1 Las mujeres somos semilla Historias de vida de mujeres sindicalistas en Colombia, 1970 - 2022 Viviana Colorado López Universidad de Antioquia Instituto de Estudios Políticos (IEP) Medellín, Colombia 2023 2 Las mujeres somos semilla Historias de vida de mujeres sindicalistas en Colombia, 1970 - 2022 Viviana Colorado López Trabajo de investigación para optar al título de: Magíster en Ciencia Política Asesora Irene Piedrahita Arcila Universidad de Antioquia Instituto de Estudios Políticos (IEP) Medellín, Colombia 2023 3 Tabla de contenido AGRADECIMIENTOS 5 TABLA DE SIGLAS 6 INTRODUCCIÓN 8 CAPÍTULO I. 14 MUJERES Y SINDICALISMO. UNA MIRADA DEL CASO COLOMBIANO SITUADO EN EL CONTEXTO DE AMÉRICA LATINA 14 La encrucijada de la violencia antisindical en América Latina 16 Breves elementos de contexto sobre el sindicalismo en Colombia 23 Revisión de literatura sobre las mujeres en el sindicalismo latinoamericano y colombiano 27 Caracterización del movimiento sindical de las mujeres en Colombia 30 Aproximación a los patrones y contextos explicativos de la violencia antisindical contra las mujeres 35 Los aportes de las producciones con enfoque de memoria histórica en el campo sindical 43 CAPÍTULO II 52 REFERENTES CONCEPTUALES Y METODOLÓGICOS. MEMORIAS SINDICALES DESDE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO 52 Los trabajos de memoria y su relación con el género 55 Referentes conceptuales para abordar las memorias con enfoque de género 66 Los pilares de la investigación: el enfoque cualitativo, las memorias desde la perspectiva de género y las historias de vida 71 Elementos sobre el alistamiento, recopilación, sistematización y análisis de la información 73 Reflexiones sobre las implicaciones éticas y políticas 78 CAPÍTULO III. 81 HISTORIAS DE VIDA: NARRATIVAS SITUADAS, RESISTENTES Y SOBREVIVIENTES 81 Rosa Ángela Tobón Puerta: “La vida mía era trabajar por la gente y con la gente” 85 Olga Fanny Ruiz Valencia: “Lo político y el logro de la democracia en Adida, fueron mi vida” 101 Nancy Rubio Lavao: “La organización es lo único que tienen las comunidades rurales para sobrevivir” 120 Adela Torres Valoy: “La portavoz de las mujeres bananeras” 139 María Victoria Jiménez Salazar: “No sabía que ser sindicalista me iba traer tantos problemas” 151 Luz Erenia Saac Hurtado: “El liderazgo sindical y afrocolombiano lo llevo en el alma y en la sangre” 168 4 CAPÍTULO IV. 180 SÍNTESIS SOBRE LOS PRINCIPALES HALLAZGOS 180 Mujeres que se resignifican entre luchas y resistencias 181 El cuidado como acción colectiva y política 183 Luchas que se sobreponen a múltiples violencias 185 Mujeres que abren caminos 187 Memorias de mujeres sindicalistas y perspectiva de género 189 Reflexiones para el movimiento sindical y la sociedad en general 192 BIBLIOGRAFÍA Y OTRAS FUENTES REVISADAS PARA LA TESIS 195 ANEXOS 202 Herramientas metodológicas: Guías de entrevistas semiestructuradas 202 5 AGRADECIMIENTOS A todas las personas que, desde el amor, el cuidado, la comprensión, la generosidad y el saber acompañaron este proceso, siendo soporte afectivo y académico. A las mujeres sindicalistas, quienes con su experiencia y memorias dieron vida a esta investigación. Por su generosidad al narrarse y permitirme acercarme a sus historias, sentires y significados en torno a las mismas. En momentos oscuros y fríos, sus relatos fueron luz y calor. A todas las mujeres sindicalistas, más allá de las mujeres contadas en esta investigación, por ser solidaridad e inspiración. A Irene Piedrahita Arcila, asesora de la tesis, por su dedicación, paciencia y compromiso. Este trabajo recoge sus esfuerzos, ideas y saberes. Una mujer, docente e investigadora que inspira al orientar y enseñar desde la rigurosidad y la empatía. A las expertas y expertos en temas de memoria y género, que, desde la academia y el activismo, compartieron sus saberes y experiencias. Se dispusieron a la escucha atenta, la lectura cuidadosa, al diálogo de saberes y a la retroalimentación generosa y respetuosa. Sus miradas también se reflejan en este proceso de investigación. A la Universidad de Antioquia, al Instituto de Estudios Políticos, por ser terreno donde germina el aprendizaje y se produce conocimiento. De manera especial, al Grupo de Investigación Hegemonías, Guerras y Conflicto, por su apoyo en la realización del trabajo de campo. Y a la línea de Memoria, Conflicto Armado y Guerra, por ser espacio de estudio, intercambio y aprendizaje. A mis maestras y maestros, compañeras y compañeros de maestría con quienes compartí y de quienes aprendí de la vida y la academia. A las maestras jurados de la tesis por su dedicación y generosidad en sus aportes. A la Escuela Nacional Sindical por ser espacio de formación, de construcción colectiva con compañeros y compañeras, por posibilitar el trabajo en derechos humanos con el movimiento sindical. Y por el apoyo brindado para la realización de esta maestría. 6 TABLA DE SIGLAS Asociación de Educadores de Arauca Asedar Asociación de Educadores del Cesar Aducesar Asociación de Institutores del Cauca Asoinca Asociación Distrital de Educadores ADE Asociación Nacional Sindical de Trabajadores y Servidores Públicos de la Salud y Seguridad Social Integral y Servicios Complementarios de Colombia Anthoc Asociación Sindical de Profesores de Secundaria Aproas Central Unitaria de Trabajadores y Trabajadoras CUT Centro Nacional de Memoria Histórica CNMH Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo Ccajar Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación CNRR Comisión del Esclarecimiento Histórico CEH Confederación General de Trabajadores de Perú CGTP Confederación Sindical Internacional CSI Coordinadora de Sindicatos Bananeros Colsiba Educadores Unidos de Caldas Educal Ejército Popular de Liberación EPL Escuela Nacional Sindical ENS Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación Fecode Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria Fensuagro Fiscalía General de la Nación FGN Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC-EP Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior Mariano Ospina Pérez Icetex Organización Internacional para las Migraciones OIM Organización sindical mundial alimentaria, agrícola, hotelera y más aún UITA Grupo de Memoria Histórica GMH Movimiento 19 de Abril M19 Movimiento Político Unión Patriótica UP Movimiento Social Afrocolombiano MSA Red Europea de Organizaciones Sociales y Ambientales y de Comercio Justo Euroban Sindicato de Educadores de Risaralda SER Sindicato de Trabajadores Agrarios del Meta Sintragrim Sindicato de Trabajadores de la Educación del Magdalena Edumag Sindicato de Trabajadores de la Electricidad en Colombia Sitraelecol Sindicato de Trabajadores de la Industria del Tabaco Sintraintabaco Sindicato de Trabajadores de la Palma Sintrapalmas Sindicato de los Trabajadores del Municipio de Amagá Sintrasema Sindicato Nacional de Trabajadores y Empleados Universitarios de Colombia Sintraunicol Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Agropecuaria Sintrainagro 7 Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria del Cultivo y Procesamiento de Aceites y Vegetales Sintraproaceites Sindicato Único de la Industria de los Materiales de la Construcción Sutimac Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Valle Sutev Sindicato Único de Trabajadores de la Educación de Perú Sutep Sistema de Información de Derechos Humanos Sinderh Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y Garantías de no Repetición SIVJRNR Unidad Nacional de Protección UNP 8 INTRODUCCIÓN Era muy bonito porque era otro mundo, otro mundo del aprendizaje muy diferente a lo que era el aprendizaje del estudio normal. Y empieza uno a despertarse y a darse cuenta como que había otro caminito que podía hacer la salvación como para la situación que se vivía. […] Sentía que era algo que me sacaba de la rutina y me permitía explorar, conocer gente, explorar otros conocimientos (Entrevista. Nancy Rubio Lavao, 2022) El presente documento se titula Las mujeres somos semilla. Historias de vida de mujeres sindicalistas en Colombia, 1970-2022, y tiene como propósito presentar los principales hallazgos y reflexiones en torno a la investigación realizada para optar al título de magíster en Ciencia Política. Es el resultado de un proceso que inició hace dos años, pero que recoge buena parte de mi experiencia como investigadora y profesional. Nací en la segunda mitad de los años ochenta cuando tres de las mujeres contadas en este estudio, ya habían dado pasos en su devenir como sujetos políticos, como lideresas. Tres décadas después me empecé a preguntar qué hay detrás de mujeres como ellas, de aquellas que empezamos a cuestionar nuestro lugar en el mundo y los límites impuestos por los roles tradicionales de género asignados a las mujeres, y que, en ese acontecer, decidimos recorrer sendas en lo académico, lo social y lo político, pese a las barreras impuestas por un sistema patriarcal que, a menudo, tanto en lo privado como en lo público, nos excluye, subordina, discrimina y violenta. ¿Cómo llegué a ser defensora de derechos humanos, sindicalista y feminista? Desde niña tuve mucho interés en la educación, fui la primera mujer de mi familia en ingresar a la universidad, y desde entonces mi lugar en el mundo ha sido abrir caminos para mí y para otras personas. Lo académico fue la puerta de entrada. Luego como socióloga, profesional e investigadora de la Escuela Nacional Sindical (ENS), me he dedicado al trabajo en derechos humanos y a la participación en procesos de reconstrucción de memoria con organizaciones sindicales. Coordiné ocho informes entregados en agosto del 2020 por organizaciones sindicales y por un grupo de mujeres sindicalistas a la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, en el marco de la estrategia de participación de esta entidad1 de la justicia transicional. En medio de estos vaivenes de intercambios y aprendizajes con el movimiento sindical, he aprendido a reconocer su valor y sus aportes en procesos que han buscado ampliar la democracia, su invaluable capacidad de agencia y de resistencia en medio de contextos muy adversos marcados por la exclusión, la estigmatización y la violencia antisindical exacerbada. Así lo corroboran las más de 15.764 violaciones a la vida, la libertad y la 1 La Comisión de la Verdad, una de las entidades del Sistema Integral para la Paz, invitó a las organizaciones de la sociedad civil, la academia y los movimientos sociales, a presentar informes y casos a la entidad, esto con el fin de profundizar sobre ciertos fenómenos de violencia que dicha entidad no alcanzaría a revisar. Ver: Encuentro El Sindicalismo Cuenta: evento virtual de entrega de informes del movimiento sindical a la Comisión de la Verdad. En: https://onx.la/94ed1 https://onx.la/94ed1 9 integridad cometidas contra sindicalistas en Colombia que han sido registradas en el Sistema de Información de Derechos Humanos (Sinderh) de la ENS, desde 1971 hasta 2022. Solo en el último año fueron asesinados 22 sindicalistas en Colombia. Según la Confederación Sindical Internacional (CSI), en las últimas dos décadas el país no sale de la penosa lista de los diez peores países del mundo para trabajadores y trabajadoras. Esta violencia histórica, sistemática y selectiva (Correa & Malagón, 2012) perpetrada contra el sindicalismo colombiano, deja en cinco décadas un saldo deplorable y sin precedentes en el mundo: 3.314 sindicalistas han sido asesinados, más de 6.702 hechos de violencia fueron dirigidos contra dirigentes sindicales, 3.541 vulneraciones fueron contra mujeres, todos los departamentos y los sectores económicos del país han sido permeados por este fenómeno, preponderan los casos en los cuales se desconoce un presunto responsable, y de los actores identificados, se observa que los principales victimarios han sido los grupos paramilitares y los organismos estatales, seguidos de las