comenzando una carrera de ingeniería, cuando los primeros alumnos de mi mamá comenzaron a crecer, y tuvimos que preguntarnos qué nuevos cursos y actividades les íbamos a ofrecer. En el Conservatorio de la Universidad de Antioquia había recibido clases de clarinete con el maestro Pedro Nel Arango; y luego estudié flauta dulce con el profesor Marco Aurelio Toro, con el que alcancé a montar un repertorio de música antigua. Además de estos instrumentos, comencé a dictar clases de saxofón, piano y guitarra (Moreno Espinal, entrevista personal a Raúl Maya Agudelo, 2013). Los primeros docentes que empezaron a dictar clases simultáneamente con los hermanos Maya Agudelo fueron Beatriz Rojas Restrepo, Ligia Helena Pérez Céspedes, Adriana Lucía Osorio López, Gloria Vieco, Teresa Taborda Sánchez, Clemencia Rendón, Berta Lucía Posada, Claudia Inés Gaviria, Beatriz Loaiza, Marilú Álvarez Sierra, Juan Diego Ángel y Olga Toro Palacio. Además, por el Colegio de Música de Medellín pasaron otros importantes músicos de la ciudad, como Luis Alberto Correa Cadavid, la ya mencionada Haydée Marín, Pilar Posada, Gonzalo Ospina, Juancho Vargas, Jaime Uribe, Clara Solórzano, María Cecilia Bravo, Juan José Arango, Rodrigo Henao, Diego Villa, Teresita Gómez y, de Estados Unidos, Lise Frank y Eugene Uman. La labor de un gestor es bien diferente a la de un administrador o un gerente. En efecto: el administrador de una empresa o institución cultural es, en términos muy generales, una persona que se encuentra al servicio de una organización, la cual sabe claramente lo que tiene y lo que quiere; y el administrador es la persona encargada de poner en óptimas condiciones esa relación, para hacerla lo más rentable posible. El gerente, por su parte, busca, a partir de lo que se tiene, un mayor crecimiento de la organización, y dirigir y seleccionar las nuevas propuestas que permitan obtener los mayores beneficios. El gestor cultural engloba al administrador y al gerente, pero, además, tiene otras tareas, como por ejemplo la de gestar proyectos y llevarlos con éxito en su desarrollo. Todo esto, tal y como lo hemos anotado, siendo resultado del análisis y conocimiento del contexto en el cual se va a actuar y al que se quiere llegar (De Zubiría Samper, Abello Trujillo y Tabares, 1998: 42). 58 El papel de Marta Agudelo en la creación del Colegio de Música de Medellín fue el de una gestora cultural, ya que se encargó del diseño y la ejecución de un proyecto en el cual ella quería generar más propuestas para el servicio a la comunidad, pero su esposo e hijos fueron los que se ocuparon de los asuntos administrativos. En 1973, Marta Cecilia y Luz Mercedes se encargaron de ellos, hasta que en 1981 contrataron como secretaria a Amparo Ochoa Arias, que todavía hace parte de la nómina del colegio –aunque ya como jubilada–. La contabilidad –que don Jaime manejó inicialmente– y otras tareas fueron contratadas a profesionales externos, y en 1990 la familia nombró a Luz Mary Pérez Pérez, que continúa trabajando en el colegio. Marta continuó gestando nuevos proyectos que fortalecieron los cursos del colegio y consiguió alianzas estratégicas en beneficio de sus estudiantes, como el ya mencionado Centro de Atención de Musicoterapia, con el maestro Luis Alberto Correa Cadavid, y clases de natación, con Beatriz Correa. Además, se asoció con el preescolar La Casa de su Niño y otros kínderes del barrio, y organizó con la fundación Prodébiles Auditivos clases de música para niños con dificultades auditivas. Figura 13. Coro del Colegio de Música de Medellín en el vigésimo aniversario de su fundación, 1992 Fuente: Raúl Maya Agudelo, archivo personal. “En la educación de estos niños débiles auditivos, ella [doña Marta] aplicaba los elementos básicos de la música, como la altura, el ritmo y el sonido, y me tocó ver unas cosas absolutamente asombrosas: a niños que ya habían recibido en este instituto [la fundación Prodébiles Auditivos] los fonemas y toda esta parte del terapista del lenguaje, Marta les daba las alturas, los ritmos, las respiraciones, etcétera, hasta lograr que cantaran; para mí, esto era una forma musical excelente, 59 pero Marta no creía que eso fuera musicoterapia: ella creía que eran aplicaciones de la música que no se podían llamar musicoterapia, porque, obviamente, no era médica. Yo traté de decirle que sí era, y fue el primer ejemplo de musicoterapia real y práctico que yo encontré en Medellín (Vieira Posada, 2002, citando a Luis Alberto Correa Cadavid). Con su inmenso corazón, doña Marta se encargó por varios años de las clases de música en esta fundación, y consiguió avances significativos en sus alumnos. “Siempre hemos pensado que el ritmo es parte importantísima en el desarrollo del lenguaje; por eso, desde que se creó la fundación, Marta Agudelo ha sido la persona que nos ha dirigido el trabajo de ritmo. Durante 11 o 12 años Marta fue la profesora de los niños en todas las aulas, en todos los grupos, y cuando ella se fue todas las profesoras y fonoaudiólogas que quedamos trabajando aquí continuamos con sus enseñanzas. Actualmente Marta se ha vuelto a vincular a la fundación y nos está haciendo