Mujeres rurales como sujetos diferenciales receptores de violencia. Ituango, 1996- 2005 Leidy Tatiana González Correa Artículo de investigación presentado para optar al título de Historiadora Asesora Claudia Marcela Uribe Pérez, Doctora (PhD) en Filosofía Contemporánea Universidad de Antioquia Facultad de Ciencias Sociales y Humanas Historia Medellín, Antioquia, Colombia 2025 Cita numérica 1 Cita nota al pie 1 Leidy Tatiana González Correa, “Mujeres rurales como sujetos diferenciales receptores de violencia, Ituango, 1996-2005” (Trabajo de grado profesional, Universidad de Antioquia, 2025). Fuentes primarias / Bibliografía González Correa, Leidy Tatiana. “Mujeres rurales como sujetos diferenciales receptores de violencia. Ituango, 1996-2005”. Trabajo de grado profesional, Universidad de Antioquia, 2025. Estilo: Chicago 17 (2017) y adaptación de Trashumante. Revista Americana de Historia Social UdeA. CRAI María Teresa Uribe (Facultad de Ciencias Sociales y Humanas) Repositorio Institucional: http://bibliotecadigital.udea.edu.co Universidad de Antioquia - www.udea.edu.co El contenido de esta obra corresponde al derecho de expresión de los autores y no compromete el pensamiento institucional de la Universidad de Antioquia ni desata su responsabilidad frente a terceros. Los autores asumen la responsabilidad por los derechos de autor y conexos. http://bibliotecadigital.udea.edu.co/ https://co.creativecommons.net/tipos-de-licencias/ https://co.creativecommons.net/tipos-de-licencias/ MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 3 Resumen La investigación tiene como objetivo analizar las especificidades de las violencias diferenciales sufridas por las mujeres en el contexto del conflicto armado colombiano, particularmente en el municipio de Ituango durante el periodo de hegemonía paramilitar. Este análisis ofrece una perspectiva que considera las experiencias de este grupo, especialmente vulnerable debido a las particularidades del contexto socioeconómico, político y cultural que habitan. Además, se destaca cómo estas violencias se ven exacerbadas tanto por el género como por las dinámicas propias de los grupos armados, los repertorios de violencia empleados y los territorios donde han hecho presencia. El enfoque de la investigación se centra en cómo las violencias sufridas por las mujeres se ven exacerbadas por su género. Para identificar estas particularidades, se han incorporado testimonios de mujeres que vivieron, entre 1996 y 2005, la intensificación de la violencia paramilitar, que buscaba el control territorial en el municipio. Estos relatos se inscriben dentro de la Historia del tiempo presente, en tal contexto, la fuente oral se convierte en una herramienta fundamental, ya que permite recoger esos testimonios y relatos de personas que han vivido o sido testigos de eventos recientes, permitiendo observar cómo estas violencias sufridas no solo pertenecen a un periodo específico y distante, sino que están intrínsecamente vinculadas a estructuras sociales y de género más profundas y persistentes. Estas episodios no son aislados, sino que están estrechamente ligados a la construcción histórica de la desigualdad. Dichas estructuras trascienden las fronteras temporales del conflicto armado, y revelan una continuidad de las desigualdades y violencias estructurales que afectan principalmente a las mujeres en el contexto rural. Palabras clave: Mujeres rurales, paramilitarismo, violencias, hegemonía paramilitar, Ituango. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 4 Abstract The research aims to analyze the specificities of the differential violence suffered by women in the context of the Colombian armed conflict, with a particular focus on the municipality of Ituango during the period of paramilitary hegemony. This analysis provides a perspective that takes into account the experiences of this group, which is especially vulnerable due to the socio-economic, political, and cultural context in which they live. Furthermore, it highlights how these violences are exacerbated both by gender dynamics and by the specific strategies of the armed groups, the repertoires of violence used, and the territories in which they have a presence. The focus of the research centers on how the violence suffered by women is exacerbated by their gender. To identify these specificities, testimonies from women who lived through the intensification of paramilitary violence between 1996 and 2005—when the paramilitaries sought to gain territorial control in the municipality—have been incorporated. These narratives are framed within the History of the Present Time. In this context, oral sources become a fundamental tool, as they allow the collection of testimonies and accounts from individuals who have lived through or witnessed recent events. This approach allows us to observe how the violences experienced are not confined to a specific and distant period but are intrinsically linked to deeper and more persistent social and gender structures. These episodes are not isolated; rather, they are closely tied to the historical construction of inequality. Such structures transcend the temporal boundaries of the armed conflict and reveal a continuity of inequalities and structural violences that predominantly affect women in rural areas. . Keywords: Rural women, Paramilitarism, Violence, Paramilitary hegemony, Ituango. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 5 Introducción La naturalización de prácticas determinadas por un binarismo de género ha dado lugar a discriminaciones históricas y desigualdades estructurales que, en diferentes escenarios, emergen como un fenómeno de violencia en el que las mujeres ocupan un lugar de subalternidad. Esta investigación se sitúa en el escenario del conflicto armado interno colombiano durante la denominada hegemonía paramilitar1, concretamente en el municipio de Ituango (Antioquia) entre 1996 y 2005. El objetivo principal es identificar y analizar expresiones de carácter singular y diferencial adscritas a las manifestaciones de violencias que han acontecido en el contexto demarcado. Con ello, se pretende realizar un acercamiento que posibilite la comprensión y ocurrencia de estas discriminaciones históricas y desigualdades estructurales, situadas en un espacio-tiempo delimitado, pero analizadas como permanencias históricas. El carácter singular y diferencial enuncia tanto las violencias que sufren las mujeres por su condición de género, como los repertorios de violencia expresados como elementos identitarios y distintivos de un grupo armado respecto a otro(s), los cuales llegan a ser más específicos en los frentes y los territorios donde un grupo concreto haya hecho presencia. Es decir, estos repertorios son diferenciales de acuerdo con la estructura armada que ejerce la acción violenta contra un grupo social específico, en este caso, hacia las mujeres rurales. Para analizar los impactos diferenciales a causa del conflicto armado en las mujeres, se articula a esta investigación la categoría “arreglos de género”2, con la cual se expresa que las 1 Esta categoría se puede identificar como un periodo de establecimiento y control del fenómeno paramilitar de manera amplia en el territorio colombiano, el cual comprende años diferentes de acuerdo con las regiones de incidencia. Sin embargo, se puede situar desde mediados de la década de los noventa hasta los primeros años de la década del presente siglo, en la medida en que, como se menciona en el Informe general del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH): “Entre 1996 y el 2002 se produjo el mayor número de casos: 1.089 masacres con 6.569 víctimas, lo que equivale a un 55% de las masacres de todo el periodo examinado por el GMH (1980-2012).” GMH. ¡BASTA YA! Colombia: Memorias de guerra y dignidad (Bogotá: Imprenta Nacional, 2013) 51. 2 Esta categoría, generada bajo el enfoque diferencial de género propuesto por el CNMH, hace parte de los lineamientos gubernamentales en cuanto a la inclusión de enfoques diferenciales para la comprensión amplia del fenómeno del conflicto armado interno. En este sentido, se aplica como herramienta institucional en la labor investigativa bajo la directriz de articular el enfoque de género y los trabajos de memoria, lo cual resulta esencial en el presente artículo, porque se acentúa que: “1) el concepto de género es relacional y depende de la construcción interconectada de la masculinidad y la feminidad; 2) la interacción entre lo femenino y lo masculino es una “situación y relación de poder”, que produce distribuciones contingentes entre los sujetos implicados y 3) los modelos predominantes de interrelación y distribución del poder entre hombres y mujeres presentan variaciones a lo largo del territorio nacional”. Centro Nacional de Memoria Histórica, Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico (Bogotá: CNMH, 2018) 58. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 6 relaciones sociales entre los sujetos siguen una dirección previamente definida, ya que se condicionan por las formas en que se comprende lo masculino y lo femenino, y con ello, dependen “del poder que cada uno de los extremos de esta relación tiene y las maneras como lo usan ante el otro. De esta interacción nace un “pacto” legal o informal, que asigna comportamientos considerados adecuados para hombres y mujeres, y que tiende a perpetuarse debido a que se arropa con la apariencia de lo que es propio de la biología”3. La naturalización de prácticas bajo el orden de lo binario no se restringe a los escenarios de conflicto armado. A partir de la categoría de “tiranía del binarismo”4 –la cual se refiere a la existencia de unos contenidos determinados por el contexto sociocultural que dispone aquello que es propio de lo femenino y aquello que lo es de lo masculino–, se ha orientado la comprensión del mundo a partir de una disposición vertical de elementos opuestos, donde el lado femenino se encuentra en el extremo inferior. En otras palabras, la dominación masculina, como expresa Pierre Bourdieu, se impone como “el mejor ejemplo de aquella sumisión paradójica, consecuencia de (…) la violencia simbólica, violencia amortiguada, insensible, e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento, del reconocimiento o, del sentimiento.”5 Es decir, la violencia simbólica se presenta en esencia como un elemento estructural y estructurante, y el sentido insensible e invisible en cuanto al binarismo no solo se sostiene a través de un sistema de poder visible, sino también mediante su conocimiento y reconocimiento social. La violencia simbólica es aquí articulada según su dimensión histórico-explicativa en lo que Bourdieu llama la paradoja de la doxa. Esta alude al orden del mundo en sí mismo, desde el cual tienen lugar las relaciones de dominación. Las estructuras de poder y opresión, como las relaciones de género o las jerarquías sociales, están profundamente enraizadas en la cultura, por ello siguen siendo respetadas y mantenidas por la mayoría, incluso cuando en múltiples escenarios se demuestre su injusticia. De acuerdo con esto, la violencia simbólica se relaciona –en tanto dominación con los sentidos atribuidos, aceptados y naturalizados– con un principio diferenciador 3 Centro Nacional de Memoria Histórica, Género y memoria histórica, 31. 