guerrillas y los empleadores2 (Reporte de Sinderh, ENS, diciembre de 2022). La particularidad y gravedad del fenómeno de la violencia antisindical y su relación con las violencias asociadas al conflicto armado, ha conllevado a la generación de esfuerzos por la recuperación de la memoria histórica, principalmente por parte de organizaciones de la sociedad civil, la academia, el sindicalismo y las víctimas. También en el marco de los aportes al esclarecimiento histórico, se encuentran los trabajos realizados por el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y la Comisión de la Verdad que, en su informe final entregado a la sociedad colombiana en el 2022, se pronunció de forma histórica frente a la violencia antisindical en Colombia, reconociendo su complejidad y magnitud, así como las huellas profundas que ha dejado en la democracia colombiana. En los aportes existentes sobre el análisis contextual resulta muy significativo la centralidad que han tenido los testimonios de las víctimas. No obstante, también se evidencia que, en las iniciativas sobre memoria y verdad en el ámbito sindical, unas voces han sido más escuchadas, y que justamente, entre las memorias subterráneas (Arenas, 2012)3 permanecen aquellas relacionadas con las experiencias y las memorias de las mujeres que poco han sido estudiadas en su particularidad y en su complejidad. De allí parte el interés de la presente tesis que se ubica en el campo de estudio de la memoria, el género y la subjetividad, cuyo objetivo principal se orienta hacia la comprensión de las memorias de seis mujeres sindicalistas en Colombia, frente a sus 2 Según la categorización del Sinderh, los empleadores se refieren a las administraciones de empresas, tanto públicas como privadas, que han tenido responsabilidad en las violencias dirigidas contra sindicalistas. 3 Retomo la categoría de memorias subterráneas de la profesora Sandra Arenas (2012), quien, a su vez, hace una lectura del sociólogo Michael Pollak. Para Arenas, "las memorias subterráneas se mantienen en silencio durante largos períodos y aun así no desaparecen; ellas se conservan en la esfera familiar y comunitaria. Las memorias subterráneas emergen y encuentran canales de difusión alternativos, ingeniosos, que demuestran que la política no se restringe a los canales institucionalizados del Estado y que, por el contrario, se vive en el sinnúmero de interrelaciones que los grupos humanos crean entre sí (Blair Trujillo, Quiceno, De los Ríos, Muñoz, Grisales y Bustamante, 2008)” (p. 182). 10 experiencias de participación, de liderazgo en las organizaciones sindicales, las violencias enfrentadas, algunas de ellas asociadas al conflicto armado y otras a violencias de corte estructural, sus estrategias de afrontamiento y prácticas de resistencia. Para ello, se propone la elaboración y análisis de seis historias de vida que reivindican la centralidad de los relatos de las mujeres, a partir de una mirada crítica, situada, contextual, diferencial y relacional que ofrece la perspectiva de género en articulación con el análisis feminista. En el marco de esta apuesta, la pregunta de investigación gira en torno a ¿cuáles son las memorias de seis mujeres sindicalistas y cómo estas permiten comprender sus experiencias y devenir como sujetos políticos y generizados? Para responder a esta pregunta de investigación me propuse comprender las memorias de seis mujeres que hacen parte de tres sectores sindicales distintos: educación, agricultura y salud. Estas mujeres hacen parte de la Asociación de Institutores de Antioquia (Adida), la cual es una filial de Fecode, la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro), el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Agropecuaria (Sintrainagro), la Asociación Nacional Sindical de Trabajadores y Servidores Públicos de la Salud, Seguridad Social Integral y Servicios Complementarios de Colombia (Anthoc). Los sectores y sindicatos fueron elegidos, tal como se verá más adelante, por ser los de más alta participación de mujeres, los que agrupan más violencia antisindical contra ellas y por su importancia en el movimiento sindical. Así mismo, las mujeres fueron elegidas por sus experiencias de liderazgos en dichos sindicatos, por la complejidad de sus historias de vida y la voluntariedad de hacer parte de este trabajo de grado. En términos espaciales y temporales, la investigación se concentra entre los años 1970 y 2022, años en los que se inscriben las historias de vida. Así mismo, los territorios abordados, de acuerdo con la vida de las mujeres, son los departamentos de Antioquia, Valle del Cauca, Caquetá, Meta, Huila y la ciudad de Bogotá. Reconstruí con ellas sus experiencias como parte del movimiento sindical, las afectaciones que tuvo para ellas el cruce entre violencias asociadas al conflicto armado, violencias basadas en género y violencias antisindicales. También reflexionamos en torno a sus formas de resistir y a lo que sus historias representan hoy para ellas como sujetos políticos. Para comprender las memorias individuales en escenarios colectivos, reconstruí parte del contexto del sindicalismo en Colombia y América Latina, haciendo énfasis en la violencia antisindical, en el rol que tienen las memorias sobre este fenómeno y en las voces de las mujeres. Para ello, revisé distintas fuentes documentales y estadísticas. Así mismo, realicé entrevistas a expertos y expertas sobre memorias, género y sindicalismo, con la finalidad de comprender desde distintas orillas las historias que estaba reconstruyendo. El contraste entre las distintas fuentes permitió la escritura de este trabajo de investigación y la reflexión de corte ética propia de este tipo de proyectos. Esto porque, al estar trabajando 11 con memorias diversas y, en buena medida, sensitivas, se hace necesario adoptar un carácter reflexivo sobre aquello que se recuerda y olvida4. Es necesario advertir algunos aspectos sobre los alcances y limitantes que tuvo esta investigación. En términos de los alcances, se identifica la potencia del diálogo entre las fuentes documentales, los testimonios de las mujeres y las entrevistas con expertas y expertos, para posicionar los estudios de la memoria y el género en los estudios políticos y la ciencia política. La conversación entre fuentes muestra también una ruta para estudiar la subjetividad y la política, resignificar y reconceptualizar, no solo a las mujeres, sino a otros sujetos que han vivido discriminaciones históricas. Este giro en la mirada que propone a las mujeres como sujeto central y la resignificación de sus memorias desde su ser y su sentir no deja de ser una apuesta política y reivindicativa, en medio de un sistema patriarcal que insiste en asignar roles marginales, que profundiza la dominación, la desigualdad y el continuum de violencias hacia las mujeres. En cuanto a los limitantes identificados en el proceso de investigación, destaco dos. El primero tiene que ver con la ausencia de información, bases de datos e investigaciones sobre la violencia sexual y las violencias basadas en género que afectan a las mujeres sindicalistas, este sigue siendo un vacío que dificulta un análisis más profundo sobre el continuum de violencias y sobre las afectaciones diferenciadas. En segundo lugar, como parte de los trabajos sobre memoria, algunos de los silencios y los límites de la palabra se ven reflejados en las historias de vida, en algunas es posible profundizar más en determinadas capas de la memoria que en otras. Por ello, lo que se propone en este trabajo de investigación es el inicio de una ruta que espera seguir fortaleciéndose en futuros procesos de reconstrucción de memoria, y espera ser una invitación a continuar el camino trazado por distintas investigadoras acerca de cómo reconstruir memorias desde una perspectiva de género, que rescate memorias subterráneas y que reflexione sobre las implicaciones para una sociedad que está buscando la construcción de paz. Adicionalmente, en el desarrollo de la investigación me enfrenté a una serie de retos vinculados a la selectividad de las memorias, a los tiempos del testimonio, a los olvidos voluntarios e involuntarios, y a las posibilidades de relatar aquello vivido. Esto fue parte central de las reflexiones metodológicas, pues, tal como lo plantea Elizabeth Jelin (2014), Sabemos que las condiciones de producción y de enunciación no son neutras. Las preguntas de quien entrevista y el contexto institucional en el que se enuncia tienen efectos, “producen”, ya que en última instancia se trata de una coproducción más que de una herramienta para “sacar” lo que está escondido o guardado (p. 142). 4 En el capítulo dos reconstruyo parte de la memoria metodológica que dio vida a este trabajo. Allí reflexiono sobre algunas de las implicaciones de este tipo de trabajos para los estudios políticos y la ciencia política, así como para mí como investigadora. 12 En ese orden de ideas, los encuentros con las mujeres fueron reflexionados a partir de llamados de atención como el de Jelin, y a través de estrategias de contraste y revisión de la información. El llamado autorreflexivo sobre lo escuchado, lo vivido y lo sentido, fue parte integral de las consideraciones éticas de esta investigación. Para facilitar este acercamiento, la investigación se estructuró en cuatro capítulos. El primer capítulo Mujeres y sindicalismo. Una mirada del caso colombiano situado en el contexto de América Latina se basa en la revisión documental para situar y contextualizar las historias de vida, para lo cual se realiza una aproximación a las trayectorias sindicales, enfatizando en las dimensiones de la exclusión y la violencia antisindical. De manera particular se indaga sobre el contexto de las mujeres en el ámbito sindical, y los aportes en materia de memoria y esclarecimiento histórico en este campo. Este breve recorrido por el sindicalismo latinoamericano, con especial atención en el caso colombiano, ofrece elementos de contexto que contribuyen en la delimitación sectorial, espacial y temporal de la presente investigación. El segundo capítulo denominado Referentes conceptuales y metodológicos. Memorias sindicales desde la perspectiva de género, ofrece luces frente a preguntas como ¿qué implica abordar memorias desde la perspectiva de género? ¿Cómo se producen este tipo de memorias? A partir de la revisión documental y entrevistas con expertos y expertas, se presenta una caja de herramientas conceptuales y metodológicas para abordar las memorias de las mujeres entrevistadas, desde una perspectiva de género y feminista, que permita comprender su devenir como sujetos políticos. Se plantea que estas memorias son generizadas, no solo porque provienen de mujeres con determinados roles de género asignados, sino porque se han configurado bajo unas condiciones socio históricas marcadas por relaciones desiguales de poder, discriminación y un continuum de violencias, lo cual les implica vivencias y formas diferenciales para vivir sus experiencias y resignificar sus memorias. Se hace hincapié en una práctica investigativa que otorga centralidad a los testimonios de las mujeres, que brinda garantías para una participación efectiva, incorpora acciones de cuidado y procura el diálogo permanente entre el sujeto de la acción y el sujeto del conocimiento. Un proceso capaz de identificar la experiencia feminizada en la resignificación de experiencias y memorias, brindando un análisis realista de los impactos, que aborde las memorias desde una perspectiva situada y contextualizada en esos condicionantes estructurales que viven las mujeres sindicalistas, que articule el análisis reflexivo, diferenciado y relacional, y que abra posibilidades de explorar la subjetividad política a partir de memorias que se sitúan en las esferas privada y pública. El tercer capítulo, Historias de vida: narrativas situadas, resistentes y sobrevivientes, como núcleo de esta