1 Resistencia civil en el corregimiento Aquitania durante el conflicto armado entre los años 2000 y 2015 Juan Camilo Gallego Castro Asesor: James Granada Trabajo de investigación para optar al título de magister en Ciencia Política Instituto de Estudios Políticos Universidad de Antioquia Medellín 2016 2 Contenido Introducción 4 I. Memoria metodológica 9 1.1.Antecedentes 9 1.2.Acercamiento a la resistencia 9 1.3.La observación participante 11 1.4.Los grupos focales 11 1.5.La entrevista en profundidad 12 1.6.Herramientas metodológicas para la construcción de memoria 13 1.7.Se acota el objetivo 14 1.8.El trabajo de campo 15 1.9.La labor analítica 16 II. Referentes teóricos 18 2.1. Planteamiento del problema 18 2.2. Antecedentes en el estudio de la resistencia en el Oriente antioqueño 19 2.3. Resistencia 22 2.3.1. Resistencias activa y pasiva 22 2.3.2. Resistencia civil 24 2.3.3. Los discursos 25 2.4.Retorno 28 2.4.1. El desplazamiento forzado 28 2.4.2. Volver 30 2.4.3. El retorno desde el Estado 32 2.5.El retorno como forma de resistencia 34 2.5.1. Retorno individual como resistencia 34 2.6. La organización comunitaria como resistencia 35 2.7. Los lugares de la resistencia 38 III. Resistencia individual (2000-2003) 40 3.1. Contexto 40 3.2. Resistencias individuales 43 3.3. El desplazamiento forzado 48 IV. Resistencia y retorno (2003-2006) 57 3 4.1. Desplazados y ciudadanos 60 4.2. El retorno individual y el retorno colectivo 63 4.3. La coca durante el retorno 69 V. Resistencia y organización comunitaria (2006-2015) 73 5.1. Las organizaciones durante el retorno 75 5.2. Las organizaciones como forma de resistencia 77 Conclusiones 85 Bibliografía 88 4 Resistencia civil en el corregimiento Aquitania durante el conflicto armado entre los años 2000 y 2015 Juan Camilo Gallego Castro1 Introducción Esta investigación es resultado de la pregunta por las estrategias de resistencia de los grupos subordinados durante el conflicto armado en el corregimiento Aquitania, municipio San Francisco en el Oriente de Antioquia, entre los años 2000 y 2015. El escenario de análisis que aborda es el corregimiento en su conjunto, la zona urbana con su cabecera y la rural con sus veredas, y las prácticas y discursos de quienes resisten a los grupos armados Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –Farc-, Ejército de Liberación Nacional –ELN-, Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio –Acmm- y Ejército. Por ello interesa saber qué hicieron y hacen los aquitaneños en un contexto agudo de conflicto armado, con la presencia de un actor armado hegemónico o varios de ellos en disputa por el territorio; cómo hacen para sobrevivir, continuar con su vida diaria, cómo se relacionan con los grupos armados, de qué manera transcurren sus desplazamientos forzados, los retornos y cuál es el papel de las organizaciones sociales para afrontar el conflicto armado. Estas estrategias de resistencia cuestionan los poderes, los socavan, e incluso los confrontan de manera abierta. En el relacionamiento con los actores armados, en el ejercicio de la resistencia, como práctica dinámica, que se reinventa en la acción y la cotidianidad, es donde interesa explorar la resistencia civil de los habitantes de Aquitania en los últimos tres lustros. Su objetivo es analizar las estrategias de resistencia –prácticas y discursos- utilizadas por los habitantes del corregimiento Aquitania, municipio San Francisco en el Oriente antioqueño, en el marco del conflicto armado entre los años 2000 y 2015. De igual forma pretende identificar las prácticas individuales y colectivas de resistencia civil que los habitantes de Aquitania adoptaron frente a los actores armados entre los años 2000 y 2015; describir cómo las practicas individuales y colectivas de resistencia incidieron en el retorno de los aquitaneños entre 2003 y 2015; y analizar los discursos de resistencia civil elaborados por las organizaciones comunitarias de Aquitania entre los años 2006 y 2015 como oposición al conflicto armado. 1 Periodista de la Universidad de Antioquia, autor del libro Con el miedo esculpido en la piel. Crónicas de la violencia en el corregimiento La Danta. Candidato a magíster en ciencia política del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia. 5 Esta es una investigación de carácter cualitativo y su estrategia metodológica es el estudio de caso. Para responder a los objetivos del trabajo de campo diseñado se contempló el uso de técnicas como la observación participante, grupos focales y la entrevista en profundidad con veinte personas, habitantes de seis veredas y de la cabecera, como campesinos, comerciantes y líderes comunitarios. De acuerdo con el artículo 1 del Protocolo adicional II de los Convenios de Ginebra se entiende por conflicto armado el que se […] desarrolla en el territorio de una Alta Parte Contratante entre sus fuerzas armadas y fuerzas armadas disidentes o grupos armados organizados que, bajo la dirección de un mando responsable, ejerzan sobre una parte de dicho territorio un control tal que les permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas (Comité Internacional de la Cruz Roja, 2016). En ese sentido, en esta investigación no se entiende la resistencia civil sin el conflicto armado. De acuerdo con María Teresa Uribe (2006) los actores armados –legales e ilegales-, como operadores de violencia, no siempre consiguen imponer sus órdenes y prohibiciones sobre los dominados, dado que siempre encuentran formas de resistencia. Éstas van desde formas sutiles y no siempre públicas, hasta otras de oposición y confrontación abierta. Las resistencias varían no sólo con el número de actores hegemónicos sino con las características de estos y de la población civil, a su vez tiene diferentes dimensiones dependiendo del tipo de discurso. Para el estudio de caso que nos convoca la resistencia se entiende, en palabras de James Scott, como las “reacciones y estrategias” de los dominados en defensa de “la dignidad y la autonomía” cuando uno o varios actores hegemónicos –en el conflicto armado- ejercen la dominación a través de las armas y los dominados toman una actitud de acomodamiento o solapamiento que garantice su vida, de agencia o, incluso, de confrontación, poniendo en práctica los discursos público, oculto, de disfraz o de confrontación a los que se refiere Scott. Periodización Para abordar las prácticas y discursos de resistencia de los aquitaneños esta investigación analiza tres periodos que obedecen a unas formas de resistencia civil de acuerdo con la presencia de uno o varios actores armados en el territorio. Estos periodos se basan en el desplazamiento forzado de julio de 2003 (y de abril de 2004), pues este suceso y la experiencia que conllevó para los aquitaneños contribuyeron a una variación en sus estrategias de resistencia y en una reconfiguración de su ciudadanía. Las resistencias abordadas se dan en el marco del conflicto armado y los periodos trabajados no tienen una 6 lógica excluyente, dado que en ellos también aparecen, en algunos casos, prácticas y discursos característicos de otros períodos determinados. Resistencia individual (2000-2003) En la segunda mitad de los años noventa las Farc era el actor armado con mayor presencia en la zona hasta que es replegado por el Frente José Luis Zuluaga de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio y el Ejército en el 2003. A pesar del dominio de la cabecera, las 17 veredas del corregimiento no han tenido control de un único actor armado –solo en los últimos años por parte del Ejército-, sino que se ha consolidado como un territorio en disputa por los grupos armados. En la década siguiente, y ante la expansión del fenómeno paramilitar en el país, desde el corregimiento La Danta en la zona baja, más cerca del río Magdalena, las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio empezaron a copar las veredas hasta ascender a la cabecera del poblado. En ese escenario, gran parte de las veredas y la zona urbana de Aquitania estuvieron en medio de dos actores que se disputaban el territorio y la lealtad de sus habitantes. Familias de campesinos deciden, ante el acoso de los grupos armados, sea por el asesinato de campesinos o por la amenaza de reclutamiento de los hijos, dirigirse hasta la cabecera de Aquitania. Huir, abandonar el territorio es una acción para conservar la vida, sobrevivir. Aparece como una forma de decirles a los armados que no serán botín –no una vez más- de su conflicto. El silencio y la neutralidad con los actores armados fue una de las soluciones de los campesinos. Esta estrategia fue utilizada en muchas ocasiones, pero su efectividad se agotó con la degradación del conflicto y la exigencia de lealtad a los campesinos. A pesar de que esta población civil adoptó la obediencia y la sumisión como formas de resistencia ante la presencia de diversos grupos armados, hubo otras personas que, ante la coerción y las condiciones consideradas como denigrantes, que iban en contra de la autonomía y la dignidad, rompieron los discursos público y oculto y expresaron una oposición abierta a las órdenes de los armados. En este primer período de resistencia los habitantes de Aquitania se exponen a formas de sometimiento a las que no habían estado sujetos antes, a pesar de que los grupos armados hacían presencia en su corregimiento y sus estrategias de resistencia son eminentemente individuales. Resistencia y retorno (2003-2006) En medio del recrudecimiento del conflicto armado en esta región, el 20 de julio de 2003 las Farc y el ELN ordenaron el desplazamiento de los habitantes de la cabecera de 7 Aquitania y de las veredas en disputa con los paramilitares. En abril de 2004, meses después, hubo un segundo desplazamiento masivo en las veredas en límites con el municipio de San Francisco, que no se desplazaron en el 2003, en donde ahora los paramilitares y el Ejército, con sus operaciones Marcial y Meteoro, replegaban los grupos guerrilleros y disputaban la soberanía. De unas resistencias eminentemente individuales antes del desplazamiento, luego de éste, y durante el retorno entre ese año y la actualidad, dado que no cesa aún, aparecen otras estrategias de resistencia que se caracterizan por ser colectivas, entre otras razones porque hay un único actor hegemónico: las Acmm. En este período se identifican, por ejemplo: no desplazarse, retornar sin el permiso de los actores armados, guardar silencio, negociar con los actores armados, cultivar coca como forma de subsistencia y resistencia. Durante este período luego del gran desplazamiento de julio de 2003 hubo siete familias que decidieron no abandonar el corregimiento, ejerciendo el discurso confrontacional, resquebrajando la voluntad de los grupos armados, conservando su autonomía y sus formas de subsistencia. Estas familias no se desplazaron por diversas razones que van desde la no repetición del sufrimiento ocasionado durante el desplazamiento, como la negación a despojarse de su soberanía alimentaria, sus tradiciones culturales, en donde se ubica la relación con el territorio, con sus vecinos y la construcción de la vida misma. Esta aparece como una resistencia individual y no colectiva: la decisión de permanecer se dio en el seno de cada familia. No regresar antes de tres meses luego del desplazamiento fue la orden de las Farc. Sin embargo, muchos campesinos iniciaron su retorno antes de este plazo. En otros casos los campesinos no retornaban definitivamente a sus casas, sino que ingresaban de manera esporádica a ver cómo estaban sus tierras, recogían algunos cultivos y salían de nuevo hacia San Luis o el corredor de la autopista Medellín-Bogotá. Como se observa, entre el 2003 y 2006, cuando se desmovilizan las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, en la cabecera de Aquitania los habitantes convivieron con un actor armado, a diferencia de los años anteriores en los que estaban expuestos a guerrillas y a paramilitares. También hacía presencia el Ejército, pero contra éste los paramilitares no combatían. En el período señalado, no obstante, en las veredas que limitan con San Francisco aún había una presencia fuerte de la guerrilla, que luego fue expulsada por los paramilitares en alianza con el Ejército y sus operaciones Marcial y Meteoro. Lo que sucede en ese período en la zona baja y gran parte del corregimiento es que los paramilitares recobran el dominio territorial y los campesinos deben adecuarse a esas circunstancias. 