Mujeres, a la calle: Configuraciones urbanas, violencia y roles de género. Un análisis de las violencias hacia las mujeres en espacios públicos de Medellín. Por: Juliana Toro Jiménez Asesora: María Ochoa Sierra Socióloga Trabajo de grado para obtener el título de: Antropóloga Universidad de Antioquia Facultad de Ciencias Sociales y Humanas Departamento de Antropología Medellín 2015 2 Agradecimientos En el desarrollo de este trabajo de grado fue muy importante la participación de varias mujeres que habitan la ciudad mediante su dedicación a responder encuestas; a todas ellas muchas gracias. Particularmente agradezco a las mujeres y hombres que participaron en el documental y en los grupos focales: Mayra Delgado, Yudy Robles Bohórquez, Tatiana Anillo Quintero, Lina López, Marcela López, Carolina Barón, Sara Manuela Osorio, Felipe Chaves, Christian Roviro Portilla, Camilo Andrés Sánchez, Juan David Echeverri, Juan Pablo Benavides, Felipe y a mi madre Gilma Jiménez por compartir su historia de vida. A María Ochoa Sierra, quien asesoró este trabajo y depositó su confianza durante el desarrollo de la investigación. A Ludwing Escandón por realizar los dibujos que hacen parte del diseño gráfico de este informe y a Verónica Espinal por su asesoría en la elaboración del proyecto que precedió todo el trabajo investigativo. Finalmente doy un agradecimiento especial a la Beca de Producción de Cortometraje Documental para promover los Derechos Humanos y la prevención de las violencias basadas en género, a través de la cual se hizo posible la realización del documental Mujeres, a la calle, otorgada por el Programa de Derechos Humanos de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), en alianza con el Ministerio de Cultura, la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, el Centro Ático de la Universidad Javeriana y Señal Colombia. 3 Resumen En este trabajo se elabora un análisis acerca de las violencias contra las mujeres que se presentan en espacios públicos de la ciudad de Medellín, enfatizando en la influencia que tienen los roles de género en las configuraciones urbanas, que muestran un carácter excluyente con las mujeres, porque hay unas relaciones de poder que se expresan en los lugares habitados. Se demuestra entonces que hay violencias que las mujeres padecen cotidianamente y que influyen en sentimientos de inseguridad y de extrañamiento, permitiendo que los espacios públicos sean predominantemente masculinos y se evidencia la necesidad de que las mujeres se apropien de la ciudad y cuenten con las condiciones para que puedan transitar tranquilamente. Palabras clave: Antropología urbana, antropología de género, antropología visual, feminismo, acoso sexual callejero, espacio público, roles de género. 4 Contenido Agradecimientos ..................................................................................................................... 2 Resumen ................................................................................................................................. 3 1. Introducción ........................................................................................................................ 5 1.1. Metodología ............................................................................................................... 14 1.2. Documental Mujeres, a la calle .................................................................................. 17 2. Ningún tipo de violencia es normal: violencias contra las mujeres en el espacio público .............................................................................................................................................. 22 2.2. Contexto local ............................................................................................................ 32 2.3. El acoso sexual callejero ............................................................................................ 38 2.3.1. Miradas “morbosas” y piropos ............................................................................ 42 2.3.2. Acoso sexual ....................................................................................................... 58 3. La mujer provocadora: roles de género y construcción del miedo ................................... 65 4. Doblemente expuestas: uso del espacio público y caracterización de los lugares del miedo .................................................................................................................................... 87 4.1. Lugares peligrosos para las mujeres .......................................................................... 98 5. Conclusiones ................................................................................................................... 112 Bibliografía ......................................................................................................................... 116 Listado de tablas ................................................................................................................. 126 Listado de figuras ............................................................................................................... 129 5 1. Introducción La violencia contra las mujeres, en sus diferentes formas, hace parte de una problemática de carácter histórico y global, que perpetúa las desigualdades entre hombres y mujeres. Estas violencias se presentan en escenarios públicos y privados, que marcan una diferencia en cuanto a las formas de las agresiones y las consecuencias sobre la integridad de las mujeres, lo que influye en su relación con la ciudad. En Colombia los esfuerzos se han concentrado en solucionar la violencia intrafamiliar, enfocándose en los espacios privados y dejando a un lado el análisis de las violencias y amenazas hacia las mujeres en espacios públicos de la ciudad. En este sentido, este trabajo estudia la reproducción de las violencias hacia las mujeres en espacios públicos de Medellín, enfatizando en los efectos que se producen en sus vidas cotidianas al ser agredidas por razones de género. Para lograrlo fue necesario conocer las diferentes manifestaciones de violencia de género hacia las mujeres en espacios públicos, así como interpretar la percepción de seguridad que ellas tienen con respecto a determinados lugares de la ciudad, y entender las causas y consecuencias del miedo que sienten en la calle. Con el fin de iniciar con la comprensión de este problema se introducen a continuación los conceptos de género, violencia y espacio. La palabra género aparece por primera vez en la mitad del siglo XX cuando psicólogos, médicos y científicos usan el término gender para explicar prácticas consideradas anómalas y llamadas “aberraciones sexuales”, como el travestismo. Después de la Segunda Guerra Mundial este concepto motiva el surgimiento de estudios feministas que lo utilizan para explicar la opresión a las mujeres, señalando la diferenciación entre género y sexo (que tiene un carácter biológico) (Fernández, 2004). De acuerdo con lo planteado por Stolke (2004) el concepto de género ha sufrido diversidad de cambios a través del tiempo y ha generado grandes debates en las disciplinas y en los movimientos sociales feministas. Hasta el momento no hay un consenso sobre el término, en tanto su significado se alimenta de diferentes enfoques y aportes dados principalmente 6 desde el feminismo.1 Éste cuestiona las desigualdades sexuales, basadas en preceptos biológicos, ocasionando debates en torno a la cultura, la naturaleza y la sociedad. El género se entiende entonces como una construcción cultural, ya que se plantea que los roles adquiridos por hombres y mujeres no se dan de forma natural, sino que se construyen socialmente. En cuanto al papel de la antropología en el enfoque de género, Stolke (2004) documenta que a finales de 1960 académicas feministas se interesaron por investigar las raíces de la subordinación de la mujer, viendo en esta disciplina la herramienta que permitiría comprender cómo se construían los roles de género en diferentes contextos. A mediados de 1970 antropólogas feministas2 hacen una crítica a los modelos androcéntricos y proponen una antropología enfocada en las representaciones simbólicas de la feminidad. Estas antropólogas situaron la opresión de las mujeres en la cultura y en la estructura social, pero aún estaban sujetas a supuestos biológicos adquiridos en sus contextos particulares. Avanzando un poco más en estas discusiones, las feministas socialistas anglosajonas se alejaron de los determinismos sexuales e introdujeron un concepto de género que tuvo en 1 Entre 1920 y 1930 Margaret Mead realiza un estudio en Samoa y Nueva Guinea, poniendo en entredicho la visión sexista biologista que prevalecía en las ciencias sociales en Estados Unidos, éste se publica en su libro Sex and temperament in three primitive societies y en 1935 plantea que los papeles y conductas sexuales se encuentran en relación con un contexto socio-cultural; en 1949 Simone de Beauvoir escribe El segundo sexo, donde plantea que no se nace sino que se deviene mujer, una mujer que se concibe como la otra del hombre, mientras que él es el absoluto y hay un orden jerárquico donde ella es inferior; en 1963 Betty Friedan publica su libro La mística de la feminidad, que hace parte de los inicios liberales del movimiento feminista de Estados Unidos, afirmando que debe haber una igualdad de derechos en todos los ámbitos sociales; en 1966 Juliet Mitchell publica Women: the longest revolution, texto fundacional del movimiento feminista socialista de la nueva izquierda en Inglaterra, que abogaba por la liberación política y sexual, y estaba en contra de la ausencia de la mujer en la revolución; en 1969 en su libro sexual politics Kate Milett concibe las relaciones entre los sexos como fundamentalmente políticas, donde las mujeres siempre son explotadas por los hombres. En la década de 1970 las antropólogas feministas marxistas afirmaron que la opresión de las mujeres y el poder de los hombres dependían de las relaciones de producción; en 1972 la socióloga inglesa Ann Oakley define al género como las diferentes maneras en que hombres y mujeres son moldeados por la sociedad, dependiendo de la cultura a la que pertenecen; por esta misma década las feministas negras de Estados Unidos se organizaron para denunciar la opresión racial, sexual, heterosexual y de clase (una de sus representantes es Bell Hooks); a partir de 1980 las relaciones de género se analizan en contextos históricos y culturales concretos; la antropóloga Marilyn Strathern en 1988 publica The Gender of the Gift, concibiendo el género como una categorización inspirada en imágenes sexuales sobre los modos en que las diferencias entre masculino y femenino configuran las ideas de las personas en torno a las relaciones sociales; en 1990 Judith Butler publica Gender Trouble que habla de una teoría performativa donde el género es un efecto discursivo, el sexo es un efecto del género, y la identidad masculina y femenina se encuentran en constante cambio (Stolke, 2004; véase también Estrada, 1997). 2 En cabeza de Rayna R. Reiter con su libro Toward and Antropology of women (1975). 