tesis, recoge las experiencias y memorias de seis mujeres sindicalistas: Rosa Ángela Tobón Puerta, docente jubilada y ex directiva de la Asociación de Institutores de Antioquia (Adida), filial de Fecode; Olga Fanny Ruiz Valencia, docente jubilada, ex directiva y activista de la misma organización sindical; Nancy Rubio Lavao, 13 trabajadora rural, lideresa campesina del Caquetá y ex directiva de la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro); Adela Torres Valoy, trabajadora bananera de la región del Urabá Antioqueño, Secretaria General del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Agropecuaria (Sintrainagro); María Victoria Jiménez Salazar, bacterióloga y directiva departamental de Antioquia y de la junta nacional de la Asociación Nacional Sindical de Trabajadores y Servidores Públicos de la Salud, Seguridad Social Integral y Servicios Complementarios de Colombia (Anthoc); y Luz Erenia Saac Hurtado, enfermera profesional, especialista en administración en servicios de salud, presidenta de Anthoc seccional Zarzal, Valle. Las mujeres que están al centro de este estudio se narran desde memorias plurales, situadas en contextos espaciales y temporales diversos. Sus memorias resignifican a las mujeres sindicalistas y sus connotaciones diferenciales de acuerdo con el sector en el que se desempeñan: la educación, la salud, la agroindustria y la ruralidad en lugares como Antioquia, Valle del Cauca, Caquetá, Huila y la ciudad de Bogotá. Como se verá en el primer capítulo, la priorización de estos territorios obedece al propósito de abordar memorias plurales, en regiones con amplia y reducida presencia de mujeres sindicalistas, permeadas por dinámicas agudas de la violencia antisindical. Las mujeres entrevistadas nacieron entre los años cincuenta, sesenta y setenta, por lo cual esta investigación narra memorias en un lapso de seis décadas, que inicia en la década de 1970 y cierra en el año 2022 momento en que culmina el trabajo de campo para este estudio. Las mujeres reflexionan en torno a su pasado y se resignifican y reconceptualizan a sí mismas, sus relatos también son el hilo conductor para narrar a otros y otras, para reconocer experiencias colectivas, organizativas, fenómenos sociales y políticos locales, regionales, nacionales e internacionales. El capítulo final Síntesis sobre los principales hallazgos, presenta un cierre analítico integrativo de las principales lecciones aprendidas en el proceso de la investigación, un trabajo resignificado por aprendizajes en distintos niveles, tanto en la teoría como en la práctica investigativa. Para ello, se abordan elementos transversales a las historias de vida, mostrando sus similitudes, diferencias y conexiones, con énfasis en los procesos de resignificación y reconceptualización que hacen las mujeres de sí mismas, en tanto sujetos políticos y generizados. Se esbozan los aportes conceptuales y metodológicos de esta investigación al campo de estudio de la memoria y el género. Y, por último, se plantean reflexiones sobre la forma en que los resultados de esta investigación interpelan al movimiento sindical y a la sociedad en general. 14 CAPÍTULO I. MUJERES Y SINDICALISMO. UNA MIRADA DEL CASO COLOMBIANO SITUADO EN EL CONTEXTO DE AMÉRICA LATINA Concurso de Fotografía documental Los Trabajos y los Días5. David Rugeles Sierra, Emprendiendo (serie x 2), Colombia, 2019. Este capítulo presenta un acercamiento contextual a las luchas sindicales en América Latina y hace énfasis en el caso colombiano, el cual se ha destacado históricamente por su gravedad en términos de las dimensiones de la exclusión y la violencia antisindical. El contexto latinoamericano y colombiano permite situar las memorias de las mujeres sindicalistas que dieron su relato para la presente investigación, mostrando que las memorias individuales a menudo se cruzan con memorias colectivas y se resignifican a partir de ello. Colombia, como se verá, no fue el único país de la región en afrontar procesos de violencia antisindical, pues la persecución al sindicalismo trascendió fronteras en América Latina y en el mundo. Sin embargo, como lo mencionan Correa y Malagón (2012), mientras en otros países esta violencia hizo parte de dinámicas coyunturales, en Colombia estas prácticas se arraigaron en lo más profundo de las dinámicas culturales, sociales y políticas, conllevando a la profundización de la estigmatización, la persecución y el exterminio de lo sindical. Tal como se planteó en la introducción de esta investigación, según el Sistema de Información de Derechos Humanos, Sinderh, de la ENS, entre los años 1971 y 2022 han sido registradas más de 15.000 violaciones a la vida, la libertad y la integridad en contra de sindicalistas en Colombia. Además, este acervo de casos documentados también ha 5 La información referente al Concurso de Fotografía documental Los Trabajos y los Días puede consultarse en la siguiente página web: https://concurso.ens.org.co/ https://concurso.ens.org.co/ 15 servido para avanzar en el análisis, la conceptualización y la comprensión de la violencia antisindical, entendida como El conjunto de prácticas y actos que lesionan la vida, la integridad personal y la libertad de los y las sindicalistas y que, mediante coacción y uso de la fuerza, ocasionan el exterminio de las organizaciones sindicales, su inmovilización, cooptación y/o su exclusión. En otras palabras, la violencia antisindical, cuyo carácter y naturaleza fundamental es de tipo político, se entiende como el conjunto de los actos que buscan, a partir de la elección de las víctimas, someter, reducir, asimilar y cooptar el sujeto y la acción sindical a partir de la destrucción violenta, el daño emocional o el exterminio físico. (Correa & Malagón, 2012, p.30) Para el caso colombiano, los contextos explicativos e impactos de esta larga historia de violencia antisindical sistemática y selectiva, fueron reconocidos en el reciente informe final entregado por la Comisión de la Verdad (2022), así como en el Caso Anexo Verdades inaplazables: violencia antisindical en el marco del conflicto armado interno (2022a), documentos en los cuales se recoge parte del relato y los archivos entregados por el sindicalismo, las víctimas y organizaciones acompañantes, ante esta entidad de la justicia transicional6. Frente a este grave fenómeno, el reconocimiento histórico que hizo la Comisión de la Verdad sobre la violencia antisindical en Colombia tuvo como centro describirla como un trauma colectivo, una huella de dolor en la identidad del país, una herida profunda a la democracia y un ataque a la actividad política y social, lo cual generó impactos masivos e intolerables. Si bien aún no se salda la deuda con las víctimas de la violencia antisindical en materia de memoria y de verdad, la Comisión de la Verdad deja avances significativos al corroborar que buena parte de la violencia antisindical se justificó en la estigmatización. Así mismo, aborda la evolución histórica de la relación entre la participación en el movimiento sindical y la estigmatización, persecución y exterminio. Avanza en la identificación de los contextos en los que ocurrieron las victimizaciones del movimiento sindical y enuncia algunos efectos y resultados de la violencia persistente que ha vivido el movimiento sindical en Colombia7. El informe de la Comisión de la Verdad, así como los trabajos que se han hecho para profundizar en la violencia antisindical, muestra que, más allá de las cifras, en todos los casos de países latinoamericanos se evidencia un socavamiento de la democracia y profundos daños individuales y colectivos por causa de la persecución a sindicalistas y 6 La ENS (2021) presentó el informe titulado Violencia Antisindical en Colombia: Entre el exterminio y la violación a la libertad sindical. Informe sobre patrones y contextos explicativos de la violencia antisindical en Colombia. 7 Véanse el Informe final de la Comisión de la Verdad (2022). De forma particular los volúmenes: “Hallazgos y recomendaciones”; “Hasta la guerra tiene límites”; “No matarás”; “Sufrir la guerra y rehacer la vida; “La Colombia fuera de Colombia; y el caso anexo “Verdades inaplazables: violencia antisindical en el marco del conflicto armado interno”. 16 sindicatos. Este capítulo busca acercarse a este contexto para comprender el escenario en el que se enmarcan las violencias que vivieron las mujeres interlocutoras de la presente investigación. También se busca indagar por el abordaje desde la perspectiva de género, con particular énfasis en aquel campo dedicado a la compresión de las memorias de las mujeres en el ámbito sindical. La aproximación que se hará en este capítulo, en lugar de pretender un análisis exhaustivo sobre las dinámicas socio históricas de las luchas sindicales, la violencia antisindical como parte de estas trayectorias y las memorias que las resignifican, busca aportar al análisis contextual y situado sobre el caso colombiano en el escenario regional. El capítulo fue construido a partir de una revisión de investigaciones y trabajos sobre la violencia antisindical y, de manera específica, sobre el contexto de las mujeres en el sindicalismo en Colombia y América Latina. Dicha revisión permitió comprender la importancia del devenir sindical en esta región del mundo como el contexto socio histórico en el cual se sitúan las historias de vida de las mujeres sindicalistas. En segundo lugar, este rastreo permitió ratificar la pertinencia de este estudio, ya que arroja un balance en el cual las memorias de mujeres sindicalistas no han sido trabajadas a profundidad, y menos aún desde una mirada diferencial como las que ofrece una perspectiva de género y feminista. Adicionalmente, esta indagación posibilitó la definición de criterios que explican la delimitación temporal, regional, sectorial y organizativa de la investigación. Este capítulo se estructura a partir de una mirada contextual que va de lo general a lo particular, y que ofrece elementos para situar las memorias de las mujeres en la producción de sus historias de vida. En un primer momento se presentan elementos de contexto sobre las dinámicas de la violencia antisindical en América Latina, para luego, en un segundo apartado, poner el foco en el caso colombiano. Posteriormente, se aborda un contexto sobre las mujeres en el escenario sindical. Para complementar la revisión, se esbozan algunos aportes de la memoria histórica en el esclarecimiento de la violencia antisindical. La encrucijada de la violencia antisindical en América Latina8 En un contexto como el de la región latinoamericana caracterizado por la exclusión, la desigualdad y la violencia sociopolítica, una porción significativa de las luchas sindicales han pretendido inclinar un poco la balanza hacia procesos de democratización y justicia social, no solo en lo laboral, sino en lo social y lo político. Dichas experiencias resultan de sumo interés para esta indagación, sin embargo, también se identifica la existencia de sectores sindicales cercanos o funcionales a gobiernos neoliberales y/o regímenes autoritarios, por ejemplo, en los casos de Argentina y Brasil, en periodos de dictaduras 8 En este apartado se presenta un contexto general del sindicalismo y las violencias vividas en la región de América Latina. Sin embargo, debe aclararse que este no pretende una descripción exhaustiva del fenómeno en la región, sino que busca situar a los y las lectoras en el escenario del sindicalismo latinoamericano, esto con el fin de situar el caso colombiano. 