8 En este período que inicia con el retorno de los aquitaneños se evidencia la importancia de las resistencias individuales que inciden en las resistencias colectivas, del retorno individual que favorecerá el retorno político como formas de resistencia que resquebrajan el poder. Resistencia y organización comunitaria (2006-2015) En este periodo se aborda la organización comunitaria de Aquitania como forma de resistencia, pues se da una reconfiguración de la ciudadanía y se ejercen prácticas de verificación de los derechos a los cuales tienen derecho y que son desarrolladas y fortalecidas pocos años después del retorno. Antes del desplazamiento de julio de 2003, Aquitania tenía la junta de la cabecera y otras en las veredas. En ese momento sus líderes intentaban organizar la Asocomunal, pero la huida forzada significó la ruptura de varios procesos organizativos: las juntas, la Asociación del Adulto Mayor de Aquitania y la Asociación la Sonrisa del Niño. Durante el retorno, una vez empiezan a tejerse nuevas organizaciones o a reconstruir las rotas por el desplazamiento, la ciudadanía incorpora diversas acciones como la organización, la resignificación de los espacios, las marchas, las negociaciones con los grupos armados o los eventos con los que copan el espacio público, con los que invitan a los desplazados a retornar e incluso con los que hacen críticas a los armados aun cuando están presentes entre la población. Para ello se vuelve a conformar la Junta de acción comunal, la Asociación la Sonrisa del Niño, la Asociación del Adulto Mayor y se crea la Asociación de víctimas Revivir con Esperanza. Estos ejercicios ciudadanos no solo aparecen para reconstruir los lazos destruidos por el desplazamiento forzado y el conflicto armado, sino también para tener un papel como actores políticos en la región. En estos ejercicios de ciudadanía también está inmersa la necesidad de evitar de nuevo el desplazamiento, de promover el retorno y de defender el territorio de las acciones de los grupos armados a través de unas estrategias de resistencia, que constituyen prácticas legítimas de ciudadanía. No se trata de una organización social consolidada, sino de una organización comunitaria con fisuras, pero con algunos elementos claros luego de su primer objetivo que es el retorno: la defensa del territorio y su identidad, en oposición al conflicto armado y sus actores parte. Se puede evidenciar que la resistencia a los grupos armados o al conflicto mismo, como ejercicio de ciudadanía, moviliza la población –o un sector de ella-, y con ello socava el poder de los actores armados ilegales que hacen presencia en el territorio e incide en el apoyo de nuevos pobladores a la causa comunitaria. La ciudadanía no aparece únicamente como el reconocimiento que el Estado hace de unos derechos, sino que trasciende a otras prácticas sociales, culturales. 9 1. Memoria metodológica 1.1.Antecedentes En un principio esta investigación tenía como fin hacer un ejercicio de memoria sobre el conflicto armado en el corregimiento Aquitania, perteneciente al municipio San Francisco en el Oriente antioqueño. Su fin era opaco, pretendía abordar un marco temporal demasiado amplio y no definía claramente las modalidades de violencia que se iban a trabajar. A medida que transcurría el proceso académico y de definición del objeto de investigación, empecé a interesarme por la resistencia civil y el retorno en este corregimiento, pues dar cuenta de una versión anterior al conflicto armado era centrar la mirada en el pasado y no en el presente, cuando hay procesos que se gestaron en las últimas dos décadas y que aún tienen relevancia. Interesaba conocer de qué manera los habitantes de Aquitania, en la cabecera del corregimiento y sus veredas, habían sobrevivido al conflicto armado, sabiendo que en el período que indagaba esta investigación, habían convivido con las guerrillas de las Farc y ELN, los paramilitares de las Acmm y el Ejército. De esta manera el objeto de investigación empezó a girar, con bastantes inconvenientes en la definición de la pregunta de investigación y sus objetivos. Luego de un semestre la pregunta de investigación indagaba por la incidencia de la resistencia civil de los habitantes de Aquitania en el proceso de retorno. Si bien se acercaba a lo que luego sería este proyecto, aún no eran claros los alcances que podría tener, entre otras razones, porque en los referentes habían una suma de categorías demasiado amplias que, por su desarrollo, parecía que se iban a trabajar con igual rigor. En un primer momento parecía que el interés estaba en el desplazamiento forzado, el retorno, la memoria y la resistencia civil. El planteamiento era, entonces, confuso, así la idea la tuviera más clara de lo que aparecía en el papel. Dado que el interés giraba en la resistencia civil y el retorno, inició la construcción de los referentes teóricos. A la vez que se profundizaba en los conceptos y sus dimensiones se pretendía determinar los alcances de la investigación, con su pregunta y sus objetivos. Antes de arribar a los objetivos, se avanzó en la teoría con autores como James Scott (2000), Jaime Rafael Nieto (2008) y María Teresa Uribe (2006). Estos autores permitieron identificar las dimensiones de la resistencia, que más tarde fueron entendidas como estrategias, a través de unos discursos y unas prácticas. 1.2.Acercamiento a la resistencia Con los conocimientos iniciales de Aquitania y de las visitas previas fue posible empezar a relacionar la teoría con lo empírico; la resistencia con el retorno. Comprender en la práctica 10 la teoría e identificar, de acuerdo con el contexto de la región, qué entendería esta investigación por resistencia. Como punto de partida se estudió a James Scott y su libro Los dominados y el arte de la resistencia, los teóricos Matteucci en el Diccionario de política (1983) y Roseberry con su texto Hegemonía y lenguaje contencioso (2002), y otros autores como Jaime Rafael Nieto con su libro Resistencia. Capturas y fugas del poder (2008); María Teresa Uribe, a través de su artículo Notas preliminares sobre resistencias de la sociedad civil en un contexto de guerras y transacciones (2006); y Michel Foucault con Historia de la sexualidad. La voluntad de saber (2005). A su vez inició un cruce categorial entre resistencia y desplazamiento forzado, resistencia y retorno, resistencia y organización comunitaria. De acuerdo con Nieto López (2014) se eligió como corriente de pensamiento la resistencia crítico emancipatoria en la que se ubican autores como James Scott, Toni Negri y Michel Foucault, que no entienden la resistencia únicamente como oposición al Estado, sino que está inmersa en las relaciones sociales y por ello se le entiende como oposición a toda forma de poder provenga del Estado o no. De esta manera se alejaba esta investigación de la idea preconcebida de que la resistencia es enfrentar, sino que se entendía en un sentido positivo y no negativo, es decir que la resistencia es creación y fuga a las relaciones de poder, que es perdurar, sobrevivir. Esta es una investigación de carácter cualitativo. Con éste se aporta “a la comprensión de razones, lógicas, racionalidades, visiones, modos de ser y de comportarse que llenan el dato de contenido y permiten, desde los múltiples actores sociales, conocer la diversidad y heterogeneidad social” (Galeano M., 2014, pág. 25). Citando a Jean Pierre Deslauriers, Miguel Ángel Gomez (1999) dice que, […] la investigación cualitativa hace lo mejor cuando trabaja en extraer los puntos de imbricación entre la vida social y la individual/ grupal/ colectiva, [además] intenta extraer una teoría de los datos, debe aproximarse a ellos sin demora e ir al terreno y dejarse influir, permite no solamente encontrar respuestas allí: se tropieza también con cuestiones imprevistas (Gómez, 1999, pág. 82). Para María Eumelia Galeano (2014), el enfoque metodológico hace de lo cotidiano un espacio de comprensión de la realidad. Desde lo cotidiano y a través de éste busca comprender relaciones, visiones, rutinas, temporalidades, sentidos, significados. En consecuencia, la estrategia metodológica a la que se recurrió es el estudio de caso. Citando a Eisenhardt, Martínez Carazo dice que es “una estrategia de investigación dirigida a comprender las dinámicas presentes en contextos singulares” (2006, pág. 174). De igual manera, de acuerdo con Chetty, 11 […] es adecuada para investigar fenómenos en los que se busca dar respuesta a cómo y por qué ocurren [y] permite explorar en forma más profunda y obtener un conocimiento más amplio sobre cada fenómeno, lo cual permite la aparición de nuevas señales sobre los temas que emergen (Martínez Carazo, 2006, pág. 175). Para abordar la resistencia civil durante el retorno en el corregimiento Aquitania se privilegiaron técnicas que permitían recolectar y generar información, como la observación participante, la entrevista en profundidad y el grupo focal. A través de éstas se podría indagar en el pasado, en las resistencias practicadas por los aquitaneños entre el 2000 y el 2015, mientras que la observación participante permitiría, además de las entrevistas, comprender las resistencias en los últimos años. Como la investigación cualitativa busca la comprensión de los motivos y creencias que están detrás de las acciones de la gente, privilegia las técnicas de recolección y generación de información que favorecen la relación intersubjetiva, la mirada desde el interior de los actores sociales que viven y producen la realidad sociocultural. Las técnicas activas y dialógicas se usan como posibilidad de comprender creencias, mentalidades, mitos, prejuicios, modos de vida (Galeano M., 2014, pág. 19). 1.3.La observación participante La observación pretende registrar y verificar lo que se desea conocer, busca captar “lo que ocurre en el mundo real, ya sea para describirlo, analizarlo o explicarlo desde una perspectiva científica” (Campos y Covarrubias & Lule Martínez, 2012, pág. 49). Se entenderá, entonces, la observación participante como “la investigación que se basa en vivir con (o cerca de) un grupo de informantes durante un período extendido de tiempo, durante el cual se mantienen conversaciones largas con ellos y se participa en algún grado en la vida local” (Greenwood, 2000, pág. 29). En conclusión, el investigador utiliza sus condiciones humanas, la “capacidad para comunicarse y captar los significados de la vida social para entender e interpretar las acciones de los otros en contextos sociales determinados” (Hoyos, 2001, pág. 104). En esta medida, esta investigación optó desde su construcción por la observación participante, para estar inmerso en el universo de estudio, describir y comprender el porqué de las resistencias: los lugares, las personas; del retorno, de la organización comunitaria que subyace a la comunidad aquitaneña y a los espacios que éstos utilizan para resistir, dado que “el comportamiento del ser humano sólo se puede entender en contexto, o sea, en el proceso de análisis y abstracción, el etnógrafo no puede separar los elementos del comportamiento humano de sus contextos pertinentes de significado y propósito” (Morse (Edit), 2003, pág. 189). 