Bases para el manejo del dolor en perros y gatos Carlos Arturo Morales Vallecilla Bases para el manejo del dolor en perros y gatos Carlos Arturo Morales Vallecilla Bases para el manejo del dolor en perros y gatos Carlos Arturo Morales Vallecilla carlos.morales@udea.edu.co Edición: Carlos Arturo Morales Vallecilla Revisión de estilo y diagramación: Luis Fernando Acevedo Ruiz Diseño gráfico: Guillermo Morales Jaramillo Fotografía de la portada: María Camila Gómez Diazgranados Universidad de Antioquia Facultad de Ciencias Agrarias Escuela de Medicina Veterinaria Medellín, Colombia 2016 ISBN: 978-958-8947-88-4 Licencia Creative Commons: Apreciado Lector: con el ánimo de garantizar un óptimo nivel de calidad en la presente obra, el autor agradece sus observaciones y sugerencias respecto al contenido, que puede dirigir al correo: carlos.morales@udea.edu.co mailto:carlos.morales@udea.edu.co mailto:carlos.morales@udea.edu.co Para tener en cuenta La medicina veterinaria es una profesión en constante desarrollo. La investigación básica y clínica, lo mismo que la práctica veterinaria, acrecientan los conocimientos terapéuticos, especialmente los farmacológicos. El autor ha aplicado el máximo cuidado, para que la información incluida en este libro sobre las vías de administración, dosificación y efectos adversos de los fármacos, esté en consonancia con los conocimientos existentes al momento de su publicación. No obstante, el mismo, no asume la responsabilidad sobre estos aspectos. Es deber del lector seguir las instrucciones de los prospectos de los fármacos a utilizar, solicitar opinión especializada de ser necesario, y verificar las inconsistencias existentes entre dichas instrucciones, el conocimiento farmacológico actualizado y lo recomendado en el presente texto. El uso y la prescripción de los fármacos son responsabilidad del médico veterinario tratante. I Con inmenso amor e imperecedera gratitud dedico este libro a: Mi madre Carmen Tulia Mis tías Esther y Nydia Mis hermanos Gloria Stella, Olga Piedad y Fernando Mi esposa Marcela y mis hijos Juliana y David Alejandro, inspiración y aliciente de mis mejores sueños y mis acciones diarias por lograrlos La memoria de mi querido padre y mis adorados abuelos, Gonzalo y Susana A toda mi familia II Autor Carlos Arturo Morales Vallecilla, MV, MSc. En la actualidad, Profesor Asociado del Área de Fisiología en la Escuela de Medicina Veterinaria, Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. Vinculado a esta institución como profesor desde 1994. En la misma institución también ha sido docente de Clínica de Perros y Gatos, tanto en pregrado como en posgrado, con énfasis en neurología y endocrinología. Coordinador y docente del Curso de Área: Bioética, en los programas de Maestría y Doctorado en Ciencias Veterinarias y en Ciencias Animales, Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. Docente de la asignatura Legislación y Bioética de la Especialización Médica en Pequeñas Especies Animales (modalidad virtual), Escuela de Medicina Veterinaria, Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. Ha participado como docente en la Maestría en Medicina Veterinaria de Pequeñas Especies Animales (Anestesiología), Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad CES, Medellín, Colombia. III Revisores Carlos Humberto Riaño Benavides, MVZ, Esp., MSc. Profesor Asociado del Área de Cirugía, Escuela de Medicina Veterinaria, Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad de Antioquia, Medellín - Colombia. Expresidente y Exmagistrado del Tribunal de Ética Profesional de Medicina Veterinaria y Zootecnia de Colombia –TRINADEP–. Tiberio Álvarez Echeverri, MD, Esp. Anestesiología, Subesp. Cuidados Paliativos. Profesor Titular (jubilado), Facultad de Medicina, Universidad de Antioquia. Profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, Colombia. Práctica privada en el Instituto de Cancerología Las Américas, Clínica Las Américas, Medellín, Colombia. Pionero de la Clínica de Alivio del Dolor y Cuidados Paliativos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia y el Hospital San Vicente de Paul, Medellín, Colombia. Lynda Tamayo Arango, MV, MSc, PhD. Profesora Asistente del Área de Morfología, Escuela de Medicina Veterinaria, Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. David Villar Argaiz, MV, MSc, Diplomate of the American Board of Veterinary Toxicology, PhD. Profesor Asistente del Área de Farmacología y Toxicología, Escuela de Medicina Veterinaria, Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. Isabel Cristina Ruiz Sierra, MV, MSc. Exprofesora del Área de Anestesiología, Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad CES, Medellín, Colombia. Práctica privada. Carlos Mauricio Acevedo Naranjo, MV, MSc. Profesor de las áreas de Fisiología y Clínica de Pequeños Animales, Facultad de Medicina Veterinaria, Fundación Universitaria Autónoma de Las Américas, Medellín, Colombia. Profesor de Cátedra de Fisiología Veterinaria, Escuela de Medicina Veterinaria, Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. Práctica privada: Clínica Veterinaria de Especialistas Vital, Medellín, Colombia. Sandra Patricia Acevedo Toro, MV, Esp, MSc. Exprofesora de las área de anestesiología y oftalmología, Escuela de Medicina Veterinaria, Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. Práctica privada: Clínica Veterinaria de Especialistas Vital, Medellín, Colombia. IV Contenido Presentación ........................................................................................................................................ 1 1. Consideraciones generales acerca del dolor y el sufrimiento animal ............................................. 3 Introducción .................................................................................................................................... 3 Efectos fisiopatológicos del dolor ................................................................................................... 4 Manifestaciones clínicas del dolor en perros y gatos ..................................................................... 6 Alternativas terapéuticas en el manejo del dolor en perros y gatos .............................................. 7 2. Consideraciones éticas acerca del dolor y el sufrimiento animal ................................................. 11 Introducción .................................................................................................................................. 11 Evolución histórica de la ética en el manejo de los animales ....................................................... 12 Implicaciones éticas del manejo del dolor en medicina veterinaria ............................................. 19 3. Morfología y función de las vías nerviosas nociceptivas .............................................................. 30 Introducción .................................................................................................................................. 30 Componentes funcionales de las señales sensitivas y motoras .................................................... 31 Los nervios periféricos .................................................................................................................. 32 Fibras nerviosas y su clasificación ................................................................................................. 33 Niveles funcionales de los sistemas sensitivos ............................................................................. 36 4. Fisiología y fisiopatología del dolor ............................................................................................... 64 Introducción .................................................................................................................................. 64 Mecanismos fisiológicos generales responsables de la nocicepción ............................................ 65 El concepto de nocicepción y la generación de dolor ................................................................... 70 Dolor fisiológico............................................................................................................................. 70 Dolor patológico ............................................................................................................................ 71 Clasificación del dolor de acuerdo a su duración .......................................................................... 74 Clasificación del dolor según su origen anatómico ....................................................................... 76 Mediadores químicos de la nocicepción ....................................................................................... 76 Mecanismos de sensibilización ..................................................................................................... 90 V Sistemas moduladores: mecanismos analgésicos endógenos ...................................................... 94 Memoria del dolor ........................................................................................................................ 96 5. Dolor y estrés .............................................................................................................................. 104 Introducción ................................................................................................................................ 104 Cascadas neuroendocrinas implicadas en el estrés y el dolor .................................................... 106 Acciones de las hormonas liberadas durante el estrés ............................................................... 108 Respuesta renal al estrés y su relación con la vasopresina, la renina y el sistema cardiovascular ............................................................................................................................. 110 Efectos metabólicos del estrés y el dolor .................................................................................... 111 Dolor, estrés y sistema nervioso autónomo (SNA) ..................................................................... 111 Efectos del estrés y el dolor sobre el sistema inmune y los parámetros hemáticos .................. 112 Interacciones entre dolor, estrés y comportamiento ................................................................. 113 6. Reconocimiento del dolor en perros y gatos .............................................................................. 118 Introducción ................................................................................................................................ 118 Modelos experimentales para la evaluación del dolor ............................................................... 