4 Esta categoría es utilizada por Gabriela Castellanos en su delimitación del concepto generolecto, con el cual explora la relación entre género y lenguaje a partir de la identificación de estereotipos culturales y su incidencia en la configuración de discursos sobre lo femenino y masculino. Cf. Gabriela Castellanos Llanos, “Los estilos de género y la tiranía del binarismo”, La Aljaba, Segunda Época. Revista de Estudios de la Mujer 20 (2016): 7. 5 Pierre Bourdieu, La dominación masculina (Barcelona: Editorial Anagrama, 2000) 5. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 7 femenino-masculino expresado principalmente mediante prácticas sociales de “orden natural”. No obstante, es imperativa la necesidad de cuestionar dicho orden, así mismo, su asimilación y aceptabilidad6. La propuesta de Bourdieu sobre la violencia simbólica ofrece una clave fundamental para comprender cómo se reproduce el orden social mediante mecanismos invisibles. Sin embargo, es necesario subrayar los límites de su reflexión: su dimensión simbólica determina los elementos a considerar desde “esquemas inconscientes de percepción y de apreciación”7. Como se mencionó previamente, esta violencia se desplaza de manera suavizada a través de los mecanismos simbólicos. Si bien, estas observaciones son esenciales para establecer un principio de comprensión sobre la naturaleza de la violencia, adquieren un matiz relevante que enriquece el análisis y amplia la comprensión del fenómeno cuando se pone en relación con otras reflexiones sobre la temática. Tal es el caso de las investigaciones de Johan Galtung sobre la paz8. Galtung distingue tres categorías fundamentales para pensar la violencia: i) violencia cultural (comprendida como violencia simbólica en Bourdieu), ii) violencia estructural y iii) violencia directa. Las tres conforman los vértices de su “triángulo de la violencia”, el cual según la disposición de sus lados tendrá variables diferenciadas sobre los tipos de violencia que pueden presentarse según la alteración. Figura 1. Triángulo de la violencia. 6 Cf. Bourdieu, La dominación masculina, 6-ss. 7 Bourdieu, La dominación masculina, 8. 8 Relacionar los trabajos de ambos autores permite distinguir diversas aproximaciones al panorama conceptual en el que se inscribe el problema de investigación desarrollado en este artículo. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 8 Nota. Fuente. Johan Galtung9. La presentación del triángulo de la violencia como elemento gráfico, permite referenciar mediante un bosquejo simple las intersecciones y posibles puntos de encuentro cuando se vinculan los tipos de violencia. Cuando el triángulo se coloca con la base en el lado que une la violencia estructural con la directa, la violencia cultural queda como legitimadora de ambas. Si el triángulo se yergue sobre el vértice de la violencia directa, la imagen obtenida refleja las fuentes estructurales y culturales de dicha violencia. Por supuesto, el triángulo continúa siempre inscrito en un círculo vicioso de fuerza, autoridad, dominio y poder, pero la imagen producida es diferente, y en sus seis posiciones la visión que refleja y los efectos que produce son diferentes (…) A pesar de las simetrías existe una diferencia básica entre los tres conceptos de violencia relacionada con su desarrollo temporal. La violencia directa es un suceso; la violencia estructural es un proceso con sus altibajos; la violencia cultural es inalterable, persistente, dada la lentitud con que se producen las transformaciones culturales10. La relación entre las propuestas de Bourdieu y Galtung se articula a través de los diferentes espectros dentro del triángulo, en los que se distingue un ritmo temporal distinto a partir de la dinámica entre lo visible y lo invisible, considerando ambas dimensiones como elementos complementarios que conforman una visión integral del fenómeno. Si bien Galtung no particulariza en las violencias diferenciales del cuerpo violentado femenino, su enfoque se traslada al presente artículo al resaltar cómo las disposiciones de género (presentes en Bourdieu), permiten comprender la violencia desde una perspectiva estructural. Por lo tanto, resulta contundente para orientar las disposiciones del género y con ello el tema del cuerpo violentado, en la medida en que la violencia cultural (simbólica) se presenta como legitimadora de la violencia directa. En suma, tanto las categorías de análisis de Bourdieu como las de Galtung conforman una unidad de sentido que permite una comprensión de la violencia y sus manifestaciones. A su vez, dejan abierta una importante área de reflexión sobre las violencias específicas que experimentan las mujeres. En este orden de ideas, la identificación de formas de coacción diferenciales ejercidas por los paramilitares contra las mujeres en el municipio de Ituango, puede ser llevada a cabo al atender a las particularidades de su ocurrencia. Partiendo de la premisa de que cada fenómeno observable manifiesta sus propias variables y dimensiones –por más que sea posible asemejársele a otros por su ocurrencia o contextos asimilables–, es posible afirmar que la comprensión del territorio resulta determinante en su explicitación. Lo anterior plantea la existencia de códigos culturales particulares 9 Johan Galtung, Tras la violencia, 3R: reconstrucción, reconciliación, resolución. Afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la violencia (Bilbao: Bakeaz. Centro de Documentación y Estudios para la Paz, 1998) 15. 10 Johan Galtung, “La violencia cultural, estructural y directa”, Cuadernos de estrategia .183 (2016):154. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 9 que son distintivos de este territorio, determinados por un carácter histórico sociocultural donde se configuran lógicas violentas preexistentes, sustentadas en la asimetría entre los sexos. Si bien esto no es una condición originaria del conflicto armado, sí se exacerba en su transcurso. Desde una perspectiva de género, esta investigación aborda de manera crítica y reflexiva las experiencias de las mujeres en el contexto rural, centrándose en las violencias ejercidas contra ellas tanto de forma individual como colectiva. Estas violencias son comprendidas a través de la relación entre la violencia simbólica, que actúa como un marco justificativo y explicativo, y la violencia directa, entendida como su manifestación tangible. En este sentido, se identifican las violencias como diferenciales, susceptibles de ser rastreadas y analizadas en el marco del orden social, ya que son expresiones que se fundamentan en un orden simbólico. Para ello, se recurre a la propuesta conceptual de Pierre Bourdieu, especialmente a su noción de violencia simbólica, entendida “como una forma especial de coacción cuya operación se da a partir de distintas instancias legitimadoras por medio de la imposición e incorporación compleja, progresiva e imperceptible de la arbitrariedad cultural”11. Así mismo, a la propuesta de Galtung, donde la violencia directa se comprende como el efecto visible, es decir: “los muertos, heridos, desplazados, daños materiales, todos golpeando cada vez más a la población civil. Pero los efectos invisibles pueden ser aún más perversos: la violencia directa refuerza la violencia estructural y cultural”12. Esta perspectiva permite una comprensión histórica de las dinámicas de poder y violencia que afectan a las mujeres en estos contextos, proporcionando una base sólida para el análisis de sus vivencias. Lo anterior se adscribe a su vez al campo de la historia del tiempo presente, desde las propuestas de investigación que esta permite, con las valoraciones, cambios y necesarias renovaciones de la disciplina que se enmarcan en “su progresiva orientación hacia una historia realmente vivida, cada día en sintonía con el notable papel de la memoria del pasado en las vivencias de las gentes de hoy”13. Esta corriente considera la necesidad del estudio de fenómenos que se expresan como contemporáneos, pero que son susceptibles de ser comprendidos como resultado de dinámicas que se inscriben en una narrativa de largo plazo. Narrativa en la que se 11 Manuel Pereiro Marín, “Enfoque teórico de la violencia estructural, cultural y simbólica con respecto a la interpretación de la violencia en Colombia para el desarrollo de la ciudad” (Tesis de maestría en Derechos Humanos y Ciudadanía, Universidad Jorge Tadeo Lozano, 2022) 7. 12 Galtung, Tras la violencia, 3R,16. 13 Julio Aróstegui, La historia vivida. Sobre la historia del tiempo presente (Madrid: Alianza Editorial, 2004) 52. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 10 privilegian las memorias colectivas y las experiencias vividas por los actores contemporáneos. En ese orden de ideas, se subraya la pertinencia de la investigación, desde la necesidad de un enfoque y metodología diferencial que pueda privilegiar las narrativas de las mujeres de un territorio ya delimitado, y que este sea posible desde la disciplina histórica en clave de género. Violencias en las particularidades del campo: contextualización histórica en la dimensión de lo rural Las violencias en Colombia se han manifestado de diversas maneras y se han caracterizado por evidenciar sus particularidades según la región de ocurrencia del fenómeno. Por ello, resulta limitado considerar una única idea de violencia cuya definición abarque de modo homogéneo todo el territorio, pues según el contexto en el que se sitúen los interrogantes, su sentido varía. De acuerdo con esto, y para entender cómo se acentúan distintas expresiones de violencia en el ámbito rural, es necesario tomar como punto de partida las delimitaciones que se han realizado al respecto de esta problemática. Sin dejar de señalar que uno de los ejes del presente artículo comprende como punto significativo que: “un territorio no necesariamente es un espacio geográfico delimitado en términos políticos y administrativos; los territorios campesinos se definen y se caracterizan en el marco de su relación con el espacio físico en el que vive el campesino y del conjunto de interacciones sociales, económicas, históricas y culturales que establece.”14 A pesar de la importancia histórica del campo en el contexto nacional, aún no existe una definición clara de lo que se comprende como lo rural en Colombia. Sin embargo, esto no ocurre por un exceso de diferenciación según la complejidad enunciada previamente, sino al contrario, por una postura simplista desde la cual se ha separado lo rural y lo urbano respectivamente como “el área resto” y “los centros poblados”. Esta distinción basada en un principio de exclusión no sólo es poco clara, sino que también tiene consecuencias significativas en los registros estadísticos poblacionales generados por estamentos oficiales como el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), lo que da lugar a cifras ambiguas15. Desde su misma enunciación, el campo se configura bajo las premisas de ser un espacio marginal y periférico en relación con otras 14 Marta Saade Granados, ed. Conceptualización del campesinado en Colombia (Bogotá: Fondo Editorial ICANH, 2020) 20. 