7 cuenta las relaciones de poder. En torno a estos cambios, estudios y reflexiones, se entretejían diversos problemas; por un lado, el género se estaba asociando solamente con la mujer y las personas que no hacían parte de la academia no conocían el término (y aún no lo conocen) y, por otro, se veía una tendencia a replicar los dualismos heterosexuales. Para resolver estas cuestiones algunas feministas coincidieron en afirmar que las culturas no representaban de igual manera las diferencias entre los sexos, planteando la importancia de conocer y contextualizar las relaciones de poder teniendo en cuenta las particularidades de las sociedades, mientras que Gayle Rubin [1986 (1975)] introdujo el concepto de sistema sexo-género que cuestionaba el dualismo heterosexual del que aún no habían podido librarse y atribuyó la subordinación de las mujeres y las relaciones desiguales entre los sexos a fenómenos político-sociales. Las feministas negras de Estados Unidos en 19703 aportaron otros conceptos como raza y clase, porque vieron la necesidad de denunciar la opresión racial, sexual, heterosexual y de clase de la que eran parte y por ende la importancia de desarrollar una política antirracista y anti-sexista, pues el discurso de la mayoría de las feministas blancas había ignorado las condiciones de las mujeres negras, quienes no se encontraban incluidas dentro de la categoría hegemónica de mujer. De acuerdo con estas circunstancias, las feministas negras debieron de-construir y adoptar la categoría de no-mujeres como parte de una estrategia contrahegemónica y crear su propia epistemología, de donde surge el concepto de interseccionalidad4 para entender la opresión, dándole gran importancia a la auto- identificación como una forma colectiva de acción y pensamiento para el empoderamiento, pues evita que sean otros quienes definan a las mujeres en su propio beneficio (Jabardo, 2012). Según Hill (2012) es a partir de esta perspectiva que comienzan a plantearse componentes como el poscolonialismo (que a su vez considera problemas como las migraciones y los desplazamientos), dando cuenta de su gran amplitud para el estudio de fenómenos sociales 3 El feminismo negro surge en un contexto esclavista, que a diferencia del blanco –fundado en la ilustración– apuesta por “la inclusión de distintos saberes, lógicas [y] actrices sociales” (Jabardo, 2012: 28). 4 La interseccionalidad tiene en cuenta las categorías de raza, clase, género, sexualidad y nación, por eso se habla de las opresiones interseccionales, que se basan en dichas categorías (Hill, 2012). 8 y para la comprensión de las mujeres como sujetos. En este sentido, el pensamiento feminista negro –autodefinido y comprometido con la justicia económica y social como teoría social crítica– se enfoca principalmente en resistir a las opresiones interseccionales. Finalmente, la antropóloga Marcela Lagarde (1996) analiza la perspectiva de género, categorizándola como una visión científica, analítica y política dada desde el feminismo, que critica la concepción androcéntrica de la humanidad y tiene como uno de sus objetivos contribuir a la construcción de una nueva configuración histórica, social, cultural y política desde y con las mujeres. Esta perspectiva reconoce la diversidad de géneros, a la vez que permite comprender las características propias de hombres y mujeres. La violencia de género se ha posicionado en las agendas de organismos internacionales, en gran medida gracias a las luchas feministas, con la intención de disminuir las cifras de agresiones y avanzar en su prevención. También se ha vuelto parte de las problemáticas asumidas por gobiernos nacionales y locales, quienes han establecido leyes y sanciones ante este tipo de hechos.5 Sin embargo, las acciones violentas contra las mujeres no han cesado y las soluciones gubernamentales se han quedado cortas en tanto su énfasis se encuentra en la penalización, mas no en la generación de nuevos paradigmas culturales que produzcan un cambio social. Para entender la violencia de género, es importante realizar un acercamiento al concepto de violencia. Algunos autores plantean que la violencia hace parte de unas circunstancias sociales, como las reglas morales y éticas de un lugar (y por lo tanto las sanciones), las condiciones económicas y políticas, las prácticas culturales y los momentos históricos. Es además un comportamiento adquirido, no hace parte de la naturaleza del ser humano, sino que se encuentra dentro de las culturas, se construye en ellas e influye en su vida cotidiana, dando cuenta de relaciones de poder –desequilibradas– (Blair, 2009; Fernández, et al., 2005). La violencia responde entonces “[…] al uso de una fuerza abierta o escondida, con el fin de obtener de un individuo o de un grupo eso que ellos no quieren consentir libremente” (Domenach, Marie, cfr. Blair, 2009: 16). 5 En Colombia se encuentran la Ley 1257 de 2008 que sanciona las violencias contra las mujeres y la Ley 1761 de 2015 que introduce el concepto de feminicidio como un delito. 9 La violencia de género obedece a una discriminación de carácter sexista que da cuenta de la desigualdad y de la dominación de un sujeto sobre otro, perpetuada gracias a un sistema de creencias reproducidas por medio de instituciones y estructuras sociales patriarcales, que avalan pensamientos, comportamientos y percepciones que delimitan lo que hace un hombre y lo que hace una mujer. Su carácter estructural hace que sea una forma de violencia permitida en las relaciones de pareja e intrafamiliares, pero también en los contextos públicos (véanse De Miguel, 2007; Arias y Cardona, 2012). La violencia de género es entonces producto de la dominación masculina. Bourdieu (1998) explica la dominación masculina como un orden social impuesto, pero a la vez aceptado y naturalizado, basado en una visión androcéntrica que se muestra como neutra; sin embargo, las cosas y las actividades se dividen siempre entre lo masculino y lo femenino, en relación con un sistema de oposiciones homólogas “alto/bajo, arriba/abajo, delante/detrás, derecha/izquierda, recto/curvo (oblicuo) (y pérfido), seco/húmedo, duro/blando, sazonado/soso, claro/oscuro, fuera (público)/dentro (privado)” (p. 20). Las diferencias entre hombres y mujeres se construyen y se inscriben en los sistemas de pensamiento, asimilándose como naturales hasta el punto de ser inevitables, lo que les da un carácter de legitimidad. En este orden de ideas, hombres y mujeres cumplen con unos roles asignados socialmente, lo cual tiene que ver con la división sexual del trabajo, distribución estricta de las actividades para cada uno de los sexos, donde ella debe asumir las actividades de la casa y él las que se encuentran en el espacio público, a lo que se suma un comportamiento social determinado; él debe mostrar virilidad, que es sinónimo de fuerza, de hazaña, de heterosexualidad, mientras que ella debe ser delicada, sumisa y obediente. Teniendo en cuenta estos planteamientos es importante entender que no todos los hombres han agredido a una mujer y que la violencia no es algo que esté en su naturaleza, sino que también son sujetos determinados culturalmente, que adoptan patrones de masculinidad, entre ellos la agresividad y la violencia. Este sistema patriarcal basado en relaciones desiguales de poder, impregnan las diferentes estructuras de las culturas del mundo (Ortiz, 2013). En el contexto colombiano, García (2011) realiza un acercamiento a la violencia de género enfocándose principalmente en criticar y analizar los marcos normativos nacionales e internacionales que han influido en el establecimiento de leyes en Colombia. Además, recoge la definición de Naciones Unidas sobre este fenómeno: 10 todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada (Asamblea General de Naciones Unidas, 1994) (García, 2011: 40). Este enfoque entiende la violencia de género como una problemática exclusiva de las mujeres, desconociendo que los hombres también pueden ser víctimas, se reconozcan como homosexuales o como heterosexuales, si n embargo el concepto de género abarca diversidad de opciones sexuales y de problemáticas que consideran a hombres, a mujeres y a población LGBTI6 como posibles víctimas. De acuerdo con el carácter de este trabajo se hablará solo de violencias contra las mujeres,7 basadas en género. En la Conferencia de Beijing de 1995 sobre los Derechos de la Mujer ya se habla de violencia contra las mujeres particularmente. Se declara que ésta “es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres, que han conducido a la dominación de la mujer por el hombre, la discriminación contra la mujer y a la interposición de obstáculos contra su pleno desarrollo (Plataforma de Acción de Beijing, 1995)” (García, 2011: 40). La Ley 1257 de 2008 en Colombia incluye los daños económicos y patrimoniales en su definición de violencia contra la mujer: Cualquier acción u omisión, que le cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico, económico o patrimonial por su condición de mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, bien sea que se presente en el ámbito público o en el privado (Ley 1257 de 2008, Art. 2). 6 Esta sigla se refiere a la designación de la población conformada por Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales. 7 Estas mujeres pueden ser lesbianas, bisexuales o heterosexuales. 11 Como se mencionó, en el panorama nacional las instituciones estatales encargadas de operar los estudios, proyectos y normas para prevenir y reducir la violencia contra las mujeres han centrado sus esfuerzos en la violencia intrafamiliar, tal y como aparece en los Lineamientos de la Política Pública Nacional de Equidad de Género para las mujeres (2012). García (2011) cuestiona el hecho de que se invisibilise la violencia de género (hacia las mujeres) en los marcos normativos colombianos, porque dentro de la violencia doméstica son los menores los que reciben mayor atención por hacer parte de las poblaciones consideradas más vulnerables. Aunque esto sea solo un marco jurídico, es de anotar que las leyes influyen en los imaginarios sociales, en la opinión pública y, por lo tanto, en la posición de las personas en cuanto a la aceptación o sanción de ciertos actos; en este caso socialmente es más cuestionable que se maltrate a un menor de edad que a una mujer.8 Esta visión circunscribe la violencia de género al espacio privado, invisivilizando la que ocurre en los espacios públicos, donde diariamente se presentan agresiones hacia las mujeres por razones de género. Es poca la información que se encuentra sobre lo que ocurre en estos escenarios, ya que se cuenta con escasos estudios, noticias y estadísticas sobre el tema y cuando se trabaja su objetivo se centra en analizar las agresiones de pareja o las violencias que son más evidentes, incluyendo únicamente los casos de agresiones físicas, violación y feminicidios (que generalmente se nombran como homicidios), dejando por fuera otros tipos de violencias más sutiles. Teniendo en cuenta esto y con el objetivo de reducir el riesgo de invisibilización de cualquier agresión hacia las mujeres, sabiendo que existen diferentes manifestaciones de violencia de género, se hablará de violencias (en plural), pues se abordarán desde acciones consideradas mínimas, como una mirada o un piropo, hasta un feminicidio. Finalmente, el concepto de espacio cuenta con diversas definiciones según los enfoques disciplinares y científicos, y según las culturas; Harvey (1998 [1990]) y Lefebvre (2013 8 En Forensis (2014), informe anual presentado por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF) sobre las agresiones por causa externa en Colombia, no se contempla una categoría exclusiva para violencia contra la mujer y aunque se hace una discriminación en razón del sexo, no se especifica cuáles se presentaron por razones de género. Aparece sí, una categoría asociada a violencia intrafamiliar, donde se aparta un espacio para la violencia contra los menores de edad y otra para la violencia de pareja. 