17 (Cieza, 2012 y Pavão, 2013)9. Partiendo de lo anterior, vale la pena advertir la necesidad de abordar las trayectorias sindicales en América Latina, con particular atención en el caso colombiano, desde su heterogeneidad y pluralidad organizativa, política e ideológica, como también desde una mirada diferencial desde la perspectiva de género. Según las fuentes revisadas se observa que las luchas sindicales latinoamericanas, así como las dinámicas de represión en el marco de la oposición a los regímenes dictatoriales y al modelo neoliberal, han sido objeto de abordajes políticos, académicos y jurídicos. De acuerdo con Correa y Malagón (2012), Si bien en América Latina el surgimiento y consolidación del movimiento obrero sindical en los primeros años del siglo XX presenta diferencias históricas y contextuales en cada país, la violencia (como modo de tratamiento por parte de gobiernos y elites dominantes) resulta ser un rasgo ampliamente compartido. Sofocar huelgas, movilizaciones o protestas reivindicativas por medio de las balas constituye un común denominador que se puede referenciar en casi toda Latinoamérica, desde las masacres en 1907 en las huelgas de Santa María de Iquique en Chile, la masacre del 1 de mayo de 1909 en Argentina, las masacres de Rio Blanco el 7 de enero de 1907 en México, la masacre obrera del 15 de noviembre de 1922 en Guayaquil, Ecuador, entre otras. El escenario colombiano no está muy distanciado de este modelo de tratamiento, tan solo para ilustrar este ritual sangriento de iniciación se puede observar la masacre contra los sastres en 1919, las huelgas petroleras de 1924 y 1927 y la masacre de las bananeras en 1928, hecho que se registra en la historia como la sangre fundacional del sindicalismo colombiano. (p. 88) En contextos más recientes, la violencia antisindical en América Latina ha continuado presentándose de manera sistemática. El siguiente gráfico10 muestra que la región más riesgosa para el ejercicio sindical ha sido la región suramericana. De acuerdo con Correa & Malagón (2012), la violencia homicida en contra de sindicalistas durante los años 1999 y 2009 se ha presentado en el mundo de la siguiente manera: 9 Estos sindicatos obedecen a varios contextos espaciales y temporales, los cuales marcan lógicas de actuación, estrategias de relacionamiento y dinámicas de violencia. Sin embargo, en este capítulo no se ahondará en ello por cuestiones de espacio. Los trabajos de Cieza (2012) y Pavão (2013) pueden ser de utilidad para profundizar en ello. 10 Este gráfico fue tomado de Correa, G. & Malagón, L. (2012). Imperceptiblemente nos encerraron. Exclusión del sindicalismo y lógicas de la violencia antisindical en Colombia, 1979-2010 (2012). Bogotá, Comisión Colombiana de Juristas; Escuela Nacional Sindical, p. 90 18 Gráfico 1. Homicidios contra sindicalistas según región (1999-2009) Fuente: Tomado de Correa & Malagón, 2012, p.90. De los 1.743 trabajadores sindicalizados asesinados en el mundo, entre 1999 y 2009, 1.279 ocurrieron en la parte sur de la región latinoamericana (Correa & Malagón, 2012, p.89). Así mismo, la violencia antisindical y sus impactos han sido más abordados en algunos países que en otros. Como se verá, según las fuentes consultadas para esta investigación, Colombia, Brasil y Argentina resultan ser de los casos más estudiados, debido a los altos índices de violencia antisindical y la existencia de movimientos sindicales y organizaciones de la sociedad civil interesadas en esclarecer este fenómeno11. Al respecto, se identifica que una de las principales diferencias entre el caso colombiano y los demás países de la región, es que mientras en otras experiencias la violencia antisindical fue intermitente y focalizada en periodos determinados, en Colombia desde la década de 1980, se desencadenó un modo de violencia ininterrumpido, permanente y sistemático. Siguiendo el análisis de diferentes informes y datos sobre asesinatos contra sindicalistas en el mundo, y tomando como referencia central los datos de la Confederación Sindical Internacional (CSI), Correa y Malagón (2012), plantean que en la década de 1990 Colombia llegó a ser considerado, a nivel internacional, como el país más peligroso del mundo para el ejercicio sindical. Según estos autores, entre los años 1999 y 2009, en Colombia ocurrieron el 63,5% del total de asesinatos de sindicalistas 11 Una de las particularidades del caso colombiano tiene que ver con la existencia de una organización como la Escuela Nacional Sindical, la cual empezó sus labores en Medellín en el año 1982. Con 41 años de historia, esta organización ha documentado las experiencias de varios sindicatos a nivel nacional y ha tenido como prioridad en su agenda política la recopilación de memorias. Ver: http://memoria.ens.org.co/ http://memoria.ens.org.co/ 19 registrados en el mundo (pp.89-90). Desde 1971 hasta el 2022, se han registrado 15.764 violaciones a la vida, la libertad y la integridad contra sindicalistas en Colombia, de las cuales 3.541 fueron contra mujeres y 6.702 fueron contra dirigentes sindicales (Reporte de Sinderh, ENS, diciembre de 2022). En lo examinado sobre las huellas de la violencia antisindical en Latinoamérica, se encuentra que hombres y mujeres sindicalistas como sujetos de oposición al sistema económico y político neoliberal, liderazgos politizados, agentes de cambio social, aspirantes y/o encargados de cargos públicos y promotores del pensamiento crítico, han sido principalmente las víctimas. Según Jakobsen (2016), organizaciones sindicales en Centroamérica y Suramérica fueron víctimas de persecución y violencia, tanto en el marco de guerras civiles como fueron los casos de Nicaragua, El Salvador y Guatemala12; como bajo los regímenes dictatoriales llevados a cabo en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay13. También se reseña el caso de Perú en medio de un gobierno autocrático14. A continuación, se esbozan rasgos identificados en algunos países. En Argentina se ha realizado un análisis de alrededor de cincuenta casos de víctimas del terrorismo de Estado, en especial activistas y delegados sindicales, de los cuales solo uno corresponde a una mujer, sin dejar claro si se trata de un posible subregistro. Este estudio devela la estrategia antisindical de las juntas militares en el marco de la dictadura, que 12 Según Jakobsen (2016), en Nicaragua, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) operó en Nicaragua, desde inicios de los años setenta, durante 17 años. Se estima que la cifra de muertos para hacer frente a Somoza fue de aproximadamente 50 mil y, como señala Zimmermann (2020), en El Salvador, entre los años de 1980 y 1991, se vivió una guerra que dejó millares de muertos, y marcó formas delincuenciales de espanto; hasta el 16 de enero de 1992, en que las voluntades reconciliadas firmaron la paz en el Castillo de Chapultepec, en México (Comisión de la Verdad para El Salvador, 1993). En Guatemala, el 13 de noviembre de 1960 el fallido golpe de Estado contra Ydígoras Fuentes inició una guerra civil de 36 años entre el Estado de Guatemala y los diferentes grupos guerrilleros. El conflicto dejó más de 200.000 muertos y “desaparecidos”, de los cuales el gobierno y sus grupos paramilitares, las Patrullas de Autodefensa Civil fueron, en mayor medida, y según el Informe final de la CEH, responsables (Comisión para el Esclarecimiento Histórico, 1999). 13 En Brasil fue derrocado el gobierno reformista de Joao Goulart, dando paso a una dictadura de 21 años (1964-1985). El régimen militar aplastó la libertad de prensa y reprimió severamente la oposición política. Se presentaron detenciones ilegales y torturas sobre 1843 de brasileños. 431 personas murieron o fueron desaparecidas. (varias fuentes señalan un subregistro en los casos de violencia documentados). En Argentina fue derrocado el gobierno peronista, iniciando la dictadura de Jorge Videla, la cual se prolongó durante 7 años (1976-1983). Argentina fue la dictadura más violenta de todas al dejar un saldo de 30.000 personas entre desaparecidas y asesinadas. En Chile fue derrocado el gobierno socialista de Salvador Allende, dando lugar a la dictadura de Augusto Pinochet durante 16 años y seis meses (1973-1990). 3.014 personas fueron ejecutadas por las fuerzas de represión, más de mil desaparecidos y 27 mil fueron torturadas en las prisiones. En Uruguay, en 1973 el presidente, en alianza con las fuerzas armadas uruguayas, dio un golpe de Estado civil/militar. El Congreso se cerró, se prohibieron los partidos políticos y los sindicatos, el Gobierno adoptó la doctrina de la seguridad nacional y personalidades del liderazgo civil comenzaron a desaparecer. Se estima que durante los once años de la dictadura un tercio de la población llegó a ser detenida para interrogación por alguna razón política. 14 La Comisión de la Verdad y Reconciliación (2003), publicó en su informe final que entre 1980 y 2000 murieron 69.000 personas víctimas de los conflictos y 15.000 personas fueron víctimas de desaparición forzada. El PCP-SL tuvo la responsabilidad del destino de 54% de las víctimas, el 37% fue de responsabilidad del Estado. Como parte de este contexto, la Comisión reseña algunos casos de asesinatos, desapariciones, detenciones y agresiones cometidas contra dirigentes sindicales y trabajadores. 20 consistió en alterar sustancialmente el modelo sindical vigente y reemplazarlo por otro más compatible con el patrón de acumulación económica planteado (Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, 2012). Por su parte, Cieza advierte que pese a un subregistro significativo, en un primer levantamiento de información se registran alrededor de 513 hechos de violencia contra activistas y delegados sindicales (Cieza, 2012). Por otra parte, en Centroamérica la crisis de la década de 1930 afectó fuertemente la economía de los países y determinó gobiernos autoritarios, represivos, con asesinatos, encarcelamientos y exilio de dirigentes. Supresión de libertades básicas y de derechos sindicales, abusos de todo tipo. Pésimas condiciones de vida y de trabajo, recayendo el costo de la recuperación económica sobre las espaldas de los trabajadores, soportando jornadas extenuantes, bajos salarios, inestabilidad, pagos con cupones. Largos años de represión, masacres de campesinos, represión sangrienta frente a los intentos de sublevación, abusos patronales, encarecimiento de los artículos de primera necesidad. Persecución política, allanamientos de sedes, incautación de bienes, temor, soplonaje, delaciones, amenazas. Desprestigio de los dirigentes. Intervenciones e invasiones extranjeras, caudillos, gobiernos títeres, ausencia de legislación o irrespeto de las mismas. Predominio de organizaciones sindicales oficialistas, fueron algunas de las condiciones que marcaron el devenir del sindicalismo en Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana (Sepúlveda & Frías, 2007). Aunque son escasos los datos consolidados sobre la violencia antisindical en los países en mención, algunos textos aportan elementos de contexto. Por ejemplo, frente al caso de Guatemala señalan Sepúlveda y Frías (2007) que la última actividad masiva de los trabajadores guatemaltecos se llevó a cabo a principios de 1980. Los obreros agrícolas que constituyen la economía básica del país la paralizaron con la huelga. Después del triunfo vinieron los despidos. En la ciudad, la lucha más persistente ha sido la del Sindicato de la Coca-Cola, por reivindicaciones y contra el cierre de la empresa. El régimen responde con secuestros y asesinatos. En junio de 1980 secuestró a 21 dirigentes de la CNT y tres meses después a 16 más de la misma central. Nunca aparecieron (p. 67). Por su parte, Jakobsen (2016) menciona que el movimiento sindical en Guatemala también fue reprimido durante la fase de la dictadura de la década de 1980, además de tener que hacer frente al ajuste estructural neoliberal desde 1994. Mientras que el informe de la Comisión del Esclarecimiento Histórico (CEH) Guatemala, memoria del silencio (1999), contó con líderes sindicales como testigos clave en la recopilación de testimonios, y en dicho informe se reconoce el movimiento sindical como uno de los sectores más afectados por las ejecuciones arbitrarias y la desaparición forzada. El informe de la Comisión de la Verdad para