119 Indicadores generales de dolor en perros y gatos ...................................................................... 121 Indicadores de dolor más frecuentes en perros ......................................................................... 123 Indicadores de dolor más frecuentes en gatos ........................................................................... 123 Parámetros fisiológicos asociados al dolor ................................................................................. 125 Métodos para categorizar el dolor y la analgesia: escalas de dolor ........................................... 125 7. Fármacos utilizados en el manejo del dolor en perros y gatos ................................................... 135 Introducción ................................................................................................................................ 135 Los opioides ................................................................................................................................. 136 Antiinflamatorios no esteroideos (AINE) .................................................................................... 153 Agonistas α2 ................................................................................................................................. 164 Antagonistas de los receptores NMDA ....................................................................................... 167 Otros fármacos analgésicos ........................................................................................................ 170 Anestésicos locales ...................................................................................................................... 173 Anestésicos generales ................................................................................................................. 178 8. Uso de glucocorticoides en el manejo del dolor en perros y gatos ............................................ 205 Introducción ................................................................................................................................ 205 VI Utilidad terapéutica general de los glucocorticoides y su relación con el dolor en perros y gatos ......................................................................................................................................... 206 Efectos secundarios y toxicidad de los glucocorticoides ............................................................ 208 9. Manejo multimodal del dolor ..................................................................................................... 212 Introducción ................................................................................................................................ 212 La teoría de la “neuromatriz de la conciencia corporal” como base para la terapia multimodal .................................................................................................................................. 213 Intervenciones farmacológicas en los nociceptores ................................................................... 216 Intervenciones farmacológicas en las fibras aferentes primarias ............................................... 218 Intervenciones farmacológicas en el cuerno dorsal y en las vías espinales ascendentes .......... 219 Intervenciones farmacológicas en el sistema tálamocortical ..................................................... 220 Intervenciones farmacológicas en las vías antinociceptivas descendentes ............................... 221 Intervenciones farmacológicas en los procesos de sensibilización del sistema nervioso .......... 222 Intervención farmacológica en la sensibilización periférica ....................................................... 222 Intervención farmacológica en la sensibilización central ........................................................... 223 10. Términos de uso común en el estudio del dolor en animales .................................................. 233 Introducción ................................................................................................................................ 233 Glosario ....................................................................................................................................... 233 Lista de abreviaturas ....................................................................................................................... 247 VII Figuras Figura 1. Nervio espinal.. ................................................................................................................... 32 Figura 2. Divergencia y convergencia de fibras nerviosas................................................................. 40 Figura 3. Cordones o funículos blancos de la médula espinal .......................................................... 41 Figura 4. Láminas de la materia gris medular, con sus respectivas entradas sensitivas y salidas motoras ............................................................................................................................................. 44 Figura 5. Arco reflejo ......................................................................................................................... 52 Figura 6. Reflejo extensor cruzado .................................................................................................... 54 Figura 7. Vías aferentes y eferentes del SNA .................................................................................... 56 Figura 8. Dolor referido ..................................................................................................................... 57 Figura 9. Localización de las modalidades sensitivas en los centros superiores del SNC ................. 62 Figura 10. Potenciales receptores y generadores ............................................................................. 66 Figura 11. Relación entre la intensidad de un estímulo y la amplitud del potencial receptor ......... 66 Figura 12. Relación entre la intensidad de un estímulo y la frecuencia de potenciales de acción (impulsos) .......................................................................................................................................... 67 Figura 13. Fraccionamiento del rango en células receptoras. .......................................................... 68 Figura 14. Adaptación o desensibilización de receptores sensoriales .............................................. 70 Figura 15. Dolor fisiológico ................................................................................................................ 71 Figura 16. Dolor patológico ............................................................................................................... 72 Figura 17. Curvas que describen la respuesta de dolor con relación a la intensidad de los estímulos: hiperalgesia, analgesia y alodinia .................................................................................... 74 Figura 18. Síntesis de prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos ............................................... 82 Figura 19. Sensibilización periférica .................................................................................................. 91 Figura 20. Sensibilización central ...................................................................................................... 93 VIII Figura 21. Relaciones entre dolor, estrés, distrés y sufrimiento animal ......................................... 106 Figura 22. Actividad del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y del SNA en la respuesta al estrés asociado al dolor ............................................................................................................................. 107 Figura 23. Mantenimiento de la volemia y la presión arterial por la acción integrada del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, la producción de ADH y la actividad de la división simpática del SNA ............................................................................................................................................ 110 Figura 24. Fórmula estructural del ketoprofeno ............................................................................. 158 Figura 25. Fórmula estructural del ácido acetilsalicílico ................................................................. 159 Figura 26. Fórmula estructural del anestésico disociativo ketamina .............................................. 168 Figura 27. Moléculas de algunos anestésicos locales más utilizados en medicina veterinaria.. .... 174 Figura 28. Fórmulas estructurales de varios anestésicos volátiles. ................................................ 180 Figura 29. Fórmula estructural del propofol y el fospropofol ........................................................ 181 Figura 30. Fórmula estructural del etomidato ................................................................................ 183 Figura 31. Fórmula estructural de los barbitúricos tiopental, tiamilal y metohexital .................... 184 Figura 32. Terapia multimodal integral del dolor ........................................................................... 213 Figura 33. Neuromatriz de la conciencia corporal .......................................................................... 214 Figura 34. Resumen esquemático de la teoría de la neuromatriz de la conciencia corporal ......... 215 Figura 35. Neuromatriz de la conciencia corporal .......................................................................... 216 Figura 36. Familia de receptores TRP .............................................................................................. 218 Figura 37. Potencial de acción con sus diferentes fases ................................................................. 239 Figura 38. Períodos refractarios absoluto y relativo ....................................................................... 242 Figura 39. A. Registro gráfico de un potencial de acción. B. Gráfico que describe un tren de potenciales de acción. ..................................................................................................................... 245 IX Tablas Tabla 1. Equivalencia de los sistemas de clasificación de las fibras nerviosas .................................. 35 Tabla 2. Principales opioides utilizados en perros y gatos, sus dosis y algunas notas importantes para su uso ...................................................................................................................................... 