1.4.Los grupos focales [El grupo focal] se conforma con un conjunto de "personas representativas", en calidad de informantes, organizadas alrededor de "una temática" propuesta por otra persona, en este 12 caso "el investigador", quien además de seleccionarlos, coordina sus procesos de interacción, discusión y elaboración de acuerdos, en un mismo espacio y en un tiempo acotado. La interacción grupal que se produce en el encuentro promueve un aumento de las posibilidades de exploración y de generación espontánea de información (Bertoldi, Fiorito, & Álvarez, 2006, pág. 115). De acuerdo con lo anterior, “es un espacio de opinión para captar el sentir, pensar y vivir de los individuos, provocando auto explicaciones para obtener datos cualitativos” (Hamui- Sutton & Varela Ruiz, 2013, pág. 56). El grupo focal es una técnica colectiva en donde la pluralidad de voces, experiencias y creencias, puestos en juego en un ambiente en el que interactúan los participantes, permite adentrarse en el sentir y accionar colectivo de los discursos, en términos de Scott, que fueron puestos en práctica durante el conflicto armado cuando se vieron expuestos a la presencia de actores estatales, paraestatales y contraestatales. Lo anterior es muy importante, […] para explorar los conocimientos y experiencias de las personas en un ambiente de interacción, que permite examinar lo que la persona piensa, cómo piensa y por qué piensa de esa manera. El trabajar en grupo facilita la discusión y activa a los participantes a comentar y opinar aún en aquellos temas que se consideran como tabú, lo que permite generar una gran riqueza de testimonios (Hamui-Sutton & Varela Ruiz, 2013, pág. 56). Los datos observados en el campo también exigen un diálogo con la voz de las personas que resistieron durante el conflicto armado en Aquitania entre los años 2000 y 2015. Para esta investigación era conveniente utilizar la dinámica grupal para obtener información y luego hacer entrevistas individuales a líderes comunitarios y personas representativas de la comunidad que se caracterizaron por su resistencia durante el retorno. Esta técnica –de los grupos focales- se utilizó luego con algunos procesos organizativos que surgieron a partir del retorno. 1.5.La entrevista en profundidad La entrevista etnográfica, dice Juan José Hoyos (2001), “es abierta y estructurada. Habitualmente tiene la forma de conversación común en la cual el investigador va introduciendo preguntas y elementos que dirigen la charla en un sentido” (pág. 105). La entrevista en profundidad indaga por las experiencias de resistencia civil pasadas y presentes, […] la intencionalidad principal de este tipo de técnica, es adentrase en la vida del otro, penetrar y detallar en lo trascendente, descifrar y comprender los gustos, los miedos, las satisfacciones, las angustias, zozobras y alegrías, significativas y relevantes del entrevistado; consiste en construir paso a paso y minuciosamente la experiencia del otro. La entrevista en profundidad sigue el modelo de plática entre iguales […], reuniones orientadas hacia la comprensión de las perspectivas que tienen los informantes respecto de sus vidas, experiencias o situaciones, tal como las expresan con sus propias palabras (Robles, 2011, pág. 40). 13 Además, se estructura a partir de los objetivos de la investigación, por tanto, es un instrumento fundamental del método etnográfico, junto a la observación y la relación del investigador con las actividades del grupo sobre el que investiga, como una forma de entender e interpretar el contexto en el que se investiga. Las entrevistas a profundidad buscan la construcción de memorias individuales de parte de: (a) quienes han vivido, sufrido o han sido testigos de diversas formas de violencia; (b) quienes han tenido experiencia en las filas de algunos de los grupos armados y de las redes políticas de apoyo, (c) participantes en las iniciativas de resistencia a la guerra y al dominio armado (Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, 2009, pág. 99). De igual forma ayuda a aproximarse a nuestro fenómeno social, a partir de la construcción paulatina de los encuentros cara a cara entre el investigador y los líderes comunitarios identificados en la observación como en los grupos focales, tanto para adentrarse en el sentir y la experiencia vivida como para comprender y desentrañar los cómos y porqués de la resistencia. 1.6. Herramientas metodológicas para la construcción de memoria Sin embargo, en la construcción metodológica también se tenía previsto utilizar algunas herramientas para la construcción de memoria, que finalmente no se utilizaron por razones de tiempo. Los talleres para la construcción de memoria están conformados por actividades que buscan la recuperación y la elaboración de las memorias tanto de uno como de varios hechos traumáticos para una comunidad. Éstos, […] tienen como característica común que permiten explorar las maneras mediante las cuales las personas elaboran, cambian e interpretan eventos vividos, es decir le dan sentido al pasado, y cómo sus memorias individuales se entrelazan con las memorias colectivas […] Teniendo en cuenta que la guerra tiende a fracturar a comunidades enteras, implantar la desconfianza entre vecinos y acabar con espacios públicos de reunión y sociabilidad, los talleres de la memoria buscan transformarse en lugares donde, colectivamente, no solo se reconstruyan las huellas fragmentadas e individuales del sufrimiento sino también los contextos y las lógicas de los actores armados que desencadenaron los eventos emblemáticos (Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, 2009, pág. 77). De acuerdo con Pilar Riaño Alcalá, en este tipo de talleres se comparten y hacen visibles saberes, historias pasadas y puntos de vista. El trabajo de memoria, por lo tanto, permitiría compartir relatos y descentralizar la relación investigador-sujeto de investigación (Riaño Alcalá, 2006). Al ser de carácter colectivo los talleres de memoria permiten compartir y visibilizar saberes, historias y opiniones, “utilizan las múltiples dimensiones sensoriales y encarnadas del recordarlas –imágenes, las canciones, los olores, el paisaje y los cuerpos-, con el fin de 14 activar los diversos modos en que recuerdan individuos y colectividades” (Riaño Alcalá, 2006, pág. 94). En los talleres se utilizan métodos para la construcción de memoria histórica como los mapas, las líneas de tiempo, la entrevista o las colchas de imágenes, para reconstruir la memoria sobre ciertos eventos o períodos en la vida de los y las participantes (Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, 2009, pág. 109). En el marco de los talleres de memoria se ubica lo que Patricia Nieto denomina “narrativas en contextos de guerra”. Estos: […] actúan como testimonios, documentos y denuncias que permiten la diversidad de verdades y de puntos de vista, tonos y modos de recordar. Las narrativas se consideran vitales para comprender los acontecimientos que llevaron al conflicto armado y las vivencias de la población durante la guerra. Su valor es subjetivo y simbólico, en cuanto dan a conocer los acontecimientos desde la experiencia de cada una de las personas que actuaron o sufrieron el conflicto como víctimas, victimarios o ciudadanos” (Nieto Nieto, 2013, pág. 84). De esta forma, los talleres ofrecen marcos interpretativos sobre el conflicto armado y los hechos victimizantes de los cuales fueron afectados por miembros de Farc, ELN, Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio y Ejército Nacional. Además de los trabajos de memoria propios de las comunidades, con estas herramientas pueden comprenderse las dinámicas de la guerra a las que fueron sometidas las víctimas. 1.7. Se acota el objetivo Con el avance de la investigación y el trabajo de campo se precisó el objetivo de la investigación. El retorno como forma de resistencia ya no permitía comprender las resistencias que empezaron a emerger y que eran anteriores al gran desplazamiento de julio de 2003. En este caso se identificó que estas resistencias se daban en el marco del conflicto armado y dentro de éste estaban el desplazamiento forzado, el retorno, la negociación con los actores en disputa, la labor de las organizaciones sociales. Al ampliar el marco temporal se entendía que las resistencias no serían entendidas únicamente durante el proceso de retorno, entonces el conflicto armado se convirtió en el contexto que englobaba el objeto de investigación. Si bien no se abandona el retorno, el interés en él se reduce a un capítulo y no a todo el proyecto. A estas alturas había varias renuncias en la investigación: dejar a un lado la memoria y el interés de abordarla desde lo teórico hasta lo metodológico. Las condiciones marcadas por el contexto, el territorio, el trabajo de campo y los diálogos con campesinos, comerciantes y líderes comunitarios ampliaron el panorama de las resistencias. Emergieron nuevas estrategias de resistencia que no habían sido previstas, a pesar del conocimiento previo 15 sobre el territorio y del cruce categorial que se había hecho previamente y en el que se enmarcaba gran parte de los discursos y prácticas de resistencia. 1.8. El trabajo de campo En el trabajo de campo se hicieron 20 entrevistas con campesinos, comerciantes y líderes comunitarios de la cabecera del corregimiento y de las veredas Pocitos, El Jardín, El Portón, Venado Chumurro, Las Delicias y La Floresta. Para entrevistar estas personas fueron necesarias algunas visitas previas para dialogar con una líder comunitaria, quien fue el enlace con la Asociación de Víctimas Revivir con Esperanza, habitantes y comerciantes de la cabecera y líderes veredales, y otros líderes políticos radicados en Medellín. Dialogar con el mayor número de personas posible y de diversas zonas del poblado, permitía observar las distintas estrategias en las que se dio la resistencia en el territorio. No era igual la presencia armada en la zona baja, con dominio paramilitar, que la zona alta, con dominio guerrillero. Tampoco eran iguales las resistencias antes de 2003 que después. El diálogo con estas personas facilitó la elaboración de un mapa en el que se identificaban los momentos álgidos del conflicto armado, de acuerdo con la zona y el grupo o grupos armados presentes en cada territorio. Este proceso tomó tiempo porque implicaba hacer un cruce categorial de la resistencia con las resistencias identificadas en el trabajo de campo. Las técnicas de investigación utilizadas en esta investigación son muy similares a las que desarrolla un periodista. Al ser ese mi oficio y mi formación profesional era más sencillo el trabajo de campo. En este caso se habla de observación participante y en el periodismo de reportería. De igual manera, la técnica base del oficio periodístico es la entrevista, que fue, a la postre, la base para investigar en terreno. Esta investigación permitió, entonces, conjugar la experiencia como periodista con los aprendizajes en la maestría de ciencia política. En abril, junio y julio de 2015, con el trabajo de campo y luego de definir el enfoque de la investigación, se vislumbró que había otras resistencias anteriores al 2003 que eran muy importantes y que la investigación no debía prescindir de ellas, dado que daban cuenta de las estrategias de resistencia de los habitantes de Aquitania con los actores armados en el marco del conflicto armado y que desconocería este proceso. Por esta razón, y dado que emergían unas resistencias individuales menos visibles luego del desplazamiento forzado de 2003, se decidió ampliar el marco temporal hasta el año 2000, un momento en el que habían grupos guerrilleros y paramilitares disputando el territorio. No quiere decir que antes de esta fecha no hubiera conflicto, dado que había una presencia de las guerrillas ELN y Farc, y la confrontación armada empezaba a adquirir la agudización que luego se vivió. 