El Salvador documenta con algunos casos la violencia sistemática que vivió aquel país contra opositores políticos, entre ellos sindicalistas. Dentro de los hechos de violencia vividos en este país, se encuentra el atentado contra la sede de la Federación Nacional Sindical de Trabajadores Salvadoreños 21 (Fenastras), el 31 de octubre de 1989, en el cual murieron nueve personas y más de cuarenta resultaron heridas. Brasil vivió veinte años de dictadura (1964-1984). Durante esa época el movimiento sindical sufrió la más intensa y profunda represión política, al igual que toda la sociedad. La ocupación militar y las interferencias afectaron alrededor de 2.000 sindicatos. Sus líderes fueron revocados, arrestados y exiliados (Pavão, 2013, p. 31). Esto también quedó consignado en el informe de la Comisión Nacional de la Verdad de Brasil (2014), principalmente en el Volumen III, donde se documentan de forma sistemáticas los casos de asesinatos y desapariciones forzadas de los opositores políticos. En Perú, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (2003), documentó la represión y la violencia contra dirigentes sindicales y trabajadores, agudizada principalmente entre los años ochenta y noventa. Entre los sindicatos perseguidos se reseñan la Confederación General de Trabajadores de Perú (CGTP), el Sindicato Único de Trabajadores de la Educación (SUTEP), la Federación de Trabajadores Municipales del Perú, el Sindicato de Trabajadores de la Compañía Peruana de Teléfonos y la Federación Agraria de Ayacucho. En términos de la construcción de memorias sobre las violencias antisindicales, se encuentra que, mientras en unos contextos estas memorias han sido más amplias y visibles, en otros se encuentran más restringidas y subterráneas. Si bien se destacan distintos esfuerzos institucionales y no institucionales por visibilizar estas memorias, de forma particular llama la atención la centralidad que han ganado las demandas de las víctimas y los esfuerzos de los movimientos de derechos humanos, por la exigencia del derecho a la verdad y la memoria. Es así como se encuentran distintas políticas públicas de verdad y memoria, por ejemplo, en Bolivia, Uruguay y Paraguay las cuales han tenido como objeto el esclarecimiento de la violencia ocurrida contra el sindicalismo en dichos países (Garretón et al., 2011). Para el caso colombiano, se destacan los aportes del Centro Nacional de Memoria Histórica, principalmente con el trabajo Y a la vida por fin daremos todo (CNMH, 2018) que recoge la memoria con los sindicatos palmeros en el sur del Cesar. Otras organizaciones de la sociedad civil, entre ellas ENS, también han adelantado esfuerzos por la reconstrucción de la memoria histórica sindical15. Como se ha señalado en párrafos anteriores, también sobresalen los aportes construidos a partir del trabajo realizado por distintas comisiones de la verdad en América Latina, en el marco de escenarios transicionales por medio de los cuales se ha buscado dar el paso de dictaduras a regímenes democráticos, o de guerras civiles y conflictos armados a la construcción de la paz. Al respecto, se identifican aportes en materia de esclarecimiento frente a la violencia antisindical en el informe de la Comisión Nacional de Desaparición en Argentina (Cieza, 2012, p. 240), el informe de la Comisión Nacional de la Verdad de 15 Ver algunas experiencias de reconstrucción de memoria con sindicatos, página web memoria sindical en Colombia: https://bit.ly/3YUKgR8 22 Brasil (2014), el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación de Chile (1991), el informe de la Comisión de la Verdad para El Salvador, La Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú (2003) y en el informe de la Comisión de la Verdad de Colombia (2022). En los informes reseñados se resalta la violencia antisindical como práctica selectiva y sistemática, el sindicalismo en la región enfrentó desde controles y restricciones normativas, represión política y estigmatización, hasta la más cruenta persecución y exterminio en el marco de la violencia política ejercida contra opositores y movimientos de izquierda. Así mismo, es importante hacer dos aclaraciones. La primera es que, aunque en dichos informes de verdad se esbozan antecedentes, se observa que dicha persecución se agudizó a partir de la década de 1970. La segunda tiene que ver con que, si bien en cada uno de estos informes se documentan casos de violencia contra sindicalistas y organizaciones sindicales, no en todos los informes existe una documentación sistemática de este tipo de violencias. Podría decirse que el reciente informe de la Comisión de la Verdad en Colombia es el que analiza de manera más amplia el tema y presenta datos más consolidados sobre la dimensión de la violencia antisindical en este país. De hecho, es la única Comisión que ha construido un informe específico para indagar en el esclarecimiento de lo ocurrido contra el sindicalismo. En todos los casos, se debe mencionar que las memorias de mujeres sindicalistas son pocas. De acuerdo con los informes revisados, sobre los responsables de este tipo de violencia se identifica una tendencia común en diferentes países que señalan los grupos paramilitares, organismos estatales y empleadores como los principales victimarios. Adicionalmente, las distintas Comisiones de la Verdad insisten en que uno de los principales impactos de la violencia antisindical ha sido el daño a la democracia, al considerar al sindicalismo bajo la lupa del enemigo interno, se desconoce su legitimidad y se justifica un trato excluyente y violento. A esto se suma la ruptura del tejido social que conllevó a la profundización de la estigmatización del sindicalismo. Un ejemplo de ello se encuentra en los materiales de reflexión de la Comisión de la Verdad colombiana. En un episodio de la serie radial Todas las voces, realizada por la Comisión de la Verdad colombiana para la divulgación de su labor, el comisionado Carlos Beristain argumentó que, El sindicalismo colombiano ha sido muy victimizado en el marco del conflicto armado interno. Como me dijeron muchas veces los sindicalistas: “tuvimos que pasar de defender los derechos laborales a defender el derecho a la vida”. […] Los sindicalistas han sido objeto de violencia, señalándolos además siempre con un estigma anticomunista, de estar contra el desarrollo, acusados de ser parte de la guerrilla muchas veces. En la práctica esas victimizaciones han venido por el papel de sindicalistas hombres y mujeres, en los derechos sindicales laborales frente a políticas neoliberales que se han impuesto a veces con violencia, también por su papel de liderazgo comunitario y por su papel que, a partir de ese liderazgo comunitario y social, han llevado a veces en participación política, sobre todo local 23 y regional. Sin embargo, los sindicalistas son una fuente fundamental de democracia para los países, también para el caso colombiano, y el impacto que eso ha tenido en términos de la desaparición de sindicatos o en términos de la menor afiliación, muestra también un impacto para la democracia en Colombia16. Si bien la violencia antisindical es un fenómeno que puede extrapolarse a distintas latitudes, el caso colombiano, tal como se planteó en este apartado, resulta paradigmático por las amplias dimensiones de la violencia antisindical, su persistencia por más de cuatro décadas y los graves impactos individuales y colectivos que ha generado, sin aún ser reparados. Breves elementos de contexto sobre el sindicalismo en Colombia Además de la sistematicidad de la violencia antisindical, el caso colombiano es fundamental en esta investigación porque es el escenario donde se sitúan las memorias a estudiar, es decir, aquellos contextos habitados y resignificados por las mujeres en el ejercicio de sus roles al interior del movimiento sindical. Se sugiere enfatizar en la centralidad de la libertad sindical y la libertad de asociación como derechos humanos fundamentales que, junto con la negociación colectiva, reunión y huelga, forman el núcleo básico para proteger y promover el derecho al trabajo en condiciones justas y satisfactorias (artículo 7 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales). Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) destaca la relevancia de estos derechos en la promoción de la democracia (Declaración de la OIT, 1998). Estos referentes normativos en su conjunto, más otros enunciados por el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, dejan ver una mirada amplia, integradora y garantista frente a la libertad sindical, lo cual resulta relevante si se tiene en cuenta que el marco normativo colombiano en la materia es bastante restrictivo, ya que reduce la libertad sindical al ámbito estrictamente laboral y gremial (Correa & Malagón, 2012). Así mismo, se trata de comprender la libertad sindical dentro del campo de los derechos humanos desde una concepción amplia e integradora, ligados a la acción política y la transformación social (Gallardo, 2006). Lo que resulta paradójico es que pese a la existencia de numerosos marcos normativos nacionales e internacionales para la protección del derecho a sindicalizarse y de las libertades sindicales en su conjunto, siguen existiendo grandes barreras estructurales. El sindicalismo colombiano es ejemplo de ello, al ser foco de una violencia selectiva y sistemática que no ha vivido otro movimiento sindical en el mundo. De acuerdo con el análisis de diferentes informes y datos sobre asesinatos contra sindicalistas en el mundo, y tomando como referencia central los datos de la Confederación Sindical Internacional 16 Ver: Comisión de la Verdad ¿Por qué la actividad sindical ha sido víctima del conflicto armado en Colombia? En: https://onx.la/ab066 https://onx.la/ab066 24 (CSI), entre 1999 y 2009 fueron asesinados al menos 1.743 trabajadores y trabajadoras sindicalizadas, con un promedio de 174 asesinatos por año. En Colombia, por más de tres décadas, sindicalistas y sindicatos han sido víctimas de distintas formas de violencia, siendo esta una de las formas más graves de exclusión padecida por el movimiento sindical, y que aún no ha sido objeto de reparación. Según Sinderh, y como se observa en el Cuadro 1, entre los años 1986 y 2020, se han registrado al menos, 15.229 violaciones a la vida, libertad e integridad cometidas contra sindicalistas en Colombia. Entre éstas, 3.220 homicidios, 428 atentados contra la vida, 247 desapariciones forzadas, 7.545 amenazas de muerte y 1.952 desplazamientos forzados. Del total de violaciones 12.831 han sido contra hombres y 3.398 cometidas contra mujeres. A 916 dirigentes sindicales les ha sido arrebatada su vida (Reporte de Sinderh, ENS, diciembre de 2021). Sin contar con el subregistro existente en relación con casos de violencia contra sindicalistas, tal como se concluye en el informe Reconocer el pasado, construir el futuro. Informe sobre violencia contra sindicalistas y trabajadores sindicalizados, 1984-2011 (PNUD, 2011). Cuadro 1. Violaciones a la vida, libertad e integridad cometidas contra sindicalistas en Colombia, entre 1986 y 2020 Tipo de violación Mujeres Hombres Total general Amenazas 1905 5640 7545 Homicidios 333 2887 3220 Desplazamiento forzado 880 1072 1952 Detención arbitraria 59 692 751 Hostigamiento 107 606 713 Atentado con o sin lesiones 48 380 428 Desaparición forzada 17 230 247 Secuestro 24 170 194 Tortura 9 96 105 Allanamiento ilegal 15 56 71 Homicidio de familiar 1 2 3 Total general 3398 11831 15229 Fuente: Sistema de Información de Derechos Humanos, Sinderh, ENS, reporte realizado en diciembre de 2021 Se identifica que la violencia contra el sindicalismo se expresa a través de una serie de acciones letales y no letales, todas sumamente graves, pese a que gran parte de los esfuerzos investigativos tienden a centrarse en el homicidio por representar la afectación de mayor gravedad17. Sin embargo, es necesario comprender la victimización al 17 De hecho, esta ha sido una constante en las investigaciones sobre violencias asociadas al conflicto armado y violencias urbanas: la mayoría de estas se centran en los homicidios (Restrepo, Pérez y Vélez, 2012). En los últimos años se han incluido también otras formas de violencia como los desplazamientos forzados, las masacres y las violencias sexuales, estas últimas por la fuerza de los movimientos feministas y de género. 