147 Tabla 3. Principales AINE utilizados en perros y gatos, sus dosis y algunas notas importantes para su uso ...................................................................................................................................... 161 1 Presentación Actualmente, cuando la práctica veterinaria se ha tornado más especializada, y cuando además se observa un auge notorio en la aplicación del concepto de bienestar animal en múltiples esferas, el dolor se posiciona como uno de los fenómenos que reclama un mayor conocimiento por parte de los profesionales y estudiantes de medicina veterinaria, y por aquellas personas que ejercen profesiones afines a la misma. La investigación sobre el tratamiento eficaz del dolor, y el correspondiente desarrollo de analgésicos de gran eficacia, acción prolongada y seguros, es relativamente reciente si se considera la larga historia de las medicinas humana y veterinaria. Evidencia de ello es que hasta comienzos de la década de los ochenta del siglo pasado, el número de artículos sobre dolor publicados en revistas científicas alcanzaba cifras que se podían contar en decenas, y su auge se produce apenas desde mediados de los años noventa de la misma centuria. Hoy, artículos sobre esta temática se cuentan por miles. Respecto a la publicación de libros sobre dolor en medicina veterinaria, su incremento ocurre sobre todo a finales del siglo pasado y comienzos del presente, especialmente en el Reino Unido, los Países Bajos, los Estados Unidos de América y España. En el ámbito latinoamericano estos textos son escasos. Además de las implicaciones éticas que acompañan al tema del dolor, su manejo requiere de un conocimiento básico sobre la anatomía y la fisiología de los órganos y sistemas implicados en su presentación, y una gran idoneidad en el reconocimiento de sus signos y en la aplicación de las diferentes alternativas terapéuticas y de soporte. Este texto, dirigido principalmente a estudiantes de medicina veterinaria, pretende brindar las bases generales necesarias para comprender de forma integral el fenómeno del dolor en perros y gatos, con miras a un adecuado abordaje de su prevención, control y paliación. Adicionalmente, el autor espera que su contenido sea un estímulo importante 2 para la lectura de textos y artículos más especializados, entre ellos los que aparecen referenciados al final de los diferentes capítulos de la presente obra. A partir de una exhaustiva revisión bibliográfica especializada en el tema del dolor (con énfasis en perros y gatos), la consulta a colegas y expertos, y las propias experiencias y conocimientos del autor, el libro está propuesto conceptualmente en cinco grandes apartados alrededor de las cuales se desarrollan los diferentes capítulos: 1) consideraciones generales y éticas sobre el dolor, 2) morfología y fisiología de las vías que conducen dolor, 3) fisiología y fisiopatología del dolor, 4) reconocimiento del dolor en perros y gatos, y 5) bases generales de la terapéutica farmacológica del dolor en perros y gatos. Al final se presenta un glosario de términos relacionados con el dolor, utilizados a lo largo del texto. Agradezco a la Universidad de Antioquia y a su Facultad de Ciencias Agrarias, en las cuales laboro con entusiasmo, por posibilitar el desarrollo de la mayor parte de este trabajo durante el Año Sabático que me fuera concedido, y que además valoro como un incentivo especial del que gozamos quienes, por fortuna, desarrollamos nuestra vida académica en la universidad pública colombiana. Mis agradecimientos también a los doctores Carlos Riaño Benavides y Tiberio Álvarez Echeverri, quienes revisaron el capítulo Consideraciones éticas acerca del dolor y el sufrimiento animal; a la doctora Lynda Tamayo Arango, quien revisó el capítulo Morfología y función de las vías nerviosas nociceptivas; a los doctores David Villar Argaiz, Isabel Ruiz Sierra, Carlos Mauricio Acevedo Naranjo y Sandra Acevedo Toro, quienes revisaron los capítulos Fármacos utilizados en el manejo del dolor en perros y gatos, y Uso de glucocorticoides en el manejo del dolor en perros y gatos. Las generosas y oportunas observaciones de todos ellos me permitieron introducir mejoras al libro, para bien de los lectores. Finalmente, debo hacer mención de los valiosos aportes del psicólogo Luis Fernando Acevedo Ruiz, vinculado al Departamento de Bibliotecas de la Universidad de Antioquia, quien revisó el estilo de los textos, y del licenciado en Educación Física Guillermo Morales Jaramillo, vinculado al área administrativa de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Antioquia, por las ilustraciones esmeradamente realizadas en formato electrónico, con base en los conceptos y los bosquejos elaborados por el autor de la obra que los lectores tienen a la vista. 3 1. Consideraciones generales acerca del dolor y el sufrimiento animal El dolor silencioso es el más funesto. Jean–Baptiste Racine Introducción En la actualidad existen abundantes evidencias neuroanatómicas y neurofisiológicas, que demuestran que los animales son capaces de sentir dolor y que, por lo menos en el caso de los mamíferos, los mecanismos de transducción, transmisión, modulación y percepción de los estímulos nocivos, son similares, en general, a los hallados en los humanos. Posiblemente la principal diferencia existente entre el hombre y los demás mamíferos, respecto del procesamiento de los estímulos nociceptivos que se traducen en la percepción de dolor, tiene su asiento en las fases cognitiva y evaluativa de dicho proceso. Tanto en el hombre como en los animales, receptores especializados llamados nociceptores se encargan de recibir y transformar estímulos nocivos o “noxas” en señales que llegan al cerebro, pasando por la médula espinal y una serie de estructuras supraespinales, entre las cuales se destaca el tálamo, en un proceso denominado nocicepción. Una vez localizadas en el cerebro, dichas señales son procesadas e interpretadas generando la sensación de dolor. De acuerdo con la International Association for the Study of Pain –IASP– “El dolor es una sensación desagradable y una vivencia emocional que se acompaña de lesiones tisulares reales o potenciales”. Es justamente el componente afectivo o emocional, altamente subjetivo, el que hace tan difícil la evaluación del dolor en humanos y animales, sobre todo en los segundos, en donde no es posible la manifestación verbal de tal vivencia. De esta circunstancia se deriva la gran responsabilidad profesional, ética y moral que le compete a la medicina veterinaria en el manejo del dolor, pues el reconocimiento de sus 4 signos, de acuerdo a la especie animal evaluada, resulta ser perentorio para su prevención y tratamiento. Como consecuencia de la investigación básica y clínica, hoy también es claro que la sumatoria del componente sensorial nociceptivo, que explica la sensación desagradable propia del dolor, con el componente afectivo emocional, produce una sobrecarga física y síquica que deriva en estrés y sufrimiento animal, siendo este último un concepto bien establecido en la ética que se aplica hoy en día al manejo del dolor en las especies animales. Efectos fisiopatológicos del dolor Descontada la inexistencia de dudas sobre la capacidad que tienen los animales de sentir dolor, hecho que será desarrollado con mayor detalle en los capítulos sobre anatomía, fisiología y fisiopatología de este fenómeno, y el consecuente compromiso ético y moral de la medicina veterinaria de prevenirlo y tratarlo para disminuir el sufrimiento de los animales, el siguiente aspecto a considerar es la importancia que tiene su manejo en el mantenimiento de la homeostasia orgánica. Estudios controlados demuestran que los animales a los cuales no se les instaura tratamiento analgésico, después de haber sido sometidos a intervenciones quirúrgicas, retrasan su recuperación, si se comparan con aquellos que reciben tratamiento. Los ajustes fisiológicos generados por el dolor son, en principio, protectores del organismo. No obstante, cuando el dolor no es tratado de manera oportuna e idónea, el organismo desborda el terreno de los ajustes fisiológicos e instaura procesos fisiopatológicos en una cascada que involucra prácticamente a todos los sistemas. Ello no es otra cosa que el síndrome general de adaptación, que después de una fase inicial de alarma puede evolucionar a un estado de resistencia y, más adelante, de agotamiento si no se remueve la causa que lo genera. Por causa del dolor incontrolado, y específicamente por vía de la estimulación del sistema nervioso simpático, se elevan las catecolaminas, produciéndose inicialmente taquicardia, incremento del consumo de oxígeno por parte del miocardio, aumento de la irrigación a órganos vitales como el corazón, el cerebro y los pulmones, constricción de los vasos sanguíneos periféricos y elevación de la presión arterial. La persistencia de vasoconstricción periférica puede, a su vez, generar acidosis debida al bajo aporte de oxígeno a los tejidos. En casos muy prolongados de ausencia de analgesia, se puede llegar incluso a estados de choque con signos paradójicos como bradicardia e hipotensión, 5 además de coagulación intravascular diseminada (CID) y aumento de la permeabilidad vascular. Cuando ocurren dolores intensos localizados en el tórax y en la región craneal del abdomen, se genera de manera defensiva en el individuo afectado una disminución de los movimientos respiratorios y, por lo tanto, una hipoventilación que, sumada a la mayor demanda de oxígeno inducida por las catecolaminas, deriva en un cuadro incipiente de acidosis respiratoria que complica el estado del paciente. En casos extremos de ausencia de terapia analgésica, la hipoventilación persistente agota los mecanismos tampón del organismo, afectando todas sus funciones, llegando inclusive a poner en riesgo la vida. Los animales con dolor incontrolado, agudo o crónico, no se alimentan correctamente, pues es común la inapetencia causada en forma directa por el malestar que produce el dolor, e indirectamente por la disminución de la motilidad intestinal de origen simpático. El vómito que a veces ocurre en la etapa posquirúrgica y suele atribuirse en la mayoría de los casos a efectos derivados de la anestesia, parece estar relacionado también con una marcada disminución de la motilidad gastrointestinal que produce acumulación de contenido estomacal y aumento de la presión intraluminal. En animales que se encuentran en estado de inconciencia por efectos anestésicos, esta condición aumenta el riesgo de asfixia por aspiración. El dolor incontrolado actúa sobre el sistema nervioso induciendo alteraciones del comportamiento como agitación, depresión y actitudes de agresión o de huida. Los animales que sufren dolor posquirúrgico muestran, con relativa