15 Cf. Dirección de Desarrollo Rural Sostenible (DDRS), Equipo de la Misión para la Transformación del Campo, Misión para la Transformación del Campo: Informe Definición de Categorías de Ruralidad (Bogotá, 2014). MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 11 realidades. Esta dinámica se entrelaza con diversos factores que evidencian la insuficiencia de intervención en un modelo de gobierno centralizado que deja de lado sectores cruciales, como el campesino. Esta omisión subraya la falta de atención a las especificidades del contexto rural en Colombia, resaltando las profundas desigualdades que persisten y la necesidad urgente de un enfoque más inclusivo y contextualizado. La atención a estas particularidades no solo es esencial para el desarrollo, sino también para la cohesión social y el fortalecimiento del tejido rural, cuestiones que van más allá del ámbito discursivo y los actos legislativos que sugieren cierta atención al campo. Con el objetivo de ampliar la comprensión de la dimensión de lo rural, es necesario incorporar lo campesino como un tema clave dentro de los márgenes de estas definiciones16. En este sentido, se deben subrayar algunos apuntes relevantes sobre las diferenciaciones que han surgido en torno a las denominaciones anteriores. Porque, aunque existe una relación intrínseca entre ambos conceptos, es posible establecer distinciones importantes a la hora de reflexionar sobre un sector que históricamente ha sido subalternado. Las principales definiciones, como se señaló antes, se basan en un ejercicio de exclusión, en el cual lo rural se entiende principalmente como aquello que se encuentra en los márgenes de lo urbano. Así, lo rural se ejemplifica con la vida que transcurre “fuera” de las ciudades, donde las diferencias estructurales y de infraestructura se ofrecen a la vista como el distintivo más evidente. Sin embargo, apelar a la identidad campesina enriquece esta definición, superando la simplicidad de la dicotomía rural-urbano. Una identidad que está profundamente arraigada en el vínculo con la tierra, la naturaleza y la comunidad. Este arraigo configura no solo una forma de vida, sino una resistencia y una permanencia que trasciende la simple relación con el territorio, o la delimitación geográfica que simbólicamente se ha relacionado con lo periférico. El campesinado, en este contexto, no es sólo una categoría espacial, sino también una categoría cultural, política y social que involucra una cosmovisión propia, construida a partir de la interacción con el entorno 16 Ante las problemáticas de invisibilización y exclusión del campesinado colombiano, y como resultado de las negociaciones entre el gobierno y esta población, se reconoció desde el año 2016 la necesidad urgente de una conceptualización precisa de este sector. En consecuencia, se encargó a una comisión de expertos esta tarea. En aras del presente ejercicio de definición se toma como insumo el documento técnico de conceptualización del campesinado dirigido por Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH). Cf. Marta Saade Granados, ed. Conceptualización del campesinado en Colombia (Bogotá: Fondo Editorial ICANH, 2020). MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 12 natural y las estructuras de lo común, la proximidad con el otro en el reconocimiento de unas mismas condiciones. A pesar de la relevancia histórica, cultural y económica de este grupo social, aún persiste una notable falta de reconocimiento, “a la fecha de hoy, ni la sociedad colombiana ni el Estado parecen saber cuántos son los campesinos que habitan el país”17. Este desconocimiento refleja una invisibilización que tiene profundas implicaciones, ya que contribuye a la marginalización de sus necesidades. La invisibilidad del campesinado en los discursos políticos y sociales pone de manifiesto una contradicción central: aunque es una parte esencial en la configuración del país, sigue sin ser adecuadamente representado ni considerado en las decisiones que afectan su vida cotidiana. Desde este planteamiento, podría decirse que lo campesino surge como un fenómeno intermedio entre ambos extremos: lo rural y lo urbano. Sin embargo, lo campesino va más allá de una simple ubicación geográfica, pues se vincula profundamente con el arraigo a la tierra como su fuente primaria de subsistencia y como el núcleo alrededor del cual gira la organización social, económica y cultural de este sector. En este sentido, mientras que lo rural se configura más como una negación de lo urbano, lo campesino refleja una forma de vida vinculada al campo y a las prácticas productivas que allí tienen lugar. Esta visión permite reconocer a los campesinos no solo como habitantes de un espacio físico determinado, sino como un grupo social con características propias, cuyas dinámicas y relaciones están profundamente entrelazadas con los elementos naturales y con la organización de la comunidad rural. Lo campesino, por tanto, constituye un concepto que abre la puerta a un entendimiento más específico y matizado de la realidad social del campo. Una identidad que se construye y asocia al lugar donde transcurre la vida, que “se modela asociada con la tierra, el agua del río o del mar; con las montañas, valles y depresiones; con la lluvia y con el viento […]los campesinos modelan su identidad y su sentido de lugar a partir de la finca como unidad básica de vínculo social en el mundo rural .”18 Es crucial destacar que no se trata solo de un contexto de exclusión o marginación, sino de una configuración identitaria compleja que refleja tanto resistencias históricas como formas propias de organización e interacción con el entorno. Esta visión más profunda y compleja nos invita a 17 Saade Granados, ed. Conceptualización del campesinado en Colombia, 67. 18 Saade Granados, ed. Conceptualización del campesinado en Colombia, 67. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 13 repensar las categorías que utilizamos para estudiar la ruralidad y el campesinado, superando la simplificación de sus dinámicas como meras relaciones de dependencia o atraso. Por lo tanto, es fundamental centrar la atención en lo campesino no solo como una categoría geográfica, sino como una construcción social que devela tanto las particularidades del mundo rural, como las tensiones y desafíos de un grupo social históricamente marcado por la desigualdad y la marginación. En ese sentido, se trata de una categoría que debe ser comprendida en su dinamismo, capacidad de adaptación y, sobre todo, en su resistencia a ser reducida a una simple exclusión de lo urbano. Para el caso particular del municipio de Ituango, ubicado a 190 km de la ciudad de Medellín, lo anterior no es algo ajeno, pues representa una fracción del entorno rural colombiano en el que se reflejan las dinámicas centro-periferia. En este territorio, se entrelazan diversas formas de violencia, porque el conflicto armado emerge como un actor determinante en su configuración social y económica. A los condicionantes y particularidades de la vida rural en Colombia se suma la injerencia de los actores armados en sus territorios, la violencia y el conflicto armado que han intensificado dinámicas de desigualdad. El conflicto no solo ha sido un factor de desestabilización social, sino que ha contribuido a perpetuar la visión y condición de un campo que se concibe periférico y, por ende, desprovisto de recursos. Esto se traduce en un ciclo de exclusión que dificulta la movilidad social y económica de las comunidades rurales, atrapándolas en una realidad de marginalidad, pero también siendo el espacio propicio para las operaciones clandestinas de grupos cuya naturaleza es habitar al margen. Como menciona Catalina Valencia, “La configuración del territorio de Ituango presenta condiciones óptimas para el establecimiento de áreas de cultivos de coca por sus ecosistemas (trópico bajo y pre-montaña) y su establecimiento en zonas boscosas de difícil acceso. Esto ha hecho que se constituya en el primer eslabón del negocio del tráfico de drogas y que se fortalezca una economía de guerra en la que las estructuras armadas ilegales han ejercido el control del territorio”19. En ese orden de ideas, en un informe de riesgo presentado por la Defensoría del Pueblo20, se contextualizan y caracterizan brevemente estos actores, señalando que inicialmente el poder en la zona fue ostentado por el Frente 18 de las FARC, quienes habrían ingresado en el municipio 19 Catalina Valencia Sepúlveda, “La reconquista de Ituango: un reto en seguridad y defensa nacional del Estado colombiano” Analecta Política 3. 4 (2013): 144. 20 Mauricio Redondo Valencia, “Informe de riesgo N° 037-17”, 14 de agosto de 2017. https://www.indepaz.org.co/wp- content/uploads/2020/02/IR-N%C2%B0-037-17-ANT-Ituango.pdf https://www.indepaz.org.co/wp-content/uploads/2020/02/IR-N%C2%B0-037-17-ANT-Ituango.pdf https://www.indepaz.org.co/wp-content/uploads/2020/02/IR-N%C2%B0-037-17-ANT-Ituango.pdf MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 14 desde la década de los 80’s (sin dejar de lado que previo a tal predominio hizo presencia en el municipio el EPL), para posteriormente disputar el control del territorio con estructuras paramilitares, caracterizadas por sus repertorios específicos de violencia diferenciales y por desplegar estos contra la población civil; con la finalidad de afianzar su predominio, lo que se ha traducido en unos tipos de “administración de justicia” relacionada con la instauración del poder de facto en las zonas rurales. De acuerdo con esto, se puede reafirmar que: “El objetivo de las distintas estructuras armadas es el control de un negocio rentable que requiere la permanencia en territorios sin institucionalidad fuerte para dirigirlos desde epicentros de economías ilícitas” 21. Para ello, las distintas estructuras armadas en Colombia han identificado rentabilidad en los territorios donde la institucionalidad es débil y el Estado no ejerce un control efectivo, aprovechando esa fragilidad para suplantarlo en áreas vulnerables que carecen de protección y seguridad. Según el DANE, y considerando el periodo de interés del presente artículo, “[…] a junio del 2005 la población de Colombia es de 44.050.548 habitantes, de las cuales 32.637.782 está ubicada en el área urbana y 11.412.794 en el área rural.”22. Aunque la población en cifras es predominantemente urbana, la cantidad significativa de habitantes en el área rural resalta la complejidad del fenómeno. Particularmente el municipio de Ituango contaba con una población total de 24.587 habitantes, de la cual el 52,8% eran hombres y el 47,2% mujeres (según datos informados por medio de Boletín del DANE del mismo censo de 2005)23. El presente apartado articula la dimensión de lo rural-campesino desde la necesidad de comprensión de la territorialidad habitada como condicionante y determinante de la realidad de las poblaciones que la componen, sobre todo en un país como Colombia, donde las brechas entre lo rural y lo urbano se ha acentuado de maneras tan profundas, generando una precarización de las condiciones de vida en las zonas rurales que se expresa comúnmente en estadísticas donde se pueden evidenciar los elevados niveles de desigualdad. En el caso de Ituango, resulta crucial señalar las dificultades educativas que han enfrentado, “El 26,3% de la población de 5 años y más y el 25,8% de 15 años y más de ITUANGO no sabe 21 Valencia Sepúlveda, “La reconquista de Ituango”, 151. 