12 (1974]) plantean que cada cultura tiene una noción compartida del espacio que reproduce el orden social, porque son las personas a partir de sus dinámicas quienes lo configuran e influyen en la percepción que tenemos de éste como individuos y en la forma como actuamos en él. Se ha creado también una división entre espacio privado y espacio público. El primero asociado a lugares delimitados, que tienen sus propias formas de control o de regulación y responden a unos intereses individuales. También se habla de usos privados de lugares públicos, donde prima la preocupación por sí mismo, más que por los otros que transitan o que habitan el mismo espacio (véanse Montenegro, 2009; de la Peña, 2009; Garcés, 2003). Los espacios privados son “aquellos lugares en los que el o los individuos desarrollan actividades consideradas no trascendentales para el devenir de la colectividad así como el espacio en el que se despliegan prácticas y emociones ligadas a la idea de intimidad” (de la Peña, 2009: 96). El espacio público, por su parte, ha sido entendido generalmente como estructurante de lo urbano (Naranjo y Villa, 1997), haciendo referencia a un espacio físico, conformado por las construcciones y la arquitectura urbana y a un lugar de encuentro, de identidad, de confrontación, de expresión y de memoria, donde se produce una representación de lo social. Éste, a diferencia del espacio privado, es de interés común y, aunque se encuentra bajo la luz del contrato social, existe una libertad para recorrerlo, habitarlo e interpretarlo; es decir que responde a un orden colectivo (De la Peña, 2009; Garcés, 2003; Montenegro, 2009). Para efectos de esta investigación el espacio público será entendido como los lugares de encuentro, de tránsito y de uso compartido, regidos por unas normas sociales, donde confluyen diversas personas, con intereses particulares y colectivos, y donde se presentan diferentes dinámicas y prácticas sociales, las cuales entran en diálogo y en confrontación constante. Los espacios públicos en las ciudades son percibidos por las mujeres como amenazadores y atemorizantes, convirtiéndose en limitantes de sus libertades y derechos. Esos temores se encuentran determinados por la poca familiaridad y confianza que sienten cuando circulan por estos lugares, y responden a construcciones culturales e históricas de ese “ser mujer”, 13 que ahondan en sentimientos de inseguridad, de autoprotección y en la supuesta vulnerabilidad de las mujeres (Falú, 2009). Las luchas feministas y la introducción de la perspectiva de género en la concepción de ciudad, han permitido ver cómo los espacios públicos están enmarcados dentro de una lógica masculina. Por otro lado, de acuerdo con los últimos registros de los medios de comunicación en Colombia, las demandas por espacios públicos adecuados para las mujeres han aumentado, debido a la creciente preocupación por los abusos que se han presentado en los medios de transporte público. Tal es el caso de las agresiones contra las mujeres en el Transmilenio de Bogotá,9 que posicionó el tema dentro de la opinión pública y generó reflexiones en la ciudadanía. La relación mujer y ciudad viene cobrando importancia en América Latina, gracias a estudios académicos con enfoques feministas desde diferentes perspectivas (la sociológica, la antropológica y la geográfica), el avance se evidencia en el programa “Ciudades sin violencia hacia las mujeres, ciudades seguras para todos y todas”, propuesta impulsada por la Red Mujer y Hábitat de América Latina, que se implementa en algunas ciudades de la región gracias al apoyo de la Agencia Española para la Cooperación y el Desarrollo (AECID) y UNIFEM (Falú, 2009). Este programa muestra la exclusión por razones de género, establecida histórica y culturalmente desde la división sexual del trabajo, que confina a las mujeres a los espacios domésticos para que cumplan con el papel de reproductoras y cuidadoras del hogar, exclusión que se reafirma con un sentimiento de inseguridad desarrollado en gran parte por su exposición a las agresiones que se presentan de manera cotidiana en la calle. Para hablar de las violencias contra las mujeres en los espacios públicos se usará el concepto de acoso sexual callejero, que logra visibilizar y denunciar ese tipo de agresiones que han contado con la aceptación, la reproducción y el silencio dentro de la sociedad. Este 9 Tras las constantes denuncias por agresiones sexuales en el Transmilenio, la Alcaldía Mayor de Bogotá ha tenido que intervenir, debido a la presión que ha ejercido la ciudadanía, es por esto que en cabeza de la Secretaría de la Mujer y con la cooperación del Transmilenio, la Fiscalía y unos gestores de convivencia, se han creado estrategias que permitan controlar este tipo de violencias. Entre las estrategias están reservar los asientos cercanos a los conductores del Transmilenio para las mujeres, la atención prioritaria por parte de los conductores ante este tipo de casos, la presencia de agentes de la policía encubiertas y la realización de campañas de sensibilización ciudadana (El Espectador, 4 de agosto de 2014). 14 tema ha tomado relevancia en los últimos años dentro de los marcos legales nacionales de varios países,10 creando la necesidad de entender la forma en que la mujer habita la ciudad. Las violencias de género hacia las mujeres en espacios públicos están asociadas a relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, en las que los cuerpos de éstas son considerados mercancías y territorios disponibles. Esta situación forma parte de la realidad cotidiana de las mujeres, llevando a la naturalización y trivialización de las violencias, así como a la impunidad; por esta razón es importante reconocer los diferentes tipos de agresiones presentes en los espacios públicos, y pensar en posibles soluciones que no caigan en la revictimización de las mujeres ni en la estigmatización de los hombres. Cada capítulo de este trabajo de investigación responde a los objetivos propuestos inicialmente, ampliando el panorama sobre la problemática de las mujeres y la ciudad. En el primero se abordarán los tipos de violencias que viven las mujeres en el espacio público, estableciendo una diferenciación entre ellos y dando un contexto nacional y otro local por medio de estadísticas y análisis de los hechos; en el segundo se trabajarán los roles de género y su relación con la construcción social del miedo, mostrando cómo desde la niñez las mujeres son educadas para vivir prevenidas y atemorizadas, lo que desemboca en sentimientos de culpabilización; y en el tercero se presentará una cartografía social, construida a partir de la reflexión sobre los lugares seguros e inseguros de la ciudad para hombres y mujeres, enfatizando en la relación de las mujeres con los espacios urbanos. A continuación se presenta la metodología que hizo posible el cumplimiento de cada uno de los objetivos. 1.1. Metodología La metodología utilizada para este proyecto es la etnografía, que cumple con las características de la investigación social cualitativa, es decir que está dirigida hacia la 10 Algunos países como Chile, Guatemala, España, Venezuela, Brasil, Bolivia y Ecuador han implementado artículos en sus leyes para aplicar castigos contra actos de acoso sexual, pero que no son nombrados de esa manera sino como atentados al “honor público”, por lo tanto se evidencian falencias en la falta de especificidad con respecto a este tipo de violencia (paremoselacosocallejero.com, 2014). 15 comprensión de la realidad a partir de procesos históricos de construcción desde varios actores sociales, teniendo en cuenta sus particularidades (Galeano, 2004; véase también Corbetta, 2003). Las estrategias a utilizar están basadas en la relación entre investigador y actores sociales, como la observación participante, los grupos focales y la entrevista. Las herramientas de trabajo fueron el diario de campo,11 la encuesta, el registro fotográfico, de audio y de video, la entrevista semiestructurada12 y el documental. 13 En un primer momento se realizó una revisión bibliográfica, donde se utilizó como estrategia la investigación documental, descrita por Galeano (2004) como aquella donde prima la revisión de archivos y análisis de contenido. Los materiales documentales que se tuvieron en cuenta fueron los documentos escritos, oficiales y privados, y la prensa escrita. Se realizaron rastreos bibliográficos de autores de diferentes disciplinas de las Ciencias Sociales que han trabajado y conceptualizado el género, la violencia de género y la violencia contra las mujeres, el espacio público y la ciudad –principalmente–. Se analizaron estadísticas de violencia de género de 2014 en instituciones oficiales como el Instituto Nacional de Medicina Legal, y en ONGs como Mujeres que Crean y Vamos Mujer. Estos números fueron contrastados con los rastreos de prensa y las encuestas realizadas y sirvieron para dar cuenta de la divulgación, manejo de información y estrategias de recolección de datos. La revisión de prensa se llevó a cabo durante cinco meses, entre mayo y septiembre de 2014, con el fin de identificar las formas de violencia de género que se divulgan y la manera cómo se hace, obteniendo un registro estadístico con una clasificación por tipos de violencia, espacios en los que se presentaron y perfiles de los agresores (si eran conocidos o desconocidos por las víctimas), para esto se siguieron los periódicos El Espectador, como fuente nacional, por ser uno de los más leídos en Colombia, y Q’ Hubo, como fuente local, 11 Con esta herramienta se logra organizar, analizar e interpretar información, a partir de descripciones, notas personales y análisis, enriqueciendo la relación teoría-práctica (Martínez, 2007). 12 Este tipo de entrevistas se encuentran delimitadas por un guion que contiene los temas a tratar y el orden, sin embargo es flexible, el investigador puede proponer la conversación como desee; esto le permite pedir aclaraciones, profundizar en temas que surjan durante el encuentro y ampliar discusiones (Corbetta, 2003). 13 Como parte de la investigación surgió un ejercicio de etnografía visual, con la elaboración de un documental llamado Mujeres, a la calle, del cual se hablará en el siguiente apartado. 16 porque en él se consignan gran parte de las agresiones hacia mujeres en la ciudad, que generalmente no se divulgan. En la segunda parte de esta investigación se utilizó el método etnográfico. De acuerdo con Malinowski (1973) este método permite dar cuenta de una estructura social y desentrañar las leyes y normas de un fenómeno cultural, arrojando resultados empíricos y descriptivos de la ciencia. Algunos antropólogos como Godelier (2008) proponen un distanciamiento de sí, afirmando que debe evitarse la construcción del otro como espejo para mirarse a sí mismo, el objetivo es descubrir e interpretar realidades sociales y culturales. Por su parte, Flórez (2004) cuestiona la relación asimétrica que se presenta en algunos casos entre etnógrafos y quienes son nombrados; para que estos últimos puedan participar de la etnografía e intervenirla, propone generar relaciones de horizontalidad, dejando de lado jerarquías en las que el investigador está por encima de los sujetos investigados. En esta propuesta se posiciona el trabajo de campo, teniendo en cuenta que la antropología no debe extraer información de las personas, apropiársela y generar conocimiento para sí misma, sino que además debe dejar algo para los sujetos, incluyendo la investigación en la que ellos participaron. Con el fin de recolectar información se utilizó la encuesta con preguntas abiertas14 y cerradas. Se aplicó a 50 mujeres de diferentes lugares de la ciudad, con un rango de edad entre los 16 y los 36 años y se indagó por los tipos de violencias que han vivido las mujeres en espacios públicos de la ciudad, por los lugares donde han experimentado mayores agresiones y por la percepción de seguridad. Las encuestas se realizaron en tres zonas diferentes: la zona centro, la zona nororiental y la zona suroccidental, eligiendo al azar mujeres que se encontraban en el espacio público. Se realizó observación participante en espacios públicos de la ciudad, identificados en las encuestas y en los grupos de discusión como potencialmente peligrosos para las mujeres. Aquí se recolectó información a partir de la implicación del investigador en el campo, para 14 En las encuestas las mujeres tuvieron la oportunidad de plasmar sus opiniones, percepciones y narrar episodios de violencias en los espacios públicos. En el cuerpo del texto aparecen algunas de esas apreciaciones entre comillas. 