frecuencia, tendencia a la automutilación del sitio intervenido o de las zonas cercanas al mismo. Se observan también tics, temblores y contracturas del tejido muscular. En términos generales, el dolor que no se controla por tiempo prolongado es un potencial generador de choque neurogénico. Los glucocorticoides que se liberan por causa del dolor en la fase crónica, ejercen efecto inmunosupresor por ser linfolíticos y disminuir la producción de anticuerpos. Se disminuye así la resistencia del animal ante diferentes enfermedades y se pueden activar infecciones latentes. El desarrollo de la investigación sobre los mecanismos de transmisión de los impulsos nerviosos y las vías nociceptivas, ha demostrado el alto grado de plasticidad que caracteriza a este intrincado sistema. Con base en este conocimiento, hoy se sabe que el tratamiento inadecuado del dolor puede propiciar fenómenos de sensibilización que instauran dolores crónicos, pues se activan vías mediadas por mecanismos moleculares de activación de neurotransmisores y receptores, que terminan afectando los procesos de 6 transducción, transmisión y modulación del dolor, los cuales pueden asimilarse a cambios estructurales en las vías nerviosas. Derivados de los procesos de sensibilización, ocurren fenómenos como la hiperalgesia (primaria y secundaria), alodinia, miembro fantasma y memoria del dolor, que son tratados en el capítulo sobre fisiología y fisiopatología del dolor. Manifestaciones clínicas del dolor en perros y gatos Como hemos visto, el fenómeno del dolor involucra dos componentes fundamentales: el sensorio y el afectivo. Esto hace que el diagnóstico clínico, para ser exitoso, deba apoyarse no solo en consideraciones biológicas y fisiológicas inherentes al dolor, sino también en aspectos como la especie animal afectada, la raza, la edad, el uso zootécnico si lo hay, el entorno en que vive, el trato al que es sometido el animal, el papel que juega en la familia y la existencia previa de experiencias de dolor, entre otras. En todo esto no debe perderse de vista la alta relación existente entre el miedo, el estrés y el dolor; actualmente se sabe con claridad que la reducción de los dos primeros redunda en un incremento del umbral del dolor. Lo planteado en el párrafo anterior, aunado a la incapacidad de comunicación verbal de los pacientes animales, hace que el diagnóstico temprano del dolor no sea tarea sencilla. El desconocimiento de la semiología y la deficiencia o ausencia de un análisis que involucre los aspectos mencionados, son causas frecuentes de errores médicos que impiden la implementación de tratamientos oportunos que, además de garantizar el alivio del dolor, generen menores efectos adversos. En los casos de traumatismos, tumores y procesos inflamatorios crónicos, lo mismo que en las etapas posquirúrgicas, el diagnóstico del dolor suele ser más sencillo por la evidente relación entre el evento y las manifestaciones de los pacientes. No obstante lo anterior, muchos procesos de dolor resultan de difícil diagnóstico porque las patologías de base que los generan, al igual que las manifestaciones por parte de los pacientes, no son claras. En muchos casos lo único que manifiestan estos últimos es un cambio de conducta, para lo cual es muy valiosa la información que suministran los propietarios en la anamnesis, pues son los primeros en detectarlo. Este reconocimiento de signos poco relevantes es clave, por ejemplo, en la detección de dolores ocultos. 7 El logro de un acertado diagnóstico y un eficaz tratamiento del dolor dependen del adecuado reconocimiento de sus variadas manifestaciones de acuerdo a la especie, tema que se desarrollará en detalle en el capítulo “Reconocimiento del dolor en perros y gatos”. Alternativas terapéuticas en el manejo del dolor en perros y gatos Después de realizar el diagnóstico, se debería proceder a la elección de las alternativas terapéuticas que permitan el alcance de una mayor efectividad analgésica, con los menores afectos adversos. Para ello han de tomarse en consideración buena parte de las variables analizadas en el reconocimiento del dolor en el paciente específico, pero además enfatizando en aspectos como el tipo de dolor a tratar, el sitio donde se implementará la terapéutica y el personal encargado de impartirla. A propósito de lo anterior, e igual que en la etapa de diagnóstico, el entorno familiar resulta decisivo en el éxito de la terapia o terapias escogidas para aliviar el dolor, por el conocimiento que tienen los miembros del núcleo familiar sobre las actitudes cotidianas de sus mascotas y la colaboración que los propietarios pueden ofrecer, por ejemplo, en el suministro de los fármacos que se prescriben, y en el desarrollo domiciliario de los posibles tratamientos complementarios, como es el caso de la fisioterapia. La familia es además garantía importante para el suministro de un ambiente limpio, seco, tibio y tranquilo, fundamental en el tratamiento adecuado del dolor, sobre todo cuando se la educa acerca del tratamiento específico que haya de instaurarse. Para el logro de un tratamiento analgésico eficaz, se hacen imprescindibles el conocimiento de la fisiopatología de la enfermedad a la cual está asociado el dolor, el tiempo de evolución de la misma, la realización de un examen clínico idóneo, la aplicación de exámenes de laboratorio complementarios y el establecimiento de los posibles diagnósticos diferenciales. Cada tratamiento debería estar remitido a las particularidades de cada paciente y tomando en cuenta si el padecimiento es de carácter agudo o crónico. Es fundamental el conocimiento de las bases farmacológicas que sustentan la farmacocinética, la farmacodinamia, las vías de administración y la posología de los medicamentos que conforman el conjunto de alternativas disponibles para el control y prevención del dolor. En tal sentido es importante recordar que uno de los preceptos actuales a seguir en la aplicación de tratamientos analgésicos verdaderamente eficaces, consiste en utilizar intervalos de posología que impidan la manifestación de dolor. 8 En lo que se refiere al momento adecuado para establecer un tratamiento analgésico farmacológico, es criterio general anticiparlo en aquellos casos previsibles como son las intervenciones quirúrgicas o la realización de algunas ayudas diagnósticas invasivas. En estos casos se suele utilizar el término analgesia preoperatoria. En general, el tratamiento analgésico que se realiza en momentos muy cercanos a la intervención quirúrgica, tanto en la etapa previa como posterior a la misma, se denomina analgesia perioperatoria y es de uso cada vez más creciente en medicina veterinaria. Después de producido el dolor, el tratamiento analgésico debería instaurarse rápidamente, no solo con el fin de erradicar sus signos, sino también con el propósito de prevenir la aparición de fenómenos de sensibilización. Muchos de los clásicos y antiguos analgésicos y sus derivados aún se siguen usando, por ejemplo la morfina, y la mayoría de los analgésicos de nueva generación son versiones mejoradas sintéticamente de aquellos, para obtener acciones más selectivas, mayor eficacia con dosis más bajas y menores efectos colaterales. Todos ellos se clasifican por grupos que comparten características comunes, generalmente asociadas a su estructura química y sus mecanismos de acción, las cuales deberán ser conocidas en detalle. Actualmente, en los casos que no responden a tratamientos con un único analgésico, se opta por la analgesia multimodal, que combina varios fármacos o tratamientos que actúan utilizando diferentes mecanismos de acción, produciendo una analgesia más efectiva, si se compara con la utilización de agentes o técnicas individuales. Respecto a las vías y formas de administración, la oferta disponible de analgésicos para el uso en pequeños animales contiene prácticamente todas las opciones, pasando por las de uso oral, intramuscular, endovenoso, transcutánea, intraarticular y rectal. Esta última opción, aunque de fácil implementación, no es de uso frecuente en nuestro medio. En los casos de pacientes quirúrgicos y hospitalizados, los protocolos para el control del dolor incluyen la administración espinal y epidural de agentes analgésicos, lo mismo que la aplicación de analgesia conductiva y regional. La utilización de estas técnicas requiere entrenamiento especial, que garantice la integridad del paciente, evitando el surgimiento de accidentes y efectos indeseables. Finalmente, es importante acotar la creciente utilización de la acupuntura y la fisioterapia en el tratamiento del dolor, especialmente en afecciones crónicas y en procesos de recuperación. La combinación de la medicina alopática con las técnicas de acupuntura y fisioterapia como tratamientos complementarios, pueden surtir excelentes resultados en la prevención y tratamiento del dolor. 9 En conclusión, es deber del médico veterinario escoger acertadamente entre las diferentes opciones terapéuticas, aquellas que logren los mejores resultados médicos con los menores costos en términos de bienestar animal. Referencias Cabezas MA. Manejo práctico del dolor en pequeños animales. Barcelona, España: Multimédica Ediciones Veterinarias; 2015. Clark L. Pain management at home. 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Mahatma Ghandi Introducción Aunque en la actualidad es poco probable que una gran proporción de la humanidad ignore la contundencia de las pruebas neurofisiológicas que demuestran que los animales son seres sintientes, y por lo tanto sujetos de bienestar, sufrimiento y dolor, las posturas éticas y morales frente a este asunto no han sido homogéneas a través de la historia. Estas han pasado por el escepticismo desinformado, fruto del poco desarrollo de la ciencia (en tiempos pasados) o de una deficiente educación (en la actualidad); por convicciones filosóficas o religiosas que argumentan que la ausencia de alma en los animales les impide sentir y sufrir; por una actitud indolente o indiferente respecto del bienestar y el sufrimiento animal, a pesar de contar con un aparente buen nivel de información y educación; hasta el reconocimiento pleno de la capacidad que tienen los animales de sentir y sufrir, lo cual determina consideraciones morales y actitudes éticas consecuentes con esta condición. El ejercicio de la medicina veterinaria involucra una permanente reflexión sobre las responsabilidades morales y las actitudes éticas implicadas en las diferentes intervenciones que buscan la provisión de salud y bienestar animal, especialmente cuando emerge el dolor, principal generador de sufrimiento. Bajo esta óptica, en el presente capítulo abordaremos algunas consideraciones éticas y morales sobre el manejo de los animales y el control del dolor en los mismos. 