22 Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Censo General 2005. Colombia, Dirección de Censos y Demografía, noviembre de 2005. https://unstats.un.org/unsd/demographic/sources/census/colombiapdf.pdf 23Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Censo General 2005: Perfil Ituango, Antioquia, Boletín 13/09/2010. https://www.dane.gov.co/files/censo2005/PERFIL_PDF_CG2005/05361T7T000.PDF https://unstats.un.org/unsd/demographic/sources/census/colombiapdf.pdf https://www.dane.gov.co/files/censo2005/PERFIL_PDF_CG2005/05361T7T000.PDF MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 15 leer y escribir.”24. Estos datos son significativos y alarmantes, ya que dan cuenta de las dificultades de accesibilidad a derechos que se expresan como fundamentales, tales como la educación, que en otros contextos se consideran normativos, pero que no constituyen la normalidad del campo. En este sentido solo “El 48,4% de la población residente en ITUANGO, ha alcanzado el nivel básico primaria; el 16,9% ha alcanzado secundaria y el 1,3% el nivel superior y postgrado.”25. Si se destaca la última cifra, queda claro que llegar a ese nivel de educación superior apenas si ha constituido una posibilidad para muchos en el municipio. Esto ha acentuado las desigualdades en el acceso a oportunidades en el campo, lo cual ilustra un fragmento de lo antes mencionado ante las dinámicas del centro-periferia en el contexto rural colombiano. Específicamente, desde un modelo que refiere a relaciones asimétricas entre áreas urbanas (centros) y rurales (periferias), donde las primeras concentran recursos, infraestructura y oportunidades. Cifras como las anteriores aportan datos cuantitativos que evidencian las desigualdades; referida en un primer momento como una categoría amplia. el Estado ha reconocido la deuda histórica con estas comunidades, aunque los esfuerzos para reducir las brechas son insuficientes. A pesar de la promulgación de leyes como la Ley 160 de 1994, que planteó una reforma rural aún inconclusa, y la Ley 1148 de 2011, centrada en la restitución de tierras a las víctimas del conflicto armado, la realidad en el campo sigue atendiendo a unos mismos condicionantes estructurales de desigualdad. Ambas normativas abordan el problema de la tierra, pero la primera lo hace bajo una premisa de accesibilidad equitativa incompleta, mientras que la segunda, aunque promete retornos, no toma en cuenta adecuadamente las complejidades y dinámicas persistentes del conflicto armado, lo que limita su efectividad. En conjunto, estas leyes reflejan una serie de promesas incumplidas que evidencian las falencias del sistema para enfrentar las inequidades históricas en el país. Allí, en la suma de toda la complejidad enunciada, el rostro de las mujeres aparece como otra particularidad vulnerada. Precisamente en la Ley 1148 de 2011 se articula el “enfoque diferencial” para reconocer, en toda la amplitud de las consecuencias del conflicto armado, a la mujer como sujeto diferencial de las violencias que han tenido lugar. Con el fin de analizar las asimetrías de género y la violencia en el campo, en el siguiente apartado se dará claridad en torno a los conceptos de violencia simbólica, violencia directa, y 24 Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Censo General 2005: Perfil Ituango, Antioquia, Boletín 13/09/2010.https://www.dane.gov.co/files/censo2005/PERFIL_PDF_CG2005/05361T7T000.PDF 25 Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Censo General 2005: Perfil Ituango, Antioquia, Boletín 13/09/2010. https://www.dane.gov.co/files/censo2005/PERFIL_PDF_CG2005/05361T7T000.PDF https://www.dane.gov.co/files/censo2005/PERFIL_PDF_CG2005/05361T7T000.PDF https://www.dane.gov.co/files/censo2005/PERFIL_PDF_CG2005/05361T7T000.PDF MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 16 arreglos de género. Así mismo, se incluirá a las mujeres rurales como categoría de análisis, lo que permitirá situar espacialmente conceptos y categorías en un periodo de tiempo determinado inscrito en el marco del conflicto armado colombiano. Experiencia de mujeres rurales como receptoras de violencia paramilitar diferenciada El auge de la memoria como elemento central en las sociedades en proceso de postconflicto representa un capítulo clave en la historia reciente de Colombia. Estos procesos brindan la oportunidad de revisitar aspectos fundamentales del conflicto armado, cuya vigencia persiste incluso tras la firma del acuerdo de paz. A través de ellos, y bajo la premisa de una Historia del tiempo presente, emerge la posibilidad de integrar diversas perspectivas que contribuyan a una comprensión más amplia y profunda de la compleja realidad del país. Entre estas, los tipos de victimizaciones a partir de las distintas modalidades de violencia, que solo se pueden llegar a comprender a través de la diferenciación y caracterización no solo de las víctimas, sino también de los actores armados perpetradores de las mismas. Esta posibilidad de enunciar se ha enmarcado cronológicamente en los cambios de orden jurídico y legislativo donde se han situado a las víctimas como actores no pasivos. Desde finales del siglo XX en Colombia, se ha emprendido un camino en torno al reconocimiento de los derechos de quienes han sufrido diferentes tipos de violencia a causa del conflicto. Se han emitido leyes, sentencias y decretos. La Ley 387 de 1997 marca un punto de partida en el reconocimiento del derecho de los individuos a no ser desplazados, propugnando medidas de prevención del desplazamiento y, orientada en principios de protección y atención de las víctimas de este, subrayando el derecho a recibir “soluciones definitivas a su situación”26. En esa vía se avanza hasta llegar a la Ley 1448 o Ley de víctimas27, que amplía los márgenes de lo que hasta ese momento se había considerado para el reconocimiento. Hablar de progresos alude a una única y limitada perspectiva de una realidad en torno a las víctimas y al conflicto mismo que no puede suponerse lineal ni de carácter siempre progresivo. 26 Ley 387 de 1997, “por la cual se adoptan medidas para la prevención del desplazamiento forzado; la atención, protección, consolidación y esta estabilización socioeconómica de los desplazados internos por la violencia en la República de Colombia.”. Congreso de la República de Colombia. Diario Oficial. https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=340 27 Ley 1448 o Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. Congreso de la República de Colombia. Diario Oficial. https://www.unidadvictimas.gov.co/documentos_bibliotec/ley-1448-de-2011-2/ https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=340 https://www.unidadvictimas.gov.co/documentos_bibliotec/ley-1448-de-2011-2/ MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 17 En medio de las leyes antes mencionadas entre 1997 y 2011 se encuentra la Ley de Justicia y Paz (ley 975 de 2005)28, surgida del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Un proceso ampliamente reconocido y cuestionado por el tratamiento a las garantías de las víctimas, donde se terminó por privilegiar las voces de los paramilitares, y “versiones libres” fueron las que delimitaron el curso interpretativo del fenómeno del conflicto en términos de su incidencia. “Precisamente, el hecho de basar la reconstrucción de la verdad en la versión de los propios paramilitares impidió que el proceso constituyera una posibilidad para cuestionar la legitimidad sobre la cual se cimentó el discurso paramilitar en Colombia.”29. La problemática surgida de las versiones privilegiadas se da justamente por ese discurso de legitimación que antes de la desmovilización había implementado para su accionar la estructura armada. La población civil se había visto señalada por su supuesta participación y colaboración con la guerrilla, lo que se impuso como justificativo para el sometimiento, la tortura, el exterminio y la desaparición (entre otros hechos violentos propios de los repertorios de violencia paramilitar). Uno de los elementos clave para la compresión de la justificación de la violencia ejercida se sostiene en la construcción del “enemigo interno”30, una categoría de múltiples matices que se basa principalmente en la identificación de un “otro”; en el contexto colombiano, un otro generador de violencia, encargado de subvertir el orden y la legalidad. En el año de 1998, frente a la posibilidad de un inicio de proceso de Paz en el gobierno de Andrés Pastrana, Las AUC se autoproclamaban como “[…]un movimiento político-militar de carácter civil y antisubversivo que defiende los intereses nacionales. Características que no son discutibles” 31 y que hicieron parte de las condiciones fijadas por ellos mismos para el inicio de diálogos con el Gobierno. En tal contexto, ¿qué sucedió entonces con las voces de las victimas? 28 Ley 975 de 2005, “por la cual se dictan disposiciones para la reincorporación de miembros de grupos armados organizados al margen de la ley, que contribuyan de manera efectiva a la consecución de la paz nacional y se dictan otras disposiciones para acuerdos humanitarios”. Congreso de la República de Colombia. Diario Oficial. https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=17161 29 Daniel Castaño Zapata y Gabriel Ruiz Romero, “La construcción del discurso contrainsurgente como legitimador del poder paramilitar en Colombia”, Estudios Políticos. 51 (2017): 155. 30 “Fueron los militares que, imbuidos en la doctrina de la Seguridad Nacional de lucha contra el enemigo interno, heredada de la guerra fría, vieron en el avance electoral de la izquierda, del movimiento popular y del auge guerrillero, la cristalización del “avance comunista”, que había que conjurar por todos los medios.” Centro Nacional de Memoria Histórica, Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico (Bogotá, CNMH, 2018) 177. 