25 sindicalismo como un entramado amplio y complejo de distintas formas de violencia, donde incluso, en ocasiones, unas son secuencia de otras, o los impactos de unas generan una carga simbólica y política en otras. Adicionalmente, estas cifras indican la existencia de un patrón relacionado con violaciones masivas a los derechos humanos de trabajadoras y trabajadores sindicalizados, que, ocurridos de manera sistemática y selectiva durante más de tres décadas, no pueden leerse como hechos aislados. Cabe mencionar que, más allá de las cifras y de acuerdo con algunas investigaciones revisadas18, la violencia antisindical se configura a partir de prácticas sistemáticas en términos de repertorios, actores, dinámicas socio espaciales, sectoriales, organizacionales y diferenciales. Así mismo, esta violencia se expresa a través de unas tendencias temporales las cuales dejan ver que, más allá de un fenómeno extendido por más de tres décadas, la configuración histórica, socio espacial y política de la violencia antisindical en Colombia no es lineal y estática, por el contrario, presenta variaciones cronológicas, periodos de auge y contracciones enmarcados en contextos sociales, políticos y económicos. De manera particular, dichas variaciones a menudo han estado influenciadas por coyunturas de apertura democrática y de auge de la movilización social, dinámicas del conflicto armado interno, implementación del modelo neoliberal19 y sus consecuencias derivadas en la pérdida de centralidad del trabajo como derecho, y de la adopción de legislación restrictiva de los derechos laborales y sindicales. Resulta necesario precisar que, por la naturaleza heterogénea, multicausal y contextual de la violencia antisindical, su comprensión no se acota en una mera línea explicativa de periodización. Sin embargo, el Gráfico 2 muestra la aproximación a una tendencia temporal que da algunas pistas sobre el comportamiento de este fenómeno por años. 18 Ver, por ejemplo, Correa, G. & González, J. (2011). Correa, G. & Malagón, L. (2012) Alfonso, M. & Giraldo, J (2015). Castaño, E. et al (2015); Colorado, V. (2015). Castaño, E. (2015a); Castaño, E. (2015b). Castaño, E. et al (2019). Castaño, E. (2015b); Trujillo, C. (2019). Romero, M; López, S. (2018); Castaño, E. (2019), Centro Nacional de Memoria Histórica (2015); Centro Nacional de Memoria Histórica (2018); Asociación para la Promoción Social Alternativa Minga (2011; 2012; 2016); Martínez, D. (2018); Sanjuán, L. (2016). 19 Según la Comisión de la Verdad (2022a), la implementación desde comienzos de la década del noventa de un modelo económico neoliberal orientado a flexibilizar mercados y las propias condiciones laborales, además de propender por proyectos extractivistas en los territorios, también es clave para dar cuenta de las luchas del movimiento sindical y los mecanismos violentos en su contra. Los procesos de privatización y de transformación de sectores económicos y sociales, tanto públicos como privados, se vuelven un punto álgido de la lucha sindical, así como de la violencia en su contra (p. 212). 26 Gráfico 2. Cronología de las violaciones a la vida, libertad e integridad cometidas contra sindicalistas en Colombia, entre 1986 y 2020 Fuente: Sistema de Información de Derechos Humanos, Sinderh, ENS, reporte realizado en diciembre de 2021 De acuerdo con los casos documentados en Sinderh, es posible advertir que, si bien hay registros de violencia antisindical desde años previos al periodo acá abordado, el año 1986 marca un hito en la dinámica de sistematicidad, a partir de allí se inicia una tendencia creciente de la violencia antisindical, marcada principalmente por el asesinato de sindicalistas. Entre 1986 y 1990 se registraron 603 violaciones contra sindicalistas en total, de las cuales 413 fueron asesinatos (Reporte de Sinderh, ENS, diciembre de 2021), marcando una clara intencionalidad de exterminio. También es necesario precisar que 1983 es el primer año en el cual se tiene registro de un caso de violencia contra una mujer sindicalista: el 17 de noviembre fue asesinada Mercedes Vergara, quien era docente y estaba afiliada a la Asociación de Institutores del Cauca (Asoinca). Presuntamente el hecho fue cometido por el grupo paramilitar Muerte A Secuestradores (MAS) (Reporte de Sinderh, ENS, diciembre de 2021). La tendencia ascendente continúa hasta alcanzar su pico máximo en el año 1998 y prolongando un periodo de proliferación de la violencia antisindical hasta el año 2004. Según lo señala la Comisión de la Verdad (2022a), entre 1997 y 1999 se evidencia un nuevo auge de las luchas sociales y sindicales, y entre los hechos relacionados se destaca la presión obrera al final del gobierno de Ernesto Samper, el paro estatal de 1998 y la oposición al Plan de Desarrollo propuesto por el gobierno de Andrés Pastrana. En ese tiempo se realizan reclamos políticos amplios, se agudiza la oposición frente a procesos de privatización, la descentralización, la reestructuración de las entidades públicas, los altos niveles de corrupción y, por ende, se da un aumento de la movilización y la huelga. A los anteriores factores de persistencia de la violencia antisindical en aquella época, se suman las dinámicas asociadas al conflicto armado, con una incidencia destacada del auge del paramilitarismo. 1 3 8 8 9 12 12 7 21 24 143 306306 195 128 68 48 205243 160 93 151 216185198206182 53 54 20 36 29 33 25 1047 83 214 163 67 114 196219 143 270 454 605 698 714 473553 597459 472 303 313 298 572 540 376 518 474 436 334 188 250 187203170 128 1 9 8 6 1 9 8 7 1 9 8 8 1 9 8 9 1 9 9 0 1 9 9 1 1 9 9 2 1 9 9 3 1 9 9 4 1 9 9 5 1 9 9 6 1 9 9 7 1 9 9 8 1 9 9 9 2 0 0 0 2 0 0 1 2 0 0 2 2 0 0 3 2 0 0 4 2 0 0 5 2 0 0 6 2 0 0 7 2 0 0 8 2 0 0 9 2 0 1 0 2 0 1 1 2 0 1 2 2 0 1 3 2 0 1 4 2 0 1 5 2 0 1 6 2 0 1 7 2 0 1 8 2 0 1 9 2 0 2 0 Mujeres Hombres 27 En el periodo 1998 – 2004, se mantiene el incremento en la lógica de victimización del asesinato selectivo, con la diferencia de que en este lapso otros tipos de violencia se hacen masivos, tales como las amenazas, los desplazamientos forzados, los atentados contra la vida, las desapariciones forzadas, los secuestros, entre otros. Por último, a partir de 2004 se identifica un giro estratégico en la dinámica de la violencia antisindical en el cual prevalecen los repertorios de intimidación, se mantiene el asesinato en menores proporciones que en décadas anteriores, y esto podría explicarse, en parte, por el alto costo político que denotaban este tipo de hechos para el gobierno colombiano de cara, principalmente, a la comunidad internacional. Teniendo en cuenta que los principales presuntos victimarios de la violencia antisindical han sido los paramilitares, en esta nueva dinámica también pudo influir el proceso de desmovilización del paramilitarismo. La violencia antisindical en Colombia aun no es un fenómeno del pasado, según la base de datos Sinderh, de la ENS, para el año 2022 fueron registradas 288 violaciones a la vida, la libertad y la integridad cometidas contra sindicalistas en Colombia. En el último año fueron asesinados 22 sindicalistas en el país. De acuerdo con las investigaciones realizadas por la ENS, Entre las hipótesis explicativas de la violencia antisindical en los últimos años, se encuentran: i) la persistencia de la violencia antisindical en el marco de la persecución contra líderes/as y defensores/as de derechos humanos, ii) la violencia focalizada en activistas y dirigentes sindicales, iii) la reactivación de la violencia antisindical en el sector rural, iv) el entramado entre hechos victimizantes individuales y colectivos, v) se identifica una tendencia decreciente en los casos documentados, vi) se observa sub registro profundizado por las condiciones de la pandemia, principalmente en relación con los casos de violencia contra docentes sindicalizados/as, vii) la preponderancia del señalamiento, la intimidación y la persecución que aumentan el nivel de riesgo y vulnerabilidad frente a la labor sindical. (Colorado et al., 2021, p. 29). Revisión de literatura sobre las mujeres en el sindicalismo latinoamericano y colombiano Como se observó en los apartados anteriores, si en general el ejercicio sindical enfrenta escenarios y contextos bastante adversos, para las mujeres resulta ser aún más complejo dadas las barreras estructurales que enfrentan como sujetos generizados. Pese a que las mujeres sindicalistas han construido sus trayectorias de vida en un ámbito protegido por la norma y el derecho, en la práctica lo que se evidencia es una brecha pronunciada entre lo establecido en mecanismos de protección nacionales e internacionales y las realidades que viven mujeres sindicalistas en Colombia y en la región latinoamericana, tal como se denota en la solicitud de opinión consultiva elevada ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), sobre las garantías a la libertad sindical, su relación con otros derechos y su aplicación desde una perspectiva de género (CIDH, 2019). 28 La CIDH examina algunos factores del contexto sobre el ejercicio sindical de las mujeres en el continente americano, entre ellos, la baja tasa de sindicalización, lo cual alimenta la inequidad, la precarización laboral expresada principalmente en altos niveles de desempleo, políticas de flexibilización, crecimiento de la informalidad, pérdida del valor real de los ingresos, brecha salarial, trabajo no remunerado, acoso y segregación ocupacional. Adicionalmente, la CIDH comenta que el rol de cuidado de la familia y el trabajo doméstico ha sido asignado mayormente a las mujeres con base en concepciones estereotipadas basadas en su género, con sus respectivas consecuencias en materia de desigualdad y pobreza. A esto se suman las permanentes restricciones, prácticas antisindicales, como también violencias y represión, discriminación y violencias basadas en género en el trabajo. Y lo más grave, la consulta evidencia que en contextos latinoamericanos el papel del Estado como garante ha resultado insuficiente (CIDH, 2019). En palabras de Godinho, (2009), se hace referencia a una región donde todavía existen muchas organizaciones sindicales en las cuales las mujeres siguen invisibilizadas y excluidas, las experiencias reseñadas son referencias de un sindicalismo que se quiere identificar y reconocer como un espacio igualitario de hombres y mujeres (p.50). Para el caso colombiano se evidencia que estas condiciones estructurales de desigualdad, discriminación y violencias que han enfrentado las mujeres en el mundo del trabajo, se han profundizado aún más como consecuencia de la pandemia del Covid-19. Por ejemplo, para el año 2020 la tasa de ocupación de las mujeres en Colombia fue del 38,3%, mientras que el 61,0% vieron aumentadas sus horas de trabajo. Es necesario advertir que esto en su conjunto podría amenazar años de lucha por la inclusión y la participación equitativa de las mujeres en el mercado laboral. A este difícil panorama de sistemáticas vulneraciones a los derechos laborales, se suman otros riesgos derivados para las mujeres sindicalistas por hacer parte de un colectivo que históricamente ha enfrentado la exclusión política, una arraigada estigmatización y cultura antisindical, la implementación de legislación laboral regresiva, violaciones masivas a los derechos humanos y graves violaciones al ejercicio de la libertad sindical, dejando, entre otros resultados, una tasa de afiliación sindical que en Colombia no supera el 5,0% de las personas ocupadas (ENS, 2021). Al respecto, Godinho (2009) llama la atención sobre la perspectiva de género como una apuesta orientada a reconocer los roles diferentes y jerarquizados de los hombres y mujeres en la sociedad, no como fruto de factores biológicos y naturales sino una construcción social e histórica. Partiendo de esta definición, la autora avanza en la propuesta de una política sindical de género basada en tres líneas: a) superar la exclusión de las mujeres y construir la participación igualitaria de hombres y mujeres en todos los niveles de la vida sindical; b) incorporar la perspectiva de género como uno de los ejes orientadores de la política de la organización sindical; c) incidir a través de planes y programas de acción para cambiar las relaciones de género desiguales en el ámbito interno y externo al sindicalismo. 