12 Evolución histórica de la ética en el manejo de los animales Con base en la datación científica, hoy sabemos que el primer humano, como especie, apareció hace aproximadamente dos millones y medio de años a.C (Homo habilis) y que el perro fue el primer mamífero domesticado por el ser humano, hace unos 20.000 a 30.000 años. La domesticación del gato ocurrió aproximadamente hace 10.000 a 14.000 años, en tanto que la crianza de ganado se implementó alrededor de 9.000 a 8.000 años a.C. Estos datos permiten concluir que la mayor parte de la existencia del hombre sobre la tierra ha transcurrido sin que se establezca entre éste y los animales una relación diferente a la basada en la caza, como un imperativo para la sobrevivencia biológica de la especie humana. Según el arqueólogo e historiador australiano Gordon Childe (Burcher, 1996), “para vivir, el hombre debe comer. El alimento constituye quizás la única necesidad absoluta y suprema. En las primeras y primitivas sociedades, la búsqueda del alimento era la preocupación más absorbente de todos los miembros del grupo. La ampliación de la provisión alimenticia fue presumiblemente la condición indispensable del progreso humano”. La transición ocurrida en el neolítico, cuando se pasa de una economía de caza y recolección a una en la cual se producen alimentos con base en el cultivo de plantas y la domesticación de animales, generó cambios trascendentales en la vida de la humanidad, con implicaciones no solo económicas sino también culturales, biológicas, sociales y políticas, entre otras. Un factor importante para dicha transición fue el desarrollo de nuevos y más eficientes instrumentos de caza que facilitaron la aparición de excedentes animales, que fueron empleados para la crianza. La domesticación de animales, fenómeno de adaptación genética que ocurre a través de largos periodos de tiempo, se produce por la confluencia de múltiples factores naturales, culturales y económicos, entre los que se cuentan los cambios climatológicos, la presión demográfica, la atracción por las mascotas y el sedentarismo. La domesticación de animales y el cultivo de plantas garantizaron una mayor provisión de alimentos y crearon la necesidad de inventar tecnologías para su conservación y almacenamiento, incentivaron el comercio en forma de trueque y consolidaron aún más el sedentarismo de la especie humana, lo cual derivó en la constitución de los primeros pequeños poblados, que posteriormente dieron origen a las ciudades. En estas condiciones, el humano diversifica los usos dados a los animales, acrecienta el conocimiento sobre las diferentes especies, desarrolla técnicas que los hace más productivos e igualmente consolida los lazos afectivos con los mismos. Además de ser 13 fuente de alimentos, de servir como mascotas, de ser medios de carga y de transporte, y de su papel en los sacrificios propios de algunas religiones, los animales proporcionaron al hombre una variedad de subproductos que fueron utilizados para la elaboración de objetos e instrumentos usados en la vida diaria. Como resultado de ello, la productividad y la calidad de vida mejoraron, con lo cual se desarrollaron nuevos oficios y, adicionalmente, se generó un excedente de tiempo que fue utilizado en actividades del pensamiento, las artes y la cultura. Superada la etapa prehistórica, y desde el inicio de las primeras civilizaciones, se observa la irrupción de diferentes inquietudes morales respecto de la diversidad de vivencias que éstas deben afrontar, motivadas por el auge de la actividad intelectual, la presencia de diferentes tendencias del pensamiento y el surgimiento de las escuelas filosóficas y las religiones. La relación que el hombre establece con los animales no escapa a estas inquietudes, especialmente por el carácter afectivo que comporta y que ya hemos mencionado. Diferentes culturas y pueblos han materializado este hecho con la escritura y proclamación de códigos que regulan la relación con los animales, incluyendo el castigo para quienes les causen maltrato. Muchos de estos códigos son de origen religioso. En la Biblia, por ejemplo, se define la crueldad con los animales como una conducta premeditada y desviada, que causa dolor y sufrimiento innecesarios, por lo cual está prohibida. El libro del Génesis define al hombre como el principal ser emergido de la creación, pero con responsabilidades morales respecto de los demás que están por debajo de él. Otras religiones, diferentes a las judeocristianas, también incluyen en sus preceptos el cuidado de los animales, como es el caso del Islam, el Hinduismo y el Budismo. Aunque el profeta Mahoma (570-632) consideraba lícito sacrificar animales, prohibía hacerlo cuando no había necesidad o cuando se hacía con crueldad. En muchas culturas primitivas se incluyen creencias, tabúes y leyes respecto de la relación del hombre con los animales. Así, por ejemplo, en algunas de ellas se proscribe matar más animales de los que se pueda comer. No obstante lo anterior, se observa que el grado de interés de la humanidad en torno al dolor, al sufrimiento y al bienestar animal solamente se acrecienta en épocas recientes. La idea de que los animales son incapaces de sentir, en tanto son seres sin alma y carecen de razonamiento, ha perdurado por centurias debido a corrientes de pensamiento o creencias religiosas fuertemente antropocéntricas. 14 En el siglo XVII el filósofo francés René Descartes ratifica esta postura al decir que uno de los principales errores en el que ha incurrido la humanidad es creer que los animales puedan pensar y por lo tanto sentir. Para Descartes, los animales no eran más que autómatas sin almas ni mentes. Estas afirmaciones produjeron diferentes reacciones en otros pensadores. El filósofo inglés Jeremy Bentham afirmó que el asunto no consistía en preguntarse si los animales podían razonar o podían hablar, sino en saber si eran capaces de sentir. John Locke, en su obra Algunos pensamientos educativos, en 1693, advertía sobre los peligros que representaba la crueldad con los animales en la formación ética de los niños, pues ellos podrían trasladar igual conducta, en la edad adulta, a la relación con sus semejantes. Arthur Schopenhauer (1788-1860), filósofo alemán, consideraba que el desdén por los deberes del hombre con los animales, y el poco valor moral que se les daba a dichos deberes, era una de las barbaridades de occidente, cuyo origen había que buscarlo en el judaísmo. Para Schopenhauer, al igual que para Rousseau, el basamento de la piedad está en la identificación con el otro, en ver en el otro el propio ego. En 1859, Charles Darwin publica El origen de las especies, obra que también contribuyó a la creación de una atmósfera favorable para el crecimiento de las ideas que abogaban por un mejor tratamiento hacia los animales. En medio de estas condiciones intelectuales y sociales, se expiden las primeras leyes sobre crueldad animal en Inglaterra. No obstante, en esos inicios de las posturas proteccionistas hacia los animales, el problema del sufrimiento es apenas parcialmente solucionado, pues las leyes enfatizan solamente en la crueldad deliberada, sin tomar en cuenta otros manejos que causan sufrimiento a los animales y que apenas se han reconocido en las tres últimas décadas. Antes de 1980, las políticas y leyes existentes en los pocos países que las tenían, eran muy laxas respecto del uso de animales de laboratorio y en la práctica se asumía que el sufrimiento infligido a los animales utilizados en experimentación era inevitable y necesario para el desarrollo de la ciencia. De hecho, en Estados Unidos las primeras leyes sobre animales de laboratorio se expidieron apenas en 1985. En España, la legislación conducente a la protección de los animales utilizados en experimentación y otros fines científicos se inaugura mediante la expedición del Real Decreto 223 de 1988 y se ratifica por Orden Ministerial en octubre de 1990, basada en disposiciones de la Unión Europea. A partir de allí esta legislación se empezó a endurecer en la medida que fueron denunciados experimentos que, produciendo dolor a los animales, no eran acompañados de anestesia o se realizaban usando fármacos inadecuados, como era el caso de los agentes paralizantes, entre ellos la succinilcolina. Adicionalmente, en algunos experimentos se inducían envenenamientos y fracturas, se confinaban primates y otras especies en 15 pequeñas jaulas que no cumplían con las mínimas condiciones de confort y la eutanasia era tomada tímidamente en consideración. De allí que las leyes empezaron a reflejar en sus contenidos el compromiso moral de dar un mejor tratamiento a los animales usados en investigación, obligando al control del dolor, a la terminación del experimento si el dolor resultaba intratable y al enriquecimiento de los ambientes en los cuales eran ubicados los animales. La ética incorporada a las leyes que regulan el uso de animales de laboratorio ha beneficiado a aquellos utilizados con fines distintos a la investigación, como es el caso de los animales de abasto y las mascotas, y ha presionado la expedición de normas correspondientes. En los Estados Unidos, desde mediados de la década de los 80 del siglo pasado, muchos Estados Federales modificaron sus legislaciones, elevando la crueldad con los animales de delito menor a delito grave, lo cual ha propiciado demandas que han afectado inclusive al propio Estado, como fue el caso ocurrido en 1997 cuando, a través de una disposición legal, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos – USDA – instauró el marcaje en la cara de vacas lecheras, medida que fue demandada por parte de sociedades protectoras de animales y de criadores de ganado que no estaban de acuerdo con la misma, y un juez del Estado de Nueva York determinó que el USDA era culpable de crueldad por no utilizar métodos alternativos menos invasivos para marcar al ganado. Hoy, la sociedad no tolera el dolor y el sufrimiento animal en usos que, aparentemente y de acuerdo con paradigmas éticos ya rebasados, eran vistos como inofensivos al bienestar animal, ni tampoco en actividades que se valoran como esenciales para el progreso de la especie humana, como son los casos de la investigación con fines biomédicos y de mejora de la agricultura. Las corridas de toros, las peleas de gallos y de perros, los espectáculos circenses con animales, la caza deportiva, el marcaje con hierro caliente, la castración sin anestesia y hasta el entrenamiento de animales con técnicas severas de reforzamiento negativo, entre otras, son prácticas mal vistas por esta nueva concepción, pues se considera que son fuente de dolor y sufrimiento animal. Un