16 1.9. La labor analítica Luego del trabajo de campo se cruzaron las categorías analíticas con las resistencias identificadas en el trabajo de campo y previstas antes del mismo. En ese cruce de la teoría con lo empírico se hizo un primer análisis de la información en el que se relacionaba con un marco temporal y con la presencia de los actores armados en el territorio. Al hacer este análisis se identificó la posible estructura de la investigación. Con lo anterior se construyó un mapa que permitía comprender las resistencias de acuerdo con el número de actores armados con presencia en Aquitania así como el período y la vereda o zona donde sucedían. Gracias a este ejercicio se estructuró el proyecto con base en tres períodos: Entre los años 2000 y 2003 en los que había presencia de Farc, ELN y Acmm, es decir, una soberanía en vilo. En este período emergen las prácticas y discursos individuales de resistencia. El segundo período, entre 2003 y 2006, hay un actor hegemónico, las Acmm, y afloran resistencias colectivas, aunque también perviven las individuales. En el tercero, resistencia y organización comunitaria 2006-2015, la resistencia es colectiva y se caracteriza porque se da cuando hay un único actor armado en todo el territorio: Acmm o Ejército. Con el trabajo de campo y el abordaje teórico se delimitan los objetivos específicos que responden a los períodos señalados en el párrafo anterior: identificar las prácticas de resistencia civil entre los años 2000 y 2015; describir cómo las prácticas de resistencia civil inciden en el retorno entre los años 2003 y 2015; y explicar los discursos de resistencia civil elaborados por las organizaciones comunitarias como oposición al conflicto armado entre el 2003 y el 2015. De igual forma, los objetivos se ajustan continuamente a lo largo de la investigación. Por ello, hasta que se entienden las resistencias en el marco del conflicto armado los objetivos se ajustan a ese contexto y a los tres períodos identificados en los que se dan las resistencias de los aquitaneños. En el proceso de sistematización se clasificaron las resistencias de acuerdo con el cruce categorial previsto en el desarrollo del marco teórico de la investigación, a saber: resistencia y retorno, resistencia y desplazamiento forzado y resistencia y organización comunitaria. Al relacionar los testimonios y la información obtenida en el trabajo de campo a la luz de estas clasificaciones fue más claro el mapa elaborado previamente, así como el proceso de escritura. En la redacción de la investigación se optó por articular los testimonios, el trabajo empírico, con los desarrollos teóricos y así desarrollar el trabajo analítico. La clasificación previa facilitó el proceso de escritura, entre otras razones porque el tener una estructura de lo que se va a desarrollar permite conocer los límites a los que se ciñe cada capítulo. La labor como periodista, cercana a la escritura, fue un factor a favor del informe final. 17 Para finalizar, el proceso de construcción de esta investigación transitó entre la opacidad de un tema que no estaba claro hacia uno que se relacionaba con la idea inicial pero que fue madurando con el proceso académico, el estudio teórico, el trabajo de campo y la labor analítica. 18 2. Referentes teóricos 2.1. Planteamiento del problema La inexistencia de investigaciones sobre resistencia civil en el marco del conflicto armado en el corregimiento Aquitania, del municipio San Francisco y gran parte del Oriente antioqueño, que se ocupen preferiblemente de resistencias más sutiles y menos confrontacionales, le abren espacio a esta investigación que intenta adentrarse en un campo inexplorado en esta parte de la región. El 20 de julio del año 2003, los habitantes de Aquitania recibieron de las guerrillas Farc y ELN la orden de abandonar el poblado y la mayoría de sus veredas. Después de dos décadas de presencia de grupos armados, del asedio y de sus disputas por el territorio, de la localidad se desplazaron alrededor de dos mil personas. Entre los años 1997 y 2006 Aquitania tuvo presencia de las guerrillas ELN y Farc y de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio. Este corregimiento, convertido en botín de los grupos armados, fue zona de disputa continua por su ubicación estratégica, como mirador del valle del río Magdalena, y por encontrarse en un eje importante para los cultivos ilícitos que comprende los municipios Argelia, Nariño y San Francisco. Fue un territorio de conflicto armado inmerso en una región en la que, según cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica, fueron desplazadas 125.071 personas entre 1997 y 2004. Este drama sucedió en la época más álgida del conflicto armado en esta región de 23 municipios y habitada por más de medio millón de habitantes. Entre 1997 y 2007 la disputa por el territorio se hizo más fuerte, […] cuando los grupos guerrilleros se expanden desde los alrededores de los municipios receptores de embalses y de la autopista Medellín-Bogotá hacia el conjunto de los pertenecientes al oriente “lejano” (las subregiones de los embalses, bosques y páramos), donde ahora se concentra el grueso de los eventos armados. Además de esta expansión guerrillera y la respuesta del Estado, la presencia de los grupos paramilitares marca el inicio del escalonamiento del conflicto y la crisis humanitaria regionales. (García de la Torre, Aramburo Siegert, Barajas, Valderrama, & Espinosa, 2011, pág. 16) En la historia de Aquitania confluyen diferentes momentos característicos del conflicto armado colombiano: la disputa por el territorio, la instrumentalización de los habitantes para fines ideológicos, políticos y económicos de los armados, la presencia de las guerrillas, el arribo de los paramilitares, la resistencia de la población civil ante los embates de la guerra, el desplazamiento forzado y el retorno. La mayoría de las investigaciones sobre resistencia se han ocupado de la oposición abierta, contestataria y rebelde, mas no de las silenciosas, privadas y sutiles que la población civil utiliza para mantener su autonomía y manifestar el inconformismo con los actores armados. 19 En estos contextos no solo los armados son los protagonistas, sino también las comunidades “que con sus liderazgos y acciones colectivas, realizadas muchas veces de manera clandestina, soterrada o simulada, oponen resistencia a ese dominio” (Nieto López J. , Resistir obedeciendo. Para una etnografía de la resistencia no armada en Medellín, 2010). En el Oriente antioqueño se ha investigado sobre el retorno y las acciones colectivas en veredas y poblaciones de municipios como San Luis, Granada y San Carlos; también se han hecho algunos trabajos sobre resistencia, como en San Carlos, mas no se ha indagado sobre ésta en el municipio San Francisco ni en su corregimiento Aquitania, teniendo en cuenta las distintas resistencias durante la presencia de uno o varios actores armados ni las resistencias silenciosas, sutiles de los dominados que se dan en estos contextos. No solo se trata de mirar la resistencia en contextos específicos, sino que indagar por las estrategias de resistencia de la población civil en el marco de un conflicto entre distintos grupos armados es adentrarse en otras respuestas distintas a la confrontación directa o a la reacción. Esto implica romper con la idea preconcebida de que en un contexto como el que aborda esta investigación los dominados siempre obedecen y complacen a sus dominadores. Es, entonces, demostrar que también desobedecen y se abren nuevos espacios que fracturan las órdenes y designios de los armados. Que emergen estrategias y proyectos políticos para contrarrestar el dominio armado. Dice Mary Luz Alzate que existe un vacío analítico “frente a estudios que analicen las experiencias colectivas singulares y las situaciones regionales o locales en las cuales la autonomía de los actores sociales no ha logrado ser socavada por el control de los actores armados” (2010, pág. 41). Estos son vacíos evidentes en las investigaciones sobre el Oriente antioqueño y en especial en un corregimiento que no ha sido estudiado desde el enfoque propuesto y sobre el que aún hay poco conocimiento sobre el drama que soportó durante el conflicto armado, ante la presencia de dos grupos guerrilleros –ELN y Farc-, uno paramilitar –Acmm- y otro estatal –Ejército. 2.2. Antecedentes en el estudio de la resistencia en el Oriente antioqueño De acuerdo con Jaime Rafael Nieto López los estudios sobre Resistencia civil, categoría en la que se basó este rastreo bibliográfico para identificar investigaciones relacionadas con ésta en contextos de conflicto armado y relacionadas con el Oriente antioqueño, en el país han tenido como referencia “movimientos territoriales protagonizados por lo general por la población indígena, afrodescendiente y campesina, bajo la categoría de resistencia civil”. En ésta hay una marcada interlocución de la población civil con los actores armados, “las exigencias de no ser involucrados en el conflicto armado, el derecho al territorio y a no ser 20 desplazados, a que se respete su autonomía y su identidad” (Nieto López J. , Resistir obedeciendo. Para una etnografía de la resistencia no armada en Medellín, 2010, pág. 223). Ejemplo de estos son los trabajos Resistencia y conflicto armado, de Laly Catalina Peralta González; De los conformismos aparentes a las resistencias anónimas. Estudio de un proceso de retorno y de la resistencia que realiza una comunidad afrodescendiente desplazada forzosamente por el conflicto armado interno. Cuenca baja del Río Calima, Municipio de Buenaventura, elaborado por Joaquín Gregorio Tovar Barreto; y Territorios de frontera: Embate y resistencia en la cuenca del río Cacarica, de Carlos Andrés Meza Ramírez. En estos tres textos se hace referencia a una resistencia étnica de afrodescendientes, que evitan el destierro y el desplazamiento forzado. Por las especificidades de esta comunidad, los estudios evalúan cómo la identidad cultural de estos genera procesos de resistencia civil, y sus intentos de permanecer en su territorio también se relacionan con el destierro de sus ancestros de África. Agrega Nieto López (2010) que las investigaciones sobre Resistencia civil se han concentrado en las confrontaciones y desafíos abiertos y públicos contra los actores armados, descartando otras actitudes frente a estos que son más sutiles y soterradas. En Colombia, la mayoría de estudios sobre Resistencia civil se dan en el siglo XXI, cuando los grupos paramilitares se convierten en protagonistas de las confrontaciones armadas en la zona rural del país y en las principales ciudades. La población civil, en medio del conflicto, debe encontrar la manera más adecuada para sobrevivir en medio de las disputas. En ciudades como Medellín la Resistencia civil se evidencia de manera más sutil, pues se trata de resistencias silenciosas, en donde muchas veces la población no se da cuenta que su actitud frente a los armados corresponde a una resistencia. Una muestra de ese análisis es el artículo Resistir obedeciendo. Para una etnografía de la resistencia civil no armada en Medellín, elaborado por Jaime Nieto López y enmarcado en la investigación Resistencia civil no armada al conflicto armado y la exclusión social. Casos Comunas 8, 9 y 13 de Medellín. 