29 Frente al análisis en Centroamérica, se anota que la participación de las mujeres en el movimiento sindical todavía es reducida, aunque existen sectores que por su composición son mayoritariamente femeninos, como el de salud y la educación. La mayoría de los gremios sindicales han creado secretarías de la mujer, lo cual ha obligado a introducir los temas vinculados con enfoque o perspectiva de género dentro de la agenda de las organizaciones y también ha permitido aumentar significativamente el número de mujeres afiliadas a los sindicatos. Sin embargo, un aumento proporcional no se ve todavía a nivel de la dirigencia (Sepúlveda & Frías, 2007, p. 157). Como lo advierte la CIDH (2009), tales limitantes en la participación, no solo en Centroamérica sino en la región, podrían estar relacionados con las dinámicas estructurales asociadas a la distribución desigual en las cargas de cuidado, a una menor inserción en el mercado laboral, al sistema patriarcal que reproduce discriminación y violencias basadas en el género, y a contextos marcados por la represión. Otras propuestas académicas contemporáneas se han centrado en indagar las fronteras entre feminismo y sindicalismo, principalmente en el caso argentino. En este se presenta una serie de consideraciones teórico-metodológicas sobre estrategias y arreglos institucionales, relativos a los avances que se van dando dentro de las estructuras sindicales en relación con la representación de las mujeres y las reivindicaciones feministas. También se explora la construcción de redes de militancia feministas en los sindicatos (Arriaga, A. & Aspiazu, E., 2022). Adicionalmente, un artículo sobre el estudio del sindicalismo estatal en la provincia de Mendoza en Argentina, que presenta una aproximación a la relación trabajo, sindicato y género, enfatiza en que la comprensión de las agendas sindicales de género implica una reflexión crítica situada histórica y socialmente, develando las relaciones asimétricas - sociales y de poder- pero no solo de género sino articulándose con edad, estado civil, clase social, ocupación y rama de actividad laboral (Gorri & Lecaro, 2020, p. 54). Queda en evidencia que el espacio sindical es un campo de lucha no solo externo contra las patronales, sino también un campo de lucha interno por el lugar de la mujer en espacios de decisión y de instalación de agenda de género en las luchas y conquistas (Gorri & Lecaro, 2020, p. 59). Además de las inveteradas luchas entre el capital y el trabajo, hay unas en los intersticios de lo social que atañen a lo estructural de las asimetrías que en términos de género es también necesario problematizar, visibilizar. Entre lo revisado para el caso colombiano, se destacan tres trabajos. Un documento de la Unidad de Atención para la Reparación de las Víctimas (UARIV, 2014) sobre reparación colectiva al movimiento sindical desde la perspectiva de género, el cual presenta una aproximación al fenómeno de la violencia antisindical en Colombia, la fundamentación para integrar el enfoque de género a este proceso, las afectaciones y riesgos específicos de las mujeres, los impactos colectivos, y algunas precisiones en cuanto a los enfoques de género, participativo y transformador en la construcción de la memoria histórica y, en general, el proceso de reparación colectiva al movimiento sindical (p. 7). Durante las dos 30 últimas décadas, la ENS ha desarrollado una línea de investigación e intervención sobre mujeres trabajadoras y la perspectiva de género, lo cual le ha permitido reconocer las especificidades de los problemas que enfrentan las mujeres en el mundo del trabajo y dentro del sindicalismo, así como promover su liderazgo y agendas20. De manera particular, la pertinencia de la adopción del enfoque de género en este contexto se sustenta en la necesidad de avanzar en análisis diferenciados sobre la violencia antisindical cometida contra las mujeres. Partiendo de la idea de que la violencia ejercida en contra de las mujeres sindicalistas está llena de una carga semántica y simbólica; la violencia contra las mujeres en el marco de la violencia antisindical tiene un carácter esencialmente instrumental, son convertidas en un medio para distintos fines, entre ellos, asegurar el terror y generar advertencias o realizar acciones correctoras por el ejercicio de un rol no tradicional para las mujeres; supone un ataque a la intimidad y muestra el control de los cuerpos de las mujeres como objeto de poder (UARIV, 2014, p.16). Por otra parte, un texto sobre mujeres y sindicalismo, publicado por la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Londoño, 2019), reflexiona en torno a la importancia y la necesidad de incorporar el enfoque de género de forma transversal a la práctica sindical. Para ello, se incluyen las voces de directivas sindicales exponiendo algunos desafíos y las propuestas en la materia, entre ellas: i) el fortalecimiento de la labor investigativa, política y sindical que contribuya a aumentar la presencia, participación y representación de las mujeres en los sindicatos, ii) el cuestionamiento frente a las persistentes prácticas por discriminación de género, iii) el debate sobre el concepto de género como categoría analítica vinculada a las relaciones de poder que fomentan la desigualdad, iv) la comprensión del impacto diferencial entre hombres y mujeres de la política educativa y laboral, y v) la activación de mecanismos para la participación efectiva de las maestras sindicalizadas. Caracterización del movimiento sindical de las mujeres en Colombia El esfuerzo por situar las memorias de las mujeres sindicalistas interlocutoras de esta investigación, también implica un acercamiento descriptivo y analítico que permita identificar algunas de las principales características sobre las mujeres al interior del movimiento sindical colombiano, cómo se representan en la tasa de sindicalización, en qué sectores, organizaciones y departamentos se encuentran afiliadas. Esto es fundamental de cara a un análisis relacional, diferencial y contextual del devenir de estas mujeres como lideresas, las dinámicas de exclusión y violencias por ellas enfrentadas. Es por ello que uno de los desafíos a la hora de revisar las cifras de violencia antisindical desde una perspectiva de género, tiene que ver con la aplicación de una lógica diferenciada de los datos que permita entender las raíces de esa disparidad y alejarse de 20 Ver publicaciones de la Escuela Nacional Sindical sobre mujer trabajadora y perspectiva de género, En: https://onx.la/21b98 https://onx.la/21b98 31 la tendencia al menosprecio y la subestimación de las violencias contra las mujeres por tratarse meramente de cifras menores (Trujillo, 2020). Así mismo, tal como lo señala la Unidad de Atención y Reparación Integral para las Víctimas, en el análisis de estos casos la proporción cuantitativa suele emplearse como argumento para restarle importancia a los mismos y darle un lugar marginal frente al daño colectivo; de este modo, otra de las características de la violencia antisindical contra las mujeres es que se desestima o trivializa e incluso trata de atribuirse a otro tipo de móviles, de tal modo que la afectación del rol sindical ejercido por las mujeres aparezca como secundario (UARIV, 2014). Partiendo de lo anterior, es necesario priorizar un análisis cualitativo del fenómeno basado en contextos explicativos relacionados, por ejemplo, con los obstáculos para el acceso al mundo del trabajo, la tasa de sindicalización, la informalidad, el papel de las mujeres al interior de las organizaciones sindicales, y los roles de cuidado atribuidos y asociados socialmente a las mujeres. Al respecto, revisemos algunos datos generales relacionados con la participación de las mujeres en el movimiento sindical colombiano. Según el Sistema de información Sindical y Laboral Sislab, Subsistema Censo Sindical, de la ENS 21, para el año 2021, la baja tasa de sindicalización en Colombia que no supera el 5,0%, se traduce en la existencia de al menos 5.857 sindicatos en el país, los cuales agrupan 1.078.238 de trabajadores/as afiliados/as, de los cuales 416.756 son mujeres, es decir el 38,65% del total. Esto evidencia dos asuntos centrales: por un lado, una alta dispersión sindical de muchos sindicatos con muy pocos afiliados/as, y, por otro lado, muestra que las mujeres encuentran más barreras para hacer parte de una organización sindical (ver Cuadro 2). Pues esta baja tasa de sindicalización de las mujeres está relacionada con la falta de acceso al trabajo, la masculinización del sindicalismo, la carga en trabajos de cuidados, la falta de fortalecimiento a las mujeres para la participación política y sindical, así como las violencias presentes en los ámbitos laboral y sindical. Según el informe entregado por mujeres sindicalistas a la Comisión de la Verdad, Es necesario ir más allá de las cifras, priorizar en este caso un análisis cualitativo de la situación basándose en contextos explicativos relacionados, por ejemplo, con los obstáculos para el acceso al mundo del trabajo, la tasa de sindicalización, la informalidad, el papel de las mujeres al interior de las organizaciones sindicales, y los roles de cuidado atribuidos y asociados socialmente a las mujeres. (Trujillo, 2020, p. 16). 21 Base de Datos alimentada con información suministrada por Ministerio del Trabajo, CUT y Sindicatos. La información reportada es del periodo 1990 - 2019. 