factor importante que impulsó la idea de proporcionar un mejor tratamiento a los animales de granja, fue el cambio ocurrido en la transición de los años 40 a 50 del siglo pasado, cuando la agricultura se hizo más industrializada, y ocurrió que las prácticas agrícolas que eran poco intensivas y se desarrollaban en ambientes más ajustados a la 16 naturaleza de los animales, devinieron en prácticas que se alejaron de este ideal. Si bien este auge industrial mejoró la producción y la productividad animal, basado en importantes desarrollos de la ciencia y la tecnología, se hizo a un alto costo en términos de bienestar animal, especialmente por el confinamiento al que empezaron a ser sometidos los animales. Motivada por el Informe de la Comisión Brambell de 1965, en la actualidad la World Veterinary Association, con base en las directrices del Britain’s Farm Animal Welfare Council –FAWC– propone cinco libertades aplicables a los animales domésticos: libertad de vivir sin hambre ni sed; libertad de vivir cómodamente; libertad de vivir sin dolor, heridas y enfermedades; libertad de expresar un comportamiento normal; y libertad de vivir sin miedo y angustia. Al respecto, cuando amplios sectores académicos y de la opinión pública equiparan estas libertades al concepto de “derechos de los animales”, encuentran en otros sectores una fuerte oposición pues, en efecto, la ciencia jurídica define que los animales no son sujetos de derechos y que estos últimos son aplicables exclusivamente a las personas naturales o jurídicas. No obstante, y en tanto se resuelve este asunto desde la perspectiva formal del derecho, todo parece indicar que mucha gente ha optado por una actitud pragmática que centra su atención más en los deberes que tiene el hombre con los animales, que en los derechos de los mismos. Hoy, la sociedad tiene mayor conocimiento sobre la naturaleza sensible de los animales que los hace sujetos de dolor y sufrimiento, y asume por lo tanto una postura ética y moral de respeto ante esta realidad. Dado que la inmensa mayoría de la sociedad considera que la investigación biomédica, la agricultura y la ganadería son esenciales para el desarrollo de la humanidad y la provisión de alimentos, lo que ha ocurrido es el advenimiento de una nueva ética adaptada a estas circunstancias, que presiona la expedición de leyes que garanticen la protección de los animales utilizados con estos propósitos en términos de bienestar, dolor y sufrimiento. Además, hay sectores de la opinión pública que abogan por la abolición total del uso de animales en experimentación y porque la cría de animales se haga totalmente exenta de confinamiento. En el concepto de “salud humana”, planteado por la Organización Mundial de la Salud – OMS –, se observa la relación directa que ésta guarda con el bienestar, al definir que “la salud es el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad”. Esta declaración, contenida en el Preámbulo de la Constitución de dicha organización, adoptada por la Conferencia de Salud Internacional realizada en 17 Nueva York entre el 19 y el 22 de junio de 1946, suscrita en ese momento por 61 Estados y vigente desde el 7 de abril de 1948, hoy se hace extensiva de manera análoga a la Medicina Veterinaria, de tal forma que el propósito de esta profesión no se circunscribe únicamente a prevenir y curar las enfermedades de los animales, sino también a garantizarles un bienestar general, lo cual incluye el combate contra el dolor y el sufrimiento. La literatura mundial reporta múltiples definiciones del concepto de bienestar animal. Hollands, en 1980, respecto del mismo, de manera muy breve pero con gran claridad, plantea: “Acordar a los animales la dignidad natural que merecen como seres vivos y sensibles” (De la Sota, 2004). Sabiamente, esta afirmación involucra de manera explícita el aspecto ético, pero quizás lo más importante es que de manera implícita incluye a la etología como el aspecto científico que lo posibilita. El suministro efectivo de bienestar a las diferentes especies animales depende del conocimiento que se tiene sobre el comportamiento y las necesidades de cada una de ellas. Los sistemas tradicionales de producción animal, antes de la aparición de las corrientes que hoy propugnan por el bienestar animal y por la agroecología, han centrado su interés en aspectos como la alta eficiencia productiva y reproductiva, la selección genética, la eficiencia nutricional, la resistencia a enfermedades y al estrés, entre otros. Hoy, esa realidad se ha transformado con la aparición de nuevos aspectos y criterios en el manejo de los animales de producción, a saber: la sostenibilidad, la sustentabilidad, la producción ecológica, la producción limpia, la calidad, la inocuidad, la trazabilidad y el bienestar animal. Cada vez son más valoradas las estrategias que proporcionan ambientes y manejos que garantizan mayor bienestar a los animales, disminuyen su dolor y sufrimiento, y garantizan una oferta de productos y subproductos más sanos para los consumidores. Es en este contexto que las regulaciones sobre confinamiento, transporte y sacrificio de animales de abasto se empiezan a incrementar hace tres décadas y se han hecho más rigurosas en las dos últimas. Las instituciones nacionales y transnacionales que regulan la salud animal se han visto abocadas a la expedición de normas adaptadas a esta nueva visión. La World Organisation for Animal Health –OIE–, que tradicionalmente centraba sus lineamientos en aspectos eminentemente sanitarios, en la última década reconoce la necesidad de integrar la sanidad de los animales con su bienestar y emite recomendaciones en este sentido para la comunidad internacional. 18 En síntesis, la tendencia mundial actual es ponderar cada vez más aquellos sistemas productivos animales que ofrezcan a la sociedad productos y subproductos de calidad, generados con bajo impacto sobre la ecología, buenos réditos económicos para los productores y buena calidad de vida para los animales objeto de explotación. En el caso de las mascotas, y particularmente en lo que respecta a la tenencia de perros y gatos, es evidente el papel que juegan en la sociedad moderna, acentuado, entre otras razones, por el predominio de la vida urbana, la disminución del número de integrantes de las familias y el aumento de la expectativa de vida de los humanos, condiciones sociales que han hecho más fuerte el lazo afectivo del humano con estas especies. Es indiscutible el apoyo y aliciente sicológico que en muchos casos puede prodigar la compañía de una mascota, especialmente en fenómenos como la soledad, el desarrollo de la infancia y la adolescencia, la vejez y el sobrellevar o recuperarse de una enfermedad, por mencionar solo algunos ejemplos. Hemos visto, entonces, como los aspectos éticos y morales que se aplican a la tenencia y al manejo de animales para la experimentación y la producción agraria, se han ajustado cada vez más a los fenómenos de dolor, sufrimiento y bienestar animal. Este hecho, más notable en el caso de las mascotas, dada la estrecha convivencia del hombre con las mismas, genera una mayor sensibilidad, que promueve, por analogía, la extensión a los animales, de muchos de los principios morales que se aplican a los estados de bienestar, dolor y sufrimiento de la especie humana. En muchos casos, inclusive, esta situación genera, de forma paradójica y desafortunada, tendencias antropomórficas que equiparan la naturaleza de los animales con la humana, induciendo la práctica de medidas exageradas e inadecuadas. No obstante este último peligro, que puede ser removido con una adecuada educación a los propietarios, las actuales posturas éticas y morales nos muestran un mejor panorama respecto de la calidad de vida de los animales, que aquel imperante en la época en que la mayoría de la humanidad pensaba que los animales no sentían ni sufrían. En Colombia la normatividad sobre protección animal ha alcanzado logros importantes en los últimos años. Recientemente, el 6 de enero de 2016, fue expedida la Ley 1774, mediante la cual se considera a los animales como seres sintientes y se les protege contra el sufrimiento y el dolor, especialmente el infligido por los humanos. En ella también se tipifican como punibles algunas conductas relacionadas con el maltrato a los animales, y se establecen procedimientos para sancionarlas policiva y judicialmente. Esta Ley amplía y 19 mejora disposiciones establecidas previamente en la Ley 84 de 1989, llamada también Estatuto Nacional de Protección de los Animales. La expedición de estas normas no ha sido fortuita, sino el producto de una mayor conciencia ciudadana, apoyada por el trabajo efectivo de grupos de activistas que han presionado y trabajado al lado de legisladores sensibles al tema, tanto a nivel nacional como regional. Es destacable el liderazgo de dichos grupos y legisladores en la ciudad de Medellín, en donde a través del Concejo Municipal, máximo órgano legislativo de la ciudad, se han logrado sacar adelante programas, normas y Acuerdos Municipales relacionados con la protección animal, tales como: Creación del Refugio Ecológico La Perla, para el alojamiento y manutención de animales callejeros o desprotegidos de la ciudad (Acuerdo Municipal 25 del 6 de agosto de 2002); Prohibición de las denominadas “marranadas” en la temporada decembrina, mediante las cuales se sacrificaban de forma cruel y en las vías públicas ejemplares de la especie porcina (Acuerdo Municipal 49 del 4 de diciembre de 2003); Política Pública para la protección integral de la fauna del Municipio de Medellín (Acuerdo Municipal 22 del 26 de julio de 2007); Programa de sustitución de vehículos de tracción animal en la ciudad de Medellín (2008); Reglamentación de los desfiles con animales que se realizan en la zona urbana de la ciudad de Medellín (Acuerdo Municipal 104 del 2 de diciembre de 2013); Reglamentación de criaderos y comercialización de animales domésticos y exóticos en la ciudad de Medellín (Acuerdo Municipal 04 del 17 de abril de 2015); Inclusión de la gestión del riesgo para animales domésticos en el Plan Municipal de Gestión del Riesgo de Desastres y la creación de la Unidad de Rescate Animal del Municipio de Medellín (Acuerdo Municipal 37 del 24 de noviembre 2015), entre otros. Mención especial merecen el Concejal Alvaro Múnera y su equipo legislativo quienes han liderado buena parte de esta noble actividad en defensa de los animales. Implicaciones éticas del manejo del dolor en medicina veterinaria Históricamente, el compromiso ético más importante y el que más honra le confiere al ejercicio de las medicinas humana y veterinaria, es el de evitar el sufrimiento a sus pacientes. En este contexto, el dolor aparece como protagonista por ser el principal generador de sufrimiento. A pesar de ello, el camino que ha recorrido la humanidad para llegar a los actuales niveles de prevención y control del dolor ha sido tortuoso, y en el caso de los animales, el sendero ha sido aún más complicado, puesto que a los grandiosos esfuerzos científicos realizados para alcanzar los niveles de prevención y control 20 mencionados, se han sumado creencias filosóficas y teológicas, por fortuna ya superadas en su gran mayoría, que consideran que los animales no sienten, como hemos comentado. Las antiguas civilizaciones persas, egipcias, chinas, griegas y romanas, utilizaban preparaciones con diversas plantas para disminuir el dolor durante las intervenciones quirúrgicas. Entre ellas estaban el opio, del cual se obtienen los morfínicos, y la mandrágora, de la cual se obtiene la atropina y la escopolamina. 