2002-2006, realizada con Mary Luz Alzate y Katherine Higuita (co-investigadoras) y Elizabeth Vélez y Nathalia García (auxiliares de investigación). En este estudio de caso contribuyen a la comprobación de que no siempre la población civil que convive con diferentes actores armados toma una actitud pasiva frente al conflicto armado, sino que adquieren diferentes maneras de resistencia civil no armada. De manera que esta investigación de tres comunas de Medellín, analiza las relaciones entre los armados y la población civil, resaltando los liderazgos que estos últimos desempeñan, en ocasiones de manera clandestina, oponiéndose al dominio de los primeros. La investigadora Mary Luz Alzate Zuluaga, por su parte, enmarca uno de sus trabajos en las acciones colectivas frente a la violencia y el conflicto armado en su texto 21 Interpretaciones y aportes recientes sobre las acciones colectivas frente a la violencia y el conflicto armado en Colombia. Alzate Zuluaga (2010) hace algunas apreciaciones sobre el comportamiento de la ciudadanía en contextos de violencia y conflicto armado, los movimientos sociales y, por último, hace aportes sobre estudios recientes que han investigado las acciones colectivas locales y la resistencia civil, como formas políticas y sociales de enfrentar la violencia armada característica del conflicto colombiano. En su artículo de revista correspondiente a la tesis doctoral en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Alzate Zuluaga afirma que “lo que menos se ha estudiado […] han sido las formas de resistencia cultural y política cotidianas que se han dado para contrarrestar la violencia y mantener una autonomía relativa frente a los actores armados” (2010, pág. 41). No obstante la resistencia civil varía de acuerdo con los contextos: uno, cuando quien ejerce el poder es un solo grupo armado; dos, si hay distintos bandos en contienda por un territorio. Esta aproximación la hace María Teresa Uribe de Hincapié, en su artículo Notas preliminares sobre resistencias de la sociedad civil en un contexto de guerras y transacciones publicado en la revista Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia en el año 2006. En él asegura que los armados nunca logran del todo imponerse sobre la población, y que éstos siempre manifiestan alguna forma de resistencia que, como se evidencia en los textos anteriores, van de la oposición abierta, rebelde y desafiante, a otras maneras silenciosas y menos visibles (Uribe de Hincapié, Notas preliminares sobre resistencias de la sociedad civil en un contexto de guerras y transacciones, 2006). Flor Edilma Osorio por su parte, en su investigación Entre la Supervivencia y la resistencia, evidencia que los grupos armados ilegales ejercen un tipo de resistencia frente a un sistema, de igual forma las élites económicas y políticas, la clase media y los campesinos que conviven en su entorno con los armados. La investigadora enfoca su artículo en mostrar expresiones de campesinos no armados en zonas de control y dominio de grupos paramilitares, que defienden sus territorios de la guerrilla. El libro Resistencia comunitaria y transformación de conflictos. Un análisis desde el conflicto político-armado colombiano, de Nelson Molina Valencia, intenta un análisis más amplio de la resistencia en el país, enfocándose en temas como desobediencia civil, acciones de la resistencia, su fundamento, resistir en colectivo y otras maneras de resistir que se conectan con el enfrentamiento directo con los armados. En el Oriente antioqueño los estudios sobre resistencia civil han sido pocos. Las investigaciones se han interesado por el conflicto armado, las disputas por el territorio entre los distintos grupos legales e ilegales, el desplazamiento y el retorno y los intereses que están en juego en la región, en donde se produce una tercera parte de la energía eléctrica del país. 22 Además, diversos investigadores como Clara Inés García se han aproximado a la resistencia desde los movimientos sociales originados en la región. Si bien el artículo de revista Resistencias. Análisis comparado de la acción colectiva frente a la guerra en Urabá y Oriente antioqueño es descriptivo, prioriza algunos hechos como un paro cívico en 1996 en el municipio de San Luis y, luego, las asambleas comunitarias lideradas por los alcaldes de la región a partir del año 2001, en los cuales hicieron diálogos humanitarios con los grupos armados ilegales presentes en la subregión. En la misma línea el libro Geografías de la guerra, el poder y la resistencia. Oriente y Urabá antioqueños 1990-2008 de García de la Torre, Aramburo Siegert, Barajas, Valderrama y Espinosa, se ocupa de los movimientos sociales y de víctimas que surgen en la subregión, éstos como iniciativa de memoria colectiva y oposición al conflicto armado del que fueron afectados. Analizan el papel jugado por los alcaldes en los acuerdos humanitarios con los armados y las ONGs que, a partir del año 2000, adquieren mayor importancia. De manera que la resistencia para las autoras se refleja en el protagonismo de los movimientos que se oponen a la guerra y promueven el diálogo. Aunque pocos estudios se han enfocado en las resistencias silenciosas en el Oriente antioqueño, sí hay experiencias en este campo. El Centro Nacional de Memoria Histórica, a través del Grupo de Memoria Histórica elaboró en 2010 el libro San Carlos: Memorias del éxodo en la guerra. En él, el quinto capítulo Memorias de las resistencias y la reconstrucción: estrategias, recursos y acciones frente a la guerra, se ocupa de las estrategias de los sancarlitanos frente a la violencia y el desplazamiento forzado. Se analizan las estrategias, su alcance, el sentido que tienen y las formas de resistencia civil en un contexto álgido, caracterizado por la presencia de diversos actores armados legales e ilegales. 2.3. Resistencia2 2.3.1. Resistencias activa y pasiva 2 Interpretar las resistencias en contextos de conflicto armado, y esta investigación no es la excepción, es complejo: hay unas posibilidades de interpretación del campo empírico, pero también unas limitaciones. A propósito, con relación a la acción colectiva, González se pregunta, “¿cómo hacerlo entonces sin que suponga una tarea, que por su difícil aprehensión, devenga en asunto estéril? ¿cuáles unidades de análisis deben ser consideradas, de tal suerte que sea posible definir límites precisos a su manejo en la perspectiva de hacer operativo su abordaje?” (González, 2006, pág. 42). Las mismas preguntas caben para la categoría resistencia. Este trabajo reconoce la amplitud de la categoría y comprende que entre las dimensiones de sobrevivencia y resistencia hay una frontera difusa. Por ello, para evitar lo inasible de su comprensión, se entiende que, en primer término, lo primero que hace la población civil en estos contextos es intentar sobrevivir, por medio de acciones silenciosas para adaptarse o acomodarse y hacer menos traumática su vida en el conflicto. La sobrevivencia aparece primero que la resistencia. Para hablar del segundo se necesitan procesos de identidad, de ciudadanía, construcciones colectivas que busquen restituir la cotidianidad perdida en el momento de sobrevivir. Hay momentos en los que la población civil se desplaza, se mueve de su territorio, y esto tiene que ver con su intención de sobrevivir, pero esta idea se cuestiona cuando intenta regresar: en este caso emergen procesos como los nombrados anteriormente. Allí aparece la resistencia. 23 Las formas de oposición activa o pasiva ante las ocupaciones alemana e italiana durante la Segunda Guerra Mundial son para Matteucci actos de resistencia, como reacción más que una acción, de defensa más que de una ofensa, de oposición más que de revolución (Bobbio, Matteucci, & Pasquino, 1983). La r. nace, en todas partes, como fenómeno espontáneo, de un acto voluntario o de la toma de conciencia de individuos y de pequeños grupos decididos a rebelarse y a no aceptar la ocupación; a ella contribuyeron, en diversos modos, según las diversas naciones, por un lado los oficiales y los soldados que no habían aceptado la derrota, por el otro la población (a través de sus propios partidos) que instintivamente reaccionaba frente al ocupante, al extranjero (Bobbio, Matteucci, & Pasquino, 1983, pág. 1399). En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, Matteucci identifica dos variables de la resistencia: activa y pasiva. La primera se caracteriza por desmoralizar el enemigo a través de actividades como el espionaje, atentados contra los colaboradores, destrucción de infraestructura logística del enemigo, variando en su estrategia bien sea la batalla en la montaña, la llanura o la ciudad. La segunda, por su parte, se limita a la no colaboración y a un sabotaje pasivo en ministerios y fábricas del enemigo (Bobbio, Matteucci, & Pasquino, 1983). Además, la guerra de guerrillas expresa la resistencia activa como una hostilidad absoluta frente a un adversario y una expresión nueva para su época del concepto que abordamos en este texto. Para Matteucci, la resistencia está asociada con las formas de oposición –activa o pasiva- de habitantes de algunos países europeos frente a la ocupación alemana e italiana. Sin embargo, en el ámbito colombiano la resistencia se ha entendido como un concepto más amplio en el que se ha tenido como referencia a movimientos territoriales como población indígena, afrocolombiana o campesina, que tienen una marcada interlocución con los actores armados, “las exigencias de no ser involucrados en el conflicto armado, el derecho al territorio y a no ser desplazados, a que se respete su autonomía y su identidad” (Nieto López J. , Resistir obedeciendo. Para una etnografía de la resistencia civil en Medellín, 2010, pág. 223). Ante esto, María Teresa Uribe afirma que los actores armados –legales e ilegales-, como operadores de violencia, no siempre consiguen imponer sus órdenes y prohibiciones sobre los dominados, dado que siempre encuentran estrategias de resistencia. “Éstas van desde la oposición abierta, contestataria y rebelde, hasta formas más sutiles, menos visibles, no siempre públicas y difíciles de aprehender” (2006, pág. 63). Agrega que los subordinados utilizan estrategias en contextos abiertos de conflicto, que son maneras de resistencia social que no sólo se expresan de forma abierta, como desafío a quienes operan la violencia, sino que son cuestionamientos implícitos que denomina formas no ortodoxas de resistencia social. Éstas se sustentan “sobre una red bien nutrida de micronegociaciones, transacciones y cruces, acuerdos contingentes, alianzas transitorias y 24 rupturas intermitentes que resultan medianamente eficaces para los pobladores y que le ponen límites al accionar de los operadores de violencia” (Uribe de Hincapié, 2006, pág. 64). En esta medida James Scott asegura que hay un texto oculto de los débiles -que denomina infrapolítica- y que se expresa como una forma de resistencia. Cada grupo subordinado produce, a partir de su sufrimiento, un discurso oculto que representa una crítica del poder a espaldas del dominador. […] sugiero que interpretemos los rumores, el chisme, los cuentos populares, las canciones, los gestos, los chistes y el teatro como vehículos que sirven, entre otras cosas, para que los desvalidos insinúen sus críticas al poder al tiempo que se protegen en el anonimato o tras explicaciones inocentes de su conducta (Scott, 2000, pág. 21). Dice Jaime Rafael Nieto López que la resistencia es la contrapartida del poder, asociada a formas de poder, dominación, opresión o injusticia, “de modo que la resistencia corresponde a cualquier expresión colectiva de oposición, inconformidad o confrontación frente a estrategias de dominación o a situaciones de injusticia percibidas como tales por grupos o actores colectivos” (Nieto López J. , Resistir obedeciendo. Para una etnografía de la resistencia civil en Medellín, 2010, pág. 224). Para Clara Inés García, la resistencia civil también está articulada con prácticas no violentas dirigidas a socavar el poder del que domina, “a obtener un propio sentido de control desafiando el miedo a reparar y recrear los elementos de cultura e identidad golpeados o destruidos por la violencia” (2004, pág. 108). Citando a Semelin, Flor Edilma Osorio atribuye tres variables a la Resistencia civil: uno, la afirmación de la identidad de quienes resisten; dos, la no cooperación colectiva, es decir, la desobediencia ante el actor –o los actores- que ejercen la dominación; y tres, la búsqueda de otras fuerzas que apoyen su causa (Osorio, 2001). 