31 Juan Gonzalo Betancur, “Autodefensas, prudentes ante el acuerdo”, El Colombiano (Antioquia) 16 de julio de1998: 5C. https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=17161 MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 18 De manera contradictoria, la Ley de Justicia y Paz pone de manifiesto, en su Artículo 41, que “tendrán en cuenta las necesidades especiales de las mujeres”32 como un grupo social diferenciado. Sin embargo, el objeto de la Ley prioriza la reincorporación de los miembros de los grupos armados al margen de la ley, desplazando a las víctimas (indistinto a su condición de género) a un plano de menor o nula importancia en términos prácticos. Este proceso de desmovilización y de sometimiento a la justicia, presentado como un éxito por el Gobierno nacional, ha sido objeto de fuertes críticas hechas por organizaciones e investigaciones nacionales e internacionales, que se centran, por lo general, en el hecho de que el proceso no se adecuó a las exigencias de una reparación integral, incluso se ha señalado que se trató de un proceso de impunidad encubierta”33. La falta de acceso a la justicia es otro factor determinante en este contexto, ya que la condición de habitar en zonas periféricas del país excluye a las personas víctimas de diversas violencias de llevar un proceso judicial acompañado por el Estado. En particular, la población campesina, históricamente marginada, se enfrenta a barreras significativas para acceder a la justicia, lo que agrava aún más su situación de vulnerabilidad. Las mujeres, especialmente aquellas en el ámbito rural, experimentan una doble condición de vulnerabilidad y victimización, ya que, además de ser víctimas de los efectos directos del conflicto armado, se enfrentan a una discriminación estructural basada en su género. A partir del año 2002, mediante la Ley 731, se disponen normas para la atención específica de las mujeres rurales34. La Ley de la mujer rural reconoce la desigualdad y discriminación, debido a su género, que ha vivido la mujer campesina. La dimensión de la violencia directa sufrida se puede articular con la exacerbación del conflicto armado en diferentes zonas del país. Sin embargo, la violencia de orden simbólico y estructural tiene lugar en su falta de autonomía; lo que supera la preexistencia de cualquier actor armado, la imposibilidad de acceso a la tierra y la informalidad de las labores de subsistencia que se relacionan con esta última. O en su defecto, por la nula remuneración de actividades que se asocian como inherentes a la mujer, sumado a un acceso a la educación precaria y diferenciada respecto a los hombres, y en general, la carga que reviste ser mujer, y en particular, ser una mujer que vive en el campo. Si bien distintas leyes han reconocido 32 Congreso de la República de Colombia. Ley 975 de 2005. Diario Oficial. https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=17161 33 Castaño Zapata y Ruiz Romero, “La construcción del discurso contrainsurgente”, 155. 34 “Por la cual se dictan normas para favorecer a las mujeres rurales”. Congreso de la República de Colombia, Ley 731 de 2002, Diario Oficial. http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley_0731_2002.html https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=17161 http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley_0731_2002.html MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 19 su lugar, dicho reconocimiento no puede sostenerse dada la escasa implementación de cambios estructurales que la sostengan. Lo que manifiesta una valoración social asimétrica respecto a otras realidades. Es así que las mujeres rurales en Colombia son cuatro veces victimizadas y discriminadas, primero, como resultado de la exclusión e invisibilización de las necesidades que padece el sector rural del que hacen parte, esto como resultado de la desigualdad estructural respecto al mundo urbano (prestación de servicios públicos de calidad, cobertura en educación y salud, etc.); segundo, por su condición de mujer “ya que el tratamiento histórico, cultural y socioeconómico que recibe, determinado por la estructura patriarcal, es más injusto frente al hombre” (mayores tasas de pobreza e indigencia, ingresos inferiores, menor acceso al mercado laboral y al sistema educativo, etc.). //A esto se suma el rol tradicional patriarcal que se la ha otorgado, que anula cualquier proceso o movimiento social femenino reivindicativo. Debido a estas ideas, en el contexto del conflicto armado colombiano las mujeres rurales no cuentan con herramientas para la resolución o la mitigación de los impactos de éste, y quedan a merced de formas de dominación que se establecen en la disputa, con lo cual se agudizan las situaciones de maltrato y violencia.35 En el reconocimiento de los impactos del conflicto se ha dado lugar al testimonio de las mujeres víctimas, desde las voces de mujeres subalternadas –narradas aquí desde los lugares emblemáticos de violencia en el conflicto– y partiendo de la premisa del lugar distintivo que han ocupado. En el periodo de tiempo planteado, se sustenta dicha premisa, fijando la atención en un fenómeno particular (sin por ello dejar de lado los que siguen transcurriendo en paralelo de su ocurrencia): el desplazamiento. Porque “los testimonios escuchados por la Comisión arrojaron que el desplazamiento forzado fue el hecho que más reportaron las mujeres, lo cual coincide con la información del RUV. La línea de tiempo que dibujan los hechos-víctimas, en el proceso testimonial de la Comisión de la Verdad, identificó que a finales de los años noventa e inicios de la década de 2000 se produjo el mayor número de eventos de desplazamiento forzado, especialmente de las mujeres.”36. El final de la década de los 90 y principios de la de los 2000 se caracterizó por un fenómeno de expansión y consolidación del paramilitarismo en diversas regiones del territorio colombiano, lo que posteriormente llegaría a conocerse como el periodo de hegemonía paramilitar. Durante este tiempo, el paramilitarismo se consolidó como una estructura organizada y sistemática, 35 Defensoría delegada para la Prevención de Riesgos de Violaciones a los Derechos Humanos y el DIH. El conflicto armado y el riesgo para la mujer rural. Estudios de caso en los departamentos de Chocó, Córdoba, Santander y Caquetá (Bogotá: Defensoría del Pueblo de Colombia, 2014) 14. 36 Comisión de la Verdad, Hay futuro si hay verdad: Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición T.7, (Bogotá: Comisión de la Verdad, 2022) 64. https://www.comisiondelaverdad.co/mi-cuerpo-es-la-verdad https://www.comisiondelaverdad.co/mi-cuerpo-es-la-verdad MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 20 operando al margen de la ley con el apoyo y la financiación de diferentes sectores vinculados al narcotráfico y, en algunos casos, de actores del propio Estado. Uno de los objetivos principales de esta escalada paramilitar fue instaurar un orden basado en principios de contrainsurgencia, con la intención de desarticular no solo a los grupos guerrilleros, sino también a aquellos otros colectivos que, por sus consignas, pudieran ser considerados simpatizantes de sus ideas; las cuales, desde su perspectiva, amenazaban el orden establecido. Sin embargo, el alcance de este proyecto de “orden nacional” no se limitó únicamente a enfrentar a la insurgencia armada, sino que también incluyó la imposición de un control territorial sobre amplias zonas del país, utilizando métodos de intimidación, desplazamiento forzado, desapariciones forzadas y asesinatos selectivos. Este fenómeno no solo implicó un aumento en la violencia, sino que se transformó en una amenaza a la seguridad, estabilidad y derechos humanos de la población civil, afianzándose como un factor determinante en la complejidad del conflicto armado colombiano. Casos emblemáticos de violencia diferenciada en el conflicto. Segunda generación del paramilitarismo Uno de los aportes considerados en esta investigación en torno al tema del esclarecimiento del fenómeno paramilitar en Colombia fue el realizado por el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), y previamente, por el Grupo de Memoria Histórica (GMH). En el marco de la firma de los Acuerdos de Paz37, el CNMH presentó uno de sus balances más relevantes, en el cual recoge una producción significativa en torno a dicho fenómeno. En su informe, amplía y condensa las perspectivas sobre los debates en torno a los posibles orígenes del paramilitarismo en Colombia, los intentos de periodización del fenómeno y una caracterización diferencial según las zonas de influencia, de acuerdo con el tiempo y los territorios en los que tuvo presencia. Todo ello subraya el tema en su amplitud, con el objetivo de profundizar en su estudio y caracterización. En este sentido, se hace un énfasis en el despliegue del fenómeno y las posibilidades de su caracterización, 37 Conocidos también como proceso de paz en Colombia, o en su acepción más amplia y contextual, como negociaciones de paz entre el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP). Estos Acuerdos aluden al periodo de dialogo iniciado en diferentes gobiernos presidenciales, pero finalmente firmado en el periodo de Juan Manuel Santos (2012-2016). MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 21 al hablar de una hegemonía paramilitar distinguiendo diversos periodos dentro de la misma estructura38. En este orden de ideas, ante la posibilidad de comprender el fenómeno a partir de divisiones especificas (espaciotemporales) la delimitación propuesta se encuentra enmarcada en lo que se ha denominado Segunda generación del paramilitarismo. Esta categoría alude a una distinción importante, ya que subraya a unas formas específicas de violencia ejercidas por las estructuras paramilitares en el periodo. Esta se distingue por la incursión en territorios identificados previamente como de preeminente presencia guerrilla. Se trazaba una ruta de terror antes de llegar al objetivo: un máximo despliegue de terror y violencia indiscriminada que atendía a la lógica de muestras públicas; aludiendo al carácter “ejemplarizante” de la misma. A raíz de los extensos contextos de violencia que incluyen, entre otros, la hegemonía paramilitar ‒y como una de las tareas fundamentales surgidas de los Acuerdos de Paz‒, se plantea la necesidad de reconstruir la verdad histórica, con las voces de las víctimas como eje central del relato sobre la memoria del conflicto. En este marco, se establece la Comisión de la Verdad, cuyo propósito es esclarecer lo sucedido durante el conflicto armado y contribuir a la construcción de la memoria colectiva. Si bien la Comisión puede considerarse en su ejercicio como una continuidad o condensación de las leyes y discursos previos, su enfoque se centra en las víctimas, situándolas como el punto de referencia para la reconstrucción de los hechos. Resultado de su proceso y como parte de su legado se conforma el Fondo Documental Entrevistas de la Comisión. Durante su periodo de trabajo, la Comisión realizó 14.971 entrevistas (transcritas y anonimizadas). Estas entrevistas fueron puestas a disposición del público para su acceso y consulta, así como la metodología usada, basada en un “proceso de escucha” llevado a cabo entre 2018 y 2022. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, en el fondo no figuran 32 entrevistas relacionadas con nuestro objeto de estudio, y solo dos de ellas están disponibles en línea para su consulta. 38 Para el acercamiento y estudio de este fenómeno se han dispuesto diferentes materiales, para la ampliación de estos cf. Elvira María Restrepo y Bruce Bagley, Comps., La desmovilización de los paramilitares en Colombia: entre el escepticismo y la esperanza (Bogotá: Universidad de los Andes, 2011); Julián Eduardo Barbosa Vargas, “Configuración diferenciada de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá en el Urabá: Norte de Urabá, Eje Bananero, Sur del Urabá antioqueño y Urabá chocoano”, Análisis Político. 