3000 a 2500 años a.C., en Mesopotamia y Babilonia, médicos sacerdotes empleaban semillas de beleño para tratar el dolor. Celso, erudito romano del Siglo de Augusto, descubrió los efectos analgésicos de la mezcla de opio, vino y mandrágora, que era utilizada antes de la amputación de miembros. Dioscórides, médico y botánico, quien ejerció en la época de Nerón y escribió la farmacopea más usada en la Edad Media y el Renacimiento, incluía en ésta a la mandrágora y al opio como analgésicos. En la edad media, con el fin de calmar el dolor durante la cirugía, se preparaba una mezcla de jugos y semillas que contenía opio, mora verde, beleño, cicuta, hojas de mandrágora, yedra leñosa y semilla de bardana, que después de hervida se aplicaba con una esponja en la nariz de los pacientes, por lo cual se le llamó spongia somnifera. Para despertarlos de los efectos de esta mezcla, se aplicaba la misma esponja impregnada con vinagre tibio. Desafortunadamente, como estas mezclas eran muy imperfectas, en ocasiones producían la muerte de los pacientes. En 1540, Valerius Cordus, médico, botánico y farmacéutico alemán, perdió el conocimiento al inhalar éter, obtenido por la mezcla de ácido sulfúrico (llamado en la época medieval aceite de vitriolo o vitriolo) con alcohol. Aunque en ese momento la química y la medicina no se habían desarrollado lo suficiente para entender lo sucedido, esta observación fue interpretada posteriormente y tres siglos después el éter empezó a ser usado en la práctica médica. Garcilaso de la Vega, historiador español, en su obra Historia de los Incas, hace referencia a la planta Eritroxilon coca que era utilizada por los médicos españoles con fines analgésicos durante los siglos XV y XVI. Humphry Davy, químico y físico británico, en 1798, observó que el óxido nitroso suprimía el dolor físico, pues al inhalarlo con motivo de una gingivitis que padecía, se liberó de su dolencia, por lo cual recomendaba que fuera utilizado en operaciones en las cuales no hubiera grandes pérdidas de sangre. Davy no continuó sus experimentos, pero su experiencia fue retomada posteriormente por Gardner Colton. Durante la primera mitad 21 del siglo XIX, en los espectáculos de circo era frecuente el uso de óxido nitroso, que al ser inhalado por las personas les inducía un estado de euforia que producía risa y los animaba a bailar, cantar, hablar o luchar. Por esta razón recibió el nombre de Gas de la risa o Gas hilarante. En uno de estos espectáculos, en 1844, estaba presente el doctor Horace Wells, dentista, quien observó que uno de los espectadores que había inhalado el gas, al herirse fuertemente no manifestó ningún signo de dolor. Su aguda observación lo llevó a experimentar sobre su propio organismo y fue así como se sometió a la extracción de una muela después de inhalar oxido nitroso que le suministró Gardner Colton, reportando que solo había sentido un ligero pinchazo. Después de esta experiencia, realizó una fracasada demostración pública el 15 de febrero de 1845, con un paciente al cual le extrajo una muela. Posiblemente dicho fracaso se debió a la notable obesidad del paciente o al retiro prematuro de la bolsa que contenía el gas y había sido colocada sobre su cara. Este hecho condujo al escepticismo sobre el uso del óxido nitroso como anestésico y Wells fue tratado como charlatán. No obstante los anteriores intentos de combatir el dolor, antes del 16 de octubre de 1846, fecha en la cual se realizó la primera intervención quirúrgica bajo anestesia en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, la humanidad hubo de padecer indescriptibles y, hasta ese momento, irremediables dolores durante el acto quirúrgico. En esa fecha, el doctor William Thomas Green Morton suministró éter sulfúrico a un paciente de nombre Gilbert Abbott, quien fue intervenido por el jefe de cirugía de aquella Escuela, doctor John Collins Warren, para extirpar un tumor vascular que tenía en el cuello. Este acontecimiento es uno de los hitos históricos más importantes de la medicina. Por mucho tiempo la palabra eterización fue utilizada como sinónimo de anestesia. Respecto de la medicina veterinaria, el 29 de enero de 1847, el diario londinense The Times informó sobre la primera administración exitosa de éter a un caballo, ocurrida en el Royal Veterinary College de Londres. El 11 de marzo de 1848, se reporta la primera anestesia realizada en España, utilizando cloroformo en animales, hecho que acontece en la Escuela Superior de Veterinaria de Madrid. A pesar de la resistencia de algunos teólogos al uso de la anestesia, quienes consideraban que el dolor debía ser soportado como un castigo divino, este portentoso invento se esparció por el mundo con gran rapidez, liberando a la humanidad del terror que causaba el solo hecho de imaginarse ser operado. En 1853, John Snow administró cloroformo a la reina Victoria de Inglaterra para evitarle el dolor durante el parto en el que dio a luz al 22 príncipe Leopoldo. Posteriormente ocurrió lo mismo en el nacimiento de la princesa Beatriz. El dolor que no está asociado al acto quirúrgico, también tuvo que ser soportado estoicamente por la humanidad durante miles de años, antes de que la investigación científica, en el siglo XX, empezara a poner a disposición de la medicina, analgésicos que cada vez se han hecho más eficaces, potentes y seguros. Un suceso muy importante en los primeros pasos del devenir de la farmacología de los analgésicos, fue el aislamiento de la morfina a partir del opio, realizado por el botánico alemán Friedrich Sertürner, quien la denominó inicialmente morphium en referencia a Morfeo, el dios de los sueños. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, el desarrollo de la medicina ha tenido como propósito primario liberar de dolor y sufrimiento a las personas, con escaso interés por el dolor y el sufrimiento de los animales, con el agravante de que, aun después de haberse logrado importantes desarrollos en la analgesia y la anestesia en humanos, por muchos años persistieron algunas creencias y prácticas erradas sobre el dolor. Así por ejemplo, hasta los años 80 del siglo pasado se hacían cirugías en neonatos, incluyendo las de corazón abierto, utilizando únicamente agentes paralizantes. Se partía del supuesto según el cual los recién nacidos tenían menor sensibilidad frente al dolor. Igualmente, algunos procedimientos realizados con fines diagnósticos, como biopsias y aspiraciones de médula ósea, se realizaban sin la utilización de anestesia, aplicando solamente fármacos sedantes de corta duración. La medicina paliativa, encargada del tratamiento de los pacientes terminales y la asistencia especial para aminorar el dolor que los aqueja, hace su aparición a finales de la década de los sesenta, con la fundación del Saint Christopher’s Hospice, en Londres, en 1967, por la doctora Cicely Saunders. En Colombia, esta medicina se empieza a implementar a comienzos de los años ochenta en el Hospital San Vicente de Paul y la Universidad de Antioquia, en Medellín, y en el Hospital Militar de Bogotá, siendo el origen de las actuales Clínicas de Alivio del Dolor. Antes de la aparición de esta práctica médica, posteriormente constituida en especialidad, el dolor de los enfermos terminales fue subvalorado. En muchos casos, pacientes con dolores intensos que hubieran podido ser tratados, fueron dejados a la suerte de padecer un sufrimiento innecesario. La descripción anterior, para afirmar que si en la medicina humana ocurrieron estas graves falencias, respecto de la prevención y control del dolor, el panorama ha sido peor en la práctica de la medicina veterinaria. Con base en el supuesto de la incapacidad de los animales para sentir, y en el papel de la medicina veterinaria fundamentado en primer 23 lugar en el valor económico de los mismos, sobre todo en los de granja, el dolor no ha sido por mucho tiempo tema prioritario para el ejercicio de esta profesión. A comienzos del siglo pasado, medio siglo después de haberse iniciado el uso de la anestesia en la medicina humana, en Estados Unidos no existía ninguna regulación sobre su utilización en la práctica veterinaria y muy pocos profesionales la usaban en caninos, presionados, las más de las veces, por los propietarios de las mascotas. Excepcionalmente en Inglaterra, desde 1919, las leyes obligaron al uso de anestesia para todas las intervenciones quirúrgicas que se realizaran en animales. En la década de los años sesenta del siglo XX, eran comunes las orquiectomías de caballos con agentes paralizantes como succinilcolina y la sedación se consideraba sinónimo de anestesia. Por otra parte, los primeros textos de anestesia veterinaria que se publicaron en Estados Unidos a comienzos de los años sesenta y setenta del siglo XX, no mencionaban al dolor como razón prioritaria para el uso de la anestesia, ni tampoco contenían discusión alguna sobre la analgesia. A comienzos de la década de los años 80 del siglo pasado, eran escasos los artículos sobre dolor publicados en revistas científicas. Además de la errada concepción según la cual los animales no sentían, o sentían menos que los humanos, la práctica veterinaria se ha enfrentado también a una serie de mitos o creencias que han impedido el progreso de la lucha contra el dolor. Aun en épocas muy recientes, muchos clínicos recomendaban no tratar el dolor en la etapa postquirúrgica, por considerar que de esta manera el animal se abstendría de moverse y por lo tanto se aceleraría su recuperación. Además, se creía que al aplicar analgesia los animales tendían a dañarse las suturas. Hoy sabemos de las consecuencias negativas que tiene el dolor cuando no es tratado de manera oportuna, entre ellas la presencia de mayor estrés, el aumento del tiempo de cicatrización y de convalecencia, el riesgo de sepsis en algunos casos, y el peligro