17 observar a un grupo en su contexto, analizando las reacciones, interacciones, comportamientos y cotidianidades de los sujetos de estudio y las propias (Galeano, 2004). 1.2. Documental Mujeres, a la calle Como producto del trabajo de campo de esta investigación, surge el documental Mujeres, a la calle,15 que narra la historia de Gilma Jiménez, mi madre, quien sufre diferentes tipos de violencias en los espacios públicos asociadas a su condición de género. A finales de los 70´s Gilma abandona su pueblo y se va a vivir a Medellín para trabajar y estudiar. A diario percibía la violencia de género en espacios públicos, agudizándose hasta tal punto que, tras sentir amenazada su vida, se 15 La realización de este documental se llevó a cabo gracias a la Beca de Producción de Cortometraje Documental para promover los Derechos Humanos y la prevención de las violencias basadas en género, otorgada por el Programa de Derechos Humanos de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), en alianza con el Ministerio de Cultura, la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, el Centro Ático de la Universidad Javeriana y Señal Colombia. 18 ve obligada a renunciar a sus estudios universitarios. Treinta años después es su hija Juliana quien documenta esta historia, encontrándose con las voces de tres mujeres más: Mayra, Tatiana y Yudy, quienes a través de sus experiencias evidencian que lo que le ocurrió a Gilma no es diferente a la que viven millones de mujeres (sinopsis del documental Mujeres, a la calle, 2015). Este documental se propone como una etnografía visual; es decir que el producto es parte del trabajo de campo y sintetiza los resultados de la investigación. El audiovisual se centra en casos particulares, que dan herramientas para un análisis antropológico de un tema de orden cultural. Las imágenes aparecen como argumentos que explican el fenómeno estudiado, dando cuenta de lo encontrado en campo antes de la etapa de producción. Al igual que en cualquier investigación antropológica, la observación y la participación simultánea por parte de la etnógrafa es fundamental,16 permitiendo la descripción y la exposición de diferentes posturas de manera rigurosa. Este producto audiovisual tiene una duración de 26 minutos y contó con la participación de cuatro mujeres; una como protagonista (Gilma) y las demás como personajes secundarios. La elección de estas personas estuvo influenciada por sus respuestas en las encuestas iniciales, porque los episodios de violencia que habían vivido en la calle eran contundentes y sus posiciones y reacciones frente a estos hechos daban cuenta de un cambio en la percepción de las mujeres frente a las violencias. La historia de vida de Gilma se vuelve trascendental, porque experimenta diferentes tipos de violencia de género en el espacio público, que la llevan a desarrollar temor hacia la ciudad y que terminan obligándola a abandonar sus estudios universitarios. Como personajes secundarios se encuentran tres mujeres, quienes además de denunciar las violencias de las que han sido víctimas generan una reflexión frente a sus posiciones en la sociedad y dejan un mensaje de resistencia. Ellas son: Yudy Robles de 22 años, Tatiana Anillo de 23 años y Mayra Delgado de 25 años, estudiantes universitarias oriundas de diferentes regiones (Bogotá, Valledupar y Barranquilla), quienes hacen uso de los espacios públicos de diversas formas, de acuerdo 16 Esto se conoce como cine observacional. 19 con sus necesidades y percepciones; todas como estudiantes, pero usando medios de transporte diferentes: a pie, la bicicleta y el bus. Rouch (1995) afirma que es primordial, antes de realizar cualquier film etnográfico, preguntarse para quién se hace y por qué17 y plantea que la primera audiencia de un antropólogo visual es el sujeto al que filma, lo que permite generar conocimiento, debate y negociación. Comprendiéndolo de esta manera, el ejercicio etnográfico permite la divulgación y reflexión de conocimiento (diferente al texto escrito) dentro y fuera de la comunidad académica. “Cada vez más la antropología se hace consciente, por un lado, de la mirada de los sujetos filmados y, por otro, de la mirada de la audiencia” (Cárdenas y Duarte, 2011: 163), que ha cobrado mucha relevancia en la producción de cine y video etnográficos, planteándose la necesidad de llegar al mayor número de personas, con la intención de difundir el conocimiento y de generar un diálogo con los espectadores. La cámara crea representaciones de los otros que pueden ser cercanas o distantes, en este sentido lo que debe lograr la antropología visual es atraer realidades y hacer una identificación o una comparación de ellas, donde el espectador y los personajes estén en diálogo de una manera indirecta. Esto se puede dar gracias al “[…] potencial reflexivo de los documentos audiovisuales, los cuales tal y como sucedería en el Cinema Verité facilitan la participación y la interacción entre realizador-investigador y personajes-espectadores” (Cárdenas y Duarte, 2011: 153). Para la producción del documental Mujeres, a la calle en un primer momento se elaboró un proyecto audiovisual, que respondía al objetivo principal de este trabajo, enfatizando en los efectos que se presentaron en sus vidas, al ser agredidas por razones de género. Seguidamente, devino la elaboración del guion, basado en la información recolectada e interpretada después del precampo, justo antes de comenzar a grabar. Este texto contó con el punto de vista de las mujeres que hacían parte del estudio, porque desde el principio la investigación se planteó como una construcción colectiva, con el fin de que se produjera un diálogo entre las diferentes perspectivas e historias de vida. 17 Este autor responde que en primera medida lo hace para él porque tiene la necesidad de filmar y su segunda respuesta es que “los filmes son el único medio que yo tengo para enseñar a otros cómo los veo” (Rouch, 1995: 117). 20 En la producción los personajes estuvieron en constante diálogo con la etnógrafa, tenían la opción de proponer imágenes, relatos y ambientes e incluso estructuras narrativas diferentes; fueron momentos de construcción constantes, de los que también participó el equipo de grabación, al aportar, a partir de sus propuestas visuales y sonoras, percepciones frente a la temática. En la etapa final, la posproducción, se generaron diálogos y reflexiones permanentes con la editora frente a la forma como se presentaban las imágenes, los relatos y la temática. En el montaje se da una reestructuración de la manera en que se pretendía narrar la historia, entonces estaba la preocupación permanente de si las mujeres se identificarían con la representación que se creó de ellas. Para resolver esta inquietud, se realizaron grupos focales con las personas que participaron en el documental (hombres y mujeres)18 con el objetivo de discutir sobre las imágenes, los discursos y las representaciones que fueron producidas desde el audiovisual. En estos encuentros se ahondó en las percepciones de seguridad en el espacio público y se vislumbraron los efectos que han tenido las violencias de género en la vida de las mujeres. Se realizaron cuatro sesiones, dos con el grupo de las mujeres (5) y dos con el grupo de los hombres (6), y cada una contó con una duración de tres horas. La primera sesión tenía el objetivo de indagar por las percepciones de seguridad, el temor frente al espacio público y los hechos violentos que habían vivido. En la segunda sesión se elaboraron mapas, haciendo uso de la cartografía social,19 donde se identificaron los lugares seguros e inseguros, diferenciando entre aquellos que se frecuentan y los que no. 18 Los hombres que participaron en los grupos focales, hicieron parte de la producción en las dramatizaciones realizadas y el objetivo de su inclusión en las reflexiones y discusiones posteriores era lograr una comparación de percepciones de hombres y mujeres. 19 En el documento Cartografía Social, elaborado por la Alcaldía Mayor de Bogotá (2008) se plantea como una herramienta que permite que diferentes actores sociales compartan, discutan y concerten información y conocimientos sobre un territorio, a partir de la elaboración de un mapa mental, que da cuenta de experiencias de vida, de valores y de contextos particulares y colectivos. Es una representación de la realidad, elaborada en un lenguaje que se encuentra al alcance de todos. Ésta se soporta sobre la noción de territorio, entendido no solo como el lugar donde viven los seres humanos, sino también como un espacio de socialización y de procesos culturales, que cuenta con diferentes dimensiones: la ambiental, la económica, la política, la cultural, la social, la histórica, entre otras. Se le atribuye también el enfoque de la IAP (Investigación Acción Participativa) al concebirla como una forma de participación amplia en la comprensión y transformación del territorio y a la vez como una producción colectiva del conocimiento, 21 En el primer capítulo, que sigue a continuación, se abordarán algunas de las discusiones que se dieron en los grupos focales y se tendrán en cuenta los datos recolectados en prensa y las encuestas, para elaborar un panorama nacional y otro local sobre los tipos de agresiones que se presentan en los espacios públicos. dando cuenta de prácticas y vivencias cotidianas, así como de imaginarios, miedos, expectativas y frustraciones en sus contextos. 22 2. Ningún tipo de violencia es normal: violencias contra las mujeres en el espacio público 23 Teniendo en cuenta los tipos de violencia contra las mujeres más documentados puede hablarse de cuatro categorías principales: la violencia física, la violencia psicológica, la violencia sexual y la violencia económica. De acuerdo con Morey (2006) la violencia física se entiende como un atentado contra la integridad física y se da mediante ataques directos al cuerpo de la víctima; la violencia psicológica se presenta de forma sutil e incluye malos tratos, forzar a una mujer a realizar acciones contra su voluntad o prohibirle actuar como lo desee, y conduce a su desvalorización o inacción. La violencia sexual consiste en obligar a una persona a mantener un contacto sexual contra su voluntad; implica acoso y abusos, exhibicionismo y/o violación20 y la violencia económica, según García (2011), se orienta hacia la dominación económica y el control de las finanzas por condiciones sociales o políticas. Estos tipos de violencias se presentan en el espacio público y en el privado, como se evidencia en el rastreo de prensa realizado en los periódicos El Espectador y Q’ Hubo. 2.1. Contexto nacional El Espectador se toma como base para analizar el contexto nacional. Se encontraron 82 noticias de agresiones hacia las mujeres en todo el país; la mayor parte de casos se localizaron en Bogotá (y en otras zonas de Cundinamarca), con un porcentaje del 38% y seguidamente se encontró a Medellín con el 16% (también se incluyeron agresiones en otros lugares de Antioquia) (véase tabla 1). Tabla 1. Número de agresiones contra las mujeres en Colombia reportadas en El Espectador Ciudades Frecuencia Porcentaje Bogotá/Cundinamarca 31 37,8% Medellín/Antioquia 13 15,9% Bucaramanga/Santander 8 9,8% Cali/Valle del Cauca 5 6% Barranquilla/Atlántico 5 6% 20 En la definición de violencia sexual dada en el Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud (2002) de Naciones Unidas, se reconocen actos como comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar la sexualidad de una persona en contra de su voluntad. 