32 Cuadro 2. Afiliación sindical en Colombia según sexo y clase de sindicato, 1990-2019 Clase de sindicato Sindicatos Afiliados totales Afiliadas mujeres % Afiliadas mujeres Sindicato de Gremio 2722 549242 249203 45,37% Sindicato de Empresa 1945 241268 81120 33,62% Sindicato de Industria 1047 280627 83134 29,62% Sindicato de Oficios Varios 143 7101 3299 46,45% Total general 5857 1078238 416756 38,65% Fuente: Sistema de Información Sindical y Laboral, SISLAB, ENS, Subsistema Censo Sindical reporte realizado en diciembre de 2021 Adicionalmente, se observa que la participación en afiliación de las mujeres sindicalistas tiene unas características diferenciales de acuerdo con el tipo de sindicato, puesto que se denota una mayor tasa de afiliación en los sindicatos de gremio, es decir, en aquellos conformados por personas que trabajan en un mismo sector, por ejemplo, el caso de la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode); la Asociación Nacional de Trabajadores y Servidores Públicos de la Salud y Seguridad Social Integral y Servicios Complementarios de Colombia (Anthoc) y la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro). Vale resaltar que estas son las tres organizaciones priorizadas para realizar esta investigación de memorias con mujeres sindicalistas, debido a la alta participación de las mujeres, a sus logros en términos de alcanzar liderazgos o cargos de dirigencias dentro de las organizaciones sindicales, a la importancia de dichos sectores y sindicatos en el panorama nacional, y a la concentración de la violencia antisindical contra las mujeres. Un dato adicional tiene que ver con la concentración del 61,06% de las mujeres afiliadas en sindicatos del sector estatal, en contraste con el 38,94% de las mujeres sindicalistas en el sector privado (Ver Cuadro 3). Cuadro 3. Afiliación de mujeres sindicalistas en Colombia según sector privado o estatal, 1990-2019 Naturaleza sindicato Afiliados totales Afiliadas mujeres % Afiliadas mujeres Privado 582211 162277 38,94% Estatal 496027 254479 61,06% Total general 1078238 416756 100 Fuente: Sistema de Información Sindical y Laboral, SISLAB, ENS, Subsistema Censo Sindical reporte realizado en diciembre de 2021 Esto se podría explicar debido a que en el sector estatal existen sindicatos más fuertes en términos de número de agremiados, fuerza en las discusiones sectoriales y en relación con los gobiernos de turno, con garantías para el ejercicio sindical, con mayores probabilidades de que una trabajadora vinculada se pueda afiliar, cuentan con la presencia de trabajadoras en carrera administrativa y/o que podrían tener una mayor estabilidad 33 laboral. Asunto que ocurre en menor medida en el sector privado donde en muchas ocasiones afiliarse a un sindicato podría ser un factor de riesgo para perder el empleo. En efecto, según reporte del Censo Sindical el 78,6% de las mujeres sindicalistas en Colombia se encuentran afiliadas en sindicatos de los sectores de la educación, la salud, la administración pública y la agricultura (Ver Gráfico 3). Visto en más detalle, en el año 2019 Fecode tenía 224.493 integrantes de los cuales 151.551 eran mujeres y 72.942 eran hombres. Asimismo, Anthoc contaba con 12.800 integrantes, de los cuales 9.448 eran mujeres y 3.352 eran hombres. Por su parte, Fensuagro tenía 8.813 afiliados, de las cuales 2523 son mujeres y 6.290 son hombres. Gráfico 3. Afiliación de mujeres sindicalistas en Colombia según sector de la economía, 1990-2019 Fuente: Sistema de Información Sindical y Laboral, SISLAB, ENS, Subsistema Censo Sindical reporte realizado en diciembre de 2021 Por otro lado, al observar la distribución de las mujeres sindicalistas desde la perspectiva regional, se encuentra que en todos los departamentos del país hay trabajadoras sindicalizadas, por supuesto, con proporciones diferenciales en la tasa de afiliación. Se destaca que en la ciudad capital y en nueve departamentos, Antioquia, Valle, Atlántico, Santander, Boyacá, Tolima, Cauca, Norte de Santander y Nariño se agrupa el 77;9% de las mujeres sindicalistas. Mientras que el mayor número de mujeres sindicalistas se encuentra en Bogotá (157.369), el número menor de afiliadas por departamento se da en Vaupés (80). Asimismo, de la baja tasa de sindicalización, se podría inferir en qué lugares puede acentuarse la desprotección para la mujer trabajadora, mayores niveles de inequidad, desigualdad y pobreza para las mujeres en general. 171567 83128 44866 28221 28137 15770 11131 7910 6111 5645 5034 3429 3211 1125 877 379 215 0 50000 100000 150000 200000 Educación Administración pública y defensa Comercio Intermediación financiera Electricidad, gas y agua Actividades no especificadas Actividades inmobiliarias Servicio domestico Pesca 34 Gráfico 4. Afiliación de mujeres sindicalistas en Colombia según departamento, 1990-2019 Fuente: Sistema de Información Sindical y Laboral, SISLAB, ENS, Subsistema Censo Sindical reporte realizado en diciembre de 2021 En síntesis, en el Cuadro 4 puede observarse la dinámica de afiliación sindical de las mujeres en Colombia, desde 1990 hasta 2019, fecha con la que se cuenta en el Sistema de información en el Subsistema Censo Sindical, de la ENS. Podría decirse que hay un crecimiento progresivo en su sindicalización, lo que puede ayudar a corroborar que la cifra menor de hechos victimizantes contra mujeres sindicalistas con respecto a los hombres puede tener que ver, en parte, con una menor tasa de afiliación por parte de las mujeres. Una tasa que va aumentando de forma gradual. Cuadro 4. Evolución sindical de mujeres en Colombia, 1990 y 2019 Año Sindicatos Afiliación total Hombres Mujeres 1990 2.549 905.938 613.780 292.158 1992 2.368 861.827 570.210 291.617 1994 2.419 867.696 553.572 314.124 1996 2.471 894.647 569.073 325.574 1998 2.675 874.434 554.370 320.064 2000 2.765 873.250 554.577 318.673 2002 2.872 867.638 538.024 329.614 2004 2.977 840.476 525.617 314.859 2006 3.080 847.923 525.204 322.719 2008 3.245 824.978 518.506 306.472 2010 3.484 828.367 522.330 306.037 2012 4.164 947.284 569.911 377.373 2014 4.819 995.646 602.310 393.336 2016 5.375 1.017.494 615.872 401.622 2018 5.592 1.026.227 621.704 404.523 2019 5.857 1.078.238 661.482 416.756 Fuente: Sistema de Información Sindical y Laboral, SISLAB, ENS, Subsistema Censo Sindical reporte realizado en diciembre de 2021 157369 44076 27379 21995 14283 14449 13176 11544 10549 10097 BOGOTA D.E. ANTIOQUIA VALLE ATLANTICO SANTANDER BOYACA TOLIMA CAUCA NORTE DE SANTANDER NARINO CUNDINAMARCA BOLIVAR HUILA META CESAR CALDAS RISARALDA MAGDALENA SUCRE QUINDIO CORDOBA GUAJIRA CAQUETA PUTUMAYO CASANARE ARAUCA CHOCO SAN ANDRES Y PROVIDENCIA GUAVIARE AMAZONAS GUAINIA VAUPES VICHADA 35 Allí también puede verse cómo hay ciertas variaciones en el número de afiliadas en momentos fuertes de la violencia contra ellas, como los años 1997, 1998 y 2004, así como a finales de la década del 2000. Y en general, que la década del 2000 sufrió altibajos en la afiliación de las mujeres, lo que podría explicarse a partir de varios elementos que se entrecruzan: a) un incremento de la participación de la mujer en varias esferas de la sociedad, a la par que ha ido avanzando de forma global el movimiento feminista, b) una forma de afrontamiento por parte de las organizaciones sindicales, y de las mujeres mismas para salvaguardar los sindicatos, que tiene que ver con una proliferación de sus roles de liderazgo ante la muerte o desaparición de liderazgos masculinos, c) la arremetida de la violencia contra ellas, con picos en 1997, 1998, 2004, 2008 y 2011 (Trujillo, 2020). No se puede perder de vista la influencia de dinámicas más amplias como las del conflicto armado que se agudizaron en la década de 1990, lo cual conllevó a que sindicalistas en general, y las mujeres de forma particular, fueran blanco de los distintos actores de la guerra. Cabe precisar que, si bien la explicación de la violencia antisindical no se acota en las lógicas del conflicto armado, este fue un factor de persistencia, en tanto contribuyó en la expansión y la agudización de la estigmatización, persecución y exterminio sindical. Aproximación a los patrones y contextos explicativos de la violencia antisindical contra las mujeres En Colombia, la violencia antisindical presenta unas características particulares y afectaciones diferenciales para las mujeres directivas, activistas y afiliadas de base, no solo para quienes han sufrido de manera directa el rigor de los hechos victimizantes, sino a las que han sido víctimas indirectas e incluso a las mujeres familiares de las víctimas. Como se observa en el Gráfico 4, según Sinderh, en Colombia entre 1986 y 2020 se registraron al menos 3.398 violaciones a la vida, la libertad y la integridad cometidas contra mujeres sindicalistas, de las cuales 333 perdieron su vida, además fueron registrados 9 casos de tortura, 17 desapariciones forzadas, 48 atentados, 880 desplazamientos forzados, 1905 amenazas, 107 hostigamientos, 59 detenciones arbitrarias, 24 secuestros, 15 allanamientos ilegales y un homicidio de familiar. 36 Gráfico 5. Violaciones a la vida, la libertad y la integridad cometidas contra mujeres sindicalistas en Colombia, 1986-2020 Fuente: Sistema de Información de Derechos Humanos, Sinderh, ENS, reporte realizado en diciembre de 2021 En resumen, siguiendo la tendencia general, las formas de violencia más frecuentes contra las mujeres sindicalistas son las amenazas, los desplazamientos forzados y los homicidios, las cuales tienen una representación porcentual del 56,06%, el 25,89% y el 9,79%, respectivamente. Como se ve, la afectación de las mujeres por amenazas y desplazamientos forzados es un asunto preocupante, si se entienden estos últimos como una condición que afecta de manera directa la dinámica individual y familiar. De acuerdo con las investigaciones realizadas, así como con el trabajo de campo de la presente monografía, ambas modalidades de violencia implican impactos en las vidas de las mujeres, al tener que diseñar estrategias de afrontamiento para la salvaguarda de su vida y la de sus familias. De otro lado, se destaca la afectación a las mujeres principalmente en los casos de violencia no letal. Esta interpretación podría ser explicada en gran medida por el predominio de una cultura patriarcal y por el rol protector socialmente asignado a las mujeres quienes, ante una situación amenazante, podrían optar por limitar sus actividades de liderazgo social y sindical, o desplazarse para proteger a su familia. Como se observa, la base de datos revisada no contempla la categoría de violencia sexual y violencias basadas en género, lo cual se constituye en un limitante para la caracterización de todas las violencias que enfrentan las mujeres sindicalistas. En efecto, el informe sobre patrones y contextos explicativos de la violencia contra mujeres del movimiento sindical en el marco del conflicto armado presentado ante la Comisión de la Verdad señala dos consideraciones que fueron limitantes para su elaboración: Información limitada al interior de la base de datos Sinderh al no contar con tipos de violencia basada en género – VBG – dentro de la categoría “tipo de violación”, lo cual deja por fuera gran parte de lo que viven las mujeres sindicalistas en el marco del conflicto armado, teniendo que ser recolectado de otras maneras. 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 Amenazas Desplazamiento forzado Homicidios Hostigamiento Detención arbitraria Atentado con o sin lesiones Secuestro Desaparición Allanamiento ilegal Tortura Homicidio de familiar Trabajadoras de base Directivas y activistas Asesora sindical Sin precisar 37 Las violencias basadas en género, especialmente la violencia sexual, se constituyen en vacíos de verdad. No hay en la actualidad registros, protocolos, bases de datos, o centros de acopio y recolección de este tipo de violencias hacia las mujeres del movimiento sindical. (Trujillo, 2020, p. 12) No obstante, en un país como Colombia, con tan desproporcionados niveles de violaciones a los derechos humanos, y con cifras estadísticas tan alarmantes de asesinatos, secuestros y desplazamientos –entre otras graves violaciones–, es posible que se dé la tendencia a creer que las cifras de violaciones de las mujeres sindicalizadas no reflejan la gran complejidad y gravedad de la situación, máxime en un país en el que los indicadores de la realidad de los derechos humanos parecieran estar en una competencia por alcanzar el mayor horror. Así las cosas, las estadísticas de las violaciones contra mujeres sindicalistas terminan siendo desestimadas, e incluso observadas con cierta pasividad e indiferencia. Uno de los rasgos más característicos de estas violaciones ha sido, y continúa siendo, la invisibilidad a la que se les ha sometido, y la mirada marginal que se les ha otorgado (Correa & Malagón, 2012, p. 74). Los informes sobre mujeres, tanto de organismos internacionales como nacionales, no han incluido con suficiente énfasis la categoría de violencia antisindical contra mujeres. En algunos informes dicha categoría no existe, como si la violencia contra ellas fuese de otra naturaleza, sin relación con su militancia sindical. En efecto, otro aspecto a revisar es la relación entre la violencia antisindical y los roles desempeñados por las mujeres en sus sindicatos. Como lo indica el Gráfico 5, si bien un mayor número de casos de violencia, 2.744 en total, se concentra contra mujeres sindicalistas de base, principalmente docentes afiliadas a Fecode, la lógica estadística no puede con