2.3.2. Resistencia civil La resistencia a su vez tiene diversas variables que pueden ser: estatal o no estatal, armada y no armada, pública o soterrada, individual o colectiva, de horizonte emancipatorio o puramente reivindicativo. Al hablar de Resistencia civil, Nieto López insiste en aclarar el carácter civil de la resistencia, no violento, pensado desde sus protagonistas, que “son ciudadanos y no combatientes, no son soldados miembros de ejércitos ni gente que vive en función de o para el oficio de la guerra” (Nieto López J. , Resistir obedeciendo. Para una etnografía de la resistencia civil en Medellín, 2010, pág. 226). Para este autor el carácter civil de la resistencia no proviene del sentido no violento de la resistencia sino de las características y los intereses de sus protagonistas. Para ser más preciso, Nieto López avanza en el desarrollo de la resistencia civil no armada, 25 […] para designar exclusivamente unas estrategias de acción y un modo de actuar que no se basan ni en la violencia ni en las armas como recursos de acción, sino en los medios propios que caracterizan a las acciones colectivas de resistencia civil no armada, como por ejemplo, las manifestaciones públicas, el boicot, el éxodo voluntario, la desobediencia civil, etc. Lo cual nos permite diferenciarlas, no sólo de las formas de resistencia civil armada, sino también del movimiento o la doctrina filosófica política de la no violencia (Nieto López J. , 2008, pág. 245). Además del carácter civil de la resistencia, hay un par de escenarios que desarrolla María Teresa Uribe para acercarse a la resistencia civil en territorios involucrados en el conflicto abierto y que determina el tipo de acciones y estrategias de quienes resisten: el primero se caracteriza por la presencia de un solo actor que opera el orden y la violencia y “la estrategia de los pobladores parece ser la del acomodamiento, aceptando formalmente el operador […] Las personas se someten al orden impuesto por éste y no expresan de manera pública su rechazo o inconformidad” (Uribe de Hincapié, 2006, pág. 65); en el segundo hay varios operadores de violencia. En una situación de estas la estrategia de acomodamiento, característica cuando hay un único actor armado, pierde su efectividad. En este caso los operadores de violencia, incluyendo el Estado, presionan las lealtades de los pobladores y exigen una adscripción pública y comprometida con su grupo, o porque desde posturas autoritarias y verticales los operadores deciden quién es el amigo y el enemigo, quién puede ser confiable o sospechoso; es decir, propician desde el poder una polaridad en la que cada vez es más difícil mantenerse por fuera de las adscripciones reales o imaginadas por los operadores, y que trae consigo situaciones de violencia generalizada de la cual no parece posible escapar (Uribe de Hincapié, 2006, pág. 72). Nieto señala, además, que la resistencia la ejercen sujetos colectivos, y que su objetivo no es el poder como un fin en sí mismo, sino como un medio para una mejor sociedad “que no transige con ninguna forma de poder y dominio” (Nieto López J. , 2008, pág. 239). 2.3.3. Los discursos Por su parte, James Scott distingue cuatro dimensiones del discurso político entre los grupos subordinados a poderes hegemónicos. El primero, como el más seguro y público, es el que adopta como punto de partida el halagador autorretrato de las élites (Scott, 2000, pág. 42). El autor lo define como el discurso público, es decir, cuando el subordinado, “ya sea por prudencia, por miedo o por el deseo de buscar favores, le dará a su comportamiento público una forma adecuada a las expectativas del poderoso” (Scott, 2000, pág. 24); en últimas, el dominado actúa con respeto y sumisión. […] cuanto más grande sea la desigualdad de poder entre los dominantes y los dominados y cuanto más arbitrariamente se ejerza el poder, el discurso público de los dominados adquirirá una forma más estereotipada y ritualista. En otras palabras, cuanto más amenazante sea el poder, más gruesa será la máscara (Scott, 2000, pág. 26). 26 En este primer discurso el dominador impone sus deseos –la obediencia, la sumisión- mas no controla la escena. El discurso público es acomodaticio y ofrece pruebas al dominador de su hegemonía. Debe analizarse con cuidado este tipo de discurso, pues se entendería que la actitud de los dominados siempre es de complacencia ante el dominador y no es así, dado que este es un discurso de apariencia, una especie de teatro en donde se interpreta un libreto con el que se pueda mantener la vida a salvo. El segundo es el discurso oculto: los subordinados se reúnen lejos de la mirada del poder, en donde pueden crear una cultura política disidente, es decir, se constituye “por manifestaciones lingüísticas, gestuales y prácticas que confirman, contradicen o tergiversan lo que aparece en el discurso público” (Scott, 2000, pág. 28). Esto quiere decir que los discursos ocultos se producen “fuera de escena”, alimentando un discurso de la indignación ante los insultos y ofensas a la dignidad humana producto de la dominación y explotación. El discurso oculto discurre con un público diferente al del discurso público y tiene tres características: primero, es específico de un espacio social determinado y de un conjunto de actores; segundo, no se compone sólo de actos del lenguaje sino también de una extensa gama de prácticas; y tercero, que la frontera entre los discursos público y oculto es una zona continua de conflicto entre los poderosos y los dominados. En este punto debe enfatizarse que los poderosos también tienen sus propios discursos –públicos y ocultos- ante los subordinados. Los discursos, al igual que los silencios, no están de una vez por todas sometidos al poder o levantados contra él. Hay que admitir un juego complejo e inestable donde el discurso puede, a la vez, ser instrumento y efecto de poder, pero también obstáculo, tope, punto de resistencia y de partida para una estrategia opuesta (Foucault, 2005, pág. 123). En ese sentido, explica Michel Foucault, el discurso transporta y produce poder, así como lo refuerza y lo mina, “lo expone, lo torna frágil y permite detenerlo. Del mismo modo, el silencio y el secreto abrigan el poder, anclan sus prohibiciones; pero también aflojan sus apresamientos y negocian tolerancias más o menos oscuras” (2005, pág. 123). El tercer discurso es una política del disfraz y del anonimato, como estrategias de los dominados para introducir su resistencia en el discurso público, aunque se halle disfrazada a través del rumor, el chisme, los disfraces, los juegos de palabras, las metáforas, los eufemismos, los cuentos populares, los gestos rituales, la anonimia. Para Scott este discurso requiere interpretación, dado que los subordinados actúan de manera críptica y opaca (Scott, 2000). Derek Sayer (2002) considera que “los individuos y los grupos pueden adaptar y utilizar de manera creativa las formas a través de las cuales, en otro nivel, son confinados y constreñidos” (pág. 236). 27 Scott agrega que el dominado oculta su discurso a los poderosos por miedo a represalias. Sin embargo, si puede expresar su mensaje ocultando su identidad, parte del miedo se disipa. Por eso los dominados tienen diversas prácticas para proteger su identidad y posibilitar la crítica directa, las amenazas y los ataques (Scott, 2000). En esta misma línea Mary Luz Alzate agrega que “se evidencia que el poder potencial de cambio y renovación lo expresa la ciudadanía, subordinada sólo de un modo relativo y momentáneo, ante la dominación por más opresiva y violenta que esta última se exprese” (Alzate Zuluaga, 2010, pág. 52). Por último, el cuarto discurso de Scott es el que denomina la ruptura entre los discursos oculto y público, es decir, la oposición abierta al poder imperante, que depende del temperamento, la cólera y la valentía del individuo. En último término, cuando se hace explícito el discurso oculto “se crea una atmósfera de enorme tensión con posibles efectos sociales que llevan signos de locura colectiva” (Scott, 2000). Entonces, la dominación y el poder como parte de un campo de lucha están integrados por discursos –en la perspectiva de Scott- que son moldeados en la disputa misma. Tanto dominados y dominadores tienen discursos públicos que exhiben ante sus contrincantes y discursos ocultos que manifiestan una vez están entre los “suyos”. De igual manera, se comprende que la lucha moldea los discursos –palabras, instituciones, movimientos, imágenes- de los actores que intervienen en ella. Esto les permite entender la dominación, confrontarla, resistir o acomodarse, es decir, adquirir un discurso público, oculto, de disfraz o confrontación en Scott. La resistencia, como se observa, es una lucha discursiva, que discurre en los discursos público y oculto, utilizando los dominados la resistencia para actuar y hablar de los órdenes impuestos por el o los actores portadores de poder. “Las palabras señalan y expresan relaciones y poderes materiales sociales, económicos y políticos. La lucha y la resistencia están relacionadas con esos poderes” (Roseberry, 2002, pág. 220). De acuerdo con este panorama las resistencias varían no sólo con el número de actores hegemónicos sino con las características de estos y de la población civil, a su vez tiene diferentes dimensiones dependiendo del tipo de discurso. Para el estudio de caso que nos convoca la resistencia se entiende, como las “reacciones y estrategias” de los dominados en defensa de “la dignidad y la autonomía” cuando uno o varios actores hegemónicos –en el conflicto armado- ejercen la dominación a través de las armas y los dominados toman una actitud de acomodamiento o solapamiento que garantice su vida; de agencia, incluso de confrontación, aunque ello signifique morir. Es decir, utilizan los discursos público, oculto, de disfraz y de ruptura. Entonces, esta tesis comprende la resistencia a partir de los discursos –público, oculto, de disfraz y de confrontación- señalados por James Scott, de las notas preliminares en contextos de conflicto armado cuando en un territorio hay uno o varios actores armados, tal 28 como lo entiende María Teresa Uribe, y a partir de Jaime Rafael Nieto López que la comprende como contrapartida del poder y que se expresa ante formas de poder, dominación, opresión o injusticia. Se apuesta por estos tres autores porque su comprensión de la resistencia aborda tanto lo empírico como lo teórico. María Teresa Uribe y Jaime Rafael Nieto la estudian e investigan en contextos de conflicto armado colombiano. Allí entienden sus dimensiones y variaciones de acuerdo con el número de dominadores, concluyendo además que pese a la opresión o condiciones de inseguridad y violencia siempre habrá formas sutiles de oposición a ese poder. En cuanto a James Scott, en el campo teórico, se analiza la resistencia en diferentes escenarios que van desde la complacencia y la capacidad de agencia hasta la confrontación directa, condiciones bajo las cuales se comprende y se indaga en esta investigación. Se pudo verificar en esta tesis, a partir de los tres autores mencionados, que si bien la población civil está inmersa en relaciones de poder verticales y que padecen la dominación de distintos actores, también hacen negociaciones, se adaptan a las circunstancias y tienen capacidad de agencia, es decir que la resistencia está en transformación constante y, por ello, es creativa y no solo reactiva; bajo las condiciones en las que los actores de poder someten a los grupos subordinados hay una amplia variedad de estrategias que dependen de la presencia de uno o varios actores armados hegemónicos. Ante éstos –o con estos- están en práctica una serie de discursos –de acuerdo con Scott- para sobrevivir en un principio y para resistir luego con el fin de restablecer su cotidianidad perdida en el primer instante en el que intentan sobrevivir. 