24 Cartagena/Bolívar 3 3,7% Chocó 2 2,4% Pasto/Nariño 2 2,4% Caldas 2 2,4% Magdalena 2 2,4% Cúcuta/Norte de Santander 2 2,4% Guaviare 1 1,2% Valledupar/Cesar 1 1,2% Meta 1 1,2% Boyacá 1 1,2% Tolima 1 1,2% Huila 1 1,2% Sucre 1 1,2% Total 82 100% El mayor número de casos de violencias contra las mujeres se reportaron en Bogotá porque El Espectador centra sus publicaciones en los acontecimientos de esta ciudad, por lo tanto los datos anteriores no pueden considerarse como determinantes para catalogarla como una de las regiones más violentas contra las mujeres, aunque de acuerdo con un reporte publicado en este medio sí es la ciudad con más casos de agresiones sexuales: “cada tres horas una mujer fue agredida sexualmente” y sigue Antioquia, con una mujer cada cuatro horas (El Espectador, 14 de junio de 2014).21 También es importante considerar que los hechos documentados salen a la opinión pública porque hay denuncias, porque son casos muy graves o porque afectan a personajes públicos del país, esto significa que hay un gran número de agresiones que no se conocen y que se quedan en el anonimato y en la impunidad. En las noticias se encontraron los cuatro tipos de violencia señalados anteriormente. La violencia física prevaleció con el 74,4% de los casos, es decir 61, y se presentó de 15 formas diferentes: ataques con ácido, golpes, patadas, ataques con arma blanca, rasguños, quemaduras, tortura, desmembramiento, lanzamiento desde un lugar alto, ataques con arma de fuego, ahorcamiento, asfixia, empujones, descuartizamiento y mordiscos (véase tabla 2), siendo la utilización de armas de fuego, de armas blancas y los golpes la más documentada. 21 Cabe aclarar que estas ciudades son las más numerosas en población de todo el país, característica que influye en una mayor proporción de agresiones reportadas. 25 Esta violencia cuenta con mayor atención por parte de las investigaciones, las instituciones y los medios de comunicación, por ser la más visible al contar con una marcada tendencia hacia la crueldad y por tener fuertes y evidentes consecuencias en la vida de las mujeres:22 físicamente se pueden encontrar efectos como fracturas, cicatrices, pérdida de la movilidad, pérdida de alguna parte del cuerpo o la muerte y a nivel psicológico hay casos de disminución de la autoestima, aumento de la sensación de temor al salir a la calle o sensación de intranquilidad en el hogar. Tabla 2. Agresiones tipificadas como violencia física en El Espectador Tipo de agresión Frecuencia Arma de fuego 17 Arma blanca 16 Golpes 13 Quemaduras 4 Ácido 4 Patadas 3 Tortura 2 Asfixia 2 No se especifica 2 Desmembramiento 1 Ahorcamiento 1 Lanzamiento 1 Empujones 1 Descuartizamiento 1 Mordiscos 1 Rasguños 1 La violencia sexual apareció como la segunda más recurrente, con 18 casos, que representan el 22%. Y las formas en que se ejerció son: empalamiento, masturbación, besos, violación, violación colectiva, y manoseo, siendo las dos últimas las que se presentaron con mayor frecuencia (véase tabla 3). 22 Las consecuencias de las agresiones hacia las mujeres también las padecen personas cercanas como familiares y amigos; se encontraron casos donde los hijos quedaban solos y con traumas psicológicos, pues muchos tenían que presenciar los ataques hacia sus madres, además se documentaron hechos donde las personas trataban de intervenir y terminaban siendo agredidas o asesinadas. 26 Tabla 3. Agresiones tipificadas como violencia sexual en El Espectador Tipo de agresión Frecuencia Violación colectiva 6 Manoseo 5 Violación 3 Masturbación 2 Empalamiento 2 Besos 1 Es importante aclarar que la mayoría de ataques de este tipo, correspondientes a acciones como el manoseo, la masturbación y los besos no se denuncian, porque se consideran secundarios frente a las otras formas de violencia, en tanto que las afecciones no son tan evidentes y hay una mayor tolerancia hacia ellas. De violencia psicológica se reportaron 13 casos, con el 16%, ejercida por medio de amenazas, agresión verbal, secuestro, invasión a la vida privada, venganza y piropos, siendo las amenazas las que se encontraron con mayor recurrencia (véase tabla 4). Tabla 4. Agresiones tipificadas como violencia psicológica en El Espectador Tipo de agresión Frecuencia Amenazas 4 Agresión verbal 2 Secuestro 2 Piropos 2 Venganza 1 Invasión a la vida privada 1 No se especifica 1 Hay algunos tipos de violencia invisibilizados, como en este caso los piropos, porque son acciones cotidianas en la vida de las mujeres que no se documentan, solo se tienen en cuenta cuando su accionar conlleva repercusiones mayores, es decir, cuando se combina con otros tipos de violencia o cuando las mujeres deciden y logran generar opinión pública por sus propios medios. 27 Sobre la violencia económica23 únicamente se encontraron 7 casos, de los cuales 4 corresponden a robos, que aunque no son considerados violencia de género, están acompañados de otras agresiones que sí responden a esta condición (como los ataques sexuales), dando cuenta de la visión de vulnerabilidad hacia las mujeres, que las vuelve foco de actos como este. La otra forma de violencia económica encontrada es la extorsión, con 3 casos. En este análisis de prensa se pudo constatar, a pesar de la falta de información, que las mujeres jóvenes fueron las más violentadas;24 entre los 16 y los 25 años se presentó el mayor número de agresiones (véase tabla 5).25 Tabla 5. Edad de las víctimas reportadas en el periódico El Espectador Edades No especificada 40 Entre 16 y 20 años 9 Entre 21 y 25 años 8 Entre 26 y 30 años 6 Entre 31 y 35 años 5 Mayores de 51 años 5 Menores de 15 años 4 Entre 36 y 40 años 3 Entre 41 y 50 años 2 Total 82 El tipo de agresores encontrados se dividió en dos categorías: los conocidos (representando al 67% de los agresores) y los desconocidos (equivalentes al 33%). Los conocidos se clasificaron conforme a la relación que guardaban con la víctima: pareja, expareja, familiar, amigo y otro tipo de conocido. La pareja y la expareja fueron agresores recurrentes en las 23 Este tipo de violencia es generalizada, pero se presenta en mayor medida en el espacio privado, con el control de recursos o la apropiación del patrimonio. 24 En la mitad de los casos (49%) no se especificó la edad de la víctima. 25 De acuerdo con el informe Forensis (2014) la mayor parte de mujeres violentadas en el año 2014 se ubicó en el rango de edad de 20 a 29 años, aunque no se especificó si esas violencias respondían a razones de género. 28 noticias analizadas,26 la categoría de otro apareció en varias circunstancias, donde los principales victimarios fueron vecinos (véase tabla 6). Tabla 6. Tipo de agresores en las noticias de El Espectador Agresor Frecuencia Pareja 20 Expareja 16 Otro 14 Amigo 4 Familiar 2 Aunque en la violencia de género se entiende que hombres y mujeres pueden ser victimarios, solo se encontró un caso de agresión de una mujer a otra (con ácido) y otro en el que una mujer asesinó a un hombre por celos. El resto de ataques registrados están dirigidos de hombres hacia mujeres.27 El espacio privado fue el foco de las agresiones perpetradas por los compañeros sentimentales y las exparejas, mientras que el espacio público fue el centro de la violencia por parte de otros conocidos y desconocidos (véanse tabla 7 y tabla 8). Tabla 7. Tipos de agresores en relación al espacio según El Espectador Agresor Espacio privado Espacio público No especificado Pareja 10 5 4 Expareja 7 7 3 Familiar 2 0 0 Amigo 0 2 1 Otro conocido 9 2 3 26 “De acuerdo con cifras de la Corporación Sisma –entidad encargada de velar por los derechos de la mujer– en promedio cada 11 minutos una mujer es agredida en Colombia por su pareja o expareja” (El Espectador, 18 de mayo de 2014). 27 Hay dos casos en los que se reportó la participación de mujeres en las agresiones perpetradas por hombres hacia sus exparejas: El 29 de julio de 2014 se publica una noticia en El Espectador titulada A la cárcel policía implicado en homicidio de mujer embarazada, donde se documentó el feminicidio de una mujer de 28 años en Cartagena que se encontraba en embarazo, asesinada por su expareja en complicidad con la nueva pareja del victimario. Después de asesinarla, la quemaron y le robaron el bebé (El Espectador, 29 de julio de 2014). Y el 26 de julio de 2014 aparece otra noticia titulada A la cárcel pareja sindicada de violación y tortura, que narró como un hombre y una mujer, que eran pareja, robaron, torturaron y violaron a la expareja del victimario (El Espectador, 26 de julio de 2014). 29 Desconocido 5 21 1 No especificado 0 3 1 Tabla 8. Tipos de violencia y agresores según El Espectador Tipo de violencia Pareja Expareja Familiar Amigo Otro Desconocido NE Física 19 12 2 2 10 16 3 Sexual 1 2 0 3 4 10 0 Psicológica 2 4 0 1 1 5 0 Económica 0 3 1 1 3 1 0 NE 1 0 0 0 0 0 1 En los medios estudiados se registraron 43 muertes de mujeres, de las cuales 31 (72%) fueron feminicidios (entendiendo que las razones de la muerte tuvieron que ver con su condición de mujeres) y 12 (28%) se dieron por otro tipo de razones (generalmente estaban relacionadas con el conflicto que se vive en el país). Se ve entonces que los asesinatos de mujeres, en su mayoría, responden a razones de género. Los feminicidios ocurrieron principalmente en el espacio privado, mientras que los otros asesinatos se presentaron en mayor medida en los espacios públicos, aunque la diferencia no es tan notable (véase tabla 9). Tabla 9. Feminicidios y asesinatos en relación con los espacios en El Espectador Espacio N. Feminicidios N. Asesinatos Total muertes Privado 17 3 20 Público 10 7 17 No se especifica 4 2 6 Las parejas de las víctimas fueron quienes cometieron el mayor número de feminicidios (15 del total de casos registrados, que equivale al 45%),28 mientras que las otras muertes ocurrieron en mayor medida en manos de desconocidos (83%) (véase tabla 10). Asimismo el informe Forensis (2014) muestra que la mayor parte de los asesinatos de mujeres en 28 “La Organización Mundial de la Salud (OMS), señala que más del 38% de las muertes violentas de mujeres ocurridas en el mundo en 2013 fueron cometidas por su pareja” (El Espectador, 16 de septiembre de 2014). 