84(2015): 39-57; Álvaro Camacho Guizado y otros, A la sombra de la guerra: Ilegalidad y nuevos órdenes regionales en Colombia (Bogotá: Universidad de los Andes, Ceso, 2009). MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 22 A pesar de esta limitación, las dos entrevistas disponibles, que corresponden al periodo y territorio delimitado, ofrecen un valioso testimonio de la realidad vivida en el conflicto, por parte de las dos mujeres que brindan su testimonio. Al ser anonimizadas, las entrevistas no proporcionan nombres, ya sean de personas o de organizaciones. En lugar de ello, la categoría asignada a la persona entrevistada es “Testimoniante”. Esta se consagra como una denominación amplia y general que abarca a todas aquellas que han sido parte de este complejo relato de víctimas o sobrevivientes. Sumado a estas dos experiencias se conjugan otro par de entrevistas no publicadas que se han realizado durante esta investigación. Es en este contexto donde resuenan y se leen las voces de cuatro mujeres, cuyas experiencias reconfiguran constantemente los recuerdos de lo que fue vivir en un territorio donde la violencia se había instalado. En sus relatos, surgen elementos comunes que reflejan las múltiples formas de violencia sufridas. Estos están marcados por el lugar común de la tierra. Primero, la certeza de tener un lugar donde se sustenta la vida; después, el desarraigo y la incertidumbre que de ahí resulta. Una de estas mujeres relata: estábamos en tiempo que se cosecha café y la mayoría pues de la población estaba en cafetales haciendo la recolección. (…) a distancia, vimos un grupo armado, ya cuando pues nos percatamos fue porque había otros... O sea, llegaron al lugar, o sea que se repartieron por varias partes|, y ya nos reunieron en el puesto de salud de la vereda (…) nos reunieron de mujeres a parte, hombres en otro ladito y los niños los metieron en el puesto de salud para que no presenciaran, pues, como todos los hechos que ellos tenían pensados hacer. Luego de eso ya comenzaron a matar, mientras unos mataban e insultaban a los que estábamos ahí, los otros quemaban las casas39. Una de las acciones violentas común en los relatos, consiste en la quema de las casas de los territorios donde los paramilitares incursionaban, convirtiendo el despojo en una violencia reiterada, que irrumpe de manera abrupta en la cotidianidad alterada que ya se sostiene en el temor de una toma violenta que podía presentarse en cualquier momento. Por ahí, como a las diez de la mañana llegó un señor a la casa y el señor me pide una dirección por el patio, cuando llegó el señor ahí, miró por todas partes, yo me acuerdo. Y yo me asomé y me dijo “¿Cómo le va, señora? ¿bien?” y yo “ah, sí, muy bien”, y el señor se fue. Y mentira que dejó como una seña, como un costal con un café y eso fue como una seña para quemar la casa. Cuando por ahí como a las 12 del día yo estaba sola, estaba solita, yo lavando la ropa, la lavé toda, cuando oigo esas cosas miedosas y yo sola, y me agarran los nervios del mundo. Y yo me asomé y esas llamaradas de eso ranchos, señor, ¡ay no!... Y claro yo tiré esa ropa adentro, y antes de sacarla pa' fuera la entré fue adentro y me volé pal monte y me tiré al cafetal y me 39 Entrevista realizada por Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición – (CEV), “Entrevista individual a víctimas, familiares y testigos”, Medellín, 2000. Fondo Documental Entrevistas de la Comisión, 039-VI-00011, [s.p.] https://archivo.comisiondelaverdad.co/explora/detalle/039-VI-00011 https://archivo.comisiondelaverdad.co/explora/detalle/039-VI-00011 MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 23 quedé por allá. Cuando a mis muchachos todos pálidos, que estaban cogiendo café en una cañada, ¡ay a ver tantas cosas! gracias a Dios que yo no me tocó ver eso porque yo me muero.40 La instauración del terror se relata en esta entrevista en varios momentos. Existe la identificación del actor armado, la reunión o concentración de la población en un punto especifico, y una figura reiterada en los episodios de terror, lo que posteriormente llevaba a que una parte de la población resultara refugiada por un cierto periodo de tiempo en la iglesia o en los colegios. El dialogo entre entrevistador y testimoniante trascurre en la exposición de secuencias de hechos condensados en la puntualidad de quien lo narra. La huida, el refugio que toma repetidamente la misma forma en los testimonios -la iglesia- donde deben permanecer durante diferentes periodos de tiempo con las personas asesinadas, para llegar posteriormente al desplazamiento, el desarraigo que deja atrás cualquier posesión que se hubiera podido tener. ENT: ¿Cuántos muertos hubo? TEST: Tres... como tres... ENT: ¿Y ustedes ese día en dónde amanecieron? TEST: En la escuela con los muertos ahí... Al otro día... ENT: ¿Y luego que pasó? Después al otro día... TEST: ¡Ahhh!, y, entonces, ya al otro día nos vinimos todos en fila para acá (…) ya como desplazados, llegamos a la carretera, nos fuimos sin comer nada, ni nada, todo el día sin comer nada. Por ahí cogiendo naranjitas ENT: ¿Más o menos tienes idea de qué cantidad de personas fueron desplazadas? TEST: ¡Jum! Muchas (…) quemaron 23 casas41. En otro momento de esta entrevista, la testimoniante narra la realidad de enfrentarse al desplazamiento. El testimonio entrelaza la imposibilidad de volver al territorio, la decisión de no hacerlo, y la realidad de aquellos que lo hacen bajo las condiciones de precariedad impuestas por la imposibilidad de recuperar las posesiones materiales ya destruidas, lo que se convierte en un efecto palpable de la violencia directa: “Uno quedarse en la inopia, con lo que tenía encima, a la voluntad de las buenas personas, sin en dónde dormir, sin a donde vivir, sin que ponerse, muy duro. 40 Entrevista realizada por Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición – (CEV), “Entrevista individual a víctimas, familiares y testigos”, Santa Ana, Ituango, Antioquia, 2002. Fondo Documental Entrevistas de la Comisión, 039-VI-00001, [s.p.] https://archivo.comisiondelaverdad.co/explora/detalle/039-VI- 00001 41 Entrevista realizada por Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición – (CEV), “Entrevista individual a víctimas, familiares y testigos”, Santa Ana, Ituango, Antioquia, 2002. Fondo Documental Entrevistas de la Comisión, 039-VI-00001, [s.p.] https://archivo.comisiondelaverdad.co/explora/detalle/039-VI-00001 https://archivo.comisiondelaverdad.co/explora/detalle/039-VI-00001 https://archivo.comisiondelaverdad.co/explora/detalle/039-VI-00001 https://archivo.comisiondelaverdad.co/explora/detalle/039-VI-00001 MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 24 ¡Ay no, no!42. En este caso, el sufrimiento que se supone finalizado se remarca en la enunciación de los hechos ocurridos, los “inmediatos”, el terror instaurado y desplegado en la escenificación ejemplarizante, para continuar al desplazamiento forzado como resultado. De acuerdo con lo referido por Galtung en su triangulo, “la violencia directa puede haber llegado a un final muy celebrado. El sufrimiento directo se ha acabado, pero la violencia estructural y la cultural se han incrementado en el proceso.”43. Los relatos refieren a la implantación del terror y el castigo en cada una de las zonas donde incursionaron estos grupos. “ENT: ¿Y qué... sabes qué grupos armados eran? ¿cómo se llamaban los grupos? // TEST: Ellos dijeron que dizque eran paracos, yo no sé”44. Los hechos narrados ocurrieron en el contexto de la expansión de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y fueron emblemáticos de los repertorios de violencia usados por las diversas estructuras armadas del paramilitarismo confederadas en las AUC, como: 1) una violencia ejemplar contra la población civil y los territorios donde la guerrilla había operado; 2) máximo terror para producir parálisis en la sociedad local; 3) provocar la mayor humillación posible y el máximo estado de indefensión proporcional al estigma que se había construido sobre los territorios y sus habitantes. Y, además, en los tres repertorios fue definitiva, en diversos grados, la participación de la fuerza pública45. Si en los primeros momentos, el paramilitarismo tenía como objetivo primordial la defensa ante la guerrilla, posteriormente su objetivo se amplió hacia un control más exhaustivo de la población civil. “Es evidente que en ese momento el paramilitarismo alcanzó, no solo su mayor expansión geográfica, sino también los más grandes niveles de afectación y victimización contra la población civil. En esa etapa, estos grupos abandonaron las características reactivas de la primera generación y comenzaron su nueva fase dirigida a consolidar órdenes sociales y económicos, con base en el terror generalizado.”46. Esto se traduce en que los paramilitares, en lugar de supuestamente limitarse a enfrentarse con la guerrilla, comenzaron a perpetrar acciones violentas indiscriminadas contra la población civil, dejando tras de sí un rastro de víctimas que incluía no 42 Entrevista realizada por Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición – (CEV), “Entrevista individual a víctimas, familiares y testigos”, Santa Ana, Ituango, Antioquia, 2002. Fondo Documental Entrevistas de la Comisión, 039-VI-00001, [s.p.] https://archivo.comisiondelaverdad.co/explora/detalle/039-VI-00001 43 Galtung, Tras la violencia, 3R, 15. 44 Entrevista realizada por Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición – (CEV), “Entrevista individual a víctimas, familiares y testigos”, Santa Ana, Ituango, Antioquia, 2002. Fondo Documental Entrevistas de la Comisión, 039-VI-00001, [s.p.] https://archivo.comisiondelaverdad.co/explora/detalle/039-VI-00001 45 Centro Nacional de Memoria Histórica, Paramilitarismo, 118. 