2.4. Retorno 2.4.1. El desplazamiento forzado La historia del ser humano se ha caracterizado por la migración, por el desplazamiento de un lugar a otro, ya sea por razones económicas o porque está en peligro la subsistencia. La migración económica, por ejemplo, es una decisión voluntaria que Ana María Ibáñez (2008) divide en permanentes y temporales. Las temporales se caracterizan por hogares que migran por un período de tiempo para incrementar los ingresos del hogar, diversificar riesgos, aliviar las restricciones de crédito y expandir la inversión en actividades productivas agrícolas, entre otras (Ibáñez Londoño, 2008), para luego invertir en un eventual retorno. Además, también se caracteriza por una revisión constante de los planes de migración cuando aflora nueva información, es decir, […] dado que la decisión inicial de migrar se basa en una incertidumbre acerca de las condiciones que se enfrentarán tras la migración, la certeza acerca de dichas condiciones, cuando sucede la migración, puede alterar los planes de migración. Ello implica que 29 migraciones antes percibidas como temporales se convierten en permanentes, y viceversa (Ibáñez Londoño, 2008, pág. 218). Entonces, la migración permanente está influenciada por las condiciones que el migrante halla en su nuevo destino. En el ámbito internacional el retorno sería “el regreso de un migrante internacional a su país de origen, con intención de restablecer su residencia en él, independientemente de la duración de su estadía en el exterior y de la eventualidad de una re-emigración posterior” (Mejía Ochoa, 2011, pág. 20). En la perspectiva de Ibáñez Londoño esta sería una migración temporal, que se da bajo condiciones distintas a la migración forzada, de manera que en estas dos variables de la migración prima la voluntad del migrante. Por su parte, la migración forzada es un tipo de movilidad humana producto de una presión externa operada por un actor que ejerce la coerción, […] quienes sufren una amenaza o ataque a sus vidas y bienes y escapan de un ambiente generalizado de terror, se enfrentan con la reducción del campo de opciones y con la restricción para la toma de decisiones sobre su permanencia o no en el lugar habitual de residencia, el mantenimiento de sus medios usuales de sustento, sus respuestas frente a la amenaza o peligro y la organización del desplazamiento y la migración. (Riaño & Villa , 2008, pág. 20). De acuerdo con Riaño y Villa (2008), cuando el desplazamiento forzado sucede en un contexto de conflicto armado, la coerción está en manos de actores –agentes o instituciones- que ejercen la violencia con diferentes métodos –amenazas, violencia simbólica, daño corporal, etc.- teniendo como fin el desplazamiento individual o de las comunidades. El desplazamiento forzado conlleva pérdidas materiales y económicas, acompañadas por “rupturas del tejido social comunitario, los medios de sustento y los repertorios culturales y simbólicos” (Riaño & Villa , 2008, pág. 21), es decir, por procesos no voluntarios de desarraigo de un lugar al que se articulaba la cotidianidad. Teniendo en cuenta que el retorno en esta investigación se dio luego del desplazamiento forzado –migración forzada- causado por grupos armados ilegales, y que en el Oriente antioqueño la sufrieron 125.071 personas entre 1997 y 2004 de acuerdo con el informe Basta ya, del Centro Nacional de Memoria Histórica –Cnmh–, se entenderá, primero que todo, el desplazamiento forzado como prevención y como reacción; para no seguir sometido a las condiciones que un poder –o varios- armado impone su ley o para obedecer y salvar la vida, dado que en situaciones de este tipo el Estado no es soberano en el territorio. El carácter predominantemente interno del desplazamiento en Colombia está determinado por la naturaleza del conflicto armado y por el despliegue desigual del estado de guerra. En las regiones, la lucha entre soberanías permite cierta capacidad de maniobra para el refugio, 30 la resistencia, el acomodamiento y la invisibilización que no tuvieron los apátridas europeos de principios de siglo (Uribe de Hincapié, 2000, pág. 54). En estas condiciones los desplazados son desarraigados de su hogar, pertenencias y querencias, “de sus universos locales o regionales; de su hogar patriótico, que para ellos […] tiene una dimensión subnacional (regional y local) ya que la nación ha sido un referente vago y opaco que no tiene mayor eficacia simbólica” (Uribe de Hincapié, 2000, pág. 56). El fenómeno del desplazamiento interno en Colombia se caracteriza por su duración prolongada: durante más de una década ha presentado crecimiento continuo. Se define también por su distribución a lo largo del territorio nacional: en el 87% de sus municipios se han producido desplazamientos forzosos y el 71% de los municipios han recibido a personas desplazadas (Riaño & Villa , 2008, pág. 8). El desplazamiento forzado se convirtió en una práctica tangible de la degradación del conflicto armado colombiano. De acuerdo con María Adelaida Ceballos Bedoya, se produce cuando las personas se ven atrapadas o encuentran amenazadas su integridad física, la libertad o la vida y, bajo estas circunstancias, abandonan su hogar y su comunidad. El desplazamiento se ha producido, de una parte, como el resultado no buscado de prácticas de guerra violatorias del derecho internacional humanitario (v. gr., operaciones militares en áreas densamente poblados, el lanzamiento de cilindros-bomba, la contaminación de aguas, los ataques contra oleoductos y torres de energía). Pero, de otra parte, también ha sido empleado como método de guerra, como una práctica deliberada. Esto es, como estrategia para lograr ciertos propósitos militares, cuales son la conquista territorial, el reclutamiento de efectivos y la expulsión de la población civil supuestamente simpatizante con el enemigo. (Ceballos Bedoya, 2013, pág. 171). Los desplazados son personas que históricamente han sido excluidas de la participación política e invisibilizados culturalmente, según lo explica Martha Nubia Bello. Y si bien la población desplazada es muy diversa, son en su mayoría campesinos pobres y personas pertenecientes a comunidades étnicas afrocolombianas e indígenas. “Los desplazados son aquellos para quienes no ha existido la ciudadanía, aquellos que no conocen la noción de Estado, por lo menos la de Estado social de derecho, son los excluidos, reconocidos ahora para reclamárseles ‘colaboración, militancia, apoyo, tributación’” (Bello, 2004, pág. 311). 2.4.2. Volver […] el retorno es un proceso que comienza desde el momento en que las personas deciden regresar a los lugares de donde fueron expulsadas hasta que, como lo plantea la Ley 387 en el Artículo 18, ‘se logra la consolidación y estabilización económica’ (Caicedo, Manrique, Millán Echavarría, & Pulido Hernández, Desplazamiento y retorno. Balance de una política. Retornos sin principios, desplazamiento sin final., 2006, pág. 68). 31 Para Jorge Rojas (2010, pág. 5) el regreso de parte de las víctimas por desplazamiento forzado no solo se asocia “a programas efectivos de atención y protección y al restablecimiento de los derechos violados con motivo de la salida forzada, sino también a la reparación que el Estado debe a estas víctimas del conflicto”. De igual forma “implica un proceso de reorganización colectiva, de asentamiento en un espacio geográfico y de habitar un territorio” (Garzón Martínez, 2008). También significa confrontar actores armados o excombatientes, enfrentar a quienes impulsaron el desarraigo e integrarse en un lugar marcado por un pasado sombrío en donde la muerte y la violencia son elementos ineludibles. El retorno en medio del conflicto conlleva exigencias adicionales a las de garantizar la seguridad durante el tránsito a los lugares de expulsión, la restitución de los bienes abandonados y la generación de proyectos productivos, exigiría también la garantía por parte del Estado de que las condiciones que generaron el desplazamiento no se volverán a presentar, en otras palabras, que el conflicto ha cesado, al menos en aquella región del país a la que se está instando el retorno (Arango Domínguez, 2007). Para Ana María Ibáñez (2008) el retorno sin apoyo estatal ha sido poco efectivo, dado que […] recuperar la capacidad productiva de la población desplazada es difícil, después de la usual pérdida de activos […] del deterioro de la infraestructura pública, de la desconfianza reinante entre la población retornada y la población que nunca se desplazó, y después también de la debilidad de muchos gobiernos municipales (Ibáñez Londoño, 2008, pág. 215). Para que haya retorno hay tres escenarios fundamentales que describe Ibáñez (2008): primero, que se desactiven las causas del desplazamiento forzado; segundo, que quienes vayan a retornar tengan toda la información para minimizar la incertidumbre sobre las condiciones económicas y de seguridad que enfrentarán a su regreso; y tercero, debe trascender el simple retorno y ser complementado con programas para que los afectados retomen sus actividades productivas. Entonces, “el retorno es un territorio que se construye a partir de la (re) significación de la experiencia civil” y, por tanto, no sólo es volver sino reconstruir y transitar de nuevo hacia y en la morada, a donde también “regresan otros dos grupos de desplazados: refugiados y combatientes desmovilizados” (Rogge & Lippman , 2005). En esta medida, Luz Piedad Caicedo (2006) divide el retorno en individual (se presenta en mayor cantidad, pero como no hay un seguimiento puntual no se conoce su verdadera magnitud), espontáneo, prestacional y político. El espontáneo –que para esta investigación no es espontáneo sino de toma de consciencia- se refiere a familias que retornan por su cuenta sin el apoyo institucional. “La RSS [Red de Solidaridad Social] considera que estos retornos son ideales porque demuestran la entera 32 voluntariedad con que se realizaron” (Caicedo, Manrique, Millán Echavarría, & Pulido Hernández, 2006, pág. 39). El retorno prestacional se caracteriza por la presencia o apoyo de instituciones estatales. Su carácter es asistencialista y parte de una negociación con las instituciones departamentales y municipales, de manera que la población desplazada obtenga los recursos contemplados por la ley para su estabilización económica a su regreso (Caicedo, Manrique, Millán Echavarría, & Pulido Hernández). El retorno político, por su parte, “se da cuando la comunidad, organizada en comités cívicos, logra que el actor armado que propició el desplazamiento o el que en un momento determinado domina la región, otorgue el “permiso” o la “orden” de retorno” (Caicedo, Manrique, Millán Echavarría, & Pulido Hernández, 2006, pág. 40). Sin embargo, retornar no solo es volver al territorio, sino que plantea tres dimensiones que define Gilberto Giménez, citado por Caicedo (Caicedo, Manrique, Millán Echavarría, & Pulido Hernández, 2006): una, la inscripción de lo cultural, como la dimensión que alimenta y conforta la identidad; dos, la distribución de instituciones y prácticas culturales localizadas en un espacio; y tres, de representación y apego afectivo, cómo los sujetos interiorizan el espacio y lo integran a su sistema cultural. 2.4.3. El retorno desde el Estado Para Acción Social –hoy Departamento para la Prosperidad Social DPS-, la Fase de Retorno es “el proceso por medio del cual la población que se encuentra desplazada toma la decisión y efectivamente retorna a su lugar de origen, apoyándose o no, en la institucionalidad” (2008, pág. 46). Desde este proyecto institucional se separa la Fase de Retorno de la Fase de Estabilización, entendida como las acciones que buscan la restitución de los derechos vulnerados a los desplazados a causa del conflicto armado. Además, desde el Sistema Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada (SNAIPD, 2009) el retorno es considerado como el regreso e integración de una persona o un hogar que fueron desplazados del sitio en el cual realizaban sus actividades económicas habituales. En el contexto colombiano la ley 387 de 1997 aborda los problemas de desplazamiento forzado y retorno. Frente al segundo afirma en el artículo 16 que el Gobierno Nacional apoyará a la población desplazada para que regrese a sus lugares de origen. En esta medida la Agencia presidencial para la Acción Social y la cooperación internacional –Acción Social- define dos tipos de retorno de acuerdo con el tiempo transcurrido entre el desplazamiento y el retorno: El primero es Retorno a corto plazo, como aquel que se realiza máximo un mes luego del desplazamiento, y puede ser colectivo e individual; el segundo, Retorno o reubicación a mediano y largo plazo, se da un mes después del hecho victimizante (Acción Social, 2006). 