30 Colombia durante el 2014 fueron cometidos por desconocidos (44,8%), pero no se hace una diferenciación sobre cuáles de ellos estaban relacionados con razones de género. Tabla 10. Muertes de mujeres en relación a los agresores en El Espectador Tipo de muerte Pareja Expareja Familiar Amigo Otro Desconocido NE Total muertes Feminicidio 15 6 0 1 6 2 3 33 Asesinato 0 0 0 0 1 10 1 12 Los feminicidios son asesinatos de mujeres por razones de género, producto de un sistema estructural de opresión basado en relaciones desiguales de poder, dominación y privilegio entre hombres y mujeres (Sagot, 1995). La antropóloga mexicana Marcela Lagarde los define como crímenes de odio contra las mujeres, que cuentan con una enorme tolerancia social y estatal, desencadenando la impunidad (Soto, 2011). Es importante establecer la diferencia entre feminicidios y asesinatos de mujeres porque las formas en que se realizan son diferentes. Cuando la muerte de la mujer no está relacionada con razones de género sucede en general por el uso de un arma de fuego, sin combinar diferentes tipos de violencia ni caer en la tortura, lo que sí pasa cuando se trata de un feminicidio, pues la forma más recurrente de perpetrarlo es por medio del arma blanca, que se usa de manera repetida y que en la mayoría de casos va acompañada de otros tipos de violencia (véase tabla 11). Tabla 11. Tipos de violencia en relación con las muertes de mujeres en El Espectador Tipo de violencia N. Feminicidios N. Asesinatos Violencia física Arma blanca 12 1 Desmembramiento 1 0 Quemaduras 2 1 Lanzamiento 1 0 Arma de fuego 9 8 Asfixia 2 0 Golpes 1 1 Descuartizamiento 1 0 Tortura 1 0 NE 0 1 31 Violencia sexual Violación colectiva 2 0 Violación 1 0 Empalamiento 1 0 Violencia psicológica Violencia verbal 1 0 Piropos 1 0 Ne 1 0 Violencia económica Robo 1 0 NE 2 0 Las agresiones que producen la muerte de las mujeres van desde el uso de armas, el desmembramiento, la tortura, el uso de fuego y el descuartizamiento, hasta los piropos, que si bien no son una forma de matar a alguien sí pueden ser el primer paso para que ello suceda, por lo cual se encuentra dentro de la lista. En el municipio de Aranzazu, norte de Caldas, un hombre agredió a una mujer con arma blanca a la altura del cuello. Caracol Radio informó que el hecho se presentó porque en repetidas ocasiones el agresor lanzó piropos e invitó a bailar a la mujer quien le respondía con negativas ante la insistencia del hombre […] La víctima falleció mientras recibía atención médica en el hospital San Vicente de Paul de la localidad. Al parecer, la herida alcanzó la vena aorta causándole la muerte (El Espectador, 9 de septiembre de 2014). El piropo y el feminicidio –siendo dos formas diferentes de ejercer la violencia contra las mujeres– hacen parte de una violencia estructural, pues las dos tienen la misma base: hay una apropiación del cuerpo de la mujer que la ubica como un objeto para el disfrute de otros y la obliga a ceder ante los deseos de los hombres. La violencia en el contexto de ciudad, asociada con factores como el narcotráfico, la limpieza social y el sicariato afecta también a las mujeres, pues se encuentran hechos en los que son asesinadas en alguna esquina por estar con alguien a quien iban a matar o por balas perdidas. 32 La celebración por el pase a cuartos de final de la selección colombiana tras vencer 2-0 a Uruguay se cobró la vida de una mujer de 25 años por una bala perdida en un sector popular de Bogotá, según informaron las autoridades (El Espectador, 28 de junio de 2014) Mientras se encontraba en una esquina con un allegado en el barrio Santa Bárbara de Buga, fue asesinada a tiros una mujer identificada como Martha Lucía Puerta Quintana de 53 años. El hecho ocurrió sobre las 7:45 p.m. de este martes, en inmediaciones a la calle 11 con carrera 6 de Buga. De acuerdo con testigos, la víctima se encontraba compartiendo con otro hombre cuando fueron sorprendidos por dos sujetos que se movilizaban a bordo de una motocicleta quienes abrieron fuego contra la pareja. Aunque las autoridades de Buga no han logrado establecer las causas del ataque, ni han realizado alguna hipótesis sobre los móviles y los autores del hecho, no se descarta que el homicidio haya sido causado por un ajuste de cuentas entre bandas delincuenciales dedicadas al negocio del microtráfico. (El Espectador, 2 de julio de 2014). En este sentido, el lugar donde viven o los sitios que frecuentan influyen en su seguridad; hay lugares que las hace más vulnerables. 2.2. Contexto local Para dar cuenta del contexto local se revisó el periódico Q’Hubo, ya que en él se consignan noticias de violencia contra las mujeres en la ciudad y en el departamento que no tienen una relevancia en los otros medios. Igualmente hay que enunciar que este periódico se ha posicionado como una fuente importante en investigaciones enfocadas en la violencia de género y en el conflicto urbano en Medellín, porque en función de su carácter sensacionalista presenta estadísticas e informes detallados sobre los hechos violentos. 33 En éste se encontraron 56 noticias de violencias contra las mujeres, que pueden clasificarse en violencia física, violencia sexual y violencia psicológica. Al igual que en el contexto nacional la violencia física es la más recurrente con el 78,6% de los casos (44), pero en Medellín el arma blanca fue la más utilizada para las agresiones.29 También están dentro de los medios más usados el arma de fuego, los golpes y la desaparición30 (véase tabla 12). Según datos oficiales en Antioquia se presentaron 4.777 casos de lesiones contra mujeres, de los cuales 2.186 sucedieron en Medellín (Forensis, 2014). Tabla 12. Formas de violencia física registradas en Antioquia en el periódico Q’ Hubo Tipo de agresión Frecuencia Arma blanca 12 No se especifica 9 Arma de fuego 7 Golpes 6 Desaparición 6 Asfixia 3 Quemaduras 2 Gas pimienta 1 Bala perdida 1 Arrastrar 1 En segundo lugar aparece la violencia sexual con 13 casos; 12 de ellos son violaciones y hay uno donde se dan dos tipos de agresiones: violación y empalamiento (véase tabla 13).31 Las ciudades que obtuvieron las cifras más altas en los registros por violencia sexual en el INMLCF fueron Bogotá con 3.332 casos, Medellín con 907,32 Cali con 761, Barranquilla con 491 y Cartagena con 437 (Forensis, 2014). 29 A nivel nacional fue el arma de fuego, aunque se usaron casi en igual proporción. 30 Hay unos apartados del periódico especialmente dedicados a una especie de servicio social, donde se encontraron anuncios sobre mujeres desaparecidas. 31 Aunque en El Espectador la violencia sexual también aparece en segundo lugar, en los registros de este medio se documentan hechos de manoseo y violación colectiva como unos de los más recurrentes, que no son mencionados en el Q’ Hubo. 32 En Antioquia se presentaron 2.412 casos. 34 Tabla 13. Formas de violencia sexual registradas en Antioquia en el periódico Q’ Hubo Tipo de agresión Frecuencia Violación 12 Violación colectiva 1 Empalamiento 1 En la violencia psicológica solo se encontraron 3 casos (5,3%) con agresiones como amenazas (1), agresión verbal (1), secuestro (2) y control de las acciones de la mujer (1).33 Este comportamiento difiere de lo analizado anteriormente en el contexto nacional, donde el porcentaje de hechos de violencia psicológica es más alto (16%) y se incluyen actos como la invasión de la vida privada, la venganza y los piropos. Esto da cuenta de una ausencia en la postulación de la violencia sutil en la opinión pública de Medellín y en la tolerancia social ante estos actos. En cuanto a la edad de las mujeres agredidas se encuentra una disminución en los ataques a partir de los 36 años (véase tabla 14), al igual que en el contexto nacional, lo que demuestra que las violencias contra las mujeres ocurren principalmente cuando son jóvenes. En el XIII Informe de Derechos Humanos de las Mujeres en Medellín (2014) se reportó que la violencia intrafamiliar y los feminicidios afectaron principalmente a las mujeres entre los 18 y 38 años, donde se encontraron más del 50% de los casos.34 En la violencia sexual las más agredidas son las niñas y las menores de edad, sumando el 72% de casos, mientras que dentro de la edad adulta el mayor número de agresiones se documenta entre los 18 y los 26 años con el 12%. Es importante tener en cuenta que estos datos hacen parte de las denuncias realizadas por las víctimas en las entidades destinadas para ello, por lo tanto es probable que falte información con respecto a los ataques sexuales, especialmente los presentados contra las mujeres adultas quienes tienen un mayor temor a denunciar a sus agresores o quienes no identifican que están siendo violentadas, teniendo en cuenta que muchas veces son sus propias parejas las que abusan de ellas, además hay que considerar 33 El número de agresiones supera al número de casos, porque hay noticias donde aparecen diversos ataques que pueden corresponder al mismo tipo de violencia. 34 El total de agresiones contra las mujeres correspondientes a violencia intrafamiliar es de 3.843. En el rango de edad de 18 a 28 años se reportaron 809 agresiones (21%), entre los 27 y 32 años hubo 581 (15%) y entre los 33 y 38 años fueron 616 agresiones (16%). Y las mujeres asesinadas en su mayoría tenían entre 18 y 32 años, lo que suma el 57.1% de los casos (Vamos Mujer y Mujeres que Crean, 2014). 35 que actos como el manoseo, la masturbación y el exhibicionismo no suelen denunciarse. En cuanto a las menores de edad, son sus propias familias quienes realizan las denuncias, porque hay una visión de vulnerabilidad mayor hacia las niñas y de acuerdo con las Corporaciones Vamos Mujer y Mujeres que Crean (2013) los menores están en una edad donde tienen mayores posibilidades de ser manipulados, chantajeados y controlados, lo que los ubica como potenciales víctimas de estas agresiones, donde los principales victimarios son los padres, los padrastros y los abuelos. Tabla 14. Rangos de edad de mujeres agredidas en Antioquia según Q’ Hubo Edades Frecuencia Menores de 15 años 8 Entre 31 y 35 años 8 Entre 21 y 25 años 8 Entre 26 y 30 años 8 Entre 16 y 20 años 7 Mayores de 51 años 6 No especificada 6 Entre 41 y 50 años 4 Entre 36 y 40 años 1 Total 56 La mayoría de los agresores fueron los conocidos (20), especialmente las parejas de las víctimas (13), y un número menor de agresores son desconocidos (11). Tabla 15. Tipos de agresores en Antioquia según el periódico Q’ Hubo Agresor Frecuencia Pareja 13 Expareja 2 Familiar 3 Amigo 2 Otro 0 Igual que en el análisis del contexto nacional, en la violencia física el principal agresor es la pareja, mientras que en la violencia sexual son los desconocidos: 36 Tabla 16. Tipos de violencia en relación con los agresores en Antioquia según el periódico Q’ Hubo Tipo de violencia Pareja Expareja Familiar Amigo Otro Desconocido NE Física 13 2 3 0 0 5 21 Sexual 1 0 1 2 1 7 1 Psicológica 1 0 1 0 1 0 0 NE 0 0 0 0 0 0 2 La violencia por parte de la pareja muestra una articulación entre la fuerza y el ejercicio abusivo del poder, asociadas con el ser hombre, lo que contrasta con una visión de feminidad que acentúa la debilidad y la dependencia. En un estudio realizado por Vamos Mujer y Mujeres que Crean (2013) sobre los agresores se plantea que una de las causas de las violencias es el menosprecio que se siente por la mujer y que se constituye en una estrategia para subordinarla, después de pasar por el fomento de la dependencia y la disminución de la autoestima, pero también se produce cuando los hombres sienten amenazado su reconocimiento, aceptación y valoración ante las mujeres; “la agresión contra la pareja por parte del hombre es una respuesta ante algo que él percibe de ella y que interpreta como una invalidación y un riesgo para su versión de virilidad, construida como su soporte social y familiar” (Vamos Mujer y Mujeres que Crean, 2013: 117). Esto crea una identidad de la mujer basada en la inseguridad y en la obediencia, porque hace que sienta que no tiene derecho a nada gratificante, ni a la palabra, ni a la toma de decisiones. Por otro lado, el ejercicio de la violencia sexual por parte de desconocidos reafirma el temor que tienen las mujeres de salir a la calle y ser atacadas sexualmente. Las muertes reportadas de mujeres sumaron 33, de las cuales 23 (69,7%) corresponden a feminicidios35 y 10 (30,3%) a asesinatos. Esta información sigue el parámetro nacional, aunque los contextos difieren al mostrarse que en Medellín los feminicidios se presentan en mayor medida en el espacio público (véase tabla 17), contrario a lo que ocurre en el país, pero los principales agresores siguen siendo sus propias parejas (véase tabla 18). 35 Estos feminicidios suelen mostrarse como parte de los homicidios que se presentan en la ciudad, por lo tanto los cuentan dentro de las cifras de las muertes que se producen en determinado periodo de tiempo y la explicación y contextualización que se hace de ellos se asocia a unos problemas estructurales de violencia y de inseguridad generalizadas, pero no se incluye una perspectiva de género. 