de instauración de dolores crónicos como consecuencia de fenómenos de sensibilización. Al igual que en medicina humana, en veterinaria también existió la creencia según la cual los animales neonatos o muy jóvenes sentían menos dolor que los adultos, y por lo tanto no se necesitaba anestesia para procedimientos como las amputaciones de cola o las orquiectomías, que se suelen practicar en las primeras semanas de vida. La ausencia de vocalizaciones de los animales eran interpretadas como ausencia de dolor, desconociendo que estas manifestaciones sólo se hacen presentes en dolores severos y que además algunos animales se abstienen de manifestar dolor por autopreservación ante una eventual amenaza, representada en la presencia de congéneres, otras especies (entre 24 ellas los humanos y especialmente quien infligió el dolor) o en ambientes extraños. Adicionalmente, cuando los aullidos y gemidos postquirúrgicos se hacían presentes, muchas veces no eran considerados como signos de dolor sino como efectos propios de la anestesia. A pesar del auge observado en la década de los noventa del siglo pasado, respecto del manejo del dolor en animales, en dos estudios realizados en el Reino Unido en 1999 (Capner et al, 1999a,b), en los cuales se encuestaron 2000 veterinarios sobre la utilización de analgésicos en perros, gatos y pequeños mamíferos, el 97% de los interrogados respondió que suministraba analgesia en procedimientos ortopédicos complejos en caninos, pero solamente el 53% y 32% dijo utilizar analgésicos en ovariohisterectomías y castraciones, respectivamente. En el caso de los gatos, la situación fue peor, pues el 94% de los veterinarios respondió que utilizaba analgesia en cirugías ortopédicas, pero solamente el 26% y el 16% lo hacían en ovariohisterectomías y castraciones, respectivamente. El mismo estudio mostró que el 84% de los veterinarios utilizaban analgesia en cirugías de oído en perros y apenas el 39% la usaban en casos de cirugía dental en gatos. Este mismo estudio determinó que las mujeres y los veterinarios más recientemente graduados, hacían mayor uso de analgesia perioperatoria, tanto en perros como en gatos. En Canadá, Dohoo & Dohoo (1996), en dos estudios análogos a los anteriores, hallaron resultados muy similares, con excepción del uso de analgésicos en cirugías no ortopédicas en gatos, el cual mostró un porcentaje superior al compararse con el uso en caninos. En Francia, Hugonnard et al. (2004) publicaron los resultados de una investigación mediante encuesta a 189 veterinarios, con el fin de comparar sus actitudes respecto de la utilización de analgesia en perros y gatos, con las reportadas en otros países, hallando resultados semejantes a los obtenidos en países de habla inglesa. En este estudio también se observó un mayor interés de las mujeres por el tratamiento del dolor, al compararlas con los hombres. El 58.8% de los encuestados consideraron que sus métodos para la cuantificación y control del dolor eran inadecuados por el desconocimiento de los signos y por deficiencias en el uso de los analgésicos. El 30% de los veterinarios manifestaron que el temor a los efectos adversos de los fármacos era la principal causa para abstenerse del uso de analgésicos. El 16.1% y el 8.1% de los encuestados dijeron usar opioides en perros y gatos, respectivamente. El bajo porcentaje de utilización de estos fármacos, según la misma encuesta, se debía a las restricciones impuestas por la legislación vigente sobre narcóticos en Francia, al momento del estudio, y por el desconocimiento de la farmacología de los opioides. Paradójicamente, la encuesta demostró una excesiva confianza de los veterinarios franceses en sus habilidades para reconocer el dolor, a pesar 25 de que otras respuestas evidenciaron un conocimiento limitado sobre el tema y la persistencia de conceptos equivocados sobre los analgésicos. Los hechos mencionados ratifican el escaso interés que ha despertado, por largo tiempo, en la humanidad en general y en la práctica veterinaria en particular, el dolor y el sufrimiento de los animales. Por fortuna, y especialmente en los últimos veinte años, además del desarrollo científico que ha permitido un eficaz combate contra el dolor, han aparecido nuevas tendencias éticas y morales que han cambiado en la práctica las acepciones de conceptos como piedad y trato humanitario, que hacen referencia a la compasión, la caridad y la solidaridad con los humanos, haciéndolos extensivos a los animales. Hoy, muchas personas comparten nuevas formas de pensar que propician la actitud de ponerse en el lugar de los animales, al considerarlos como seres capaces de sentir y sufrir y, por lo tanto, dignos de un trato consecuente con esta condición. En este contexto, el prestigio de la medicina veterinaria depende no solamente de su eficacia científica y técnica, sino también de su postura ética y moral respecto del dolor y el sufrimiento de sus pacientes. Referencias Adey MA. Arqueología de las primeras civilizaciones. Orígenes del hombre. Eslabón perdido (I). Tomo I. Barcelona, España: Ediciones Folio S.A.; 1994. p.8-20. Álvarez T. Consideraciones sobre la anestesiología y la reanimación. En: Álvarez T, Restrepo J, Noreña A. Manual básico de anestesia y reanimación. Medellín, Colombia: Editorial por Hacer Ltda.; 1990. p.3-9. Álvarez T, Velásquez O. Aproximación al concepto y evolución histórica de los cuidados paliativos. En: Cadavid AM, Estupiñán JR, Vargas JJ, eds. Dolor y cuidados paliativos. Medellín, Colombia: Corporación para Investigaciones Biológicas CIB; 2005. p.1-4. Anand K. The biology of pain perception in newborn infants. Adv Pain Res Therap 1990; 15: 113- 22. Barquín M. Historia de la medicina. 8ª ed. 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La percepción del dolor está condicionada por múltiples factores de tipo afectivo, emocional y motivacional. Aunque de forma genérica la literatura especializada suele referirse a “vías de dolor”, este concepto, a la luz de las líneas precedentes, resulta inexacto. La sensación dolorosa final que es percibida por el sujeto, es producto de la acción ejercida por estímulos nociceptivos (noxa: lesión o daño) sobre receptores especializados denominados nociceptores, que se comunican con el Sistema Nervioso Central (SNC) a través de vías nociceptivas. La información nociceptiva es llevada por dichas vías, de manera simultánea, en dos direcciones: hacia las motoneuronas de los músculos flexores, en donde se producen respuestas reflejas, y en dirección hacia el encéfalo, para generar respuestas orgánicas diversas, incluyendo las afectivas y comportamentales. Dado que las vías ascendentes y descendentes del SNC, aun hoy, con los adelantos científicos y tecnológicos alcanzados, no se pueden visualizar totalmente de manera directa, un enfoque funcional para su estudio facilita la comprensión de su morfología. De hecho, el conocimiento alcanzado hasta hoy sobre sus trayectorias se ha basado, las más de las veces, en datos obtenidos de enfermedades que develan déficits observables en la 31 clínica y en intervenciones de corte fisiológico experimental. Este enfoque, que también es fundamental para el abordaje de la patología y la farmacología, será aplicado en el presente capítulo, con el propósito de entregar al lector los fundamentos que le permitan entender cómo llegan los estímulos nociceptivos al SNC y cómo emergen desde allí las respuestas efectoras correspondientes. Componentes funcionales de las señales sensitivas y motoras Los nervios periféricos son las estructuras encargadas de conectar los receptores sensitivos y los efectores con el SNC, constituido por la médula espinal, el tronco encefálico y los hemisferios cerebrales. El conjunto formado por un centro nervioso específico y las vías que lo unen a sus respectivas terminaciones receptoras o efectoras, se denomina componente funcional. Dependiendo del tipo de información que circula en ambos sentidos entre los centros nerviosos y las diferentes vías, se pueden definir cuatro grupos de componentes funcionales: 1. Componentes somatoaferentes o sensitivos somáticos: se encargan de transportar al SNC sensaciones exteroceptivas que tienen origen en la superficie corporal, y sensaciones propioceptivas provenientes del aparato locomotor, a través de terminaciones localizadas en tendones, músculos y articulaciones. En la práctica clínica se suele referir a ellas como sensibilidad superficial y sensibilidad profunda, respectivamente, constituyendo en conjunto la sensibilidad somática general. Estos componentes también transportan las sensaciones somáticas especiales de equilibrio, audición y visión. 2. Componentes somatoeferentes o motores somáticos: conducen los impulsos desde los centros nerviosos hasta los músculos voluntarios responsables de las respuestas. 3. Componentes visceroaferentes o sensitivos viscerales: llevan los impulsos desde las vísceras hasta el SNC, fenómeno conocido como sensibilidad visceral general, en contraste con la llamada sensibilidad visceral especial, que se origina en los receptores gustativos ubicados en la lengua, y los receptores olfativos localizados en la nariz. 4. Componentes visceroeferentes o motores viscerales: se encargan de conducir los impulsos desde los centros nerviosos: a) hasta las glándulas o músculos involuntarios viscerales, a través de fibras motoras viscerales generales, y b) hasta la musculatura voluntaria de origen branquial, a través de fibras motoras viscerales 32 especiales. Se debe recordar que en los vertebrados superiores, durante el periodo embrionario, los arcos branquiales dan origen a estructuras ubicadas en el cuello y en el oído. En la literatura especializada, algunos autores suelen excluir de la clasificación precedente, a los sentidos del olfato y la visión, argumentando que, de manera estricta, los nervios olfatorio y óptico deberían ser considerados como tractos nerviosos encefálicos, que no responden al modelo típico de un nervio periférico. Los nervios periféricos Los nervios periféricos se agrupan en espinales o craneales, dependiendo de su origen en la médula espinal, o en el encéfalo, respectivamente. Los nervios espinales contienen los cuatro tipos de fibras constitutivas de los componentes funcionales ya descritos, y se localizan a lo largo y por fuera de la columna vertebral. Los dos componentes sensitivos (somatoaferentes y visceroaferentes) ingresan a la médula espinal por sus raíces dorsales, en donde se halla un ganglio que contiene cuerpos de neuronas seudomonopolares. Los dos componentes motores (somatoeferentes y visceroeferentes) salen de la médula espinal por sus raíces ventrales. Una vez emergen, a través de los forámenes vertebrales, ambas ra