33 Además, entiende el retorno individual “cuando regresan a diferente o al mismo lugar de origen menos de 10 familias o menos de cincuenta (50) personas” (Acción Social, 2006, pág. 6), mientras que es colectivo “cuando regresan a diferente o al mismo lugar de origen más de 10 familias o más de cincuenta (50) personas” (Acción Social, 2006, pág. 6). Sin embargo, se observa en Ibáñez y Caicedo que el retorno no es sólo volver, sino que requiere de unas condiciones para que el regreso sea efectivo. Frente a lo anterior la Sentencia T-602/03 explica que el restablecimiento –el retorno de los desplazados-, […] consiste en el mejoramiento de la calidad de vida de la población desplazada y, para lograrlo, las acciones del Estado, de la cooperación internacional y del sector privado, en desarrollo de alianzas estratégicas con el Estado, deben orientarse a contrarrestar los riesgos de empobrecimiento y exclusión social. Además, en perspectiva constitucional y desde un enfoque de derechos, el restablecimiento es una cuestión de justicia social y, por lo mismo, una vía para alcanzar la inclusión social y potenciar el desarrollo humano. En este sentido, restablecer equivale a garantizar y proteger el goce de derechos y libertades. El acceso efectivo de los desplazados a bienes y servicios básicos, así como la garantía de sus derechos y libertades fundamentales se traducen en el restablecimiento y, por tanto, en la cesación de la situación de desplazamiento forzado interno. Por lo mismo, resulta evidente que el retorno o la reubicación no equivalen, por sí mismos, al restablecimiento de la población desplazada. En conclusión, el retorno no solo implica regresar, sino que adhiere otras aristas necesarias para la reinserción de los desplazados en el territorio del cual fueron expulsados. También debe observarse el fenómeno a partir de las distintas clasificaciones que hacen la academia y la institucionalidad, de acuerdo con el tipo de retorno –individual o colectivo-, la zona a la cual se regresa –rural o urbana-. “En términos globales, dicho regreso se da de dos formas: retorno de la población desplazada a su lugar de expulsión (retorno) y; reubicación de la población en lugares diferentes al lugar de origen (reubicación)” (Arango Domínguez, 2007). Además, el éxito de los procesos de retorno se da en aquellos lugares donde se mejoran los servicios básicos, se crean oportunidades de sustento y se restablece la ley y el orden (Rogge & Lippman , 2005), es decir, en donde no solo se vuelve. No obstante, en esta investigación se entenderá el retorno como el regreso individual y colectivo al corregimiento Aquitania de las personas que fueron desplazadas por grupos armados ilegales y que en su regreso contaron o no con el acompañamiento del Estado. Si bien retornar no es solo volver, pues implica que exista condiciones de seguridad, voluntariedad y dignidad (Ibáñez Londoño, 2008), en este proceso investigativo se contemplará el retorno hacia el poblado entre los años 2003 y 2015, que no contó con el acompañamiento institucional, no solo como retorno sino como una forma de resistencia. 34 2.5.El retorno como forma de resistencia 2.5.1. Retorno individual como resistencia Dos grandes vertientes han estudiado la resistencia: la liberal democrática y la crítico- emancipatoria. En la primera, autores como Hannah Arendt, Jürgen Habermas y Michael Randle han entendido la resistencia como “una lógica de acción que opone a los ciudadanos contra el Estado, bien por su arbitrariedad o bien por la ilegitimidad de algunas de sus decisiones” (Nieto López J. , 2014, pág. 42). En esta vertiente el Estado siempre es el destinatario de las acciones de resistencia y no hay cabida para otras relaciones y actores que ejercen la dominación. Sin embargo, bajo la perspectiva crítico-emancipatoria, con aportes de James Scott, Antonio Negri y Michel Foucault, […] la resistencia pre-existe a la política y al Estado y se incardina capilarmente en el tejido de las relaciones sociales; de modo que la resistencia es una relación de oposición o de insubordinación frente a todo tipo o forma de poder, sea estatal o no estatal (Nieto López J. , Resistencia civil no armada. La voz y la fuga de las comunidades urbanas, 2014, pág. 42). Es decir, en la segunda vertiente –con la que se identifica esta investigación- la resistencia es la forma como los dominados se oponen a un tipo de dominación determinado, utilizando diferentes discursos –en la perspectiva de Scott- o resistiendo como civiles sin recurrir a las armas, de manera abierta o soterrada, –de acuerdo con Nieto-. Se entiende que quien ejerce el poder puede ser un actor estatal, paraestatal o contraestatal. Los dominados saben que son dominados, saben cómo y por quiénes; lejos de consentir esa dominación, dan inicio a todo tipo de sutiles modos de soportarla, hablar de ella, resistir, socavar y confrontar los mundos desiguales y cargados de poder en que viven (Roseberry, Hegemonía y lenguaje contencioso, 2002, pág. 215). De acuerdo con lo anterior, Derek Sayer afirma que “la dominación no tiene que ver fundamentalmente con inculcar creencias o asegurar un consentimiento, como muchas concepciones de hegemonía suponen de manera tácita. La hegemonía es más profunda y más penetrante, y más insidiosa que eso” (Sayer, 2002, pág. 234). En este horizonte, se diferencia entre querer obedecer y tener que obedecer a un actor hegemónico. “Si el poder en general es capacidad de mandar y ser obedecido, la resistencia es capacidad para oponerse al poder, para desafiarlo, para no obedecerle, o incluso para obedecerle en contra de la voluntad subjetiva de quien obedece” (Nieto López J. , 2008, pág. 228). En esta medida, regresar “implica resignificar el pasado, construir con otros el restablecimiento del tejido social y no sólo restablecer las condiciones físicas, materiales y de infraestructura que permiten la dignificación del ser humano (Caicedo, Manrique, Millán Echavarría, & Pulido Hernández, 2006, pág. 44). 35 La resistencia es una práctica para defender la autonomía, la construcción de identidad y la autoorganización, y en esa medida el retorno individual se identifica como una forma de resistencia aun en contra de prácticas –como el desplazamiento forzado- que consideran injustas. La resistencia, entonces, […] sólo se hace presente y toma cuerpo cuando los sujetos colectivos sienten y perciben la necesidad y la oportunidad de enfrentar al poder y la autoridad o enfrentar situaciones de opresión, de injusticia o de discriminación, y se implican (Nieto López J. , 2008, pág. 231). El desplazamiento forzado, percibido como una práctica de injusticia, discriminación y opresión, deja de ser un discurso público y se convierte en un discurso de ruptura de los discursos público y oculto cuando los afectados retornan en contra de la voluntad del actor hegemónico, sin recurrir a negociaciones con estos actores –retorno político-, desafiando su autoridad y regresando de forma voluntaria a su territorio aun si las condiciones de seguridad y de restablecimiento económico no están dadas. A pesar de las tres recomendaciones de Caicedo para el retorno –suficiente información sobre el lugar de origen, condiciones de seguridad y protección y alternativas viables de vida-, los aquitaneños que regresaron a su territorio entre 2003 y 2006 sin el consentimiento de las Farc, el ELN y las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, y sin el acompañamiento estatal, resistieron ante la orden de quienes ejercían el poder e hicieron una negación de la obediencia. De esta forma, el retorno individual como acción de resistencia se opone a la falsa premisa de que los actores que están bajo el dominio de un actor siempre adquieren una actitud de obediencia, entonces la contracara del poder no es el acatamiento silencioso de las órdenes, sino la resistencia ante el poder. 2.6. La organización comunitaria como resistencia En el retorno al corregimiento Aquitania las estrategias de resistencia no sólo están asociadas con el regreso al territorio –con el acompañamiento del Estado o sin éste- sino con la organización comunitaria y las maneras como ésta se expresa ante un actor –o actores- que ejerce el poder. Al referirnos a la organización comunitaria lo entenderemos en la perspectiva de Tarrow (2012) como una acción política colectiva que se origina cuando existen oportunidades para la intervención de agentes sociales que generalmente carecen de ellas, es decir, Estos movimientos estimulan la participación en la acción colectiva por medio de repertorios conocidos de enfrentamiento e introducen innovaciones en sus márgenes. Cuando vienen apoyados por redes sociales bien asentadas y símbolos culturales a través de los cuales se estructura la acción social, conducen a una interacción sostenida con sus oponentes. El resultado son los movimientos sociales (Tarrow, 2012, pág. 32). 36 Bajo esta óptica los movimientos sociales son “desafíos colectivos planteados por personas que comparten objetivos comunes y solidaridad en una interacción mantenida con las élites, los oponentes y las autoridades” (Tarrow, 2012, pág. 37). Ahora bien, para nuestro caso debe entenderse la organización comunitaria tanto en su forma de acción colectiva en la que no hay una estructura social sólida y consolidada en el tiempo, y como movimiento social, cuando se conforman algunos movimientos en defensa del territorio y la identidad y como un proceso de memoria, en contra del conflicto armado y sus efectos. Sobre esto nos referiremos más adelante. En cuanto al primer caso, las acciones colectivas de resistencia se expresan en el eje guerra y violencia, de acuerdo con Nieto López (2014), con acciones directas de denuncia como la oposición a “exigencias abusivas de los actores armados, denuncias públicas, marchas” (pág. 189), entre otras, y acciones menos directas y más sutiles como actividades culturales, lúdicas, artísticas y deportivas. En nuestra opinión estas formas de acción colectiva constituyen los discursos oculto y de disfraz, en la perspectiva de Scott, en cuanto los grupos subordinados se aprovechan del anonimato de una multitud para dar a entender su mensaje a los poderosos. El discurso oculto “requiere de un público –incluso si ese público excluye necesariamente a los dominadores. Ninguna de las prácticas ni de los discursos de la resistencia pueden existir sin una coordinación y comunicación tácita o explícita dentro del grupo subordinado” (Scott, 2000, pág. 147). La resistencia es, pues, una forma de acción política colectiva, “que ocurre cuando actores colectivos unen sus fuerzas para oponerse a las élites, autoridades y adversarios en defensa de sus reivindicaciones o de las reivindicaciones de aquellos a quienes dicen representar” (Tarrow, 2012, pág. 28). De otro lado, la organización comunitaria –a través de los movimientos sociales- se expresa con ejercicios de memoria y acciones directas e indirectas de denuncia, como mecanismos culturales para fortalecer el sentido de pertenencia a grupos o comunidades. “A menudo, especialmente en el caso de grupos reprimidos, silenciados y discriminados, la referencia a un pasado común permite construir sentimientos de autovaloración y mayor confianza en uno/a mismo/a y en el grupo” (Jelin, 2002, pág. 9). De acuerdo con lo que expresa Jelin, algunas comunidades hacen memoria colectiva sobre los hechos que los marcaron durante el conflicto armado. Betancourt Echeverry (2004) la entiende como “la que recompone mágicamente el pasado, y cuyos recuerdos se remiten a la experiencia que una comunidad o un grupo pueden legar a un individuo o grupos de individuos” (pág. 126). 37 En esta medida, “la memoria colectiva es resistencia a una memoria pública que mantiene el olvido, la amnesia, la indiferencia sobre los sufrimientos y las luchas de grupos” (Vergés, 2008, pág. 60). Por su parte, Miguel Ángel Aguilar (1991), citando a Halbwachs, dice que la memoria histórica es una y se cierra en los límites impuestos en un proceso de decantación social, mientras que “la memoria colectiva es múltiple y se transforma a medida que es actualizada por los grupos que participan en ella: el pasado nunca es el mismo”. (pág. 1). Entonces, la memoria colectiva se debe entender como el proceso en el que el pasado vivido es reconstruido por un grupo determinado. En la línea de Vergés, los ejercicios de memoria utilizados por las organizaciones comunitarias son una forma de resistencia. En un sentido político, las ‘c