37 Tabla 17. Muertes de mujeres en relación con los espacios según el periódico Q’ Hubo Espacio N. Feminicidios N. Asesinatos Total Privado 6 5 11 Público 14 2 16 No se especifica 3 3 6 Tabla 18. Muertes de mujeres en Antioquia en relación con los agresores según el periódico Q’ Hubo Tipo de muerte Pareja Expareja Familiar Amigo Otro Desconocido NE Feminicidio 10 1 1 0 0 3 8 Asesinato 0 0 0 0 0 2 8 Puede parecer paradójico que los feminicidios se presenten en mayor medida en el espacio público a pesar de que son las parejas de las mujeres los principales victimarios, sin embargo esto refleja que la apropiación del cuerpo y de la vida de las mujeres es tal que la reafirmación del poder masculino por medio de la violencia se presenta en diversos escenarios, bajo la mirada de la sociedad que ha reproducido la subordinación de las mujeres a través de la historia. Para cometer un feminicidio el medio más recurrente es el arma blanca, igual que en el contexto nacional, pero también el arma de fuego, la asfixia y los golpes, aunque en menor proporción. Así mismo, se encontró un caso de violencia sexual que terminó en feminicidio. Por su parte, el asesinato se da con arma de fuego, golpes y bala perdida (véase tabla 19). Tabla 19. Tipos de violencia en Antioquia en relación con la muerte de mujeres según periódico Q’ Hubo Tipo de violencia Feminicidio Asesinato Violencia física Arma blanca 12 0 Arma de fuego 3 4 Asfixia 3 0 Golpes 3 1 38 Bala perdida 0 1 NE 4 3 Violencia sexual Violación 1 0 NE 0 1 Una de las características más enunciadas del feminicidio es el exceso de crueldad sobre la víctima; estos asesinatos representan el extremo de un continuum de terror anti-femenimo (Segato, 2006), razón para que en esta categoría se enmarquen toda clase de abusos que terminan en la muerte de las mujeres. 2.3. El acoso sexual callejero Las agresiones que se clasifican como acoso sexual callejero se encuentran invisibilizadas, como se constató en el análisis de prensa y en el rastreo de los informes oficiales y no oficiales sobre la violencia contra las mujeres en el 2014. Sin embargo este es un tema que ha cobrado relevancia en los últimos años, gracias a las denuncias y a que los gobiernos han asumido la responsabilidad de contrarrestar estas acciones.36 Por esta razón y para ampliar el panorama de las violencias contra las mujeres, visibilizando y problematizando todas las formas en que se presentan, se realizó una encuesta a 50 mujeres de la ciudad y se desarrollaron unos grupos focales, con la participación de 6 mujeres y 6 hombres, donde se indagó por esos casos de violencia que se viven en el espacio público y que son difícilmente identificables. Se puede definir el acoso sexual callejero como un conjunto de prácticas cotidianas, como frases, gestos, silbidos, sonidos de besos, tocamientos, masturbación pública, exhibicionismo, seguimientos (a pie o en auto), entre otras, con un manifiesto carácter sexual (Vallejo y Rivarola, 2013: 2). 36 En España y en Ecuador hay grandes avances al respecto con programas y proyectos de ley que procuran una vida segura para las mujeres en el espacio público; Latinoamérica ha promovido el programa Ciudades Seguras para las Mujeres, en el cual participan alrededor de 20 ciudades de la región. Medellín empezó a ser parte de esta iniciativa a partir de este año, siendo la ciudad número 22 en vincularse (Vargas, 2006-2007). 39 Teniendo en cuenta que las mujeres jóvenes son las más violentadas37 las encuestas se realizaron a mujeres con un rango de edad entre los 16 y los 36 años (véase tabla 20). Tabla 20. Población encuestada por rangos de edad Rango de Edad Frecuencia Porcentaje 21-25 24 48% 16-20 10 20% 26-30 9 18% 31-36 7 14% Total 50 100% La población encuestada está conformada, casi en su totalidad, por estudiantes y trabajadoras; solo hay 5 amas de casa, una desempleada y una activista (véase tabla 21). Tabla 21. Población encuestada diferenciada por ocupaciones Ocupación Frecuencia Porcentaje Estudiante 24 48% Empleada profesional 8 16% Vendedora 5 10% Ama de casa 5 10% Estudiante y trabajadora 2 4% Administradora 2 4% Oficios varios 2 4% Desempleada 1 2% Activista 1 2% Total 50 100% Los lugares de vivienda fueron agrupados por comunas (véase tabla 22), predominando el estrato 3 con el 54% del total de la población encuestada (véase tabla 23). 37 En los informes de derechos humanos de ONGs y del INMLCF (Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses) y en la prensa se pudo constatar esta información. 40 Tabla 22. Caracterización poblacional por comunas Comuna Frecuencia Porcentaje Comuna 7 8 16% Comuna 10 7 14% Fuera del área 6 12% Comuna 12 5 10% Comuna 4 4 8% Comuna 16 4 8% Comuna 14 3 6% Comuna 15 3 6% Comuna 3 2 4% Comuna 6 2 4% Comuna 11 2 4% Comuna 5 1 2% Comuna 8 1 2% Comuna 9 1 2% Comuna 13 1 2% Total 50 100% Tabla 23. Distribución de la población encuestada por estratos Estrato Frecuencia Porcentaje Estrato 3 27 54% Estrato 2 10 20% Estrato 4 7 14% Estrato 6 3 6% Estrato 1 2 4% Estrato 5 1 2% Total 50 100 Del total de las encuestadas el 88% son solteras (44), el 6% son casadas (3) y el 6% restante conviven en unión libre (3). Con respecto al nivel de educación, la mayoría terminó la secundaria (42%), y el 34% son profesionales (véase tabla 24). 41 Tabla 24. Nivel de educación de las encuestadas Nivel de educación Frecuencia Porcentaje Secundaria 21 42% Profesional 17 34% Tecnológica/ técnica 10 20% Primaria 2 4% Total 50 100% Si bien la mayor parte de mujeres encuestadas son estudiantes y trabajadoras esto no es representativo en cuanto a la totalidad de oficios desempeñados por las mujeres en la ciudad, pero sí da cuenta de las características de una población de mujeres que desarrollan la mayoría de sus actividades en el espacio público. Si las encuestas se hubieran llevado a cabo al interior de los hogares se cubriría otra población que relega sus actividades al espacio privado y que probablemente tendría otras ocupaciones. Teniendo esto en cuenta, la caracterización socio demográfica queda de la siguiente manera: las mujeres encuestadas en su mayoría son jóvenes, viven en barrios de estrato tres, son solteras y realizan actividades en el espacio público.38 Estas mujeres habitan cotidianamente el espacio público debido a sus ocupaciones, lo que las hace más vulnerables en el contexto de ciudad porque aún no existen las condiciones adecuadas para que desarrollen sus actividades con tranquilidad; diariamente sufren agresiones en el espacio público, asociadas principalmente con violencias sutiles, como los piropos o las miradas persistentes. El acoso sexual callejero se manifiesta de formas diferentes como se evidencia en las encuestas: 49 de las 50 mujeres encuestadas afirman haber recibido “piropos”, lo cual corresponde al 98% de la población de estudio; seguidamente el 88%, o sea 44 mujeres, han percibido miradas persistentes o “morbosas”; mientras que 39 de ellas, es decir el 78%, han sido víctimas de manoseo. De las mujeres encuestadas algunas afirmaron haber padecido violencia verbal, amenazas con arma de fuego o corto-punzante, violencia física y violencia sexual (véase tabla 25). 38 La muestra tiene este sesgo porque no pretende ser exhaustiva ni representativa de todas las mujeres de la ciudad, sino que es un ejercicio ilustrativo que me propuse en la investigación. 42 Tabla 25. Episodios de violencia contra la mujer según las encuestas Episodios de violencia Tipo de agresión Frecuencia Porcentaje Piropo 49 98% Miradas persistentes o morbosas 44 88% Manoseo 39 78% Violencia verbal 11 22% Amenaza con arma 9 18% Abuso sexual 3 6% Violencia Física 3 6% Todas las mujeres encuestadas han sido víctimas de por lo menos un tipo de agresión (sutil en su mayoría), afirmación que se evidencia en que cada una señaló que ha padecido uno o más episodios de violencia a lo largo de sus vidas.39 Aun así casi la mitad de ellas (23) no reconocieron estos hechos como agresiones que se producen por el hecho de ser mujeres.40 Vallejo y Rivarola (2013) agregan que las prácticas propias del acoso sexual callejero suelen estar dirigidas de hombres hacia mujeres, generalmente desconocidas para ellos, donde no hay una relación consentida, sino una imposición de los deseos de uno sobre otro. Esto da cuenta de relaciones desiguales de poder entre los géneros, que se reflejan en el espacio público, en donde la forma de apropiación y disfrute de la ciudad por parte de hombres y mujeres es diferente. 2.3.1. Miradas “morbosas” y piropos Las miradas persistentes son una de las formas de acoso callejero más subestimadas; la mayoría de las personas no las reconocen como agresiones, ni siquiera buena parte de las 39 En la pregunta que indagaba por el tipo de violencias (¿ha vivido alguno de estos sucesos?) se utilizaron imágenes para que las encuestadas no sintieran miedo de señalar cualquier agresión, teniendo en cuenta que las mujeres temen denunciar o hablar de estos hechos, porque hay implícita una vergüenza social y muchas consideran que este es un asunto de su vida privada. 40 Dentro del grupo de mujeres que afirmaron haber sido agredidas en la calle por ser mujeres, solo cinco se referían a actos como piropos y miradas morbosas. 43 mujeres que las perciben diariamente, pues aunque se sienten incómodas lo interiorizan como algo normal.41 En estos días muchachas me sentí tan incómoda; me monté a un bus lleno, […] y yo iba con una falda más o menos como por acá [a mitad de los muslos], una falda negrita y el bus iba llenito entonces no tuvimos cómo sentarnos juntas [iba con la compañera afectiva] […], entonces ella se sentó al lado y yo me senté al otro lado. Se me ha sentado al lado un señor y pa’ colmo de males, yo como para evitar (que en medio es muy peye pero igual lo hago, porque pues mientras el imaginario no cambie yo tengo que protegerme) yo me tapé, o sea yo iba tapada con una bolsa, o sea no había forma de ver más allá de aquí pa’ arriba [se tapó la parte de los muslos descubierta]; me miraba y me miraba, pero me sentía realmente acosada, o sea yo antes no sentía eso y esta vez me sentí realmente incómoda, porque antes como lo tenía tan naturalizado, quien me mirara, pues yo miraba para otro lado, me hacía la loca […]. Yo estaba incómoda, pero incómoda incómoda; fue que me bajé con rabia, se me dañó el paseo, porque íbamos hacia Bello, entonces fue mero paseo, y me bajé molesta, me bajé incómoda, yo ya no quería ir donde tenía que ir, o sea como que se me dañó la noche, pero era porque me sentí como desnuda […] yo lo volteaba a mirar como: !bueno pues¡ se volteaba y después otra vez […] y el bus así [lleno] y todos los que se paraban, se paraban [a mirar] […] o sea y era como ese afán de… yo no sé como una malicia que le meten a las cosas tan extraña, entonces no, sí es como muy incómodo, muy morboso, pero realmente sentí el morbo, hace mucho no lo sentía y me sentí pero mal, o sea no, muy exagerados también, terrible, me dañó la noche, me bajé malgeniada […] entonces es muy feo (Mayra Delgado, grupo focal mujeres, 2 de abril de 2015). Las miradas que tienen una carga sexual son calificadas por todas las encuestadas como “morbosas”, conllevan efectos negativos en las mujeres al generar incomodidad, 41 23 de las 50 mujeres encuestadas no consideran que una mirada persistente y morbosa sea una agresión. 