46 Centro Nacional de Memoria Histórica, Paramilitarismo, 78. https://archivo.comisiondelaverdad.co/explora/detalle/039-VI-00001 https://archivo.comisiondelaverdad.co/explora/detalle/039-VI-00001 MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 25 solo a personas acusadas de estar asociadas con movimientos insurgentes, sino a cualquier grupo o individuo que consideraran una amenaza para su control territorial. después de que mataron el presidente de la Junta de Acción Comunal porque lo catalogaron como guerrillero, al igual que a un primo hermano, mientras mataron a esos nos dispararon a todos en donde mataron a uno ya estando reunido con todos. Hirieron a otros tres, y eso fue una trayectoria de cuatro o cinco horas, más o menos, en esa pesadilla. Después de eso nos llevaron para la escuela, en donde ya nos hicieron una reunión ahí, nos amenazaron muy horrible, y ya, con un tonito de burla nos dijeron que nos quedáramos ahí o que nos fuéramos para la casa. Cuando ya la mayoría salimos y vimos las casas ardiendo pues fue algo muy duro, por ejemplo, para mí, fue algo muy duro porque el estar como con ropa de trabajo y ver como todo se quema, eso es algo pues que uno le provoca como meterse entre las llamas para lograr re[s]catar algo. El tener que empezar de ceros cuando como pobre teníamos todo47. Las dos entrevistas citadas hasta este punto se conectan directamente con la expansión geográfica del paramilitarismo, la intensificación de la violencia contra la población civil y el cambio de estrategia de estos grupos. Estas entrevistas, puestas en relación con otras dos de carácter inédito –las cuales se tratarán en el siguiente apartado–, reflejan las secuelas de un proceso de violencia masiva, donde el paramilitarismo utilizó el terror como un instrumento para imponer su visión del orden. Lo que continúa siendo una de las características más devastadoras del conflicto armado colombiano. Los corregimientos de Ituango. La masacre de El Aro y las tomas de La Granja La masacre de El Aro, ocurrida en 1997 en Antioquia, puede ser considerada un caso emblemático dentro del enfoque metodológico seguido por el Grupo de Memoria Histórica. Por casos emblemáticos se comprende: “lugares de condensación de procesos múltiples, que se distinguen no solo en la naturaleza de los hechos, sino también por su fuerza explicativa”48. Los hechos no solo reflejan la brutalidad de los paramilitares, sino que también es un punto donde se expresan diversos procesos de violencia, desplazamiento forzado, complicidad de actores estatales y la imposición de un “orden paramilitar” en el territorio. La perspectiva que adopta el GMH consiste en considerarlos en su dimensión, como resultado de las dinámicas sociales y políticas del país, y no como excepciones que podrían ser externas de su configuración histórica. Se plantea 47 Entrevista realizada por Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición – (CEV), “Entrevista individual a víctimas, familiares y testigos”, Medellín, 2000. Fondo Documental Entrevistas de la Comisión, 039-VI-00011, [s.p.] https://archivo.comisiondelaverdad.co/explora/detalle/039-VI-00011 48 Centro Nacional de Memoria Histórica, Paramilitarismo, 178. https://archivo.comisiondelaverdad.co/explora/detalle/039-VI-00011 MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 26 entonces la necesidad de la perspectiva histórica para la comprensión de los fenómenos de violencia como estructurales, y no circunstanciales, aunque normalizados en las necesidades de seguir existiendo en la ya configurada realidad de violencia en la que ha vivido y continúa viviendo la población colombiana. En este sentido, y bajo una cronología que reconstruye el mismo GMH, la masacre del Aro hace parte de la segunda generación del paramilitarismo en Colombia, relacionando los repertorios de violencia propios del mismo, así como elementos tan distintivos como la participación de la fuerza pública. En las versiones subsiguientes que tejen sobre lo ocurrido en la masacre, figuran reiteradamente la participación de fuerzas militares en apoyo a los paramilitares: “El 16 de noviembre de 2008, el paramilitar Salvatore Mancuso aseguró, en audiencia de versión libre desde Estados Unidos, que un helicóptero de la Gobernación de Antioquia había hecho presencia en desarrollo de la masacre que perpetraron grupos paramilitares en conjunto con miembros de la IV Brigada del Ejército Nacional en el corregimiento de El Aro, ubicado en el municipio de Ituango (Antioquia), en octubre de 1997.”49. La duda frente a la presencia del helicóptero en la zona amplía el margen de responsabilidad estatal en términos de inacción de la fuerza pública mientras ocurría la masacre. A esto se suma que “la Corte IDH ha declarado la responsabilidad del Estado colombiano en los desplazamientos precedidos de masacres anunciadas y perpetradas con aquiescencia, colaboración y apoyo de miembros de la fuerza pública o directamente por miembros de la fuerza pública”50. La masacre de El Aro, un evento emblemático de la violencia paramilitar en Colombia, donde el control territorial de los grupos armados se consolidó mediante actos de terror generalizado. Este tipo de ataques no solo buscaba debilitar a la guerrilla, sino también aterrorizar a la población civil, dejándola bajo el dominio de las fuerzas paramilitares. Tal es el caso de La Granja, un corregimiento frecuentemente invadido por la incursión de estas fuerzas. Estas incursiones no solo afectaban la seguridad de los habitantes, sino que, tal como se discutió anteriormente, contribuían a la consolidación del control social y económico de los paramilitares sobre el territorio. Las incursiones, que ocurrían repetidamente, dejaban a la comunidad en un estado de temor, sumisión, y alerta constante, exacerbando la victimización de los habitantes, como 49 Comisión Colombiana de Juristas, “Las responsabilidades en la masacre de El Aro: una verdad por desentrañar”, Boletín 34. Serie sobre los derechos de las víctimas y la aplicación de la ley 975 (Bogotá) 27 de abril de 2009: 1. 50 Cf. Centro Nacional de Memoria Histórica, Una nación desplazada: informe nacional del desplazamiento forzado en Colombia (Bogotá, CNMH - UARIV, 2015) 361. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 27 parte de una estrategia de terror sistemática. En este contexto, las mujeres, al ser víctimas de violencia directa y estructural, experimentaron de manera doble la vulnerabilidad en el marco del conflicto armado. Una de las mujeres entrevistadas narra con dolor e impotencia las horas angustiantes que transcurrieron durante la masacre de El Aro. Oliva, cuenta la cronología de su vida y de las violencias que ha tenido que enfrentar sirviéndose de los años de existencia de sus hijos. Menciona: “Yo me voy guiando por mis hijos, por la fecha de nacimiento de mis hijos, así voy contando los años de eso.” 51. Cuando se le pregunta si tenía conocimiento de quiénes eran los hombres armados, no duda en su identificación, dice: “Allá no fue la guerrilla, allá fueron los paras. Llegaron los paramilitares al Aro”52. Para la época, Oliva vivía en una finca que quedaba aproximadamente a cuatro o cinco horas de distancia del casco Urbano de El Aro. Una de las actividades económicas que realizaba era la del cultivo de café. Ese día ‒22 de octubre de1997‒ había planeado hacer ese camino de casi cinco horas para vender el café que ya tenían listo, además de comprar el mercado. Cuando habían hecho la mayor parte de ese trayecto (ella y algunos de sus familiares) fueron recibidos con el estrepito de la masacre. Entre lágrimas relata las pérdidas, “cuando me dijeron a mí, “es que por acá no va a quedar nadie”, y dónde va a mercar y para qué va a mercar, y toda la comida estaba afuera y ya le estaban metiendo candela, se llevaban una parte, y a la otra le metían candela, y eso eran recogiendo bestias… ganado ajeno. Yo ya no sabía ni qué hacer, me volví fue pa´ la casa. El cafecito se perdió, no sé ni dónde lo dejé”53. El ser mujer en ese contexto seguía aumentando las dificultades en el conflicto, “cuando llegué iba a decirle, iba a que mi esposo me dijera, “vámonos de aquí”. Ya el desgraciado se había ido, y a nosotros nos dejó dos galletas y un huevo. Ellos se abren y a uno le toca. A todas se fueron y nos dejaron. “Muchachas, unamos fuerzas y nos vamos con los niños, nosotros no nos podemos quedar aquí”54. Y así todas emprendieron una caminata que las llevaría a Puerto Valdivia, otro camino de cinco horas: “Bueno nosotros nos vinimos, el que más llorara en ese camino. Había épocas en que ni siquiera nos hablábamos, si no que donde todo el que mire está llorando. Todo el que mire estaba llorando. Eran solo mujeres y niños hasta los 12, porque los de 15 pa´rriba se 51 Entrevista de Leidy Tatiana González a Oliva, Medellín, 9 de abril de 2024. 52 Entrevista de Leidy Tatiana González a Oliva, Medellín, 9 de abril de 2024. 53 Entrevista de Leidy Tatiana González a Oliva, Medellín, 9 de abril de 2024. 54 Entrevista de Leidy Tatiana González a Oliva, Medellín, 9 de abril de 2024. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 28 abrieron, los hombres también.”55. El camino continuó de Puerto Valdivia a la ciudad de Medellín, donde Oliva narra con enojo que los hombres aparecieron después de dos meses, “y en esos dos meses pudieron haberse muerto los niños y no les habría importado”56. Su lugar de mujer en el conflicto se reafirma en su condición de ser madre, “Habiendo sido yo hombre mi hago matar por mis hijos, pero nos los dejo solos”57. Su posición es clara, aún frente a un escenario de máximo horror, la posibilidad de seguir con vida solo encuentra sentido si sus hijos también pueden hacerlo. “Los muchachos me decían, pero váyase mami, no se vaya a hacer matar. No mijo, no importa la vida si ustedes no pueden vivir. Y yo no decía mentiras, yo sentía el dolor, yo sentía la muerte, pero al lado de mis hijos”58. El relato se ensancha en el tiempo cuando el desplazamiento forzado y la llegada a la ciudad se convierte en la insistencia de retornar al campo. Oliva cuenta que realizó múltiples intentos de salvar a sus hijos de las drogas: “Me fui con ellos que para ver si los salvaba de las drogas, de allá se aburrieron y se vinieron para acá, se vinieron para Medellín. Ya querían era vivir solitos, ya se querían mandar, ya empezaron en el vicio. Mientras yo los llevaba para allá, demoraba más yo llegando que ellos volviéndose a ir”59. Los hechos referidos ponen de manifiesta la compleja interacción entre la violencia directa y la violencia cultural o simbólica. Estas violencias no solo se ejercen a través de la intimidación, y los hechos de violencia y terror antes narrados, sino que también se transmite por medio de la reconstrucción de las normas sociales y culturales impuestas por los agresores. Estas, de alguna forma redefinen la vida de la comunidad a través del miedo y la exclusión, también a través de las implicaciones que tiene para una familia y una comunidad tener que desplazarse y enfrentarse a nuevas realidades contextuales que devienen en nuevas y complejas problemáticas. Transcurría el mismo año de los primeros testimonios, era el año 2000, y el corregimiento de La Granja en Ituango (Antioquia), enfrentaba una fuerte escalada paramilitar en la zona. María inicia su narración en una cronología que se encuentra determinada por el mismo factor que la de Oliva, en el nacimiento de sus dos hijos. Es una mujer de 43 años, reside hace 18 en la ciudad de 55 Entrevista de Leidy Tatiana González a Oliva, Medellín, 9 de abril de 2024. 56 Entrevista de Leidy Tatiana González a Oliva, Medellín, 9 de abril de 2024. 57 Entrevista de Leidy Tatiana González a Oliva, Medellín, 9 de abril de 2024. 58 Entrevista de Leidy Tatiana González a Oliva, Medellín, 9 de abril de 2024. 59 Entrevista de Leidy Tatiana González a Oliva, Medellín, 9 de abril de 2024. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 29 Medellín. El primer desplazamiento que enfrentó “fue cuando nos encerraron en la iglesia, “¿De qué me acuerdo?”, pues que mataron mucha gente. Hubo varios muertos, nos tocó estar en la iglesia. Llegaron, asesinaron a varias personas y tumbaron la puerta de la iglesia a disparos. Porque según ellos, eran guerrilleros.”60. Sus memorias se alternan entre uno y otro desplazamiento, los elementos comunes se relacionan con el terror, la presencia paramilitar, y la certidumbre de enfrentarse sola a la violencia. La gente alcanzaba a veces (…) a salir de las casas, un día llegaron y hicieron una reunión, que la gente temblaba y se caía como de los muritos del susto que tenía todo el mundo, porque llegaron así en la mañana y fueron y tocaron todas las puertas y nos dijeron que teníamos que ir todos al parque, y la gente con el miedo de ir, pensando que de pronto empezaran a matar gente, pero había que ir. Y al momentico todos estábamos en el parque y era para decir “matamos a ____ porque era un colaborador de la guerrilla, un señor que tenía un negocito, y lo mataron así todo tristemente y fueron y dijeron allá, “para que les sirviera de experiencia, que supieran muy bien como era”61. Cuando María vuelve al relato sobre el episodio donde se vieron resguardados en la iglesia suma elementos, cuenta que luego de salir de la iglesia, una parte importante de la población intentó salir del corregimiento en escalera, menciona: Esa escalera hasta se ladeaba, y ese conductor desesperado porque no podía salir. Yo pienso eso y pienso que es una mentira. Tenía la niña chiquita, que caminaba, pero había que arrastrarla, y embarazada de siete meses. Llegó el cura y nos hizo bajar a todos para meternos a la iglesia y otra vez ese desfile de gente corriendo. Una mamá no tiene vida si piensa que dejó que los hijos se murieran sin hacer nada, nos salvamos todos o nos morimos todos, obviamente uno no se quiere morir, pero uno no quiere que le pase algo al hijo62. Los relatos de Oliva y María, y por supuesto, los de las testimoniantes de las entrevistas realizadas por la Comisión, se enmarcan en la vivencia marcada por el terror, por el desplazamiento y la lucha. En estas narraciones se logra vislumbrar la dificultad para contar. Es decir, se vislumbra una resistencia frente al hecho doloroso y una relación constante entre los hechos violentos inmediatos con las implicaciones en el tiempo que estos tuvieron en sus vidas. Esas vidas no se comprenden nunca en solitario, se encuentran aunadas en la expresa relación de responsabilidad de otras vidas, la de los hijos. Podría parecer una reacción primaria, relacionada con lo que se pretende instintivo y natural, no obstante, se relaciona con las determinaciones impuestas y asociadas a su 60 Entrevista de Leidy Tatiana González a María, Medellín, 18 de abril de 2024. 61 Entrevista de Leidy Tatiana González a María, Medellín, 18 de abril de 2024. 62 Entrevista de Leidy Tatiana González a María, Medellín, 18 de abril de 2024. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 30 género. Se trata de una violencia estructural manifiesta que se expone a través de las vivencias del desplazamiento. ¿Por qué se ha asumido y comprendido que las mujeres que han vivenciado el conflicto armado lo narran y rememoran desde una dimensión diferenciada? Se ha reconocido que las mujeres se han visto enfrentadas a dinámicas históricas de exclusión, que su dificultad para integrarse a una vida donde se le garantices sus derechos se ve vulnerada por esa exclusión multidimensional y estructural a la que se ve enfrentada incluso más allá de los hechos violentos propios del conflicto. Es decir: “Los impactos de ciertas violencias en la vida de las mujeres están directamente relacionados con las construcciones sociales y los roles atribuidos a las mujeres, con los estereotipos, la culpa y la responsabilidad que recaen sobre ellas”63. Consideraciones finales Estas mujeres, a través de sus relatos voluntarios, nos ofrecieron una ventana hacia sus experiencias, revelando de qué manera el conflicto armado marcó sus vidas personales y familiares. Sus testimonios contribuyen significativamente a la construcción histórica de la memoria del conflicto, proporcionando una perspectiva crucial: la de aquellos que vivieron directamente las consecuencias de la guerra. Con ello, sus voces enriquecen la comprensión colectiva de los hechos. Para Elizabeth Jelin, especializada en temas como la reconstrucción de la memoria, resulta evidente que la represión en términos del conflicto se soporta en las especificidades del género. La violencia directa se presenta en el marco de la expresión pública del terror, del hostigamiento y las huellas de zozobra que se siembran de manera deliberada. En la vía de lo simbólico, “las tareas de la domesticidad y las responsabilidades ancladas en el parentesco son actividades que muchas mujeres deben llevar a cabo solas en diversos contextos sociales, en diversas circunstancias personales”64. Por lo que, si bien los hechos ocurridos en el conflicto pueden situarse y limitarse a un marco espaciotemporal, las acciones y responsabilidades asignadas, esperadas y asumidas por parte de las mujeres no se limitan a ese periodo y pueden ser rastreables más allá de este. No obstante, como episodio situado en el transcurso del conflicto, las violencias que allí ocurren simbolizan y ejemplifican en diferentes escenarios una relación de dominación que perpetúa la 63 Comisión de la Verdad, Hay futuro si hay verdad: Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición T.7, (Bogotá: Comisión de la Verdad, 2022) 146. https://www.comisiondelaverdad.co/mi-cuerpo-es-la-verdad 64 Elizabeth Jelin, Los trabajos de la memoria (Madrid: Siglo XXI, 2002) 105. https://www.comisiondelaverdad.co/mi-cuerpo-es-la-verdad MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 31 subalternidad en diferentes ámbitos sociales, económicos y culturales; mediante una naturalización de los roles y las practicas asociadas. En este sentido, se enuncia la necesidad de una historia del tiempo presente que, aunada a la perspectiva de género, aborde de manera crítica la importancia de investigar la ocurrencia de fenómenos que se sitúan en el contexto histórico contemporáneo. Se enlazan allí diferentes grupos subalternados que emergen como actores significativos en su aporte a la construcción de una memoria polifónica y plural. No sólo por su capacidad de rememorar un hecho pasado en los términos de su lugar de enunciación, sino por el efecto que esto otorga a la de dinámicas que siguen operando en el tiempo presente. El análisis histórico debe incluir no solo los hechos, sino también las experiencias vividas y las narrativas personales que forman parte de la historia reciente. Las mujeres, en particular, deben aportar con su voz y su memoria en un proceso de reconstrucción para poder identificar las formas específicas de violencia que han enfrentado, y cómo estas continúan afectando su situación en el presente. Bajo esta necesidad se despliegan elementos distintivos imprescindibles si se pretende un acercamiento desde la especificidad que demarque los límites en aras de subrayar más allá de lo discursivo la importancia histórica, cultural y económica del campesinado en Colombia. El caso del municipio de Ituango permite situar lo que ocurre a escala nacional: que a pesar de las legislaciones que han reconocido la vulnerabilidad del campo, las soluciones ofrecidas han sido incompletas, o en su defecto, completamente descontextualizadas de las realidades operantes en el campo. La incursión de diferentes actores armados en lo rural manifiesta sus consecuencias en el componente de la violencia directa, pero también en el ámbito estructural que perpetua la desigualdad. En este marco, la perspectiva de género se vuelve esencial para entender cómo las mujeres rurales han sido doblemente afectadas. En los testimonios presentados, la violencia paramilitar aparece no solo como un fenómeno que daña directamente el cuerpo de las mujeres, sino también como una forma de sometimiento y despojo que las afecta de manera diferenciada. A esto se suma la revictimización e invisibilización sistemática en los procesos de justicia y la poca ayuda psicológica o económica. En las entrevistas se detallan las experiencias de terror, despojo, y desplazamiento, donde las mujeres no solo pierden sus hogares y pertenencias, sino que también sufren el desgaste emocional de ver a sus comunidades afrontar su desintegración y ser estigmatizadas. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 32 Una de las modalidades de violencias en la que se intentó particularizar es la del desplazamiento forzado, considerando que es uno de los efectos más devastadores de la violencia. Las mujeres, además de ser víctimas de violencia física y psicológica, deben enfrentarse a la pérdida de sus hogares, de sus tierras y a la transformación de su vida cotidiana. Las entrevistas reflejan cómo las mujeres se ven obligadas a abandonar sus hogares y comenzar de cero en condiciones de precariedad, enfrentándose a la falta de recursos, a la ausencia de un apoyo efectivo por parte del Estado y a un sentimiento de desarraigo profundo; que en los casos presentados se ve acentuado por el mismo abandono de los padres de sus hijos. Tales hechos son revisitados por estas mujeres con un grado importante de resistencia. Es manifiesta la dificultad que implica volver a la memoria en los hechos victimizantes que les significa atravesar nuevamente desde lo vivenciado el dolor mismo de las circunstancias padecidas. Es a partir de este último elemento que se señala la necesidad de construir una memoria histórica que atienda a las especificidades de sus experiencias, porque se visibilizan allí no solo los efectos inmediatos de la violencia paramilitar, sino también las profundas secuelas que dejó el desplazamiento y la imposición de diferentes órdenes. Para tal fin se acudió a casos emblemáticos señalados en periodizaciones como la segunda generación del paramilitarismo en Colombia. Más allá de la brutalidad de los hechos, se coloca en un contexto de violencia estructural, desplazamiento forzado y complicidad de actores estatales. Este enfoque histórico busca entender la violencia como un fenómeno recurrente, estructural y no circunstancial. Los elementos presentados conjugan una subalternidad histórica-territorial de los sectores allí presentes, de las voces que no han encontrado un soporte donde resonar y poder ser escuchadas. Los sectores subalternos cuentan con su propia voz, son las condiciones contextuales las que prescinden de lo necesario para su reproducción y comprensión65. 65 “Es claro que el subalterno “habla” físicamente; sin embargo, su “habla” no adquiere estatus dialógico (…) esto es, el subalterno no es un sujeto que ocupa una posición discursiva desde la que puede hablar o responder (…) es el espacio en blanco entre las palabras, aunque el que se le silencie no significa que no exista.” Chakravorty Spivak, Gayatri y Santiago Giraldo, “¿Puede hablar el subalterno?”, Revista Colombiana de Antropología 39 (2003):298. MUJERES RURALES COMO SUJETOS DIFERENCIALES RECEPTORES DE VIOLENCIA… 33 Fuentes primarias Orales Entrevista realizada por Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición – (CEV), “Entrevista individual a víctimas, familiares y testigos”, Medellín, 2000. Fondo Documental Entrevistas de la Comisión, 039-VI-00011. Entrevista realizada por Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición – (CEV), “Entrevista individual a víctimas, familiares y testigos”, Santa Ana, Ituango, Antioquia, 2002. Fondo Documental Entrevistas de la Comisión, 039-VI-00001. Entrevista de Leidy Tatiana González a Oliva, Medellín, 9 de abril de 2024. Entrevista de Leidy Tatiana González a María, Medellín, 18 de abril de 2024. Jurídicas Congreso de la República de Colombia. Ley 387 de 1997. Diario Oficial. Congreso de la República de Colombia. Congreso de la República de Colombia. Ley 1448 o Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. Diario Oficial. 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