44 intimidación, inseguridad, incertidumbre, rabia y desesperación. De acuerdo con Le Breton (2009) “dirigir la mirada hacia otro no es un hecho casual, sino que es un acto intencional, un ejercicio de poder y con impactos cognitivos, afectivos y físicos en la persona mirada” (Vallejo y Rivarola, 2013: 14). Quien tiene el poder mira, y la persona observada se siente intimidada, baja la mirada o la evade, a la vez que experimenta consecuencias físicas como rubor, sudoración o aumento del ritmo cardíaco, como resultado de la intimidación y el temor. Los piropos son una forma de ejercer el poder sobre el otro, son evaluaciones sobre la apariencia física que se dan a través de “insultos, silbidos, guiños, proposiciones o comentarios, [muchos] de carácter sexual (Chunn, 2011)” (Rodemann, 2015: 153). En el grupo focal las mujeres relacionaron este tipo de acoso con su aspecto físico, ratificando la idea del cuerpo como mercancía: Yo creo que son cosas en general que le dicen a uno principalmente por el aspecto físico (Tatiana Anillo, grupo focal mujeres, 2 de abril de 2015). Pa’ mi un piropo es la explicación no pedida de alguien que no te importa, a mí no me interesa (Mayra Delgado, grupo focal mujeres, 2 de abril de 2015). A mí me parece que los piropos son una forma naturalizada de la violencia, entonces para mí el piropo es sinónimo de alguien gritando en la calle cosas que no me interesan y que corresponden a un aspecto físico que no tiene por qué interesarles a ellos también (Yudy Robles, grupo focal mujeres, 2 de abril de 2015). Esta misma relación fue hecha por el grupo focal realizado con los hombres, sin embargo en sus opiniones no se evidenció el rechazo y la molestia que expresan las mujeres, porque ellos no son objeto de acoso en su vida cotidiana (aunque comentaron haber recibido piropos en la calle en algún momento de sus vidas, es un suceso esporádico). Un piropo es una frase mediante la cual un individuo demuestra su empatía estética hacia otro (Juan Pablo Benavides, grupo focal hombres, 10 de abril de 2015). 45 Pues de la forma decente de decirlo es esa frase para hacer un homenaje a la belleza femenina, cosa que se ha ido perdiendo y se ha ido al otro lado a ser lo contrario, a ser una ofensa, una grosería hacia las mujeres (Felipe Chaves, grupo focal hombres, 10 de abril de 2015). Ese comunicarle a la otra persona que de alguna forma lo atrae a uno, pero digamos que si uno lo pone en el cotidiano, sería simplemente hablar en voz alta algo que vos estás pensando, como decirlo así como tal lo pensaste (Juan David, grupo focal hombres, 10 de abril de 2015). Las sensaciones experimentadas por unos y otras son diferentes: todas las mujeres del grupo focal estuvieron de acuerdo en que se sienten o se han sentido incómodas al escuchar comentarios en la calle, los hombres, por el contrario, al recordar los piropos que les han dicho o al ponerse en situación, lo toman como una broma o un evento entretenido: Nunca he sido objeto de un piropo que me haga sentir incómodo […] puede que hayan tenido contenido también sexual, pero realmente me producen risa, porque no me siento vulnerable frente a las personas que me lo dicen, […] no me sucede con mucha frecuencia, pero cuando me sucede me da risa y trato de llevarlo con jocosidad (Juan Pablo Benavides, grupo focal hombres, 10 de abril de 2015). Los hombres no experimentan una sensación de temor, sino más bien lo conciben como un juego y lo entienden como un halago, porque la virilidad se ha construido sobre la seguridad, la valoración y el prestigio; en este sentido su actitud no es de subordinación, sino de consentimiento con el piropo, dando cuenta de su empoderamiento, que hace que no se sientan amenazados por algún comentario que reciban en la calle. Para ahondar en las sensaciones y percepciones acerca del piropo, se mostraron unas imágenes encontradas en Google. Al realizar una búsqueda utilizando la palabra “piropo” aparecían frases con tonos cariñosos, pero también con contenidos sexuales, dando cuenta de que tiene una amplia gama de definiciones (véase figura 1). 46 Figura 1. Imágenes de piropos encontradas en Google Las mujeres expresaron desagrado por casi todas, siendo menor cuando no tenían un contenido sexual explícito; consideraron que si el que hacía el piropo era un desconocido, no importaba su contenido, se incomodaban. Se puede inferir que la palabra piropo tiene una connotación negativa para ellas, porque lo entienden como un acoso, no como un halago, sin importar la forma como se presente. 47 Para mí es muy importante es cuando no lo pido, cuando no me interesa escucharlo […] hasta dónde lo que uno no pide se convierte en incómodo cuando te lo están dando, eso se vuelve violento (Mayra Delgado, grupo focal mujeres, 2 de abril de 2015). Para los hombres entrevistados la palabra piropo también tenía una connotación negativa porque siempre esperaban que estuviera cargado de contenido sexual, pues cuando éste tenía un tono más coqueto y jocoso se reían y les parecía absurdo que se utilizara dentro de la categoría de piropo. Pero a diferencia de las mujeres, consideraban que si un desconocido decía un piropo “bonito” era menos reprochable; pensaban que podría causar risa, más que desagrado. Los piropos que no tienen un contenido sexual explícito generan incomodidad por la violación a la privacidad que se da cuando ese otro –desconocido– opina sobre sus cuerpos, pero el acto en sí no necesariamente se interpreta como violencia, sino que puede desencadenar otras sensaciones como risa, extrañamiento y hastío. Lo realmente violento es que el piropo es algo repetitivo, y adquiere la connotación de acoso: además de presentarse diariamente, puede ocurrir varias veces en un día. Esto les recuerda a las mujeres que existe una amenaza latente contra sus cuerpos en el espacio público, porque hay desconocidos que las miran, las desean y se les acercan sin su consentimiento. Al reflexionar acerca de cuál es la finalidad de un piropo, hombres y mujeres coincidieron en que se hace para satisfacer a quien lo dice, sintiéndose poderoso al comentar sobre la otra persona y sabiendo que lo más probable es que genere rechazo; esto además está asociado con la necesidad de aceptación en el grupo (de hombres), quienes constantemente deben reafirmar su virilidad y su heterosexualidad, como lo prescribe la cultura patriarcal y heteronormativa. Yo creo que por un lado hay mucha vaina de prestigio ahí, porque los pelados empiezan a hacerlo en combitos, o sea uno ve que cuando los pelados arrancan a hacerlo no lo hacen solos, empiezan a hacerlo en combitos (Lina López, grupo focal mujeres, 2 de abril de 2015). 48 Es que yo me he puesto a pensar muchachas, qué tal que uno le parara bolas a todo el que lo mira en el bus, o sea ¿Qué harían si uno les dijera “sí papi vámonos allí”? […] yo he sentido que es como más las ganas de intimidar, de sentir ese poder sobre el otro (Mayra Delgado, grupo focal mujeres, 7 de mayo de 2015). La cuestión de eso es que no apuntan como a un objetivo definido pues, porque uno se pone a ver muchos y es como que, bueno ¿Vos de alguna forma sí querías ganar algo?, realmente acercarte, o que la persona mirara o algo así, como que si alguna vez de pronto esa pelada te iba a poner atención, ya tené por seguro que ya la cagaste (Juan David Echeverri, grupo focal hombres, 10 de abril de 2015). Ellos saben que la reacción de la persona va a ser negativa, entonces es eso como mostrarme siendo capaz de imponerme sobre alguien, yo creo que genera cierto status frente a los que me rodean… otro es recrear la imagen, recrear la escena en su cabeza, probablemente en ese momento se estaba imaginando muchas cosas, sabía que no iba a pasar, pero el solo hecho de imaginárselo resultaba entretenido en ese momento (Juan Pablo Benavides, grupo focal hombres, 10 de abril de 2015). Yo creo que es más para el que dice que para el que recibe el piropo, o sea como ya lo han dicho todos, el probar finura, el tener la aceptación de su grupo social, más que otra cosa, es tal vez ver la reacción y reírse de cómo reaccionó la otra persona porque te lo aseguro ninguna persona va a regresar a decir: “gracias por decirme vasito de leche”, ni mucho menos, entonces más que todo es la aprobación de tu grupo (Felipe Chaves, grupo focal hombres, 10 de abril de 2015). 49 Hay una expresión de desigualdad y de relaciones de poder asimétricas en el piropo. Las mujeres se convierten en objeto de deseo, se establece una comunicación unidireccional de los hombres hacia las mujeres y no se espera reacción de parte de ellas, reforzando de esta manera la idea de la mujer como objeto pasivo (Lainez, 2013). La violencia en este caso, es decir el piropo, no es un medio para conseguir un objetivo, sino que es un fin en sí mismo. Yo no sé cómo actuarán en general las mujeres, pero uno actúa como tu mamá (Gilma); pasa de largo, en silencio (Tatiana Anillo, grupo focal mujeres, 2 de abril de 2015). Uno de los estereotipos más recurrentes frente al piropo y a las miradas morbosas es que son propios de los hombres de extracción popular con oficios pesados o marginalizados, como los ayudantes de construcción, los cuidadores de carros y los mecánicos. Una de las principales características de estos hombres es que su labor está hipermasculinizada, es decir que hay pocas mujeres que la ejercen, lo que significa grupos generalmente numerosos de hombres reunidos todo el día en los que los patrones de virilidad deben ser reforzados, de acuerdo a las configuraciones de masculinidad. He tenido la oportunidad de conocer a algunos hombres piropeadores que, sí esto es algo estereotípico, pero daba la casualidad de que eran mecánicos y casualmente cuando se ponía en duda su sexualidad, su orientación sexual, era cuando más acudían al piropo, entonces yo creo incluso que también es una forma como de mostrarle a los demás que se es heterosexual […] de verdad se notaba un incremento en su libido cuando pasaba una muchacha y empezaban a piropearla (Juan Pablo Benavides, grupo focal hombres, 10 de abril de 2015). La aceptación del grupo es más evidente entre estos hombres porque suele ser algo que hacen acompañados y en la vía pública. Con el fin de contrastar esta información, le pedí a un amigo que fuera a una zona de talleres de mecánica para preguntarles a los trabajadores sobre su percepción acerca de los piropos. 50 En un primer momento se acercó a un grupo de hombres que estaban afuera de un taller conversando, pero cuando Augusto les dijo que estaba haciendo un estudio sobre los piropos y les preguntó si querían participar, inmediatamente se dispersaron para ir a sus puestos de trabajo y se negaron a colaborar afirmando que estaban muy ocupados. Esta misma situación se repitió en dos lugares más. Finalmente, mi compañero cambió de estrategia; esta vez se acercó presentándose como estudiante de Antropología de la Universidad de Antioquia y con una actitud más retadora les dijo: ¡Vamos a hablar de piropos! ¿Aquí quién es el más duro para decir piropos? En ese instante dos de ellos se acercaron a Augusto para ayudarle y ellos mismos llamaron a más compañeros suyos diciendo que eran los mejores echando piropos y tomando todo el asunto con naturalidad y jocosidad (Diario de campo personal, 22 de septiembre de 2015). Para estos hombres es una hazaña decirle algo en voz alta a una mujer desconocida. Para hacerlo se “arman de valor” y el objetivo es buscar aprobación y apoyo entre el grupo. Lo toman como una forma de distracción en sus rutinas diarias, por lo tanto no están esperando respuesta por parte de las receptoras, más allá de una sonrisa o una mirada. También se establece un status, ellos reconocen y valoran a quienes hacen uso de “los mejores piropos” y expresan aceptación ante ello. Nosotros porque somos mecánicos todo el mundo dice que somos unos guaches ¿si me entiende? sino lo que pasa es que nosotros a veces no somos tan guaches, sino que decimos lo que mucha gente piensa pero no lo dice, nosotros somos como más frenteros, sí pues hay veces que de pronto se le va la mano, lo que pasa es que hay veces que hay piropos dependiendo de la persona, sino que es que hay una vieja que pasa demasiado buena […] como “!ay! que mamacita” […]